Sonaban las siete en las sombras matinales de las montañas cuando comenzamos nuestra andadura. El albergue municipal quedó atrás, pasado el río Luna al inicio del pueblo de Canales pegado a La Magdalena. Salimos con la aurora, buscando la espadaña de la iglesia.
Desde aquí se inicia un camino muy marcado picando siempre hacia arriba. Estamos acostumbrados a que el inicio de cada jornada sea cuesta arriba, acaso para que recordemos que la vida es esfuerzo, energía y confianza. Atrás quedó alguna casa blasonada, antaño solariega y noble. Estamos adentrados en una fuerte subida entre robles, por el antiguo cordal de las merinas.
Antiguo Cordal de las merinas a la salida de La Magdalena.
Pepe y yo pensamos que muchos de estos nombres que para nosotros son memoria y tradición pues nos cose a estos lugares transitados, están perdiendo significado para las generaciones de personas nacidas en este siglo veintiuno ¿Habrá que hacer un diccionario de recuerdos antiguos, de vivencias pasadas para que nuestros nietos sepan leer nuestros textos y entender nuestras descripciones?
Abajo van quedando las nieblas de la mañana; a ambos lados un amplio monte de roble rebollo seguramente poblado por numerosos animales que no se dejan ver de los caminantes, acaso también poblados por duendes y trasgos emigrados de otros territorios. Allá al fondo un cordal montañoso hace que nos detengamos un tiempo a contemplar esta visión del circo de la tierra en el que estamos inmersos y por el que avanzamos entre la soledad y el silencio durante los diez kilómetros que nos separan de Villayuste.
Ermita del Santo Cristo a la entrada de Villayuste. En el enrejado han puesto un cartel sobre tabla en el que se lee: “Peregrinos bienvenidos al primer descanso en el Camino”
Ligerísimos descensos y constantes subidas nos acercan a la aldea de Villayuste, en la comarca de Omaña, donde viven cuatro personas. Las flechas nos indican un inmenso rodeo por un bien trazado sendero sobre un valle de pastos donde abundan los caballos. Bajamos hasta un arroyo, completamente seco en esta época del año, subimos en perpetuo tobogán que nos recuerda que la vida es búsqueda de alturas, senderos que nos llevan a las tinieblas de la vida para redimirnos juntos y juntos aspirar a la libertad y a la paz.
Templo de San Bartolomé Apóstol a las afueras de Lago de Omaña.
Otro descenso notable, mientras escuchamos los cencerros de algunas vacas que pastan ausentes entre las urces del final del valle, nos deposita en Lago de Omaña también aldea que compila la despoblación rural. Hacemos una parada en el pórtico de su templo dedicado a San Bartolomé Apóstol, allí se sentaron “los rapaces” de hace varias décadas para aprender las letras y las cuentas, allí los mayores hacían los concejos para tomar decisiones en beneficio de todos los vecinos. Allí también me olvidé el palo del camino, absorto como estaba en la meditación de las antiguas generaciones que construyeron en hacendera los muros y las escaleras de su campanario.
Por fortuna, apenas a sesenta metros de reanudar la marcha volví a mi ser de peregrino y pude regresar a completar el ajuar de mi marcha con el palo amigo, compañero inseparable.
Retablo del templo de San Juan Bautista en Riello.
A Oterico llegamos tras un pronunciado descenso y dos kilómetros más allá entramos en Riello por la carretera cruzando el río Ceide que se ha quedado sin nombre pues todo se lo lleva el Omaña. Riello tiene mucho movimiento en verano, “después quedarán cuarenta personas”, nos comentó el alcalde. Esta localidad tiene Ayuntamiento, farmacia, bar…
Hasta allí llego Ana, de “La Magia de las nubes”, a buscarnos con su coche desde Robledo de Omaña donde nos alojamos en una bonita casa, con cena y desayuno, en un espacio de silencio y de montaña entre cantos de aves y palpitación de multitud de árboles y plantas que serenan el alma de los caminantes.
Antigua ermita de la Virgen de la Portería en Robledo de Omaña.
Visitamos las ruinas de la antigua ermita de la Virgen de la Portería, que albergó el enigma de la llamada “piedra del Grial” con símbolos masónicos y con un cáliz, que cerraba la clave del arco de la puerta. Esta piedra fue robada en mayo del 2019. En junio del 2021 el Taller de Cantería del Centro de Artes y Oficios de León, colocó una reproducción exacta que es la que nosotros vimos y reflejo en esta fotografía.
Javier Agra.







