viernes, 26 de diciembre de 2008

PICO TRES PROVINCIAS

Ya estamos en la cumbre. La vista es grandiosa, seguramente tenemos las cumbres para que nuestra visión se dilate más allá de las pequeñeces de cada día. Desde aquí la perspectiva es más completa y también más compleja la realidad. Bajo nuestros pies, la verdad de la montaña es grande y es nuestra montaña; pero seguimos prolongando la vista y entonces ¡cuánta verdad divisamos en forma de montaña!
Aquí mismo se mezcla la verdad, bajo nuestros pies, en forma de diferentes provincias. Ahora ves Madrid grandiosa y ya estás con la vista en Segovia la llana o Gualajara hermosa. Y son distintas y son iguales: la verdad de la naturaleza asoma ahora en forma de bosque, un momento después de llanura inmensa, enseguida como múltiples edificios. ¡Qué dilatada es la verdad desde la montaña!
Y más lejos: aquello es Soria, por allí aparece Aragón, Ávila está a un golpe de mirada. El montañero sabe que no puede cerrar los ojos pues la belleza se posa detrás de cada piedra y en cada montaña se encierra una palabra de aliento, de esperanza, de verdad y de paz. Posa la mochila y escucha el murmullo de las águilas que cuentan historias de otras tierras. ¡Más allá de nuestra vista siguen soñándose más verdades que aguardan!
Ortega y Gasset hablaba de la verdad desde la perspectiva de la manzana ¡depende desde dónde la mires, clamaba! Tendré que volver a leer sus palabras; también a Unamuno, cuántas horas hemos paseado juntos: él hecho libro, yo arrastrando mis pies por esta tierra. La misma que hoy está dilatada e inmensa desde la cumbre del Pico Tres Provincias o Cebollera Vieja.
Casi lo olvido. Desde Madrid se va por la carretera de Burgos hasta el Puerto de Somosierra, por la carretra vieja, hasta el pueblo. Aparcad el coche en la gasolinera y caminad: subiendo por la amplia pista hasta el pinar y más allá la cumbre espera. A medida que el montañero camina va dejando atrás pinos y pistas. Me gustó mucho una subida a la línea de cumbres que sale muy clara, pendiente arriba más allá de cruzarnos en el camino con el arroyo Pedrizas. Esta variante la hicimos por primera vez cuando nos acompañaban Ana y Juan Pedro, que son valientes y les gusta investigar sobre otras puntos de vista de la verdad. Otra vez llegamos a la meta con nieve: depende de la época del año. ¡De tantas cosas depende la verdad! ¡Pero busca siempre, la encontrarás! No te canses nunca: para este camino con seis horas tienes suficiente, y acaso te sobre; para la verdad, necesitas más.
Javier Agra.

martes, 23 de diciembre de 2008

DE ESTÓS A ÁNGEL ORÚS (entre refugios)

Allá abajo, donde comienza la vegetación, se asoma diminuto el Refugio de Ángel Orús.

Las agujas de Perramó sorprendidas en el momento en que los árboles del entorno llegan a rendir pleitesía.


En medio de un paisaje lunar tiene su asiento el Pico Dels Corvets


Las últimas estrellas son la cremallera del cielo que abre su chaleco para mostrarnos la aurora. El desayuno en el Refugio de Estós ha sido enjundioso como corresponde a una jornada aventurera como la que nos ocupa; sin tiempo ya para el sueño, espantada la modorra y la voz acoplada después de los primeros saludos a quienes comparten mesa y a quienes te vas cruzando. La vida del montañero es fiel y sabes que donde llegues vas a saludar y encontrar siempre una palabra de ánimo y un mapa de solidaridad.

Y ahí estás tú, con la mochila a la espalda, chapoteando en medio del agua, caracol de la montaña o, acaso, águila de alas desplegadas. Abajo queda el arroyo, has subido a la falda de la siguiente montaña. En el Pirineo los valles son una sonrisa verde y clara, al principio bañados de noche y muy pronto entre luces del alba. De pronto eres grande en medio de una explanada, al momento te pierdes entre la vegetación enmarañada.

