martes, 17 de octubre de 2023

PICO DE URBIÓN III: CIMA DE URBIÓN

Hemos llegado a praderas de montaña, la amplitud de la vista se extiende a diferentes picos y colinas en una geografía graciosa y agreste, de vuelo inmenso para la multitud de aves, de pasto libre para el numeroso ganado, de velocidad y salto para los corzos entre las almohadilladas praderas, entre los sombreados piornos y enebros, paisaje de escurridizos anfibios y reptiles entre charcas, lagunas, arroyuelos remansados ahora y de veloz caída a medida que vamos subiendo plataformas camino de la cumbre del Urbión.

Aislados tejos, manzanos silvestres, abedules escasos, escurridizas hayas quieren marcar hitos para que los montañeros reconozcan el camino y refresquen su mente con esta diversidad de visión mientras a paso lento buscan el Collado mucho antes aún de llegar a la cumbre. Suena en mi corazón la sinfonía número uno de Skriabin (Moscú 1872 – 1915)  en toda su armoniosa diversidad de violines, clarinetes y flautas.


Llegamos a la Laguna Larga de origen glacial.

La pradera comienza a entrelazarse con piedras de figuras desiguales por efecto de la erosión silenciosa e incansable del tiempo que inexorablemente marca arrugas en la piel humana, en la agilidad animal, en la tersura de la tierra. El sol quiere subir con los montañeros al Pico Urbión y, como si estuviera cansado de tantos siglos, decide posarse en nuestra espalda y sobre nuestros sombreros para reposar de los siglos de ruta, parece que ha aprendido de las gaviotas a sentarse en el mástil de algún barco que navega por la lentitud de la montaña.  



Desde la cumbre podemos contemplar la Laguna de Urbión, allá abajo y todo “…el perfil, a la redonda, / de media España y su fanal de lumbre” que dice el soneto “Cumbres de Urbión” de Gerardo Diego con el que comencé esta serie.

 

Caminamos inmensos escalones, a nuestra izquierda pinos y arbolado cosido por hebras verdes de pradera, a nuestra izquierda una amplia loma de pardo brillante entre piedra y sol que, en parte, recorreremos durante el regreso. Llegamos a la Laguna Larga, una anchurosa y emotiva laguna de origen glacial en cuyo extremo nace el río Revinuesa primero un hilo de violines para caer inmediatamente entre la trompetería de la orquesta hacia el fondo del Valle de Revinuesa por Majadarrubia donde pastan numerosas vacas, vistas desde aquí con diminuto tamaño, para recorrer el hayedo de la Cabaña y la ermita de Santa Inés, antes de cruzar el pueblo de Vinuesa y entregar sus agua aplacadas al embalse de la Cuerda del Pozo.

 


Desde el Collado contemplamos los últimos metros hasta la cumbre.

Más arriba hacemos una parada en el Collado de Portillo Arenoso. Desde aquí vemos la cumbre, nos detenemos para admirar y para comer un energético plátano antes de iniciar la subida última entre grandes rocas, mirando hacia la altura que es nuestra meta, mirando hacia los profundos valles de extensa frondosidad por algunos hemos pasado, otros quedan más alejados. Dinámica y bailando con la naturaleza, suena la orquesta de la sinfonía de Skriabin en toda su intensidad.


Arco natural de piedra granítica.

Allá arriba se celebra una Eucaristía cada cierto tiempo, aún permanece una cruz y un pequeño altar para recordar la primera que se celebró un veintidós de agosto de mil novecientos veintiocho. En frente, abierto al profundo valle nos detenemos para contemplar y fotografiar el gran arco de piedra que se levanta como un ojo hacia el mundo infinito en medio de este laberinto de inmensas piedras.


Hemos llegado a la cumbre. “Geología yacente, sin más huellas / que una nostalgia trémula de aquellas / palmas de Dios palpando su relieve”. Primer terceto del citado soneto de Gerardo Diego.

La subida concluye con alguna que otra trepada por entre las rocas que concluye en cualquiera de las dos cimas, la más alta mide dos mil doscientos veintiocho metros; la otra, muy pocos metros menos. Pero qué es la altura cuando la montaña se mide en inmensidad, en sosiego, en sudor, en armonía con la naturaleza entera, en creación de arte, en respiración profundamente unida al palpitar del ritmo de todo el universo…

Javier Agra.      

