lunes, 5 de octubre de 2026

CAMINO OLVIDADO: CONGOSTO – VILLAFRANCA DEL BIERZO


Queremos hacer una etapa más larga de lo que Pepe y yo acostumbramos, para terminar en esta jornada el Camino Olvidado. Con este objetivo comenzamos a caminar aún con la noche abrazada a la tierra y con el cielo alumbrando nuestros pasos con la luna llena, con las farolas de Congosto, con el espíritu del entusiasmo y de la paz.

Suena el solo de violín al que más tarde acompañará la orquesta entera en el “Concierto para Violín” estrenado en 1845 de Mendelssohn (Hamburgo 1809 – Leipzig 1847) iniciado con una apasionada alegría; de este modo cruzamos el campo y el pueblo de Congosto y enfilamos carretera adelante en esta inmensidad de camino para rodear el pantano de Bárcena durante trece kilómetros antes de separarnos hacia Cubillos del Sil.

Durante más de dos kilómetros se extiende la iluminación por estas mansiones de la población en una llanura que se va iluminando lentamente entre los atronadores grillos y los ladridos cansinos de algún perro escondido tras los muros, que despierta perezoso a nuestro paso.


Pantano de Bárcena en el río Sil construido en 1961 para lo que se desalojaron los pueblos de Bárcena del Río y Posada del Río, para los que se construyeron las  nuevas poblaciones, Bárcena y Posada ambas del Bierzo. Estamos a punto de cruzar sobre su presa.

El embalse de Bárcena del río Sil brilla en sus aguas con humeante atmósfera madrugadora. Una breve cuesta arriba nos deja en un terreno llano de meseta poblado de pinos, con frecuencia de aspecto abandonado. Parecen pocos kilómetros y sin embargo la orografía cambia, cambia también el color de la vegetación, cambian los sonidos del día con el transcurrir del tiempo… Suena el andante de Mendelssohn y mi corazón se convence cada vez más de que las pisadas del peregrino van creando el paisaje, yo también me voy integrando con cada mota de polvo que se expande entre mis pies al pisar las diminutas piedras del camino, mi corazón canta con las aves de la mañana… y así la naturaleza entera y mi espíritu están unificados en un completo universo siempre en movimiento evolutivo.


Iglesia y Plaza de Cubillos del Sil. El templo, dedicado a San Cristóbal, fue edificado en los siglos XVI – XVII.

Nos apartamos del pantano unos momentos antes de entrar en Cubillos del Sil, populosa población que cuenta con numerosos servicios. Por este lugar pasó la calzada romana Vía Nova que hemos transitado por diferentes lugares estos días pasados.


Templo de Cabañas Raras, dedicado a Santa Ana con bóveda de Cañón y retablo barroco.

Continuamos por una carretera llana y, a veces monótona, hasta Cabañas Raras entre viñedos y frutales (las peras tienen muy buen sabor a esta hora). Se llama Cabañas por las viviendas de pastores construidas en adobe y madera cuando hace siglos se cobraba el portazgo en su puente medieval.

Entre huertos, frutales, viñedos y los renombrados castaños del Bierzo llegamos a Magaz de Abajo en el Ayuntamiento Camponaraya que me suena desde la infancia en Acisa donde el maestro nos cantaba una canción popular de este municipio hoy entre autovías y signos de modernidad, donde la ermita de San Juan Bautista está acondicionada como centro cultural.

Así comienza la canción de Camponaraya:

Camponaraya, Camponaraya / y a su lado Narayola, / ten cuidado rapaciña / no vayas al baile sola. / No vayas al baile sola, / no vayas al baile sola. /
Camponaraya, Camponaraya / y a su lado Narayola. /

Que te pinte mal, que te pinte bien, / tú me lo has de dar, querida Isabel, / querida Isabel, querida Isabel / que te pinte mal, que te pinte bien. /

Viva El Bierzo, viva El Bierzo, / que viva Camponaraya, / sus mujeres y sus vinos,…


Vista de una parte del Bierzo en alguna de mis ascensiones a cumbres. Al fondo están Pico Chao, Braña la Peña y Pico Valdiglesia.