Y ahí estás tú, sudando bajo la gorra blanca. Ahora mariposa entre los pinos, ahora gacela de peñascales. El tiempo camina más ligero, pero no te inquieta el ánimo: hoy el sol es muy largo y ha tendido un mantel de luz para que puedas caminar despacio por las montañas. Un respiro junto al próximo ibón para un trago de agua, de nuevo la mochila y más camino... La naturaleza está viva y con la respiración común formamos parte de la misma vida.

Y ahí está tú, están los corzos, las lagartijas, las aves que miran y cantan, los otros montañeros que dan y reciben tu palmada, están los arroyos con su caravana de agua, la vegetación que es verde y parda, la tierra de firme textura, las gruesas piedras que fruncen el ceño al oír las pisadas humanas. En tu caminar lento no sabes si pesas más que la piedra o menos que la larva del húmedo charco por donde pasas. La vida está puesta para que la cantes, la acaricies y la compartas.

Pero esta tarde estás fatigado, ha sido dura la jornada. Han pasado muchas horas desde el inicio al Collado de la Pllana, la vista es tan maravillosa que te has podido tragar varias moscas a lo largo de la jornada. Te sientas mirando hacia atrás ¿quién sabe cuando volverás a ver este paisaje lunar que rodea el Pico Dels Corvets, de un misterioso y fulgurante color negro como los cuervos de Castilla que aquí tienen su propio reino? ¿quién sabe si regresarás hasta las agujas de Perramó que ahora guardas en tu corazón? Y comienzas la bajada, allá lejos el refugio te aguarda... ¡parece tan pequeño! Camina, acércate y verás como se agranda.
En el Refugio de Ángel Orús te has sorprendido de lo grande que es, la ducha de agua caliente y el café te han reconfortado. Aquí has vuelto a saludar a otros montañeros que han hecho tu mismo camino - normalmente la mayoría han llegado antes que tú - o saludas a las caras nuevas como si fueran amigos de la infancia, mientras te quitas una piel o te curas una ampolla. La tarde sigue su ritmo, en el sosiego conversas, escuchas y callas mientras esperas que las sombras pongan en el Pirineo el misterio iluminado por las estrellas.

Javier Agra.

sábado, 20 de diciembre de 2008

POSETS

La Canal Fonda es un grandioso desfiladero, paso obligado, en mi ruta, para llegar al Posets. Antaño almacenaba más nieve, estos últimos veranos se cruza con prudencia sin más problemas. Mejor, de este modo podemos emplear el tiempo para el júbilo.

Maravillosa vista del Posets desde el refugio de Viadós. El Pirineo es tan admirable que para donde variamos la mirada descubrimos hermosura.


Desencajado el rostro. En veintitrés años nunca me había sucedido una cosa semejante. Busqué con urgencia e inmediatamente me di cuenta de que mi angustia carecía de base. Me había dejado la carpeta al lado mismo del ordenador en el que la víspera empleara varias horas dando forma a la obra de teatro que estamos trabajando. No era la carpeta el motivo de mi premura, sino unos documentos de cierta importancia que pasearon conmigo durante todo el día.

En los segundos de satisfacción inmediatamente posteriores al encuentro con los documentos, me relajé pensando en la subida al Posets. Habíamos llegado Jose y yo al refugio de Viadós y, después de una travesía maravillosa, grandiosa y muy adjetivada en positivo, estábamos ya en el refugio Ángel Orús. Hoy tocaba el segundo del Pirineo, tras el Aneto (otro año lo subiré, este no estaba en la ruta). Bostezaban las estrellas en el firmamento, los aledaños del refugio formaban una colosal manada de mamuts - tales me parecían las montañas con su tenue respiración de la mañana - entre la niebla que arropaba el entorno con impenetrables sábanas.

El camino desde el refugio es claro, trepar y trepar sorteando alguna roca, descubriendo valles de ensueño que parecen distintos cada momento según el abrazo del sol o el contraste de la niebla. Un arroyo -el Pirineo está sembrado de arroyos de múltiples tamaños, con nombre o anónimos; puedo hablar con todos, tengo tiempo -; un arroyo, digo, me muestra entre la música de los violines un puente de piedra que los siglos y los glaciares colocaron esperando este momento único de mi paso.

