miércoles, 30 de septiembre de 2026

CAMINO OLVIDADO: IGÜEÑA – LABANIEGO


Se apagaron las luces de Igüeña, aún no asomaban las siluetas de los montes cuando los peregrinos cerramos la puerta del albergue, cruzamos el puente sobre el río Boeza entre el rumor de su crecido caudal por las lluvias de la tarde y de la noche y comenzamos nuestro camino de esta jornada carretera adelante.

Continuad un rato por la carretera, nos dijeron como indicación. “Un rato” es un tiempo muy indeterminado en la madrugada bajo las estrellas y en la vida en su conjunto. Cuando solamente sabes que has de ir hacia adelante vas palpando el suelo y los caminos por si te engaña el cerebro o por si las fieras acechan, vas con el pensamiento en tensión por si ya has superado  “un rato” o aún has de continuar edificando tu existencia en la búsqueda presente camino siempre de la eternidad.


Cruz Cercanada.

“Un rato” en este caso equivale a kilómetro y medio. La flecha amarilla que guía nuestros pasos, a la que seguimos como los astrónomos de Belén en busca del portal, señala un camino hacia la derecha que sube ligeramente entre robles y piedras. Por aquí están unas tumbas antropomorfas justo antes de llegar al paraje de la Cercenada.

La Cruz cercenada indica un cruce de caminos hoy irrelevante pero en el período de Roma de mucha utilidad pues indicaba la dirección que la Vía Nova seguía hacia Asturias, por aquí se escucha flotando en el aire el gregoriano del rezo de los salmos que sonaban en el ya desaparecido Monasterio de San Martín para atención de los peregrinos. Dicen que fue el mismo Almanzor quien cercenó de un tajo de su espada un brozo de la cruz que aquí llevaba años allá por el siglo X cuando ya Alfonso II de Asturias y los reyes de León peregrinaban a Santiago en busca de protección y sabiduría para gobernar con éxito y bondad.


Cruz Reparadora con la inscripción que dicho tengo.

Una nueva inscripción en piedra, recuerda aquellos acontecimientos con el texto que transcribo: “En reparación a la Cruz Alta, primer hito del Camino Jacobeo, y en honor al apóstol Santiago y al rey Alfonso II del reino de Asturias primero peregrino. Pasaron por aquí. CRUZ CERCENADA. Camino Jacobeo de la Paz. Prístino Camino”

Nos acompaña una llovizna de aquellas que se nombran como sirimiri, orvallo o calabobos. Con el chubasquero protector cruzamos Quintana de Fuseros y, mientras esperamos llegar a Cabanillas de San Juan como indica el mapa de nuestro camino, las flechas nos conducen a un monte cerrado de pinares de repoblación con pistas muy bien trazadas alejadas todas ellas de los pueblos que han desaparecido dejando a nuestro mapa como un documento obsoleto.

Pasan los kilómetros, las nubes juegan con nosotros a veces entre truenos a veces permitiendo la presencia voladora de las aves en nuestro entorno. En estas soledades suena La Passacaglia del austriaco Anton Webern (Viena 1883 – Mitterssill 1945) de música serena y contundente como si dedicara un acorde a cada árbol o a cada paso de nuestro camino, algún golpe de tambor cuando tenemos que saltar un charco del sendero, una pausa musical para indicar a los peregrinos la presencia de algún corzo que nos observa antes saltar a esconderse entre la vegetación.


Albergue de Labaniego. El reloj indica alguna hora de tiempos pasados cuando aún tenía pilas. De nuevo fuimos los dos únicos peregrinos.

Estamos ahora en un descenso casi vertiginoso, el amplio camino se ha reducido a sendero entre luminosos acebos, encinas de formas mágicas, brillantes madroños; el cielo parece que corta a tijeretazos las nubes para hacerlas niebla primero y después permitirnos ver el sol cuando entramos en Labaniego donde nos alojamos en la casa del pueblo, albergue muy agradable en el que nos recibe Clemente.


Templo de Santiago en un alto sobre el pueblo.

