viernes, 11 de diciembre de 2020

DÍA DE LAS MONTAÑAS


En mis paseos, con frecuencia me detengo un tiempo antes de comenzar la última ascensión, cierro los ojos ante la grandeza de las montañas y siento el pálpito de la sangre fusionado con el aire vivo de la sierra. Entonces tengo la certeza poético-montañera de que la cumbre se acerca lentamente hasta mí y no soy yo quien camina con breves pasos hacia la cima.

Porque la montaña ya estaba allí antes de mi primer sueño y mi conciencia de libertad, ella ha recogido el viento de los siglos, los amaneceres y la luz del pasado, ha visto nacer generaciones de rebecos y de retamas, ha seguida la sombra del vuelo limpio de las águilas a través del tiempo, ha conversado con las finas lluvias y las torrenteras, ha compuesto la sinfonía del viento y del colorido atardecer antes de mi primer sueño y mi conciencia de libertad.

Semoviente, es la cumbre la que viene hasta mí para entregarme serones de voluntad y lucha compartida, capazos de lágrimas y esfuerzos de la humanidad entera que antes de mis días ya ansiaron tiempos igualdad para las personas y la naturaleza entera, cuévanos de todos los tiempos pasados hasta llegar a mí en una filogénesis de entusiasmo y trabajo.

Recuerdo perpetuo para las montañas que gritan a nuestro corazón para que entremos en el abrazo de su tierra y su vitalidad siempre renovada. Y yo quiero celebrar el reencuentro permanente con la tierra, con sus cumbres… como celebran los judíos esta semana de Janucá en un constante deseo de consagración y renovación del espíritu, de la paz, de la igualdad, de la libertad, del esfuerzo…


Antes comenzar la ascensión definitiva a Peñalara, me detengo en el CIRCO DE PEÑALARA ANTE SU LAGUNA NEVADA con la vista sobre las cumbres de Dos Hermanas.

Javier Agra

 

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