viernes, 15 de agosto de 2014

PIRINEOS 2014: GRUTA DE CASTERET



En los refugios de montaña nos acostamos cuando el día agota la luz natural y nos levantamos con los bostezos últimos de las estrellas. Esta mañana el cielo está cubierto, a partir de dos mil setecientos metros las nubes se han asentado y parecen no querer moverse. Pero los montañeros estamos aquí para subir más alto, por eso salimos con voluntad y deseo de llegar hasta donde sea posible.

Camino del Casco y de la Torre pasamos por hermosos paisajes que, por ellos mismos, bien merecen un amplio recorrido. Salimos del Refugio de Góriz por un sendero que parte de la zona de los servicios, de inmediato encontramos el primer escollo para superar el barranco de Góriz con su torrente de agua. Unos metros más abajo remansa el río y pasamos al verde prado de la campa que sube hasta alcanzar la repisa que llevaremos un tiempo a nuestra derecha.

La montaña está viva y, como la vida, presenta frecuentes escollos a superar; la montaña es seria pero divertida y propone continuos acertijos y constantes retos para que los montañeros podamos aguzar el ingenio y seguir siempre más allá. Apenas treinta minutos de conversación con la hierba y las rocas, nos permiten continuar y nos muestran un lugar de trepada para subir hasta la Faja Luenga. Estos pasos son divertidos, necesitamos pies y manos para continuar la ascensión, pero son divertidos de superar.

La Plana de San Ferlús, al fondo está el Pico Tobacor.

De pronto, cuando todo presagia roca desolada, estamos caminando por una larga y amplia faja de brillante verde salpicado de constante agua. Un arroyo surge entre el verdor, busca su escapada y no encuentra; el arroyo juega y se revuelve contra su mala suerte; el arroyo quiere ser río y aún llegar al mar; curvas y curvas de desconsolada pelea; ¡Por fin encuentra una salida! ¡Ah, en medio de la roca! En medio de la roca caliza ha abierto una enorme brecha y consigue salir del valle que fue su hogar por algún ruidoso escondrijo.

Los montañeros queremos preguntarle hacia dónde se dirige, pero el agua ya ha saltado entre el gozo y el misterio de futuro; futuro para nosotros desconocido, seguramente también para el arroyo que busca eternidad sin límites. Hemos dejado atrás el jugoso y juguetón caudal, seguramente el último punto posible de provisionar las cantimploras de agua; nos acordamos de saludar al monte Tobacor que se esconde entre las nubes a nuestra izquierda y nos fijamos en el Pico Millaris que señorea a nuestra derecha, misterioso entre las nubes.

En el Collado de Millaris.

Una ligera subida nos acerca al Collado de Millaris donde la fantasía tiene su leyenda. Bajo nosotros están los Llanos de Millaris, de gran prosperidad en agua y verdor en otro tiempo. El pastor Palafox, era dueño de estas feraces tierras y su hermoso lago; aquel verano estaba siendo especialmente caluroso, unos pastores llegaron con su rebaño rogando al pastor de nuestra historia que les permitiera compartir su fortuna de agua y alimento. Palafox accedió con buenas palabras, pero su corazón urdía malas artes; en el silencio de la noche los asesinó, felón y alevoso, para quedarse con sus ganados. Cuentan que el lago, enojado de dolor, tiño sus aguas de rojo, tiñó las tierras del color de la sangre; el dolor se extendió tanto que provocó un temblor tan grande que enterró pastor y ovejas, se desbordó el lago, el prado se transformó en roca y un desgarrador grito quebró la tierra en lo que hoy conocemos como Valle de Ordesa.

De lo que sea o no cuento poco sabemos los montañeros esta mañana. Pero dicen que en la noche de San Juan, aún se lamenta el pastor entre las grietas de las peñas. En estos asuntos estamos mientras observamos ante nosotros la Plana de San Ferlús, hermoso valle que se echa monte arriba hasta la cima del Pico Descargador. En el entorno de Góriz (y en todo el Pirineo) son muchas las montañas que no reciben visitas. Las nubes no nos permiten ver las cumbres, nosotros continuamos porque los montañeros somos cabezones.

Entrada de la Gruta de Casteret. Un lugar para fantasear sobre formas y colores. Quienes leáis el texto podéis sugerir imágenes, visiones, ciencia o experpentos.