Más allá está Cacabelos, donde nuestro Camino Olvidado se une al Camino Francés a Santiago. De esta población sobra decir su importancia en todo el recorrido; también nosotros confluimos con otros peregrinos con los que hicimos camino común hasta la pequeña población de Pieros donde nos separamos por la diferente velocidad del caminar.


Ábside de la Iglesia de Santiago en Villafranca del Bierzo.

Llegamos a Villafranca del Bierzo, bellísima población. Recogimos la credencial justificativa de haber finalizado con éxito el Camino Olvidado desde Bilbao y allí dejé entre sollozos, como si de un exvoto se tratara el palo, que junto a mí, fue peregrino tantos días y kilómetros. A partir de ahora descansará en la dulzura de aquella luz de los trabajos concluidos para que el Padre Dios le haga florecer como a la vara de José.


Aquí estoy con mi palo subiendo una de las numerosas empinadas cuestas de este inolvidable Camino Olvidado.

He leído en algunos lugares que Villafranca del Bierzo está en el trío de las poblaciones más bonitas de la Comunidad de Castilla y León; yo ni afirmo ni desmiento, pues en mi camino he visto lugares asombrosos que agradan a la vista, purifican el alma, liberan el espíritu, encumbran el corazón, hacen del Camino Olvidado un recuerdo permanente de belleza, libertad, paz…

Javier Agra.

 

viernes, 2 de octubre de 2026

CAMINO OLVIDADO: LABANIEGO – CONGOSTO



Vista de la Virgen de la Peña desde el Albergue Municipal en Congosto, al caer la tarde.

Como si en el corazón saltara la Obertura de Guillermo Tell de Rossini (Pésaro 1792 – París 1868) que todos recordamos de manera simplificada como un crescendo continuado desde el lento inicio de los violoncelos hasta el galope final de las trompas que envuelven el brillo orquestal, el brillo de la luna ilumina nuestros pasos sobre el camino que desciende entre la hierba de los prados hasta el arroyo Noceda que atravesamos por un antiguo puente.

Después, camino arriba, el monte rico en castaños centenarios se abre paso a una vega de extensos viñedos y frutales. La luna en todo su esplendor palidece con la inicial claridad del alba cuando los peregrinos cruzan el dormido pueblo de Arlanza. Entre la bruma y la luna queda atrás el pequeño pueblo mientras caminamos un corto trecho por la carretera antes de entrar a una alta meseta de robles y encinas entre rutas locales que los caminantes vamos sorteando según nos dirigen las flechas amarillas.


Hemos pasado el pueblo de Arlanza.

La altura, una vez conquistada, es de caminar sereno hasta Losada. Aquí han decidido trasladar las fiestas de San Miguel al segundo fin de semana de agosto pues aún “quedan veraneantes”. La noche del viernes hacen “la noche de las bodegas” en la que abren las puertas para convidar y degustar los ricos licores de sus cosechas. Este pueblo también conserva el lavadero con su fuente, también la fuente de Villouta con agua natural de los vecinos montes.


Nos encontramos con este roble que canta para nosotros melodías antiguas.

Abandonado este pueblo, la carretera continúa en su mayor parte por la carretera excepto algún pequeño tramo de bosque donde encontramos árboles curiosos como este viejo roble que canta melodías antiguas a los peregrinos o que acaso sea una puerta misteriosa hacia la eternidad. La Obertura de Guillermo Tell ha concluido cuando llegamos a Rodamillo con su crucero y el nombre  estampado en grandes letras en una pequeña plaza.

