domingo, 27 de septiembre de 2026

CAMINO OLVIDADO: LA MAGDALENA – RIELLO


Sonaban las siete en las sombras matinales de las montañas cuando comenzamos nuestra andadura. El albergue municipal quedó atrás, pasado el río Luna al inicio del pueblo de Canales pegado a La Magdalena. Salimos con la aurora, buscando la espadaña de la iglesia.

Desde aquí se inicia un camino muy marcado picando siempre hacia arriba. Estamos acostumbrados a que el inicio de cada jornada sea cuesta arriba, acaso para que recordemos que la vida es esfuerzo, energía y confianza. Atrás quedó alguna casa blasonada, antaño solariega y noble. Estamos adentrados en una fuerte subida entre robles, por el antiguo cordal de las merinas.


Antiguo Cordal de las merinas a la salida de La Magdalena.

Pepe y yo pensamos que muchos de estos nombres que para nosotros son memoria y tradición pues nos cose a estos lugares transitados, están perdiendo significado para las generaciones de personas nacidas en este siglo veintiuno ¿Habrá que hacer un diccionario de recuerdos antiguos, de vivencias pasadas para que nuestros nietos sepan leer nuestros textos y entender nuestras descripciones?

Abajo van quedando las nieblas de la mañana; a ambos lados un amplio monte de roble rebollo seguramente poblado por numerosos animales que no se dejan ver de los caminantes, acaso también poblados por duendes y trasgos emigrados de otros territorios. Allá al fondo un cordal montañoso hace que nos detengamos un tiempo a contemplar esta visión del circo de la tierra en el que estamos inmersos y por el que avanzamos entre la soledad y el silencio durante los diez kilómetros que nos separan de Villayuste.


Ermita del Santo Cristo a la entrada de Villayuste. En el enrejado han puesto un cartel sobre tabla en el que se lee: “Peregrinos bienvenidos al primer descanso en el Camino”

Ligerísimos descensos y constantes subidas nos acercan a la aldea de Villayuste, en la comarca de Omaña, donde viven cuatro personas. Las flechas nos indican un inmenso rodeo por un bien trazado sendero sobre un valle de pastos donde abundan los caballos. Bajamos hasta un arroyo, completamente seco en esta época del año, subimos en perpetuo tobogán que nos recuerda que la vida es búsqueda de alturas, senderos que nos llevan a las tinieblas de la vida para redimirnos juntos y juntos aspirar a la libertad y a la paz.


Templo de San Bartolomé Apóstol a las afueras de Lago de Omaña.

Otro descenso notable, mientras escuchamos los cencerros de algunas vacas que pastan ausentes entre las urces del final del valle, nos deposita en Lago de Omaña también aldea que compila la despoblación rural. Hacemos una parada en el pórtico de su templo dedicado a San Bartolomé Apóstol, allí se sentaron “los rapaces” de hace varias décadas para aprender las letras y las cuentas, allí los mayores hacían los concejos para tomar decisiones en beneficio de todos los vecinos. Allí también me olvidé el palo del camino, absorto como estaba en la meditación de las antiguas generaciones que construyeron en hacendera los muros y las escaleras de su campanario.

Por fortuna, apenas a sesenta metros de reanudar la marcha volví a mi ser de peregrino y pude regresar a completar el ajuar de mi marcha con el palo amigo, compañero inseparable.


Retablo del templo de San Juan Bautista en Riello.

A Oterico llegamos tras un pronunciado descenso y dos kilómetros más allá entramos en Riello por la carretera cruzando el río Ceide que se ha quedado sin nombre pues todo se lo lleva el Omaña. Riello tiene mucho movimiento en verano, “después quedarán cuarenta personas”, nos comentó el alcalde. Esta localidad tiene Ayuntamiento, farmacia, bar…

Hasta allí llego Ana, de “La Magia de las nubes”, a buscarnos con su coche desde Robledo de Omaña donde nos alojamos en una bonita casa, con cena y desayuno, en un espacio de silencio y de montaña entre cantos de aves y palpitación de multitud de árboles y plantas que serenan el alma de los caminantes.


Antigua ermita de la Virgen de la Portería en Robledo de Omaña.

