viernes, 2 de octubre de 2026

CAMINO OLVIDADO: LABANIEGO – CONGOSTO



Vista de la Virgen de la Peña desde el Albergue Municipal en Congosto, al caer la tarde.

Como si en el corazón saltara la Obertura de Guillermo Tell de Rossini (Pésaro 1792 – París 1868) que todos recordamos de manera simplificada como un crescendo continuado desde el lento inicio de los violoncelos hasta el galope final de las trompas que envuelven el brillo orquestal, el brillo de la luna ilumina nuestros pasos sobre el camino que desciende entre la hierba de los prados hasta el arroyo Noceda que atravesamos por un antiguo puente.

Después, camino arriba, el monte rico en castaños centenarios se abre paso a una vega de extensos viñedos y frutales. La luna en todo su esplendor palidece con la inicial claridad del alba cuando los peregrinos cruzan el dormido pueblo de Arlanza. Entre la bruma y la luna queda atrás el pequeño pueblo mientras caminamos un corto trecho por la carretera antes de entrar a una alta meseta de robles y encinas entre rutas locales que los caminantes vamos sorteando según nos dirigen las flechas amarillas.


Hemos pasado el pueblo de Arlanza.

La altura, una vez conquistada, es de caminar sereno hasta Losada. Aquí han decidido trasladar las fiestas de San Miguel al segundo fin de semana de agosto pues aún “quedan veraneantes”. La noche del viernes hacen “la noche de las bodegas” en la que abren las puertas para convidar y degustar los ricos licores de sus cosechas. Este pueblo también conserva el lavadero con su fuente, también la fuente de Villouta con agua natural de los vecinos montes.


Nos encontramos con este roble que canta para nosotros melodías antiguas.

Abandonado este pueblo, la carretera continúa en su mayor parte por la carretera excepto algún pequeño tramo de bosque donde encontramos árboles curiosos como este viejo roble que canta melodías antiguas a los peregrinos o que acaso sea una puerta misteriosa hacia la eternidad. La Obertura de Guillermo Tell ha concluido cuando llegamos a Rodamillo con su crucero y el nombre  estampado en grandes letras en una pequeña plaza.

Salimos cruzando la carretera para adentrarnos en una pista de difícil pisada pues está tachonada durante muchos metros en grijo suelto de menuda piedra. Caminamos entre bosque que va cambiando los numerosos castaños (muchos están secos por el abandono y por los años) en un misterio de desolación y soledad, a otro misterio de exuberancia y vitalidad de alcornoques que cantan y bailan a nuestro paso y aún nos convidan a recorrer la ruta botánica del Zofreral, antigua palabra del Bierzo (“zofreiro”, del latín “suber”) con la que designan al alcornoque.


En Cobrana nos detuvimos en el pórtico del templo de Santa María Magdalena.

Entramos en Cobrana y nos detenemos en el pórtico su templo de Santa María Magdalena para visitar el potro de herrar  y las ruinas del que fue Palacio del Vizconde de Quintanilla Flórez. Desde aquí a Congosto faltan unos tres kilómetros siguiendo pistas muy visibles, de imposible pérdida. Nuestra ruta del Camino Olvidado marca casi seis kilómetros porque manda a los peregrinos hasta el vistoso Santuario de la Virgen de la Peña, allá en lo alto del pueblo. Un lugar muy interesante si se encontrara abierto, pero solamente se puede visitar los domingos cuando se celebra la eucaristía a las siete de la tarde (puede que esta información sea irrelevante con el paso del tiempo). Yo, sí hice esta impactante subida; incluso me detuve unos minutos a contemplar el Santuario y rezar desde la escalinata que va ascendiendo entre las estaciones del Vía Crucis.


Santuario de la Virgen de la Peña.

Una vez arriba, estamos en un magnífico mirador para contemplar el Bierzo, con hermosas vistas hacia el embalse de Bárcena en el río Sil. Descendí por atajos guiado más por la vista de Congosto que por las flechas amarillas, hasta llegar al albergue municipal que está aprovechando los vestuarios de un campo de futbol, seguramente en desuso deportivo. La jornada ha sido de sol y magnífica temperatura.

Estas poblaciones del Bierzo por las que pasamos fueron repobladas tras las conquistas cristianas de Ordoño I y el Conde Gatón. Mantienen costumbres muy parecidas en todos los lugares, entre las fiestas más populares destacan los magostos, que es la exaltación de la merecidamente renombrada castaña del Bierzo, y las fiestas del Botillo en el mes de febrero.


Mural de Congosto con un peregrino del Camino Olvidado a Santiago.

En Congosto pasamos una tarde apacible para ver el monumento al navegante Álvaro de Mendaña que nació por estas tierras el año 1541 y murió en la isla de Santa Cruz en 1595, descubrió las islas Salomón y las islas Marquesas; de conversaciones con unas cuantas personas, sentados en la terraza del bar; dando sosegados paseos visitando los exquisitos murales que adornan el pueblo…

Javier Agra.  

