La Pedriza tiene su Arco de Cuchilleros al que se accede, como dije en anteriores artículos, no sin dificultad y en medio de la grandiosidad de la roca y de la naturaleza entera. Aquí quiero reposar algún tiempo para que mis pies descansen; a los montañeros se nos gastan más los pies que el corazón a los montañeros, seguramente a todos los humanos. Pues mientras el alma y el espíritu están activos, acaso se activan más con los años, los pies se fatigan con los miles de pasos a través de los meses, las manos se entumecen y hasta parecen adormecidas. En la Pedriza la vida siempre es exuberante, todo el cuerpo se repone y se llena de canciones, de sol, de vitalidad, de naturaleza, de eternidad...
Esta mañana viajé en el metro para llegar a visitar el Arco de Cuchilleros que también tiene Madrid, en un lugar hermoso y privilegiado de la Plaza Mayor. La obra final fue del arquitecto Villanueva, del que conserva la ciudad numerosas edificaciones. Es uno de los diez accesos de entrada o salida de la Plaza. A saber: 7 de Julio, Arco de Triunfo, Felipe III, La Sal, Zaragoza, Gerona, Ciudad Rodrigo, Botoneras y Toledo.
Desde el Arco de Cuchilleros se accede, por unas escaleras, a la calle Cuchilleros donde estaba el gremio de las personas que fabricaban cuchillos para abastecer a los carniceros de la Plaza Mayor en siglos pasados. Aunque su nombre es Calle de la Escalerilla de Piedra, como se puede leer en una baldosa situada bajo el arco en uno de sus laterales, siempre será “El Arco de Cuchilleros” que incluso da nombre a una medalla que el Ayuntamiento concede anualmente a la persona que haya demostrado su cariño y trabajo en beneficio de la ciudad.
Es muy conocido el famoso púlpito semicircular de hierro, desde donde el monje Antonio del cercano convento de San Gil arengó a los madrileños aquel difícil año de mil ochocientos ocho para que se unieran a otros madrileños en la lucha de la Independencia. En nuestra manera peculiar de entender lo “público”, este púlpito ha sufrido dos robos a lo largo de los últimos cincuenta años, de modo que el que hoy podemos observar es una reposición.
También allí, en el portal número nueve, situó Galdós la casa donde vivía su creación Fortunata, del recomendado y no suficientemente leído libro, "Fortunata y Jacinta". Más abajo están las Cuevas de Luis Candelas, una prestigiosa bodega-restaurante que se inauguró en mil novecientos cuarenta y nueve.
La Mariblanca tan solo quiere a un Manolo /
al que ha entregado la rosa firme de su querer. /
¡Ay, Manolo mío, del Arco de Cuchilleros! /
Nadie te ha querido lo mismo que yo te quiero...
Así dice parte del conocido cuplé “Manolo mío” de los maestros Antonio Quintero, Rafael de León y Manuel Quiroga.
Javier Agra.
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