sábado, 19 de octubre de 2013

SENDA DE LOS ALEVINES

El aparcamiento de Majavilán, al fondo de las dehesas de Cercedilla, está aún desierto esta mañana lechosa; cuestión de minutos, en poco tiempo las pocas más de veinte plazas estarán completamente ocupadas por los montañeros madrugadores. Después la multitud de personas y coches que vendrán a pasar el día festivo a este hermoso y distendido espacio tendrá que buscar aparcamiento en lugares inverosímiles.

Para hoy hemos elegido esta dosis de pinos y naturaleza más allá del Puente del Descalzo que da inicio a la Calzada Romana; aquí ambos, con sonrisas de historia y la tez tersa pese a los años, tal vez porque los mandó adecentar Felipe V el animoso, aquel Duque de Anjou que dio inicio a la dinastía de los Borbones en España aquel lejano dieciséis de noviembre del año mil setecientos, que vino para ser rey de España, mantener la amistad con Francia y la paz en Europa.



Diversidad de subidas posibles, porque desde las Dehesas de Cercedilla, se pueden realizar multitud de marchas, todas hermosas, relajadas y solemnes en su silencioso sosiego. Las más de las veces solamente las aves, o la nieve rompiendo su estructura gélida para llegar a ser agua, son los únicos sonidos que penetran en el alma peregrina de paseos y ensoñaciones; acaso te toque un día en que han decidido hacer una excursión un numeroso grupo de amigos bulliciosos que no han descubierto la paz austera de la montaña y rompan el silencio con incontinente jolgorio no apropiado a la liberalidad pacífica de los pinos, los arroyos y la naturaleza entera: a eso le llamaremos mala suerte.

Elegimos el Camino Schmid. Notarás, avisado lector, que las fotografías que acompañan este texto no son de una sola excursión; no te admires, el lugar es tan grandioso en cualquier época del año, que hemos dejado nuestra huella en diferentes momentos y siempre es más el gozo que nos entrega que la fatiga que nos exige.

Dejamos atrás la Fuente Antón Ruiz de Velasco. Pasamos a las Praderas de Navarrulaque donde es fácil encontrar montañeros de largo recorrido o excursionistas interesados en la belleza del conjunto que supone subir desde diferentes lugares hasta los Miradores de los Poetas. La Carretera de la República  y esta altura lograda nos indican que seguramente hemos dejado atrás la mayor pendiente, en la Sierra las subidas y los descensos no se miden sino cuando ya están superadas; las piernas tienen la fuerza que el entusiasmo las contagia. Hemos llegado a la Pradera de Majalasna, buen momento y buen lugar para sentarnos un instante en la fuente de frescor y vida montañesa, el cuerpo agradece una pausa. Desde aquí tenemos la opción de seguir hacia Siete Picos. Hoy continuaremos recorriendo la Senda de los Alevines que es un respiro, terreno llano con algún salto entre las rocas para continuar siempre el cómodo camino que nos llevará hasta el Collado Ventoso.


Pradera de Majalasna 

El Collado Ventoso es un encuentro de diversidad de rutas. El Collado Ventoso es un recuerdo de Madrid misma, donde llegan gentes de diferentes procedencias y nadie es extraño, aquí hemos interiorizado el viejo refrán que reza así: “El buey no es de donde nace sino de donde pace” Por eso nos encontramos tan cómodos en esta pradera que atravesamos, después de visitar la Fuente de los Alevines, camino del Cerro Ventoso desde donde se agrandan las vistas. Bajamos hasta la Fuenfría y regresamos hasta las Dehesas.

El tiempo en la montaña siempre invita a tomar la marcha desde la calma; yo me aposento en el Descanso de los Ceballos, para la fotografía y para aspirar conscientemente el silencio, la paz, el aroma, la palabra de la montaña.


Javier Agra.  

1 comentario:

  1. ¡Ja, ja! Yo hice una ruta "bulliciosa" con un montón de sobrinos hasta el mirador de los poetas. Creo que es bonito romper el silencio con risas de niños. Muy buenos tus comentarios, y muy poéticos.

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