Después de la acostumbrada ducha, salimos por el pequeñísimo pueblo y conversamos con una mujer que intenta arreglar la puerta desvencijada de una casa que perteneció a sus abuelos. Le echamos una mano mientras hablamos de su tiempo de emigración y de nuestro paso por diferentes lugares donde cada uno vivimos a lo largo de los años. La mujer nos dio cuatro huevos y algunas patatas, además de una canasta de higos… esta noche haremos buena cena.


Bocamina “La Canalina”.

Subimos paseando hasta el templo de Labaniego templo del siglo XVI dedicado a Santiago. Parece que tuvo una importante escultura en madera del apóstol que se conserva en el Museo Diocesano de Astorga. Desde este otero las vistas del Bierzo son magníficas. Unos metros a su derecha está conservada la bocamina de “La Canalina” donde también instalaron un pequeño oratoria dedicado a Santa Bárbara.

Javier Agra.

 

martes, 29 de septiembre de 2026

CAMINO OLVIDADO: FASGAR – IGÜEÑA


Las siluetas de los montes son sosegados gigantes que tienden la mano a los animosos peregrinos cuando salimos del albergue de Fasgar. Salimos los tres que ayer peregrinamos unidos, enseguida despedimos a Julia, atleta vizcaína que vive en una localidad de Cantabria. Ella se adelantará dada su fortaleza y animosidad, pues esta jornada piensa duplicar y aún más el kilometraje que nosotros tenemos previsto realizar. Hasta luego compañera de camino y de ilusión, nos encontramos siempre en la vida.

De Fasgar sale una pista de dura subida en medio de un monte quemado hace poco más de un año de modo que apenas se pueden contemplar pequeños reductos de lo que fueron sus ingentes bosques de abedul, de serval, de acebo… Poco a poco va quedando abajo a nuestra derecha un valle, seguramente de origen glaciar, que se acaba confundiendo con las colladas del fondo, mientras los peregrinos curveamos hacia la izquierda para hacer cumbre en la collada.


Fuente del Abedul o de Los Tres Caños.

Antes de hacer cumbre nos encontramos la Fuente del Abedul o de Los Tres Caños, dicen por estos pueblos que aquí se bebe el agua más fría de la comarca. Tiene en un lateral una inscripción en piedra, a mi entender entre poética y filosófica. Aquí lo transcribo para meditación de los lectores: “FUENTE DEL ABEDUL” “Me gusta en fontana pura / doblar frente y rodilla / y a besos la maravilla / beberme de la frescura. / Humilde y cabal postura / para esta vida mirar / refleja en cada hontanar, / que en tanto que el labio ardiente / marcha en busca de otra fuente / el beso se va a la mar” S.R.R. Julio 1981


Hemos llegado a la collada. Allá abajo el Campo de Santiago, solemne y grandioso.

Una hora tardamos en hacer cumbre en el collado desde el que se divisan al fondo el Catoute, el Tambarón y el Pico del Agua. Los ojos de los viajeros quedan absortos con la amplitud del Campo de Santiago de origen glaciar que se extiende a nuestros pies.

El Campo de Santiago, verde y grandioso, se cierra con las cumbres antes mencionadas y comienza con la coqueta ermita de Santiago, apóstol que dicen auxilió a las tropas cristianas en su lucha victoriosa sobre las tropas musulmanas. Hasta este amplio valle llegan ecos del filandón y del calecho: reuniones de los vecinos para trabajar la lana, contar historias… pasar el tiempo en buena vecindad al amor de la lumbre.


Comienza la comarca de El Bierzo.

En esta campa tiene origen el río Boeza que lleva sus aguas al Sil y que los peregrinos acompañamos en nuestro descenso en un camino bellísimo por su desfiladero. Apenas iniciamos la bajada encontramos un cartel en piedra indeleble que marca el inicio de la Comarca del Bierzo. Hemos transitado con gozo y sosiego por Omaña, sus gentes han sido muy amables con nosotros. Os llevamos en nuestro abrazo.


