miércoles, 10 de enero de 2024

PICO HUMIÓN (II) LA CUMBRE


Entre las Hoces de La Horadada y El Sobrón, el espacio natural de los Montes Obarenes está lleno de luz y vida. Resalta el Pico Humión, mole fornida visible desde la distancia, imán que susurra al montañero y lo atrae sin remisión. 

Pasamos la noche en el pequeño pueblo de Cubilla de la Sierra; mientras el sol despierta sus primeros bostezos estamos aparcados junto al caño y la fuente del final del pueblo. Diversos caminos suben en dirección a la montaña seguramente para atender fincas y granjas, nosotros hemos de seguir el que parte hacia la derecha en un ligerísimo descenso, la vista se pierde en una curva hacia la derecha. De inmediato comenzará a subir aún entre un estrecho camino de asfalto. 


Comenzamos a subir hacia Portillo de Jarillas y la loma que conduce al Humión. El pueblo de Cubilla de la Sierra brilla entre reflejos con el sol de la mañana.

Unos metros más arriba, el asfalto gira en cerrada curva hacia la izquierda, por la que nosotros ya no continuamos. En este punto arranca un sendero bien visible de frente, que atraviesa a mi parecer, lo más desagradable y aún insalubre; es una vaguada donde remansan abonos y orines, boñigas y barro en una amalgama poco feliz que debemos vadear como mejor nos indique el sentido común. Sobre nosotros descubrimos una granja bien surtida de vacas de apetecible leche y suculenta carne ¿Habrá alguna manera de arreglar este desafortunado vertido?

En ligero ascenso, sigue nuestro camino para ganar altura y llegar en pocos minutos a un pequeño collado. En él nos detendremos unos minutos para disfrutar del sol que está sembrando de luz y colores la cuerda que divisamos ya en toda su extensión allá arriba, el cercano pueblo de brillos y reflejos que ha quedado a nuestros pies, grupos de amenas vacas que pastan relajadas en diferentes prados y en la libertad de esta ladera que tenemos delante. 


Suaves lomas, quebradas, dolinas...los montañeros avanzan hacia la cumbre del Pico Humión.


A nuestra espalda queda un pequeño otero con su antena de telefonía. Los montañeros subimos por el dibujado sendero que nos lleva paredaño a un arroyo sin agua la mayor parte del año pero que dibuja paisajes de sosiego y armonía de sinfonía, oigo en mi corazón la novena de Anton Bruckner (Ansfelden 1824 – Viena 1896) sinfonía en la que trabajó varios años y al final quedó incompleta... Nuestra vida y nuestras montañas también están siempre en proceso, siempre hacia su plenitud. Llegamos por el Portillo de las Jarillas a la larga cuerda entre un inmenso mar de enebro rastrero y otras plantas tendidas como alfombras para amenizar nuestra marcha. Delante de nosotros, ligerísimamente a la derecha destaca el Pico Flor solemne y sonriente; el Pico Flor llama a los montañeros que tienen la tendencia a ignorar su sencilla majestuosidad y continuar camino hacia la cumbre del Humión.


Desde el Portillo de Jarilla se amplía la vista hasta otros montes visitados en diferentes ocasiones.


La serenidad de la música se mezcla en el corazón con el arroyo que ya se cierra acaso en su inicio donde se cierra el valle entre pastos y dolinas al pisar la loma cimera por la que caminaremos desde ahora hasta la cumbre del Humión. También aquí llegan asiduamente las vacas con su manso pastar, a veces levantan la cabeza para saludar a los montañeros, para contemplar igual que contemplo yo el silencioso y casi inmóvil vuelo de un águila en la eternidad azul de un cielo que entrega su luz para ser resplandor de la tierra entera. 


Desde la loma cimera vamos con el Ebro a nuestros pies y diferentes montañas vascas y navarras en la distancia.

Nos desviamos para contemplar durante unos minutos una dolina sueño de siglos, llamada de todos los tiempos a estos montañeros que pasamos hoy, a los que seguirán caminando por estas mismas pisadas que permanecerán sobre estas cumbres cuando mi cuerpo sea olvido y espíritu eterno. 

