martes, 23 de abril de 2019

PENDÓN Y CABEZA ARCÓN


La noche había estado revuelta, pero los montañeros salimos animosos hacia esas cumbres poco frecuentadas cercanas a Bustarviejo. El pueblo amanecía cubierto por una fina capa de nieve que daba a sus tejados, sus calles y sus cercanos prados la sensación de quietud a través del tiempo.
 
Cantaban los últimos gallos bajo la serenidad de los copos finales que aún caían sobre nosotros como restos de la ligera nevada, cuando iniciamos el camino de ascenso por una visible vereda con las molestas piedras ocultas por la blancura. Al otro lado, el Mondalindo protege a Bustarviejo desde hace millones de años en una dulce estampa sin tiempo.

El Mondalindo protege el pueblo de Bustarviejo y su valle desde hace milenios.

Poco a poco llegamos al Collado del que salen cuatro caminos… Son muchos los momentos de la montaña y los momentos de la vida en los que se necesita tomar una decisión por la diversidad de opciones. Los montañeros teníamos claro nuestro primer objetivo, queríamos comenzar por el Pendón, enhiesto y solemne a nuestra izquierda. Llegar a su cumbre es ya cuestión de tiempo. 

Caminamos por la llanura del Collado con el Pendón al fondo.

El Collado se extiende por una placidez de llanura vegetal, dos piedras inertes parecen sonreír invitando a los montañeros a cruzar por su medio, cantuesos y pinos alegran el camino y, de pronto, un roquedal se levanta como inexpugnable muralla, los hitos se hacen confusos, el camino se torna abrupto y los montañeros eligen como tantas veces en la vida. Diré como dato, por si algún lector lo considera, que es preferible ir por caminos más bajos para evitar el pedregal. Descubrimos en el descenso que el camino es más cómodo y se gana descanso y tiempo.

Hemos llegado a la cumbre del Pendón

Sea como fuere, los montañeros llegamos a la cima. Entramos por su izquierda sin mayores contratiempos. Arriba se acumulaban algunos centímetros de nieve. Arriba las vistas se dilatan entre montañas y llanuras, en la cumbre se expande el corazón y la vida. Salió el sol con brillos de verdor y nieve. En el asombro de las cumbres vuela el alma. El descenso fue más directo, llegamos al cruce del Collado entre la nieve que ahora era casi agua líquida por efecto del calor y del tiempo.

Desde Cabeza Arcón, la vista y el corazón se lanzan hacia el infinito. Al fondo contemplamos el Puerto de Canencia.

De frente sale el camino que nos llevará a Cabeza Arcón entre pinos y robles, en un paseo de sensaciones de musical libertad. Buscamos otro sendero para el descenso; no encontramos el camino, nos perdimos en intentos, de pronto una inmensa e inhóspita llambria nos cerró el camino, lo superamos entre sustos y culadas. La vida transita plácida y de pronto un sobresalto rompe toda la tranquilidad que parecía adquirida en propiedad. Pero los montañeros saben que en la montaña y en la vida todo es fuerzo, confianza, lucha y tiempo.

Estamos en la cima de Cabeza Arcón.

Superada la llambria con esfuerzo, adelantos y retrocesos, dimos con nuestros pies en un pinar de amplitud y de sosiego. A través de trochas semiocultas y senderos inventados llegamos a la amplia senda que buscábamos como camino de regreso. Allá aparecía el poste de nuestra referencia sobre el pueblo de Bustarviejo. El camino es seguro… el corazón se llenó de entusiasmo, serenidad y energía para un largo tiempo.

Javier Agra.

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