Entre montañas encajonadas, avanzan los peregrinos.

Suena con esperanza, energía y fortaleza el Magníficat de J.S, Bach (Eisenach 1685 - Leipzag 1750) mientras descendemos por el desfiladero entre montañas y bosques de abedules, servales, tejos, acebos. Las piedras del camino a veces son rocas gruesas, a veces láganas de pisada resbaladiza, a veces pedrería suelta redondeada y menuda por el agua y los siglos de existencia. Las montañas encajonan a los peregrinos que avanzan entre la dureza insegura de camino, entre el esfuerzo y el sosiego, entre el asombro y la libertad. El alma sobrevuela las alturas de estos grandiosos farallones donde retumba un trueno como si las trompetas de una inmensa orquesta acompañaran nuestra marcha.


Atravesamos el pueblo de Colinas del Campo de Martín Moro Toledano por el arco que forma su ermita del Santo Cristo.

Amenaza tormenta cuando superamos el segundo puente y el espacio se abre para transformarse en sendero y poco más allá en cómoda pista que nos llevará hasta Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, el primer pueblo que encontramos esta jornada después de pasar la fuente de San Juliano. Este pueblo, de largo nombre está declarado Bien de Interés Cultural; a los peregrinos nos parece un bello pueblo, construido con primor incluso en el empedrado de sus calles.


En Igüeña tienen diversos murales pintados en varias casas y también el bar, en recuerdo a su pasado minero.

Atravesamos la ermita del Santo Cristo bajo un arco. A la salida del pueblo, las flechas del camino nos separan de la carretera que aquí nace, para continuar con el sonido del río Boeza y la frescura de pequeños prados y abundante bosque hasta Igüeña, donde terminamos la jornada alojados en el albergue municipal de Catoute. Nuestra experiencia en el albergue y en el bar que atiende una familia del pueblo fue muy positiva.

Javier Agra.

 

lunes, 28 de septiembre de 2026

CAMINO OLVIDADO: RIELLO - FASGAR



Amanece en Omaña y así se ve desde “La Magia de las nubes”. Como si las cumbres de las montañas fuesen islas navegando entre el sereno mar de las nubes del amanecer.

Desde Robledo de Omaña, donde nos alojamos anoche, hasta el lugar de inicio de la jornada, nos bajó Ana en su coche. Es un servicio que hace el alojamiento “La Magia de las nubes” con los peregrinos y cuantas personas quieran pasar una noche o algún tiempo en este magnífico lugar de recogimiento, silencio, sosiego, naturaleza…un tanto alejado del “transporte público”.

Al comenzar esta etapa nos dio alcance una peregrina que disminuyó su paso para que pudiéramos hacer juntos la jornada. Julia es una persona de corazón noble y de fortaleza vigorosa; una verdadera atleta (con numerosos trofeos en sus estanterías) que acompasó su paso a nuestro andar más sereno pues sus jornadas rondan y aún superan los cuarenta kilómetros. El Camino de Santiago hace partícipes a los peregrinos de experiencias de solidaridad, de ánimo, de fortaleza… constantemente. Gracias Julia.

Desde Riello se avanza con ligero ascenso por un tupido robledal hasta culminar en Pandorado (Me gusta pensar, como a otros muchos, que su origen es del latín “pandus” “arqueado” por la orografía de la zona en constantes subidas y descensos del terreno). Dejamos atrás su Santuario de la Virgen para descender hasta Omañuela donde el río Omaña ofrece serenidad de alisos y remansos de praderas.


Atravesamos Vegarienza sobre un hermoso puente.

Atrás queda también Guisatecha, pequeñísima población aún dormida; atrás queda El Castillo entre chopos y alisos, con las ruinas del Castillo de Bernal otrora noble y aguerrido. Así vamos adentrándonos en el Valle Gordo entre cruces del río Omaña y de pequeñas poblaciones. Vegarienza y su arroyo Valdaín; Aguasmestas con su puente centenario sobre el Omaña que recoge el agua de río Vallegordo y la ermita del Santo Cristo; Cirujales, donde se reunieron antaño los Concejos de la comarca de Omaña cada lunes de Pascua.