 

miércoles, 30 de septiembre de 2026

CAMINO OLVIDADO: IGÜEÑA – LABANIEGO


Se apagaron las luces de Igüeña, aún no asomaban las siluetas de los montes cuando los peregrinos cerramos la puerta del albergue, cruzamos el puente sobre el río Boeza entre el rumor de su crecido caudal por las lluvias de la tarde y de la noche y comenzamos nuestro camino de esta jornada carretera adelante.

Continuad un rato por la carretera, nos dijeron como indicación. “Un rato” es un tiempo muy indeterminado en la madrugada bajo las estrellas y en la vida en su conjunto. Cuando solamente sabes que has de ir hacia adelante vas palpando el suelo y los caminos por si te engaña el cerebro o por si las fieras acechan, vas con el pensamiento en tensión por si ya has superado  “un rato” o aún has de continuar edificando tu existencia en la búsqueda presente camino siempre de la eternidad.


Cruz Cercanada.

“Un rato” en este caso equivale a kilómetro y medio. La flecha amarilla que guía nuestros pasos, a la que seguimos como los astrónomos de Belén en busca del portal, señala un camino hacia la derecha que sube ligeramente entre robles y piedras. Por aquí están unas tumbas antropomorfas justo antes de llegar al paraje de la Cercenada.

La Cruz cercenada indica un cruce de caminos hoy irrelevante pero en el período de Roma de mucha utilidad pues indicaba la dirección que la Vía Nova seguía hacia Asturias, por aquí se escucha flotando en el aire el gregoriano del rezo de los salmos que sonaban en el ya desaparecido Monasterio de San Martín para atención de los peregrinos. Dicen que fue el mismo Almanzor quien cercenó de un tajo de su espada un brozo de la cruz que aquí llevaba años allá por el siglo X cuando ya Alfonso II de Asturias y los reyes de León peregrinaban a Santiago en busca de protección y sabiduría para gobernar con éxito y bondad.


Cruz Reparadora con la inscripción que dicho tengo.

Una nueva inscripción en piedra, recuerda aquellos acontecimientos con el texto que transcribo: “En reparación a la Cruz Alta, primer hito del Camino Jacobeo, y en honor al apóstol Santiago y al rey Alfonso II del reino de Asturias primero peregrino. Pasaron por aquí. CRUZ CERCENADA. Camino Jacobeo de la Paz. Prístino Camino”

Nos acompaña una llovizna de aquellas que se nombran como sirimiri, orvallo o calabobos. Con el chubasquero protector cruzamos Quintana de Fuseros y, mientras esperamos llegar a Cabanillas de San Juan como indica el mapa de nuestro camino, las flechas nos conducen a un monte cerrado de pinares de repoblación con pistas muy bien trazadas alejadas todas ellas de los pueblos que han desaparecido dejando a nuestro mapa como un documento obsoleto.

Pasan los kilómetros, las nubes juegan con nosotros a veces entre truenos a veces permitiendo la presencia voladora de las aves en nuestro entorno. En estas soledades suena La Passacaglia del austriaco Anton Webern (Viena 1883 – Mitterssill 1945) de música serena y contundente como si dedicara un acorde a cada árbol o a cada paso de nuestro camino, algún golpe de tambor cuando tenemos que saltar un charco del sendero, una pausa musical para indicar a los peregrinos la presencia de algún corzo que nos observa antes saltar a esconderse entre la vegetación.


Albergue de Labaniego. El reloj indica alguna hora de tiempos pasados cuando aún tenía pilas. De nuevo fuimos los dos únicos peregrinos.

Estamos ahora en un descenso casi vertiginoso, el amplio camino se ha reducido a sendero entre luminosos acebos, encinas de formas mágicas, brillantes madroños; el cielo parece que corta a tijeretazos las nubes para hacerlas niebla primero y después permitirnos ver el sol cuando entramos en Labaniego donde nos alojamos en la casa del pueblo, albergue muy agradable en el que nos recibe Clemente.


Templo de Santiago en un alto sobre el pueblo.

Después de la acostumbrada ducha, salimos por el pequeñísimo pueblo y conversamos con una mujer que intenta arreglar la puerta desvencijada de una casa que perteneció a sus abuelos. Le echamos una mano (en verdad, fue Pepe quien trabajó el martillo y las puntas, yo solamente animaba) mientras hablamos de su tiempo de emigración y de nuestro paso por diferentes lugares donde cada uno vivimos a lo largo de los años. La mujer nos dio cuatro huevos y algunas patatas, además de una canasta de higos… esta noche haremos buena cena.


Bocamina “La Canalina”.

Subimos paseando hasta el templo de Labaniego templo del siglo XVI dedicado a Santiago. Parece que tuvo una importante escultura en madera del apóstol que se conserva en el Museo Diocesano de Astorga. Desde este otero las vistas del Bierzo son magníficas. Unos metros a su derecha está conservada la bocamina de “La Canalina” donde también instalaron un pequeño oratoria dedicado a Santa Bárbara.