 

 

 

 

lunes, 16 de octubre de 2023

PICO DE URBIÓN II: LAGUNA NEGRA

Suena esta mañana el Cuarteto de Cuerda de Haydn (Rohrau 1732 – Viena 1809) conocido como “El pájaro” por su magnífico sonido entre burlesco y saltarín, entre gracioso y envolvente, entre palpitante de emoción creciente y evocador de naturaleza infinita. Conversan saltarines los violines y la viola mientras avanza el coche desde Vinuesa camino del Paso de la Serrá donde es necesario aparcar durante los meses de verano y festivos, los pinos se van poblando de colores pintados por el amanecer, de armonías entonadas por diferentes aves, de melodías risueñas allí posadas por la ilusión y por la vida. Hasta el aparcamiento superior, algo menos de dos kilómetros, se puede caminar por la Senda del Bosque o llegar en autobús que sale cada media hora, por un precio de euro y medio por persona para el trayecto de ida y vuelta.


Comienza la Senda hacia la Laguna Negra, los pinos enraízan sus venas entre la naturaleza.

El canto del pájaro de Haydn invita a bailar a la naturaleza entera, así comenzamos el camino breve hasta la Laguna Negra. Los primeros trescientos metros hasta llegar a la Laguna Negra están preparados para ser compartidos por montañeros y paseantes; para todos, el asombro y el regocijo es también común, seguramente la diferencia está en la hora en que unos y otros hacen el recorrido por esa pasarela construida con respeto hacia la naturaleza abundosa y feraz.  El resto de la jornada, ya depende de la voluntad y el esfuerzo de los montañeros.


La Laguna Negra está preparada con un paseo de madera para ser visitado con comodidad por todas las personas.

¿Laguna Negra? Y verde y azul y rosicler de madrugada. Esta laguna de leyendas y de fábulas es sonrisa entre pinares, es agua de colores variados según los diferentes momentos del día, es pedregal de brillos y espejos que resuenan entre las voces de la historia y los asombros de quien los visita aunque no sea la primera vez que llega hasta este sosiego a la hora del día en que las aves comienzan su andadura, mucho antes de que se pueble de ruidos humanos.


Vista de la Laguna Negra y su paredón de piedra de conglomerado de silicio.

El paredón que cierra el circo de la Laguna Negra tiene hasta treinta y nueve vías de escalada en su roca que es conglomerado de silicio en grano muy fino y consistente parecido al granito, con abundancia de fisuras y de finas capas. Esta profusión de vías de escalada contribuye a diferentes comienzos de trochas en numerosas subidas entre la maleza, con abundancia de árboles serbal, acebo, arce…


Después de salir del entramado de madera que rodea la Laguna Negra hemos de iniciar sin pérdida la subida hacia la Senda del Portillo señalada con postes de marcas rojas y blancas.

De manera que para continuar nuestra ruta hemos de ser precavidos y no perder los postes con marcas rojas y blancas del GR 86 que indican el sendero elegido, La Senda del Portillo, y nos llevará con facilidad hasta lo más alto de esta pared mientras disfrutamos de unas vistas de inmensa belleza. Es posible que mientras asciendes, atento lector, escuches como yo escuché en mi corazón la Cantata 147 de Bach (Eisenach 1685 – Leipzig 1750) “El corazón, la boca, los actos y la vida” con su coral más conocida “Jesús alegría de los hombres” escrito para cuatro voces en la festividad de la Visitación de María, dos de julio, de 1723. Hoy yo también estoy haciendo una subyugante visita a la naturaleza y a la vida.

La Senda del Portillo se inicia con una reconocible vereda de piedras y un puente de madera para superar el agua que en dulces hilos cae sonora de una cascada de desigual caudal según las lluvias de los anteriores días. Como en una alfombra ascendemos entre matas de gayubas y árboles de diversidad admirable, avellano, espino, fresno, brezo, helecho… La Laguna Negra va quedando abajo, los montañeros nos detenemos a veces para asegurar la mejor ruta entre escarpadas rocas, a veces para contemplar el espectáculo de vegetación, agua, luz, sonidos aprovechando algún mirador que la naturaleza sitúa como invitación a la parada de admiración.


Desde el puente de madera contemplamos una cascada de desigual caudal según las lluvias de los anteriores días.

Vamos ganando altura por un terreno singular, resuena el final de la Cantata de Bach “Jesús es siempre mi alegría, mi fuerza y el sol de mis ojos el tesoro de mi corazón, la felicidad de mi alma”. La subida se hace suave y sosegada, el montañero busca los lugares más accesibles para pisar y subir, el montañero decide y en la decisión está el acierto del siguiente paso. Con firmeza y energía llegamos a la altura de la Senda del Portillo, la vista se abre a un panorama de praderas y verdor. Desde aquí cambiamos completamente el espectáculo…

Javier Agra.

 

PICO DE URBIÓN I: VINUESA


Es la cumbre, por fin, la última cumbre

y mis ojos en torno hacen la ronda

y cantan el perfil, a la redonda,

de media España y su fanal de lumbre.

 

Con estos versos comienza un poema de Gerardo Diego que titula “Cumbre de Urbión”.


Nos alojamos en el Hostal Revinuesa.