Salimos cruzando la carretera para adentrarnos en una pista de difícil pisada pues está tachonada durante muchos metros en grijo suelto de menuda piedra. Caminamos entre bosque que va cambiando los numerosos castaños (muchos están secos por el abandono y por los años) en un misterio de desolación y soledad, a otro misterio de exuberancia y vitalidad de alcornoques que cantan y bailan a nuestro paso y aún nos convidan a recorrer la ruta botánica del Zofreral, antigua palabra del Bierzo (“zofreiro”, del latín “suber”) con la que designan al alcornoque.


En Cobrana nos detuvimos en el pórtico del templo de Santa María Magdalena.

Entramos en Cobrana y nos detenemos en el pórtico su templo de Santa María Magdalena para visitar el potro de herrar  y las ruinas del que fue Palacio del Vizconde de Quintanilla Flórez. Desde aquí a Congosto faltan unos tres kilómetros siguiendo pistas muy visibles, de imposible pérdida. Nuestra ruta del Camino Olvidado marca casi seis kilómetros porque manda a los peregrinos hasta el vistoso Santuario de la Virgen de la Peña, allá en lo alto del pueblo. Un lugar muy interesante si se encontrara abierto, pero solamente se puede visitar los domingos cuando se celebra la eucaristía a las siete de la tarde (puede que esta información sea irrelevante con el paso del tiempo). Yo, sí hice esta impactante subida; incluso me detuve unos minutos a contemplar el Santuario y rezar desde la escalinata que va ascendiendo entre las estaciones del Vía Crucis.


Santuario de la Virgen de la Peña.

Una vez arriba, estamos en un magnífico mirador para contemplar el Bierzo, con hermosas vistas hacia el embalse de Bárcena en el río Sil. Descendí por atajos guiado más por la vista de Congosto que por las flechas amarillas, hasta llegar al albergue municipal que está aprovechando los vestuarios de un campo de futbol, seguramente en desuso deportivo. La jornada ha sido de sol y magnífica temperatura.

Estas poblaciones del Bierzo por las que pasamos fueron repobladas tras las conquistas cristianas de Ordoño I y el Conde Gatón. Mantienen costumbres muy parecidas en todos los lugares, entre las fiestas más populares destacan los magostos, que es la exaltación de la merecidamente renombrada castaña del Bierzo, y las fiestas del Botillo en el mes de febrero.


Mural de Congosto con un peregrino del Camino Olvidado a Santiago.

En Congosto pasamos una tarde apacible para ver el monumento al navegante Álvaro de Mendaña que nació por estas tierras el año 1541 y murió en la isla de Santa Cruz en 1595, descubrió las islas Salomón y las islas Marquesas; de conversaciones con unas cuantas personas, sentados en la terraza del bar; dando sosegados paseos visitando los exquisitos murales que adornan el pueblo…

Javier Agra.  

 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

CAMINO OLVIDADO: IGÜEÑA – LABANIEGO


Se apagaron las luces de Igüeña, aún no asomaban las siluetas de los montes cuando los peregrinos cerramos la puerta del albergue, cruzamos el puente sobre el río Boeza entre el rumor de su crecido caudal por las lluvias de la tarde y de la noche y comenzamos nuestro camino de esta jornada carretera adelante.

Continuad un rato por la carretera, nos dijeron como indicación. “Un rato” es un tiempo muy indeterminado en la madrugada bajo las estrellas y en la vida en su conjunto. Cuando solamente sabes que has de ir hacia adelante vas palpando el suelo y los caminos por si te engaña el cerebro o por si las fieras acechan, vas con el pensamiento en tensión por si ya has superado  “un rato” o aún has de continuar edificando tu existencia en la búsqueda presente camino siempre de la eternidad.


Cruz Cercanada.

“Un rato” en este caso equivale a kilómetro y medio. La flecha amarilla que guía nuestros pasos, a la que seguimos como los astrónomos de Belén en busca del portal, señala un camino hacia la derecha que sube ligeramente entre robles y piedras. Por aquí están unas tumbas antropomorfas justo antes de llegar al paraje de la Cercenada.