Javier Agra.

 

martes, 29 de septiembre de 2026

CAMINO OLVIDADO: FASGAR – IGÜEÑA


Las siluetas de los montes son sosegados gigantes que tienden la mano a los animosos peregrinos cuando salimos del albergue de Fasgar. Salimos los tres que ayer peregrinamos unidos, enseguida despedimos a Julia, atleta vizcaína que vive en una localidad de Cantabria. Ella se adelantará dada su fortaleza y animosidad, pues esta jornada piensa duplicar y aún más el kilometraje que nosotros tenemos previsto realizar. Hasta luego compañera de camino y de ilusión, nos encontramos siempre en la vida.

De Fasgar sale una pista de dura subida en medio de un monte quemado hace poco más de un año de modo que apenas se pueden contemplar pequeños reductos de lo que fueron sus ingentes bosques de abedul, de serval, de acebo… Poco a poco va quedando abajo a nuestra derecha un valle, seguramente de origen glaciar, que se acaba confundiendo con las colladas del fondo, mientras los peregrinos curveamos hacia la izquierda para hacer cumbre en la collada.


Fuente del Abedul o de Los Tres Caños.

Antes de hacer cumbre nos encontramos la Fuente del Abedul o de Los Tres Caños, dicen por estos pueblos que aquí se bebe el agua más fría de la comarca. Tiene en un lateral una inscripción en piedra, a mi entender entre poética y filosófica. Aquí lo transcribo para meditación de los lectores: “FUENTE DEL ABEDUL” “Me gusta en fontana pura / doblar frente y rodilla / y a besos la maravilla / beberme de la frescura. / Humilde y cabal postura / para esta vida mirar / refleja en cada hontanar, / que en tanto que el labio ardiente / marcha en busca de otra fuente / el beso se va a la mar” S.R.R. Julio 1981


Hemos llegado a la collada. Allá abajo el Campo de Santiago, solemne y grandioso.

Una hora tardamos en hacer cumbre en el collado desde el que se divisan al fondo el Catoute, el Tambarón y el Pico del Agua. Los ojos de los viajeros quedan absortos con la amplitud del Campo de Santiago de origen glaciar que se extiende a nuestros pies.

El Campo de Santiago, verde y grandioso, se cierra con las cumbres antes mencionadas y comienza con la coqueta ermita de Santiago, apóstol que dicen auxilió a las tropas cristianas en su lucha victoriosa sobre las tropas musulmanas. Hasta este amplio valle llegan ecos del filandón y del calecho: reuniones de los vecinos para trabajar la lana, contar historias… pasar el tiempo en buena vecindad al amor de la lumbre.


Comienza la comarca de El Bierzo.

En esta campa tiene origen el río Boeza que lleva sus aguas al Sil y que los peregrinos acompañamos en nuestro descenso en un camino bellísimo por su desfiladero. Apenas iniciamos la bajada encontramos un cartel en piedra indeleble que marca el inicio de la Comarca del Bierzo. Hemos transitado con gozo y sosiego por Omaña, sus gentes han sido muy amables con nosotros. Os llevamos en nuestro abrazo.


Entre montañas encajonadas, avanzan los peregrinos.

Suena con esperanza, energía y fortaleza el Magníficat de J.S, Bach (Eisenach 1685 - Leipzag 1750) mientras descendemos por el desfiladero entre montañas y bosques de abedules, servales, tejos, acebos. Las piedras del camino a veces son rocas gruesas, a veces láganas de pisada resbaladiza, a veces pedrería suelta redondeada y menuda por el agua y los siglos de existencia. Las montañas encajonan a los peregrinos que avanzan entre la dureza insegura de camino, entre el esfuerzo y el sosiego, entre el asombro y la libertad. El alma sobrevuela las alturas de estos grandiosos farallones donde retumba un trueno como si las trompetas de una inmensa orquesta acompañaran nuestra marcha.


Atravesamos el pueblo de Colinas del Campo de Martín Moro Toledano por el arco que forma su ermita del Santo Cristo.

Amenaza tormenta cuando superamos el segundo puente y el espacio se abre para transformarse en sendero y poco más allá en cómoda pista que nos llevará hasta Colinas del Campo de Martín Moro Toledano, el primer pueblo que encontramos esta jornada después de pasar la fuente de San Juliano. Este pueblo, de largo nombre está declarado Bien de Interés Cultural; a los peregrinos nos parece un bello pueblo, construido con primor incluso en el empedrado de sus calles.


En Igüeña tienen diversos murales pintados en varias casas y también el bar, en recuerdo a su pasado minero.

Atravesamos la ermita del Santo Cristo bajo un arco. A la salida del pueblo, las flechas del camino nos separan de la carretera que aquí nace, para continuar con el sonido del río Boeza y la frescura de pequeños prados y abundante bosque hasta Igüeña, donde terminamos la jornada alojados en el albergue municipal de Catoute. Nuestra experiencia en el albergue y en el bar que atiende una familia del pueblo fue muy positiva.

Javier Agra.