Se apagaron las luces de Igüeña, aún no asomaban las siluetas de los montes cuando los peregrinos cerramos la puerta del albergue, cruzamos el puente sobre el río Boeza entre el rumor de su crecido caudal por las lluvias de la tarde y de la noche y comenzamos nuestro camino de esta jornada carretera adelante.
Continuad un rato por la carretera, nos dijeron como indicación. “Un rato” es un tiempo muy indeterminado en la madrugada bajo las estrellas y en la vida en su conjunto. Cuando solamente sabes que has de ir hacia adelante vas palpando el suelo y los caminos por si te engaña el cerebro o por si las fieras acechan, vas con el pensamiento en tensión por si ya has superado “un rato” o aún has de continuar edificando tu existencia en la búsqueda presente camino siempre de la eternidad.
Cruz Cercanada.
“Un rato” en este caso equivale a kilómetro y medio. La flecha amarilla que guía nuestros pasos, a la que seguimos como los astrónomos de Belén en busca del portal, señala un camino hacia la derecha que sube ligeramente entre robles y piedras. Por aquí están unas tumbas antropomorfas justo antes de llegar al paraje de la Cercenada.
La Cruz cercenada indica un cruce de caminos hoy irrelevante pero en el período de Roma de mucha utilidad pues indicaba la dirección que la Vía Nova seguía hacia Asturias, por aquí se escucha flotando en el aire el gregoriano del rezo de los salmos que sonaban en el ya desaparecido Monasterio de San Martín para atención de los peregrinos. Dicen que fue el mismo Almanzor quien cercenó de un tajo de su espada un brozo de la cruz que aquí llevaba años allá por el siglo X cuando ya Alfonso II de Asturias y los reyes de León peregrinaban a Santiago en busca de protección y sabiduría para gobernar con éxito y bondad.
Cruz Reparadora con la inscripción que dicho tengo.
Una nueva inscripción en piedra, recuerda aquellos acontecimientos con el texto que transcribo: “En reparación a la Cruz Alta, primer hito del Camino Jacobeo, y en honor al apóstol Santiago y al rey Alfonso II del reino de Asturias primero peregrino. Pasaron por aquí. CRUZ CERCENADA. Camino Jacobeo de la Paz. Prístino Camino”
Nos acompaña una llovizna de aquellas que se nombran como sirimiri, orvallo o calabobos. Con el chubasquero protector cruzamos Quintana de Fuseros y, mientras esperamos llegar a Cabanillas de San Juan como indica el mapa de nuestro camino, las flechas nos conducen a un monte cerrado de pinares de repoblación con pistas muy bien trazadas alejadas todas ellas de los pueblos que han desaparecido dejando a nuestro mapa como un documento obsoleto.
Pasan los kilómetros, las nubes juegan con nosotros a veces entre truenos a veces permitiendo la presencia voladora de las aves en nuestro entorno. En estas soledades suena La Passacaglia del austriaco Anton Webern (Viena 1883 – Mitterssill 1945) de música serena y contundente como si dedicara un acorde a cada árbol o a cada paso de nuestro camino, algún golpe de tambor cuando tenemos que saltar un charco del sendero, una pausa musical para indicar a los peregrinos la presencia de algún corzo que nos observa antes saltar a esconderse entre la vegetación.
Albergue de Labaniego. El reloj indica alguna hora de tiempos pasados cuando aún tenía pilas. De nuevo fuimos los dos únicos peregrinos.
Estamos ahora en un descenso casi vertiginoso, el amplio camino se ha reducido a sendero entre luminosos acebos, encinas de formas mágicas, brillantes madroños; el cielo parece que corta a tijeretazos las nubes para hacerlas niebla primero y después permitirnos ver el sol cuando entramos en Labaniego donde nos alojamos en la casa del pueblo, albergue muy agradable en el que nos recibe Clemente.
Templo de Santiago en un alto sobre el pueblo.
Después de la acostumbrada ducha, salimos por el pequeñísimo pueblo y conversamos con una mujer que intenta arreglar la puerta desvencijada de una casa que perteneció a sus abuelos. Le echamos una mano mientras hablamos de su tiempo de emigración y de nuestro paso por diferentes lugares donde cada uno vivimos a lo largo de los años. La mujer nos dio cuatro huevos y algunas patatas, además de una canasta de higos… esta noche haremos buena cena.
Bocamina “La Canalina”.
Subimos paseando hasta el templo de Labaniego templo del siglo XVI dedicado a Santiago. Parece que tuvo una importante escultura en madera del apóstol que se conserva en el Museo Diocesano de Astorga. Desde este otero las vistas del Bierzo son magníficas. Unos metros a su derecha está conservada la bocamina de “La Canalina” donde también instalaron un pequeño oratoria dedicado a Santa Bárbara.
Javier Agra.





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