La vida de la naturaleza es un milagro que se desvela para cada uno cuando llega el momento de cada persona. Es una flor inmensa que abre su amplitud de colores y formas para cada uno. Solamente pasea y mira. En estas meditaciones sudorosas nos asomamos a La Canal Fonda... se me asombra el corazón... me sale la sonrisa al rostro... y se me impresiona la vida toda de tanta maravilla. Me dice Jose que hace años, la nieve era mucho más abundante.

Comienza el ascenso definitivo con orientaciones de los que caminan a nuestro lado, opinamos unos y otros sobre el mejor lugar para la subida: en la montaña dependemos unos de otros y nadie permanece aislado, los idiomas se mezclan y los corazones se entienden. En la cumbre el sudor es el mismo y el mismo esfuerzo; en la cumbre común, los rostros no tienen fronteras. Y la mirada al infinito... la luz... en el Posets somos parte del rostro del cielo y de la tierra.

Javier Agra.

miércoles, 10 de diciembre de 2008

CERRO VENTOSO

Hermosa meseta a casi dos mil metros de altura. Tú, Cerro Ventoso de humilde nombre, tienes los ojos iluminados por el azul del Guadarrama. Yo he visto, sentado entre tus peñas, el vuelo solemne de las águilas y los juegos monótonos de los grillos. Meseta y paseo podría ser tu nombre, pues sobre tu lomo cabalgan las pisadas del montañero, minutos sin cuento mientras asoman a sus sienes ternuras de otros juegos.
Viejo compañero, aunque no te den el nombre de montaña - no te acomplejes de ser cerro - tienes en tus praderas grabado el sonido del viento. ¿Recuerdas...? Mi primera visita fue para subir a Siete Picos. ¿Recuerdas... Aquella otra vez que llegamos desde la senda de los Alevines?, nos acompañaba Cristina, con Lilu su perra, la nieve había borrado toda senda, nuestros pies hacían nuevo el sendero hasta tu cumbre. Era una buena nevada la que había caído los días anteriores. Nuestro paseo era una mezcla de saltos y de vaho de la respiración fatigada por el esfuerzo. Mientras reposábamos en tus rellanos, Cristina nos contaba una teoría de la evolución del lobo hasta ser perro y aún cambiar la forma de aullar por el actual ladrido. Cristina entiende mucho de perros, de montañas, de escalada, de espeleología y de tantas cosas...
Por si quieres hacer solamente este recorrido, amigo lector, te diré un paseo circular: aparcas el coche en las Dehesas de Cercedilla. Calzado de botas y con la mochila a la espalda, subes por la calzada romana hasta el Puerto de la Fuenfría, por el pinar de la derecha subirás hasta el Cerro Ventoso y allí disfruta, de la luz y de las vistas, del aire y de la tierra, de la paz y del infinito, mira lejos y mira en tu interior, medita y canta. Lo cruzas hasta bajar al Collado Ventoso y regresa a las Dehesas por el camino Schmid. En cuatro horas lo has recorrido, pero puedes emplear mucho más y aumentar el tiempo de gozo. Desde el collado tienes diversas variantes, pero hoy te propongo disfrutar del solemne Cerro Ventoso.
Javier Agra.

lunes, 8 de diciembre de 2008

¡BUENOS DÍAS!

Preciosa vista de montañas asturianas bajando de Peña Ubiña, hacia el refugio de Meicín, en Asturias, al oeste de Picos de Europa.

¡Buenos días!

Quien me saludaba era una señora - de las de antes - que estaba paseando en dirección opuesta a la que llevábamos Pipa y yo, una mañana otoñal con niebla y su ligerísimo calabobos. Para mi fue una iluminación que me salió al rostro en forma de sonrisa para responder: ¡Buenos días! Durante el resto del paseo -me crucé con tres personas antes de llegar al parque - saludé emocionado y no volví a encontrar respuesta, más por despiste que por desconfianza.