Visitamos las ruinas de la antigua ermita de la Virgen de la Portería, que albergó el enigma de la llamada “piedra del Grial” con símbolos masónicos y con un cáliz, que cerraba la clave del arco de la puerta. Esta piedra fue robada en mayo del 2019. En junio del 2021 el Taller de Cantería del Centro de Artes y Oficios de León, colocó una reproducción exacta que es la que nosotros vimos y reflejo en esta fotografía.

Javier Agra.

 

sábado, 26 de septiembre de 2026

CAMINO OLVIDADO: HASTA LA MAGDALENA


Pepe y yo continuamos nuestra aventura de los últimos seis años (Pepe ya lleva catorce), recorriendo diferentes Caminos de Santiago. Estos días queremos concluir el llamado Camino Olvidado o Camino de las Estrellas que venimos haciendo desde Bilbao.

Para llegar a la Robla, madrugamos desde Moveros. Llegamos en autobús a León a una hora prudente que nos permite sacar billete en otro trasporte hasta la Robla, donde comenzamos a caminar los dieciséis kilómetros que nos separan de la Magdalena.

Es posible, porque venimos entrenados y esta etapa solamente tiene un desnivel que ronda los trescientos metros acumulados. La Robla dista apenas cuarenta kilómetros de Acisa, la aldea donde comencé a nacer hace setenta y cuatro años y varios meses. Sin embargo siempre me pareció un lugar muy lejano y misterioso, seguramente porque en mi infancia todo era más lento y pausado. Las distancias se recorrían a pie o, en el mejor de los casos, con el burro como apoyo.

En el Camino Olvidado, nos vamos encontrando paisajes que nos hacen gozar de la naturaleza y confiar en una tierra más libre y feliz para toda la humanidad y la naturaleza entera.

El tren en el que yo viajaba a Cistierna a ponerme aquellas inyecciones “terribles” pero que me salvaron la vida cuando tenía ocho años era el “tren de la Robla”, el mismo que a los once años me llevó por primera vez a Bilbao para comenzar mi vida nómada que, desde entonces, no ha cesado. Desde la Robla se puede visitar el fabuloso desfiladero de Los Calderones, en el arroyo del mismo nombre formado entre el agua y la multitud de rocas calizas que hacen de esta zona un lugar de envidiable morfología y de atractivo ingente para los geólogos. Apenas a veintiocho kilómetros está otra de las fantasías de estas tierras, la Cueva de Valporquero con numerosas salas donde la imaginación y la creatividad se expanden entre misterios y maravillas. Pero esas visitas quedan para otros momentos.

Pepe y yo hacemos “una robla” (parece que era una comida más o menos copiosa con que se cerraba alguna compraventa o pacto verbal) y establecemos como pacto llegar en los días que el cuerpo nos pida, hasta Villafranca del Bierzo y concluir nuestro camino.

Albergue del Camino en La Magdalena.

Los caminos de esta jornada, son más o menos asequibles a nuestras fuerzas y a esta hora en que la tarde apremia. Pasamos pues por Llanos de Alba, Sorribos con su casa blasonada y Olleros ambos de Alba, poblaciones en las que resuenan antiguas leyendas y que fueron más prósperos de lo que hoy enseñan. Cambiamos de la vertiente del río Bernesga a la del río Luna y también de ayuntamiento para llegar a Carrocera y continuar a Otero de las Dueñas que tuvo un activo monasterio cisterciense  hoy perdido entre pequeños terrenos y alguna vivienda también en abandono.


Río Luna a su paso por la Magdalena.

Había llovido por algunos lugares, antes de nuestro paso, dejando un dulce aroma a petricor cuando entramos a La Magdalena. Al otro lado del río Luna, el albergue es nuevo, limpio y espacioso. Con siete camas distribuidas en dos habitaciones, además de un baño, una cocina y un recibidor de estancia cómoda.

Javier Agra.

 

miércoles, 11 de febrero de 2026

ESTAMPAS: RÍO DUERO


Duero, he visto tu nacimiento en las altas faldas del Urbión, cervatillo saltarín, cuando el sol matinal calienta tu surgencia en borbotones. Me he sentado con frecuencia en las llanuras de Castilla que riegas entre abrazos de trigos y pinarillos. Las estrellas titilan en tus silencios de reflejos en la inmensidad de campos y barrancos.