Paramos en Villaverde a comer una manzana sobre el río y bajo el auspicio de la Sierra de Gistredo que nos acompañará durante unos cuantos pueblos.

Llegamos a Villaverde también en Sierra de Gistredo donde se puede ver el corzo y el jabalí y hasta osos, aseguran los pocos vecinos a quienes saludamos a nuestro paso. Llegamos Marzán que toma su nombre, según parece, del asentamiento romano Martius de cuando estaban por estos valles escavando en busca del reputado oro.


Llegamos a Barrio de la Puente con su señorial puente medieval sobre el Omaña.

En Barrio de la Puente tuvimos otra agradabilísima experiencia de las que confortan a los peregrinos. Una mujer nos ofreció café y nos dio cobijo durante un buen rato en la casa de sus mayores; la vivienda había sido bar y tienda de ultramarinos hace ya varias décadas, aún está decorado como un museo cuidadosamente mimado. Nieves se llama la mujer que hizo su vida laboral en Zaragoza y ahora, jubilada, compagina su tiempo entre la calma y la aventura.


Esta antigua tienda de ultramarinos, en Barrio de la Puente,  es hoy un museo cuidado con cariño y con recuerdos.

Cruzamos nuevo el Omaña, nuestro río de esta jornada entre las bellísimas montañas de la Sierra de Gistredo y con el alma llena de la serenidad que nos está produciendo esta comarca de Omaña, para entrar en Torrecillo y poco más allá en Posada donde miramos a la altura   para contemplar uno de los puntos más alto de esta Sierra, el Cerro Posada (1629 metros). Allá arriba, entre el jabalí y el urogallo, entre la liebre y la perdiz, veneran a la Virgen de la Casa como llaman popularmente a la ermita de Peñafurada que comparten con el vecino Vegapujín, pueblo al que entramos por la carretera al lado mismo de un antiguo puente medieval, cruzado por mil generaciones de las que no conservamos memoria. Allá arriba, la más alta cumbre de la Sierra de Gistredo, Peña Cefera (2058 metros) que pinta muy interesante para otra ocasión con sus explanadas previas, la chimenea que hay que cruzar… ¡un festín montañero! … ya veremos.


Vista de Fasgar con sus cuidados tejados pizarra y alguno de sus variados puentes para unir calles y barrios.

De momento atravesamos Vegapujín por la plaza del Amecedero, por delante de su iglesia y su posterior ermita. Finalmente llegamos a Fasgar entre praderas y murmullos del Omaña, entre susurros de aves y latidos de nuestro corazón. Parece que su nombre deriva de una variedad de trigo de anchas hojas "fasga". Aquí se juntan en una complejidad de puentes y callejones los arroyos Urdiales y Fasgares para formar el río Vallegordo que hoy seguimos por diferentes poblaciones y vierte sus aguas al Omaña. El Tambarón (2100 metros) es su cumbre más alta y además hace la separación entre las comarcas de Omaña, por donde hemos caminado estas jornadas, y el Bierzo a donde pasaremos mañana.

Fasgar tiene un pequeño bar surtido con todas las viandas que puede necesitar el peregrino del Camino Olvidado a Santiago de Compostela.

Javier Agra.

 

 

 

 

 

 

 

domingo, 27 de septiembre de 2026

CAMINO OLVIDADO: LA MAGDALENA – RIELLO


Sonaban las siete en las sombras matinales de las montañas cuando comenzamos nuestra andadura. El albergue municipal quedó atrás, pasado el río Luna al inicio del pueblo de Canales pegado a La Magdalena. Salimos con la aurora, buscando la espadaña de la iglesia.

Desde aquí se inicia un camino muy marcado picando siempre hacia arriba. Estamos acostumbrados a que el inicio de cada jornada sea cuesta arriba, acaso para que recordemos que la vida es esfuerzo, energía y confianza. Atrás quedó alguna casa blasonada, antaño solariega y noble. Estamos adentrados en una fuerte subida entre robles, por el antiguo cordal de las merinas.