Y allá vamos Jose y yo, acompañados en esta ocasión por Ángel. Los días son apacibles, la temperatura en Vinuesa, asombro de pinares y naturaleza, nos permite caminar por la quietud de sus calles con relajada calma, por su entorno de vida floreciente y aromática. Esta serena población está situada entre Urbión y Sierra Cebollera, de modo que tiene una buena disposición para atraer turistas en torno a la belleza en general y también a quienes buscan cumbres más altas. Visontium llamaron los romanos a esta población donde antes se habían asentado pelendones y celtíberos. Fue la principal localidad del naciente “Honrado Concejo de la Mesta” el año 1273. Hoy el turismo ha suplantado en importancia a la agricultura y la ganadería de antaño.


Inmensidad de los pinares de esta parte de Soria, vistos desde uno de los miradores de ascenso por la Senda del Portillo desde la Laguna Negra.

Visitamos el Centro de Interpretación “Casa del Parque” entre el sosiego del inmenso pinar con abundancia de diferentes setas después de las lluvias de septiembre, paseamos el entorno del río Revinuesa, que mañana veremos nacer en nuestro camino de ascenso al Pico Urbión, con sus pequeñas presas donde se retiene por momentos el agua para aparecer como más caudaloso, también el arroyo Remonicio que circula por las entrañas del pueblo y está dudoso entre el verdor de sus orillas  y el atasco de arrastres de crecidas del tiempo. Ambos irán más allá con el local arroyo Congosto y el incipiente y siempre sonoro Duero a formar el embalse de La Cuerda del Pozo cerca de la ermita pequeña de San Mateo entre asombrosos pinares y restos de una secundaria calzada romana donde aún se lee en la llamada “piedra escrita”: “ANC VIA UAG L LUCRET DENSUS II VIR V M FECIT” (El II vir Lucio Lucrecio hizo esta Vía Augusta), por allí se pueden ver aún algunos sillares y basamentos del antiguo puente.


El templo de Vinuesa está bajo la advocación de Nuestra Señora del Pino. Cuenta la leyenda que se apareció en lo alto de un frondoso pino arropada por sus tupidas ramas. A la derecha de la imagen está la fachada del Ayuntamiento.

Paseamos por las calles de Vinuesa, recogidas plazas, silenciosos e historiados palacios, un Rollo Jurisdiccional de Piedra con ecos de triunfos y de tristezas, donde los regidores de otros tiempos escuchaban cuitas e impartían justicias, donde compartían otros pareceres para intentar el beneficio de los vecinos. Pasé un rato en el templo de Nuestra Señora del Pino construido en el siglo XVI sobre un templo anterior románico. No conseguí ver sino la copia de la imagen situada en el retablo, la original del siglo XII se encuentra guardada y con un cierto deterioro por las inclemencias del tiempo. 

Leve es la tierra. Toda pesadumbre

se desvanece en cenital rotonda.

Y al beso y tacto de infinita onda

duermen sierras y valles su costumbre.

Segunda estrofa de “Cumbres de Urbión” de Gerardo Diego.

 

domingo, 15 de octubre de 2023

HE VUELTO AL MONTE DEL PARDO


He vuelto al Monte del Pardo.

Voy con mucha frecuencia a pasear entre la grandeza de su silencio y la algarabía de sus pájaros, entre el calmado pasar del tiempo y la velocidad de los conejos moradores de sus escondidas madrigueras. En mi corazón palpitan latidos de todos los tiempos y de lejanas tierras, me siento hermano de la natura entera y de todas las personas. El Monte del Pardo es recuerdo del pasado, hoy miro otros tiempos cuando tuve mocedad sin añoranza, es presente de sosiego y camino, es latido hacia el futuro donde la eternidad me espera.

Me detengo bajo alguna encina cubierta de bellotas casi reventadas de pulpa y de vida, alimento de jabalíes y de otros animales que se esconden a mi paso, y ¡recuerdo tantos instantes de mi vida!… Recuerdo aquellas bellotas de mi infancia en Acisa de las Arrimadas cuando mi madre las asaba al fuego y nos las repartía como manjar en las noches de invierno, eran las golosinas mías y de mis hermanos mientras escuchábamos alguna historia o nos leían unas páginas de algún libro a la luz del candil de carburo.


 

Las bellotas de este árbol de la fotografía son la sonrisa de la eternidad plasmada en un momento, son la síntesis de toda la historia de la naturaleza y de la humanidad en el fruto de la encina, es la ontogénesis de la filogénesis de la humanidad y de la historia. A través del conjunto de bellotas y hojas se divisa el azul del cielo formando un entrelazado que semeja flores de un tapiz de la naturaleza. El Monte del Pardo es placidez y remanso, es sosiego y libertad, es PAZ y armonía.

Javier Agra.