jueves, 29 de enero de 2026

CERRITO SARNOSO


En el Cerrito Sarnoso

Suena en mi corazón la dulce y serena Balada número 1 de Chopin (1810 Zelazowa Wola, Polonia – 1849 París), conocida por ella misma y por su utilización en diferentes películas de éxito, cuando voy llegando al hermosísimo Cerrito Sarnoso del que no comprendo su nombre por muchas veces que lo contemple y me siente a admirar las vistas que desde aquí se divisan.

Es una planicie a la que llego desde la Sillada de Garcisancho, allá abajo ha quedado el Valle de Lozoya de verdor y agua, de sueños y armonía. La Senda del Palero ha sido nuestro camino entre robles y susurro de agua hasta desembocar en esta sillada donde diríase que se juntan el cielo y la tierra en un circo luminoso que se extiende montaña arriba hasta Peñalara y Cabezas de Hierro.


Cerrito Sarnoso, al fondo Peñalara.

De inmediato llego al Cerrito Sarnoso (1692 metros), de verdor permanente, lleno de vida y entusiasmo aún cuando esté cubierto de nieve, poblado de matas vivas y de saltarines animales, risueño de pinos y de canciones de aves, asentamiento de peñas de siglos y de murmullos de vidas sin tiempo.

Suena la Balada nº 1 de Chopin mientras contemplo el cielo y las cumbres, mientras medito en la libertad y la inmensidad, mientras escucho los latidos de mi corazón y la respiración de la tierra toda. Aquí me siento, Cerrito Sarnoso, sobre tus piedras de siglos, sobre tu nombre incomprensible, sobre las pisadas de otros caminantes de todos los tiempos, sobre el canto de los grillos, el trino de las aves, el mugido de los ganados…

Cerrito Sarnoso, de nombre injusto y de admirable sosiego. Después continuaré hasta Cabeza Mediana para volver a bajar a buscar el coche hasta la carretera que une Rascafría y Cotos en su kilómetro treinta y dos y trescientos metros, muy cerca del Mirador de los Robledos con su monumento de la Guardería Forestal.

Javier Agra.

 

martes, 20 de enero de 2026

ESTAMPAS: CANAL DE LA ESFINGE



En la Canal de la Esfinge, ese mismo nombre recibe la roca majestuosa del fondo a la derecha de la fotografía.

La Pedriza siempre resulta un exultante espacio de silencio y aventura; por más veces que se visite este laberinto pétreo, el montañero encuentra en cada ocasión un sendero nuevo, una roca en la que no había reparado, un nido escondido, un zorro que parece domesticado y nos sigue en busca de comida, un águila en majestad de vuelo…

Hemos estado por el Collado de la Ventana, Los Llanos del Peluca, Cuatro Caminos en Los Llanitos, Prado Poyos, Comedor Termes con su Ventanillo, Canal de Los Hermanitos… Desde el Collado de la Ventana por el Collado de la U entramos al Canal de la Esfinge con la Aguja del Sultán, Arroyo de la Ventana donde desemboca en cascada el Arroyo Poyos, puente de madera sobre el Manzanares en Canto Cochino…

La Canal de la Esfinge es deliciosamente emocionante por su naturaleza, sus vistas, la aventura de encontrar las mejores  piedras donde pisar, reconocer las diferentes especies de pequeña vegetación que parecen recorrer arriba y abajo en movimiento infinito la naturaleza que vibra entre el silencio y los violines, que exulta de gozo con el corazón de los montañeros…

Recuerdo, siendo niño, los trabajos que daban los terrenos pedregosos donde el arado no conseguía trazar surcos y las vacas en su yugo daban traspiés mientras buscaban la imposible dirección recta para arañar la tierra donde sembrar más tarde el trigo. Eran terrenos agrestes y difíciles. Hoy bajo en silencio por estos pedregosos y agrestes terrenos la Pedriza que producen sosiego y paz, libertad y sonrisas…

Javier Agra.

 

lunes, 19 de enero de 2026

ESTAMPAS: LA CARA


 

Suena la suite “Bergamasque” de Debussy mientras aire quiere apedrear el rostro de los montañeros. La cara es quien recibe esta primera impresión de la mañana cuando estamos caminando por estos escondidos y vibrantes senderos de la Pedriza de Madrid. El Preludio de la suite suena entre contrastes de ritmo y fortaleza, igual que estos senderos que nos llevan por el Hueco de Coberteros antes de llegar al Collado de La Dehesilla entre el misterio del Minueto musical, el rápido y controlado vuelo del zorzal mimetizado con el color de las piedras y el sosegado y majestuoso planeo de algún águila que por aquí tiene su morada.

 

Nos servimos de la Senda Maeso unos cuantos metros antes de apartarnos para llegar hasta Las Cuatro Damas y La Cara en esta colección pétrea de siglos donde la lentitud está impresa la entraña misma de su respiración imperceptible. Los montañeros nos sentamos ante alguna de estas formaciones de roca y meditamos… Nuestro limitado tiempo es una pequeña construcción de la inabarcable historia de la humidad, de la difícil explicación de la cuerda del tiempo, somos un punto diminuto en este pensamiento eterno del que ahora formamos parte para hacer caminos de libertad y fraternidad.