Esto viene al caso de lo que me dijo Pipa antes de salir de casa: - "¡Mira a ver si saludas tú a las personas, "esaborío" que me mandas a mí para que haga zalamerías y tú te olvidas de tus semejentes!" Estaba yo pensando en esas jaculatorias que Pipa me da cada mañana como meditaciones para la vida, cuando me llegó el saludo sonriente de la dama paseante.

Por cierto, el nombre de la imagen de las montañas que encabezan este escrito lo pondré cuando me lo diga Jose. ¡Caray, todo lo que sé de montañas me lo ha enseñado Jose! Soy un analfabeto montañero. Ahora que lo pienso, si estoy escribiendo es porque mi hija me ha programado esta ventana al mundo: soy un analfabeto tecnológico. Y si estoy aún entre los humanos - más real que metafóricamente - se lo debo a mi mujer Aurora: otrosí soy un analfabeto vital. Puesto a recordar, resulta que tener lámparas en casa se lo debo a mi hijo: analfabeto electrónico.

Incluso mis aficiones nacieron desde mi analfabetismo: el teatro se lo debo a Ana Pelegrín; la música a Aurrecoechea - ¿comó se llamaba aquel sabio vizcaino que me enseñó a degustar las primeras notas musicales? -; la escritura al periodista francés Ander Landáburu. Al teatro, le debo conocer Suecia e Islandia... ¡Soy un analfabeto general! Cada cosa que existe en mi vida se la debo a otros...

- "¡Claro. Por lo menos aprende que los humanos dependeis unos de otros y que todos estais en igualdad de altura cuando se mira al corazón!" (Creo que he pensado en alto, salvo que Pipa me lea el pensamiento, que puede ser. Ella no es analfabeta).

Javier Agra.

martes, 2 de diciembre de 2008

LA MALICIOSA DESDE MATAELPINO

Tened cuidado, buenas compañeras, no resbaléis sobre la cumbre helada.
Allá al fondo, la vieja Maliciosa culminada por su castillo de nubes.

El coche quedó aparcado pasado el chalet de la carretera de Mataelpino a Becerril, donde está el alto poste de la luz. Abajo el sol nos abraza las orejas y las manos ateridas por el frío otoñal de la mañana. Allá, a lo lejos, en la vieja Maliciosa, la nube domina con su castillo. ¡Venid, montañeros! ¡Vamos! El sendero está muy claro, paso a paso junto al arroyo de la Gargantilla subimos pausados entre las jaras y las hermosas piedras. ¿Están puestas para nuestro disfrute? ¿De cualquier modo seguirán allí aún cuando no las veamos? Seguramente hace un montón de miles de años, cuando la naturaleza vivía despacio, sin responder al control de los humanos, en este valle habría grandes hielos, poderosas lagunas que hoy recordamos al ver las láganas pulidas por los siglos.

Al fondo del valle, la pendiente se hace vertical. Ya nos ha pasado un grupo de montañeros. Nuestro paso es firme, pausado, atemporal. Con cada pie apoyamos en la montaña siglos de sosiego y meditación. El sonido de alguna breve cascada sueña, en este circo natural, que es inmensa caída de algún bravo río. Sin duda este arroyo es bravo, no por su caudal - más bien discreto - pero si por su constancia machacona: ¡escucha, escucha, escucha...!

Los montañeros y nuestras perras, que no tenemos nada mejor que hacer, escuchamos al arroyo - que ya se imagina caudaloso río - a las aves y a las plantas que susurran misterios a nuestro paso. La última parte de la subida fue dura: rocas, viento, nieve helada; paso a paso, hacemos cumbre en la montaña. Y la vuelta.

Otra vereda, otro intento: ¿Por la cuerda de los Asientos? ¿Por la cuerda de la Luna? Seguramente estos nombres responderán a que somos los primeros en pisar estos peñascales. Seguramente siempre habrán pasado otros por estos lugares, ya decía el filósofo griego Heráclito de Éfeso aquello de "panta rey" "todo fluye" "no hay nada nuevo bajo el sol" para indicar que todas las cosas han ocurrido ya alguna vez antes de hoy. Es posible, no lo se. Lo cierto es que cuando, por fin llegamos al sendero conocido, nuestros rostros se volvieron a encajar al tiempo que Pipa y Munia nos miraban diciendo que habíamos estado perdidos. Perdidos y encontrados, en permanente búsqueda, es la situación natural de los humanos. Así estamos también nosotros, en la montaña y en el llano.