Antiguo Cordal de las merinas a la salida de La Magdalena.

Pepe y yo pensamos que muchos de estos nombres que para nosotros son memoria y tradición pues nos cose a estos lugares transitados, están perdiendo significado para las generaciones de personas nacidas en este siglo veintiuno ¿Habrá que hacer un diccionario de recuerdos antiguos, de vivencias pasadas para que nuestros nietos sepan leer nuestros textos y entender nuestras descripciones?

Abajo van quedando las nieblas de la mañana; a ambos lados un amplio monte de roble rebollo seguramente poblado por numerosos animales que no se dejan ver de los caminantes, acaso también poblados por duendes y trasgos emigrados de otros territorios. Allá al fondo un cordal montañoso hace que nos detengamos un tiempo a contemplar esta visión del circo de la tierra en el que estamos inmersos y por el que avanzamos entre la soledad y el silencio durante los diez kilómetros que nos separan de Villayuste.


Ermita del Santo Cristo a la entrada de Villayuste. En el enrejado han puesto un cartel sobre tabla en el que se lee: “Peregrinos bienvenidos al primer descanso en el Camino”

Ligerísimos descensos y constantes subidas nos acercan a la aldea de Villayuste, en la comarca de Omaña, donde viven cuatro personas. Las flechas nos indican un inmenso rodeo por un bien trazado sendero sobre un valle de pastos donde abundan los caballos. Bajamos hasta un arroyo, completamente seco en esta época del año, subimos en perpetuo tobogán que nos recuerda que la vida es búsqueda de alturas, senderos que nos llevan a las tinieblas de la vida para redimirnos juntos y juntos aspirar a la libertad y a la paz.


Templo de San Bartolomé Apóstol a las afueras de Lago de Omaña.

Otro descenso notable, mientras escuchamos los cencerros de algunas vacas que pastan ausentes entre las urces del final del valle, nos deposita en Lago de Omaña también aldea que compila la despoblación rural. Hacemos una parada en el pórtico de su templo dedicado a San Bartolomé Apóstol, allí se sentaron “los rapaces” de hace varias décadas para aprender las letras y las cuentas, allí los mayores hacían los concejos para tomar decisiones en beneficio de todos los vecinos. Allí también me olvidé el palo del camino, absorto como estaba en la meditación de las antiguas generaciones que construyeron en hacendera los muros y las escaleras de su campanario.

Por fortuna, apenas a sesenta metros de reanudar la marcha volví a mi ser de peregrino y pude regresar a completar el ajuar de mi marcha con el palo amigo, compañero inseparable.


Retablo del templo de San Juan Bautista en Riello.

A Oterico llegamos tras un pronunciado descenso y dos kilómetros más allá entramos en Riello por la carretera cruzando el río Ceide que se ha quedado sin nombre pues todo se lo lleva el Omaña. Riello tiene mucho movimiento en verano, “después quedarán cuarenta personas”, nos comentó el alcalde. Esta localidad tiene Ayuntamiento, farmacia, bar…

Hasta allí llego Ana, de “La Magia de las nubes”, a buscarnos con su coche desde Robledo de Omaña donde nos alojamos en una bonita casa, con cena y desayuno, en un espacio de silencio y de montaña entre cantos de aves y palpitación de multitud de árboles y plantas que serenan el alma de los caminantes.


Antigua ermita de la Virgen de la Portería en Robledo de Omaña.

Visitamos las ruinas de la antigua ermita de la Virgen de la Portería, que albergó el enigma de la llamada “piedra del Grial” con símbolos masónicos y con un cáliz, que cerraba la clave del arco de la puerta. Esta piedra fue robada en mayo del 2019. En junio del 2021 el Taller de Cantería del Centro de Artes y Oficios de León, colocó una reproducción exacta que es la que nosotros vimos y reflejo en esta fotografía.

Javier Agra.