La Cruz cercenada indica un cruce de caminos hoy irrelevante pero en el período de Roma de mucha utilidad pues indicaba la dirección que la Vía Nova seguía hacia Asturias, por aquí se escucha flotando en el aire el gregoriano del rezo de los salmos que sonaban en el ya desaparecido Monasterio de San Martín para atención de los peregrinos. Dicen que fue el mismo Almanzor quien cercenó de un tajo de su espada un brozo de la cruz que aquí llevaba años allá por el siglo X cuando ya Alfonso II de Asturias y los reyes de León peregrinaban a Santiago en busca de protección y sabiduría para gobernar con éxito y bondad.


Cruz Reparadora con la inscripción que dicho tengo.

Una nueva inscripción en piedra, recuerda aquellos acontecimientos con el texto que transcribo: “En reparación a la Cruz Alta, primer hito del Camino Jacobeo, y en honor al apóstol Santiago y al rey Alfonso II del reino de Asturias primero peregrino. Pasaron por aquí. CRUZ CERCENADA. Camino Jacobeo de la Paz. Prístino Camino”

Nos acompaña una llovizna de aquellas que se nombran como sirimiri, orvallo o calabobos. Con el chubasquero protector cruzamos Quintana de Fuseros y, mientras esperamos llegar a Cabanillas de San Juan como indica el mapa de nuestro camino, las flechas nos conducen a un monte cerrado de pinares de repoblación con pistas muy bien trazadas alejadas todas ellas de los pueblos que han desaparecido dejando a nuestro mapa como un documento obsoleto.

Pasan los kilómetros, las nubes juegan con nosotros a veces entre truenos a veces permitiendo la presencia voladora de las aves en nuestro entorno. En estas soledades suena La Passacaglia del austriaco Anton Webern (Viena 1883 – Mitterssill 1945) de música serena y contundente como si dedicara un acorde a cada árbol o a cada paso de nuestro camino, algún golpe de tambor cuando tenemos que saltar un charco del sendero, una pausa musical para indicar a los peregrinos la presencia de algún corzo que nos observa antes saltar a esconderse entre la vegetación.


Albergue de Labaniego. El reloj indica alguna hora de tiempos pasados cuando aún tenía pilas. De nuevo fuimos los dos únicos peregrinos.

Estamos ahora en un descenso casi vertiginoso, el amplio camino se ha reducido a sendero entre luminosos acebos, encinas de formas mágicas, brillantes madroños; el cielo parece que corta a tijeretazos las nubes para hacerlas niebla primero y después permitirnos ver el sol cuando entramos en Labaniego donde nos alojamos en la casa del pueblo, albergue muy agradable en el que nos recibe Clemente.


Templo de Santiago en un alto sobre el pueblo.

Después de la acostumbrada ducha, salimos por el pequeñísimo pueblo y conversamos con una mujer que intenta arreglar la puerta desvencijada de una casa que perteneció a sus abuelos. Le echamos una mano (en verdad, fue Pepe quien trabajó el martillo y las puntas, yo solamente animaba) mientras hablamos de su tiempo de emigración y de nuestro paso por diferentes lugares donde cada uno vivimos a lo largo de los años. La mujer nos dio cuatro huevos y algunas patatas, además de una canasta de higos… esta noche haremos buena cena.


Bocamina “La Canalina”.

Subimos paseando hasta el templo de Labaniego templo del siglo XVI dedicado a Santiago. Parece que tuvo una importante escultura en madera del apóstol que se conserva en el Museo Diocesano de Astorga. Desde este otero las vistas del Bierzo son magníficas. Unos metros a su derecha está conservada la bocamina de “La Canalina” donde también instalaron un pequeño oratoria dedicado a Santa Bárbara.

Javier Agra.