Queremos hacer una etapa más larga de lo que Pepe y yo acostumbramos, para terminar en esta jornada el Camino Olvidado. Con este objetivo comenzamos a caminar aún con la noche abrazada a la tierra y con el cielo alumbrando nuestros pasos con la luna llena, con las farolas de Congosto, con el espíritu del entusiasmo y de la paz.
Suena el solo de violín al que más tarde acompañará la orquesta entera en el “Concierto para Violín” estrenado en 1845 de Mendelssohn (Hamburgo 1809 – Leipzig 1847) iniciado con una apasionada alegría; de este modo cruzamos el campo y el pueblo de Congosto y enfilamos carretera adelante en esta inmensidad de camino para rodear el pantano de Bárcena durante trece kilómetros antes de separarnos hacia Cubillos del Sil.
Durante más de dos kilómetros se extiende la iluminación por estas mansiones de la población en una llanura que se va iluminando lentamente entre los atronadores grillos y los ladridos cansinos de algún perro escondido tras los muros, que despierta perezoso a nuestro paso.
Pantano de Bárcena en el río Sil construido en 1961 para lo que se desalojaron los pueblos de Bárcena del Río y Posada del Río, para los que se construyeron las nuevas poblaciones, Bárcena y Posada ambas del Bierzo. Estamos a punto de cruzar sobre su presa.
El embalse de Bárcena del río Sil brilla en sus aguas con humeante atmósfera madrugadora. Una breve cuesta arriba nos deja en un terreno llano de meseta poblado de pinos, con frecuencia de aspecto abandonado. Parecen pocos kilómetros y sin embargo la orografía cambia, cambia también el color de la vegetación, cambian los sonidos del día con el transcurrir del tiempo… Suena el andante de Mendelssohn y mi corazón se convence cada vez más de que las pisadas del peregrino van creando el paisaje, yo también me voy integrando con cada mota de polvo que se expande entre mis pies al pisar las diminutas piedras del camino, mi corazón canta con las aves de la mañana… y así la naturaleza entera y mi espíritu están unificados en un completo universo siempre en movimiento evolutivo.
Iglesia y Plaza de Cubillos del Sil. El templo, dedicado a San Cristóbal, fue edificado en los siglos XVI – XVII.
Nos apartamos del pantano unos momentos antes de entrar en Cubillos del Sil, populosa población que cuenta con numerosos servicios. Por este lugar pasó la calzada romana Vía Nova que hemos transitado por diferentes lugares estos días pasados.
Templo de Cabañas Raras, dedicado a Santa Ana con bóveda de Cañón y retablo barroco.
Continuamos por una carretera llana y, a veces monótona, hasta Cabañas Raras entre viñedos y frutales (las peras tienen muy buen sabor a esta hora). Se llama Cabañas por las viviendas de pastores construidas en adobe y madera cuando hace siglos se cobraba el portazgo en su puente medieval.
Entre huertos, frutales, viñedos y los renombrados castaños del Bierzo llegamos a Magaz de Abajo en el Ayuntamiento Camponaraya que me suena desde la infancia en Acisa donde el maestro nos cantaba una canción popular de este municipio hoy entre autovías y signos de modernidad, donde la ermita de San Juan Bautista está acondicionada como centro cultural.
Así comienza la canción de Camponaraya:
Camponaraya, Camponaraya / y a su
lado Narayola, / ten cuidado rapaciña / no vayas al baile sola. / No vayas al
baile sola, / no vayas al baile sola. /
Camponaraya, Camponaraya / y a su lado Narayola. /
Que te pinte mal, que te pinte bien, / tú me lo has de dar, querida Isabel, / querida Isabel, querida Isabel / que te pinte mal, que te pinte bien. /
Viva El Bierzo, viva El Bierzo, / que viva Camponaraya, / sus mujeres y sus vinos,…
Vista de una parte del Bierzo en alguna de mis ascensiones a cumbres. Al fondo están Pico Chao, Braña la Peña y Pico Valdiglesia.
Más allá está Cacabelos, donde nuestro Camino Olvidado se une al Camino Francés a Santiago. De esta población sobra decir su importancia en todo el recorrido; también nosotros confluimos con otros peregrinos con los que hicimos camino común hasta la pequeña población de Pieros donde nos separamos por la diferente velocidad del caminar.
Ábside de la Iglesia de Santiago en Villafranca del Bierzo.
Llegamos a Villafranca del Bierzo, bellísima población. Recogimos la credencial justificativa de haber finalizado con éxito el Camino Olvidado desde Bilbao y allí dejé entre sollozos, como si de un exvoto se tratara el palo, que junto a mí, fue peregrino tantos días y kilómetros. A partir de ahora descansará en la dulzura de aquella luz de los trabajos concluidos para que el Padre Dios le haga florecer como a la vara de José.
Aquí estoy con mi palo subiendo una de las numerosas empinadas cuestas de este inolvidable Camino Olvidado.
He leído en algunos lugares que Villafranca del Bierzo está en el trío de las poblaciones más bonitas de la Comunidad de Castilla y León; yo ni afirmo ni desmiento, pues en mi camino he visto lugares asombrosos que agradan a la vista, purifican el alma, liberan el espíritu, encumbran el corazón, hacen del Camino Olvidado un recuerdo permanente de belleza, libertad, paz…
Javier Agra.
