Llegamos a la cima, hace tiempo que el Ebro serpentea a nuestros pies; en uno de sus meandros, casi cerrado sobre sí mismo, está la Central Nuclear de Garoña, ya en desuso. A lo lejos aparecen diversas cumbres que vamos nombrando con recuerdos y con sueños. Montañas de Palencia... del País Vasco... allí el Amboto reino natural de la Madre Tierra con la cueva de Andra Mari a mil doscientos metros, ciento treinta y uno antes de hacer cumbre; el Gorbea con recuerdos de mi juventud primera por tierras donde disfruté la vida, la soledad, el estudio, la paz... 

Estamos en la cima del Humión con su vértice geodésico en forja de hierro piramidal coronado por una cruz. 

Javier Agra. 

lunes, 8 de enero de 2024

PICO HUMIÓN (I) FRÍAS


Madrugada en Madrid camino del Pico Humión, de las diferentes subidas nosotros comenzaremos en Cubillas, pero antes pasaremos por Frías ciudad de la que hemos visto y oído notables hermosuras. Los últimos kilómetros en el coche exigen especial atención pues la carretera se estrecha y, con frecuencia, tiene profusión de curvas y cambios de rasante. 

El paisaje es un adelanto en belleza de lo que esperamos encontrar en nuestra ruta al Pico Humión. Pero aún antes de Frías hacemos una parada al acercarnos al pueblo de Tobera, en el entorno del río Molinar queremos admirar algunas construcciones y remansos de la naturaleza que despiertan nuestro interés y que son capaces de serenar los ánimos más desaforados. 


En Tobera, a orillas del río Molinar se encuentra la ermita románica de Nuestra Señora de la Hoz.

Cruzamos el puente medieval de piedra sobre el citado río, ascendemos la empinada y breve cuesta suavizada en numerosos escalones hasta la ermita de Nuestra Señora de la Hoz de arquitectura románica, entre columnas y arcos de antigua piedra que brilla protegida por los roquedos cercanos de los que cuelga una abundosa naturaleza verde; la ermita es una prolongación de piedra y vida que proyecta la luz del sol y de la esperanza sobre los visitantes y sobre la tierra entera. 


Puente medieval sobre el río Molinar.

Las cercanías del río Moliner son un atractivo muy interesante de nuestra excursión con el disfrute añadido de quejigos y naturaleza vivaz. El tiempo se detiene en estos paisajes y nuestro corazón se funde con los latidos de siglos y de vida del presente y de todos los tiempos. El corazón es una prolongación de las vidas del pasado, de os deseos de libertad y de paz para todos los tiempos. 

El Cerro de la Muela es un altozano. Allí, entre empedradas calles, se levanta desde hace siglos la ciudad de Frías que domina un espacio amplio de tierras de cultivo entre suaves montículos sobre el valle de Tobalina. Es Frías la ciudad más pequeña de España, tiene dos lugares culminantes a visitar y entre ellos empedradas calles, cuestas de ensueño, casas con apariencia mágica, antiguas paredes con silencios de siglos impresos en la piedra de sus muros. 


Antiguo Patio de armas del castillo de los Velasco.

En un extremo, el castillo de los Velasco defendido casi todo él por fuertes cortadas caídas a plomo entre antiguos barrancos hoy con edificios y por un breve foso con puente levadizo por el que aún hoy entramos los visitantes con menos estruendo que aquellos antiguos caballeros y palafreneros. Pasamos a su interior, caballeros sin lanza ni adarga, con rostro admirado y descansado caminar. 


Más allá de las almenas del castillo, el Humión nos llama.

Más allá de las almenas contemplamos el Ebro y el imponente Humión que no son guerreros enemigos sino apetecibles compañeros de presente y de siglos antiguos. Aquí seguirán serenamente silenciosos cuando mis pisadas se hayan borrado y el recuerdo de mi espíritu esté flotando en estas aguas y en aquellas cumbres en los futuros siglos. 


Interior del templo de San Vicente mártir.