Javier Agra.

sábado, 29 de noviembre de 2008

POR EL PARQUE

La cumbre de La Munia desde el collado, nos enseña unas pinceladas de nieve veraniega en su vertiente francesa. A media altura está el Paso del Gato, un momento de trepe antes de llegar a la cumbre.

Esta es Munia, la perra que con su nombre recuerda la potente montaña pirenáica. Llegó a casa de Jose y Marga por diversos avatares de la vida. Con ellos sigue. Esta noble montañera nos acompaña y descubre veredas y trochas para nuestros paseos.

Es verdad, en el parque donde paseo a diario no tenemos estos roquedales ni las montañas del fondo. Es la cumbre de La Munia, en el Pirineo de Huesca que une España y Francia, la nieve está en la ladera francesa. La subida es prolongada y recuerda la austeridad y el sosiego con que la naturaleza fabrica la maravilla de la vida. La foto la hizo Jose: es el fotógrafo de nuestras expediciones.

La tierra está humedecida esta mañana con el brillo de las gotas del otoño. Los árboles tiemblan entre la timidez y el frío de la desnudez, las hojas duermen el sosiego del amanecer en cualquier parque de nuestros pueblos. Unas a otras se cuentan los suspiros de los enamorados que pasaron sobre ellas con las manos entrelazadas haciendo planes de futuro entre el arrebol de sus miradas y la ternura de sus manos.

Pipa y yo, más ateridos que enamorados, también paseamos mientras buscamos los rayos iniciales del sol que no consiguió vencer la nube de la mañana. No pasa nada, todo está bien como está: los pájaros hacen el camino de todas las mañanas a la misma hora y con el mismo piar, los chopos permanecen enhiestos en su territorio - hoy un poco más desnudos -, la hierba medita en la duda de si perecer bajo la helada o explotar de vida ante la luz del nuevo día... solamente los humanos paseamos, las manos en los bolsillos y el moquillo asomando entre el pañuelo y la escarcha, con silencios de amanecer y susurros de alegre encuentro... solamente los humanos hemos aprendido a caminar sobre dos extremidades, seguramente para poder llevar las manos en los bolsillos y la cartera cercana al corazón. Y mientras tanto, la sierra - a cincuenta minutos de coche - nos llama y nos recuerda que formamos parte de la misma tierra.

Munia y Pipa caminan al compás. Si no las ves, puedes al menos, imaginar una antigua escena de trilla en las eras de Castilla, cualquier mediodía de agosto. Las dos uniendo su ritmo paso con paso como en un ballet de armonía terrestre.

Javier Agra.

sábado, 22 de noviembre de 2008

EL CERRÓN

En la cima del Cerrón, Munia pregunta por la comida y Pipa le indica que tiene la mochila a su espalda. La ascensión fue dura, buena amiga, pero comeremos.

El Hayedo, mezcla de colores y de vida, es símbolo de la tierra acogedora.

¿Ves la nieve en lo alto? Deja volar tu espíritu... imagina un futuro feliz para todos. Estamos en el Collado que separa los caminos de la cima del Santuy y el Cerrón. Aquí, bajo nosotros, confluyen el Jarama y el Ermito.

Brillo y hojas al amanecer. Tu nombre en la mochila. Atrás ha quedado la carretera nacional I, Gandullas... el coche en el aparcamiento del Hayedo de Montejo. Cruzamos el puente sobre el Jarama y estamos en la provincia de Guadalajara. Río arriba el hayedo es una fogata de luz que calienta nuestro espíritu en este domingo recien amanecido. Munia y Pipa disfrutan, además de la magia del ambiente, del agua: entran y salen al río con carreras y risas, han convertido el caudal del otoño en una bañera, las hojas son su esponja y de la arena han hecho jabón.