Por encima del Cuello del Descargador, seguimos senderos, pedregal arriba, acercándonos hacia la muralla protectora del Pico Anónimo; nuevos pasos entre gruesas rocas, entre imaginados senderos, entre la nube baja, entre la hermosura y el misterio. Los montañeros estamos en la boca de la Gruta de Casteret que parece que actualmente ha perdido su apellido de Gruta Helada. Inspeccionamos sin romper la norma de la montaña. Su interior retumba de invisibles murciélagos, de ecos de todos los siglos, de antiguos aquelarres apegados para siempre a sus paredes evocadoras.

Interior de la Gruta ¿helada? De Casteret.

Continuamos la marcha. Nos cercan la niebla y las nubes. ¿Continuamos la marcha? Nuestra voluntad al inicio de la mañana era cumbrear el Casco y la Torre. ¿Continuamos?... El regreso fue desandar el camino; los senderos eran repetidos, las sensaciones nuevas.

Javier Agra.

jueves, 14 de agosto de 2014

PIRINEOS 2014: VALLE DE ORDESA




Entre las estrellas y el aleteo de la madrugada llegamos en autobús desde Torla al aparcamiento de Ordesa. Aún no habíamos desayunado, de modo que nos sentamos sobre piedra seca entre mojadas hierbas para tomar las primeras viandas del día; la naturaleza florece a cada instante con la naciente luz de madrugada; los viajeros comenzamos a ser montañeros, hoy tenemos que subir tienda de campaña, saco y mochila hasta el Refugio de Góriz.

A nuestra derecha el río Arazas canta sosiego y libertad, el sendero por el que avanzamos es el de la izquierda, enseguida dejamos una imagen de la Virgen del Pilar y la senda que continúa hasta Cotatuero. Continuamos entre un frondosísimo bosque de hayas, en el que conviven con abetos y pinos sin preocuparse si son de diferente raza o condición. Unos y otros nos animan a descubrir la luz que llega a nosotros a través de sus ramas, los montañeros sabemos poco de árboles, sabemos que son diferentes y sin embargo nos cuidan y nos protegen.

Cascada de la Cueva.

El valle de Ordesa es de una belleza que asombra. Conversación con los farallones que responden en rumoroso eco, conversaciones con el río Arazas que a esta altura del sendero se vuelve más locuaz y pone voz gruesa de agua de cascadas. Por este paraje, bien se puede emplear un día y aún una vida en el recuerdo. Colores variables en tonos de luz a cada instante, aves que cambian el fulgor de la retina, sonidos diferentes para almacenar recuerdos…paso a paso las hayas entregan al absorto viajero brillos reflejados en el agua. Aquí empleas tiempo en la Cascada de Arripas, con el asombro aún en alma ya estás admirando la Cascada del Estrecho y la inmediatamente posterior de la Cascada de la Cueva.

Los montañeros, que han decidido emplear la jornada para llegar hasta Góriz, se detienen y juegan a poner nombre a la grandeza de las rocas que coronan la altura de los farallones: allí la catedral de Notre Dame, aquella semeja una vaca eternamente paciendo…inmensidad de sueños de los montañeros. El Tozal del Mallo, superado hace ya mucho rato sigue visible y poderoso en nuestro viaje valle adelante. Y cuando aún estamos rumiando el asombro de agua, el Arazas juega a construir las Gradas de Soaso. Nueva pausa, una pareja de sarrios mueven ramas en la espesura y duda si acercarse al agua o esperar que pasemos de largo.

Gradas de Soaso   

Desde la Cascada de Arripas un puente permiten regresar, por la otra margen del río Arazas entre frondosa vegetación y praderas abiertas, a quienes pretendan realizar un paseo más breve. Las Gradas de Soaso, marcan una disminución de la múltiple variedad de árboles; la vegetación disminuye, el agua corre libre por la ensanchada planicie de Soaso. A nuestra izquierda, una marmota con sonido ensordecedor grita nuestra presencia a sus compañeras que ocupan la ladera del monte Tobacor que a esta altura del verano viste su falda de agua y amarillo. El Valle de Ordesa cierra su circo de asombro. Los montañeros prueban senderos y deciden que tienen que llegar hasta la misma Cola de Caballo para admirar su belleza y cruzar el puente sobre el río Arazas.

Cola de Caballo en el río Arazas cierra el circo del Valle de Ordesa.

Quienes han venido hasta aquí de paseo, tienen suficiente con estas tres horas y quinientos metros de desnivel, ya pueden regresar. Subir al Refugio es una tarea reservada a los montañeros. Muchos salvan el fuerte desnivel por las Clavijas de Soaso. Nosotros pensamos que llevamos demasiado peso y las manos muy ocupadas para acometer tal empresa y será más seguro recurrir al muy transitado sendero de las caballerías, muy visible en una zigzagueante ascensión por la derecha.