El otro lugar es la iglesia de San Vicente protectora de la ciudad al otro extremo del castillo cerrando la muralla sobre otro cortado rocoso. Antiguo edificio románico, hoy muestra una mezcla de estilos construidos en diferentes épocas. En su interior veo pasar el tiempo de las personas entre siglos de emociones y amores, entre siglos de peleas y de pactos, entre siglos de esperanzas y de ilusiones. 

El templo tiene, a mi parecer, cuatro apartados identificados por sus retablos: el de San Vicente que es el retablo mayor; el del Cristo de las Tentaciones; retablo de Nuestra Señora de la Soledad; capilla de la Visitación con su retablo y las pinturas realizadas por el maestro Juan de Borgoña. 


Casas colgadas, como una ingravidez mágica.

Entre sus calles, paseamos hasta las casas colgadas cuando el sol del mediodía invita a sentarse a yantar una buena ración de legumbres y carnes castellanas, llegará en su momento; antes queremos continuar nuestro paseo por sus calles y sus antiguas puertas del Postigo y de Medina; nos detenemos un tiempo ante la imponente vista de las casas colgadas allá arriba casi apuntando al cielo y debajo de nosotros tendiendo hacia el río el barrio de la judería. 


Puente medieval sobre el río Ebro.

Nos acercamos al Puente Medieval sobre el Ebro con su calzada romana y su torre defensiva antaño con puerta para cerrar y cobrar el pontazgo. Paseamos entre las saeteras y las antiguas almenas de defensa, contemplamos el ingenio de los tajamares para cortar el agua del Ebro sin hacer resistencia a su estructura pétrea. 

Una última vista a Frías, antiguamente con el nombre de Fridas y salimos hacia Cubillas de la Sierra desde donde mañana intentaremos subir al Pico Humión. 

Javier Agra

lunes, 20 de noviembre de 2023

RÍO DUERO (y V)


“El agua tenaz, que talla las rocas gota a gota con secular trabajo, ha ido carcomiendo su lecho berroqueño y buscando salida entre revueltas y esguinces. A distancia nadie adivina el profundo tajo por donde el Duero corre; la ondulante llanada castellana parece ir a perderse suavemente, y sin solución alguna de continuidad, en las estribaciones de la sierra de la Estrella que cierran, hacia la parte de Portugal el horizonte. En uno de los repliegues del terreno se ocultan los profundos tajos, las abruptas gargantinas, los imponentes cuchillos, los terribles esfayaderos, bajo los cuales, allá en lo hondo, vive el Duero, ya espumarajeando las rocas que aún no han cedido a su labor terca, ya precipitándose en desniveles, ya deteniéndose un momento a descansar en angostos 122 remansos, ya, por fin, zumbando bajo las rocas, en las espundias”.

 

 

MIGUEL DE UNAMUNO en “LOS ARRIBES DEL DUERO” 1898

 

 

Nota: Esfayadero: precipicio en leonés antiguo. Todavía se puede escuchar por los pueblos de los Arribes.

 

 

Avanza el Duero como un labrador fatigado entre las tierras de cereal trabajadas con arado romano, como un ave solemne que busca su alimento entre los surcos volando quedo en la quietud del viento, parece que quiere hacer una parada en el embalse de Villalcampo. Es solamente una espera para recibir al anchuroso Esla que le lleva el agua de las montañas, es el afluente que más aporta al Duero pues va recogiendo a su paso otros ríos, arroyos y riachuelos, aquellos por donde chapoteaba yo en mi infancia entre los trabajos de niño y los juegos, aquellas aguas que ya para siempre acompañarán mis recuerdos.

 

 

 

Arribes del Duero

 

 

Después el Duero se lanza, muerde las piedras de sus laderas, escaba profundos hoyos en los Arribes del Duero. Aquí una roca caballera, allá un recuerdo de antiguas barcas para pasar entre dos pueblos… “El Salto del Gitano” puede situarse en diferentes lugares pues el Duero se estrecha y se ensancha entre farallones de rocas mordidas por el agua; cuenta la leyenda que uno de tantos que vivían como podían y acaso, a veces, buscaba sustento en propiedades ajenas era perseguido por la justicia, llegado al río no tenía otra alternativa que entregarse o saltar a la otra orilla y, dicen, que buscando un lugar más estrecho dio un salto tan firme y seguro que atravesó el Duero salvándose de este modo. 