 


La Cara es un rostro de la naturaleza entera que mira, desde todos los siglos, hacia el futuro que vamos construyendo en cada presente. Aquí estoy, en el lugar de la Pedriza conocido como Las Cuatro Damas y La Cara, pues tal parece la roca que resalta a la derecha de la fotografía.

 

Desde la Cara, las pendientes de la Pedriza como las de la vida de las personas son con frecuencia llanuras pedregosas de suave caminar, otras veces son pendientes duras entre las discordias y la maleza que encontramos los humanos en nuestro diario trato, son pendientes de acogida o pendientes de rechazo, son pendientes de maldad o de abrazo…

 

Otro sendero ha salido hacia el Yelmo, es más concurrido pero hoy nos escondemos en esta vorágine de piedra y silencio, de soledad y misterio. Volveremos después por Las Peñas Sordas y El Jaralón, seguros  de que cada vez que nos adentramos en La Pedriza encontramos misterio, sosiego, búsqueda, novedad…

 

Javier Agra.

 

lunes, 12 de enero de 2026

ESTAMPAS: LAGUNA NEGRA


Para siempre sonará en mi corazón aquella cantinela de la escuela de Acisa donde aprendimos aquello de “El Río Duero / nace en Pico de Urbión / provincia de Soria…” y así recorríamos con él toda la geografía y sus afluentes por donde pasaba el Duero. Ya de mayor he visitado todos aquellos lugares que cantábamos en la infancia entre el embeleso y la magia.


La Laguna Negra desde un saliente subiendo la Senda del Portillo.

Desde este mirador de la fotografía subiendo la Senda del Portillo que sigue las marcas rojas y blancas del GR 86 camino de la cumbre del Urbión, contemplo la Laguna Negra… contemplo su literatura… contemplo la historia de millones de años que ascienden conmigo por cualquiera de las treinta y nueve vías de escalada por esta roca de silicio… contemplo el despertar de las aves, la cercana abundancia de vegetación serbal, acebo, arce… contemplo los pinares que se extienden más allá de donde mi vista se esconde entre alturas y valles…

La Laguna Negra es un ojo de esta tierra que mira siempre hacia la altura, que extiende su silencio entre senderos y roquedales, entre vegetación y siglos. La Laguna Negra parece quieta e inmóvil pero está en constante cambio con su agua que entra que sale que se evapora que se hiela que se hace nieve y bruma y sol que cambia de color y de reflejos. La Laguna Negra es poesía y vida, es sentimiento y filosofía, es instante y eternidad, es recuerdo de infancia y sosiego de senectud.

Más arriba veré el nacimiento del Duero y aún más alta su cumbre… pero sobre eso ya escribí en otras ocasiones. Hoy contemplo, desde mi corazón que salta de entusiasmo y energía, la Laguna Negra de estos bosques de Soria.

Javier Agra.

 

sábado, 10 de enero de 2026

ESTAMPAS: EL PÁJARO


Sobre mi cabeza, haciendo pétrea cortina hacia el cielo, el Pájaro se eleva inmenso cuando damos un recodo por la autopista de la Pedriza después de subir una empinada cuesta de piedra suelta entre el verde pálido de las arizónicas que nos acompañan casi desde el inicio apenas cruzamos el Manzanares en Canto Cochino.

Más abajo dejamos el desvío hacia Prado Peluca y el Refugio Giner con la suave música del Arroyo de la Dehesilla que siempre me recuerda la composición de Tchaikovski “Álbum infantil”; después vendrá el puente de madera para cruzar el Arroyo de la Ventana y subir hacia el Collado de la Ventana o continuar la marcha, sin cruzar el citado arroyo hacia los Cuatro Caminos, Puente de los Poyos, Majada de Quila… como tantas veces hemos hecho.


Hoy me detengo un instante en este hermoso mirador desde el que me fotografía Jose con el Pájaro al fondo.

Desde aquí me hago un pequeño grano de arena en el engranaje de la humanidad entera que ha pasado siglos a la intemperie de la vida y sus problemas; de la humanidad que ha sabido construir el presente de cada momento desde el esfuerzo y la constancia; de la humanidad que siempre ha mirado a los ojos, de frente a sus vecinos y a cuentos se encontraba en su camino durante siglos de nomadismo antiguo y de emigración más reciente; de la humanidad que respira por donde transita sin apropiarse del aire ni del sol ni del agua que fluye libre ni del canto de las aves ni de los animales de que se sirvió durante toda la historia, animales a los que nuestros antepasados respetaron y amaron como compañeros de camino y de vida, como alimento venerado y sagrado…

Mirador desde donde sacamos la fotografía con el Pájaro al fondo.

Desde este mirador contemplo la serenidad esforzada de la CUERDA DE LOS PINGANILLOS, donde he subido en numerosas ocasiones, del Callejón de Abejas que desemboca en el Collado de la Ventana a través del Collado de la U. Así, la Pedriza que es una parte pequeña de la Sierra de Madrid y casi insignificante de las montañas de la Tierra, nos recuerda cada día que somos diminutos, que somos apenas un soplo o una efímera hierba y al mismo tiempo somos espíritu inmenso porque tenemos para siempre el Espíritu de la Vida.

Javier Agra.