Hoy te contemplo desde estas alturas de Miranda do Douro donde has llegado ya maduro y luchador, escondido entre las rocas, horadando suelos y altozanos para construir tu fluvial sendero a través de los siglos. A un lado España, Portugal en la otra orilla te acompañan y contemplan el paso de tus años. Así llegas, Duero, amigo silencioso, entre las canas viejas de tus aguas abrazado al mar océano para dilatar tus aguas y tu nombre entre en el silencio y la sal de la eternidad.




Río Duero. Los Arribes del Duero a su paso por Miranda do Douro en Portugal.
Javier Agra.

jueves, 29 de enero de 2026

CERRITO SARNOSO


En el Cerrito Sarnoso

Suena en mi corazón la dulce y serena Balada número 1 de Chopin (1810 Zelazowa Wola, Polonia – 1849 París), conocida por ella misma y por su utilización en diferentes películas de éxito, cuando voy llegando al hermosísimo Cerrito Sarnoso del que no comprendo su nombre por muchas veces que lo contemple y me siente a admirar las vistas que desde aquí se divisan.

Es una planicie a la que llego desde la Sillada de Garcisancho, allá abajo ha quedado el Valle de Lozoya de verdor y agua, de sueños y armonía. La Senda del Palero ha sido nuestro camino entre robles y susurro de agua hasta desembocar en esta sillada donde diríase que se juntan el cielo y la tierra en un circo luminoso que se extiende montaña arriba hasta Peñalara y Cabezas de Hierro.


Cerrito Sarnoso, al fondo Peñalara.

De inmediato llego al Cerrito Sarnoso (1692 metros), de verdor permanente, lleno de vida y entusiasmo aún cuando esté cubierto de nieve, poblado de matas vivas y de saltarines animales, risueño de pinos y de canciones de aves, asentamiento de peñas de siglos y de murmullos de vidas sin tiempo.

Suena la Balada nº 1 de Chopin mientras contemplo el cielo y las cumbres, mientras medito en la libertad y la inmensidad, mientras escucho los latidos de mi corazón y la respiración de la tierra toda. Aquí me siento, Cerrito Sarnoso, sobre tus piedras de siglos, sobre tu nombre incomprensible, sobre las pisadas de otros caminantes de todos los tiempos, sobre el canto de los grillos, el trino de las aves, el mugido de los ganados…

Cerrito Sarnoso, de nombre injusto y de admirable sosiego. Después continuaré hasta Cabeza Mediana para volver a bajar a buscar el coche hasta la carretera que une Rascafría y Cotos en su kilómetro treinta y dos y trescientos metros, muy cerca del Mirador de los Robledos con su monumento de la Guardería Forestal.

Javier Agra.

 

martes, 20 de enero de 2026

ESTAMPAS: CANAL DE LA ESFINGE



En la Canal de la Esfinge, ese mismo nombre recibe la roca majestuosa del fondo a la derecha de la fotografía.

La Pedriza siempre resulta un exultante espacio de silencio y aventura; por más veces que se visite este laberinto pétreo, el montañero encuentra en cada ocasión un sendero nuevo, una roca en la que no había reparado, un nido escondido, un zorro que parece domesticado y nos sigue en busca de comida, un águila en majestad de vuelo…

Hemos estado por el Collado de la Ventana, Los Llanos del Peluca, Cuatro Caminos en Los Llanitos, Prado Poyos, Comedor Termes con su Ventanillo, Canal de Los Hermanitos… Desde el Collado de la Ventana por el Collado de la U entramos al Canal de la Esfinge con la Aguja del Sultán, Arroyo de la Ventana donde desemboca en cascada el Arroyo Poyos, puente de madera sobre el Manzanares en Canto Cochino…

La Canal de la Esfinge es deliciosamente emocionante por su naturaleza, sus vistas, la aventura de encontrar las mejores  piedras donde pisar, reconocer las diferentes especies de pequeña vegetación que parecen recorrer arriba y abajo en movimiento infinito la naturaleza que vibra entre el silencio y los violines, que exulta de gozo con el corazón de los montañeros…

Recuerdo, siendo niño, los trabajos que daban los terrenos pedregosos donde el arado no conseguía trazar surcos y las vacas en su yugo daban traspiés mientras buscaban la imposible dirección recta para arañar la tierra donde sembrar más tarde el trigo. Eran terrenos agrestes y difíciles. Hoy bajo en silencio por estos pedregosos y agrestes terrenos la Pedriza que producen sosiego y paz, libertad y sonrisas…

Javier Agra.