Vista del Valle de Ordesa, mientras estamos ascenciendo por el sendero de las caballerías.

Hasta el Refugio de Góriz todo es subir, son novecientos metros los que hemos concluido a nuestra llegada. Muchas cosas se pueden decir de este Refugio en el que escasean las plazas durante los meses de verano, que no tiene baños dentro del recinto ni agua caliente para las duchas de los fatigados cuerpos. El Refugio de Góriz es uno de los más frecuentados del Pirineo, está muy bien situado y con magníficas rutas montañeras.

Refugio de Góriz, magníficamente situado para ascender al Monte Perdido, la Gruta de Casteret o la Brecha de Roland, para cruzar a los refugios de Francia, para subir el Casco y la Torre…

Javier Agra.

jueves, 31 de julio de 2014

MONTE TUBKAL: MARRAKECH NO ES EL TUBKAL



Desde Aremd, contemplamos los nogales que llegan hasta el pueblo de Imlil y, más allá, el valle que pasa por Asni y Tahanout hasta llegar a Marrakech. Pero Marrakech no es el Tubkal pese a que nació en el siglo once de la mano de los almorávides bereberes como avanzadilla militar y comercial, porque en las montañas se dedican con mucho esfuerzo a la agricultura y la ganadería, pero también fueron quienes abrieron grandes rutas comerciales con todo el mundo, a través del mar. Unificaron Marruecos y, después saltaron a España al mando de Yusuf ibn Tasufin reunificando los reinos de taifas en sus peleas contra el rey cristiano Alfonso VI.

Ha tenido momentos de mayor expansión y otros de decaimiento. Ya en el siglo veinte, cuando era protectorado francés, fuera de la amurallada medina se construyó una moderna ciudad con materiales de color rojo que produce una visión brillante desde la distancia, la vieja medina se degradaba dentro de sus antiguas murallas.

Foto del riad L’Arabesque donde pasamos una noche y fuimos muy bien tratados.

Nosotros nos alojamos en un lujoso riad del interior. Marrakech no es el Tubkal, pero en su corazón pasamos varias horas y vimos sus entrañas, paseamos sus entrañas. La Jemaa el Fna, la gran plaza de forma irregular, corazón de la medina desde donde el paseante se puede perder en multitud de callejuelas laterales que nunca parecen tener ni principio ni final, donde constantemente ofrecen al viajero toda clase de utensilios útiles e inútiles, donde se escucha música, consejas, pregones, anuncios, venta y supervivencia de una multitud abigarrada de personas que ignora su mañana y aún así parece tener alguna esperanza en el turismo al que aturde con frenesí.  

Asustado en el zoco, perdido en  medio de una calle con miles de comercios.

La mezquita Kutubia rodeada de jardines, es un lugar de sosiego al que los montañeros (ahora mortales turistas) salimos necesitados de relajación y deseosos de contemplar su hermosura. En su entorno, silencio y paz; cuatro minutos de distancia que parecían cuatro mil kilómetros. Desde la distancia, camino de Marrakaech, se ve como la torre más alta de la ciudad; nosotros podemos acercarnos a Sevilla y tendremos una torre construida con las mismas proporciones. A su lado se encuentran las ruinas de una gran mezquita construida por los conquistadores almohades. Desde aquí arranca la avenida Mohammed V, amplia y ajardinada en una hermosa expresión de modernidad.

Ante el sosiego de la Torre (Minarete) de la Mezquita Kutubia.

Se puede visitar Dar Cherifa, café y galería de arte y literatura, punto de encuentro de los grupos culturales de la ciudad situado en un antiguo riad de la ciudad. Nosotros, nos sentamos en uno de los varios cafés que rodean la Jemaa Fna; llevamos tres días de montaña y nos apetece volver a saborear una de las famosas y nunca bien ponderadas bebidas calientes de té, manzanilla u otras diversas hierbas.

Sentados en un café.

Llegamos al aeropuerto después de pasar por La Menara, hermoso, moderno y muy amplio jardín; así nuestra salida de la ciudad fue por este espacio entre olivos y frutales. Este jardín es casi una evolución en miniatura, proyectado en el siglo doce fue edificado y destruido varias veces; desde la segunda mitad del siglo diecinueve hasta la actualidad, este jardín, se ha visto cada vez más embellecido. Entramos al aeropuerto, al avión, a Madrid.

Amanece sobre el Tubkal


El soñado Tubkal es hoy una realidad, siempre será dureza, esfuerzo, literatura, paz…

Javier Agra.