El Puente de Requejo, conocido popularmente por Puente de Pino, de un solo ojo sobre la profundidad del Duero.

 

 

El Puente Requejo, que por allí llamamos “Puente Pino” porque cruza el Duero para unir las comarcas zamoranas de Sayago y Aliste por los pueblos de Pino del Oro y Villadepera, es una construcción en hierro con un solo ojo sobre el río que se inauguró en mil novecientos catorce.

 

 

El Duero avanza entre peñascos y quejidos hasta el Salto del Castro que sirve para la producción eléctrica; en esta presa empieza el Duero a ser frontera entre España y Portugal. Y continúa hasta Miranda do Douro por cuya margen se puede caminar en el GR 36 durante un largo trecho. Por aquí también se guardan restos de antiguos castros, recuerdos de peleas entre nativos pobladores y ejércitos romanos. Por aquí Viriato y sus huestes se escondían entre peñas y ribazos.

 

 


Arribes del Duero a su paso por Miranda do Douro.

 

 

Más adelante encontramos la presa del Picote, pueblo de Portugal de la freguesía de Miranda. Fermoselle, tierra áspera y hermosa, es la capital española de los Arribes. Fermoselle referencia del Embalse de La Almendra o Villarino en el río Tormes, lugar de historia y presente, en su término encontramos diferentes ermitas con magníficos miradores sobre los Arribes del Duero.

 

 

Recibe al Tormes, río que trae ciencia, sonido estudiantil, picaresca, plateresco, nostalgia… en la ribera española por el pueblo portugués de Bemposta que lo embalsa en otra presa. Pasado el Santuario e impresionante mirador de Nuestra Señora del Castillo, llega al Duero el río Uces con el nombrado Pozo de los Humos por el pueblo de Masuecos. Aldeadávila tiene otro gran embalse, el más productivo en electricidad de la península. De esta localidad es la leyenda del Picón del tío Felipe pastor que vivió hace más de doscientos años; cada día pastoreaba con sus cabras por aquellos riscos, coincidía con frecuencia con una moza de Bruçó, pueblo vecino de Portugal, entra ambos se interponía el profundo Duero; cuentan que el pastor Felipe con sus manos y escasas herramientas escavaba la roca para conseguir hacer un puente que les permitiera reunirse. El final no está en la leyenda, pero supongo que por algún medio conseguirían matrimoniarse, como ocurre en la actualidad con numerosas parejas formadas por personas de ambos lados de la Raya.

 

 

En Saucelle, el Duero se adentra totalmente en Portugal después de ciento doce kilómetros compartidos con España. El Huebra que nace junto al Pico Cervero en la sierra de las Quilamas y más tarde recoge al Yeltes para caminar unidos hasta el Duero. El último afluente del Duero en España es el Águeda por Hinojosa de Duero y La Fregeneda por donde se accede al muelle fluvial de Vega de Terrón, ya estamos en Portugal y podemos comenzar a recorrer el GR hasta el Océano Atlántico por las orillas del Duero – Douro.  

 

 

 


Finalmente en Oporto el Duero se abraza para siempre al Océano Atlántico.

 

 

Ya en Portugal, en la región de Tras os Montes, el Duero recibe al río Coa en cuya desembocadura se encuentra un importante yacimiento prehistórico. A partir de aquí, el Douro es navegable y todos los embalses integran una esclusa de navegación y, muchos de ellos, una escalera para el paso de los peces. Allí nos vamos encontrando los embalses de Pocinho en Vilanova, Valeira en San Joao de Pesqueira, la Presa de Régua, en Vila-Real, Presa de  Carrapatelo, en Oporto. La primera que construyó Portugal en el Duero y la Presa Crestuma-Levar en Oporto.

 

 

Finalmente en Oporto, en una anchurosa bahía, entre fados y suaves olas, el Duero se abraza para siempre en el Océano Atlántico llevando sueños y vientos de sierras y de llanuras, alumbrando en los ojos del agua pinos, trigales, tierra árida y viñedos.

 

 

Javier Agra