La ascensión por la ladera del pico Santuy, nos abre la vista del hayedo: una fuerza de colores, otra fuerza de convivencia entre distintos árboles, otra fuerza de unidad en la diversa vegetación. El nombre de la naturaleza es integración, ¿en la variedad está su hermosura? La vista es grandiosa desde nuestra altura.

Apenas superamos los mil setecientos metros, la nieve es nuestra compañera. La subida se ralentiza y el espíritu se agranda en palpitaciones de inmensidad. Brillo y luces de la montaña, son sístole y díastole para nuestro compromiso con la eternidad, para nuestro esfuerzo por la tierra. Desde estos senderos se agranda la naturaleza. Vista desde estas alturas, la tierra es fértil para todos, el hambre no es culpa de la tierra.

La nieve aumenta. Pipa y Munia hacen la subida fuera de las pisadas humanas, a veces demasiado hundidas en la nieve, les cuesta caminar, nos cuesta avanzar, el futuro está a la vista, el horizonte es claro ¡pero tantos impedimentos dentro y fuera de nosotros! ¡Ánimo, la cumbre nos llama!

La vuelta del Cerrón fue otra aventura de nieve y caminos por explorar. La noche nos visita mientras estamos aún recorriendo el maravilloso valle del arroyo Ermito. Aquí conversamos sobre la gente de la peña perruna, es buen sitio para pasear un día. Entrañable lector, te recomiendo esta última parte de nuestro camino: seguramente en cuatro horas disfrutarás de este recogido valle, entre el silencio y los colores, entre los trinos y el silencio. Serás uno con el hayedo y la tierra entera y tu espíritu volará más allá de la maldad hiriente de la humanidad hasta la cumbre de la paz y la libertad de la sonrisa.

Han pasado nueve horas desde que comenzamos a caminar. Ahora, sentados a una mesa, conversando delante del café, la esperanza ha tomado asiento en nuestro pecho, la esperanza ... ¿cúanto durará la esperanza?
Javier Agra.


sábado, 15 de noviembre de 2008

MONCAYO III

Ana y Juan Pedro llegaron a la cumbre y, emocionados, agradecen a la vida y a la tierra que nos permitan tener un Moncayo que admirar.



Padre e hija montañeros. Jose orgulloso, pues Ana (acompañada de Juan Pedro) ya ha hecho cumbre en algún seismil.





Henos aquí, hollando la nieve acogedora de la cumbre. Brillantes entre los resplandores del sol. Somos Moncayo y cielo, tierra y esperanza. La vista es muy amplia, la serenidad se mezcla con la respiración acelerada. ¿Cómo mostrarte las sensaciones acumuladas durante la subida? El recuerdo de Becquer (Gustavo Adolfo Domínguez Bastida Insauisti Vargas Becquer, era su filiación de origen alemán) escribiendo poco más abajo, en el monasterio de Veruela, de donde surgieron no pocas leyendas aprendidas, sin duda, en estos pueblos; donde plasmó su hermoso libro "Cartas desde mi celda" que te recomiendo leer. El autor saliendo hacia este destino desde el magnífico pueblo aragonés de Tarazona, de calles estrechas, misteriosas, llenas de encanto y leyendas, pueblo mudéjar y añejo, el pueblo del Cipotegato y otras sorpresas del presente, plazas, templos, vida y misterio.


Henos aquí, sobre la cumbre del Moncayo. Creo que se me posa una lágrima en el recuerdo y otra en los ojos. Desde aquí te cuento la leyenda de los tres hermanos: se llevaban muy mal en vida de sus padres, al final de sus días su padre decidió transformarlos en tres inmensos montes que se ven constantemente, pero no se pueden tocar: el Moncayo - que ahora acoge nuestro espíritu -, el Ocejón - en la Sierra de Ayllón en Guadalajara - y, también en Guadalajara, el Alto Rey - con ermita en la cumbre y leyendas en su historia -.


Saben los micólogos, que la cara norte es un buen semillero de setas. Nosotros, de eso, nada sabemos.


Dicen los navarros que cuando se acerca el viajero desde Tudela, el Moncayo parece talmente la silueta de un obispo acostado, con su mitra en la cabeza y su tripuela satisfecha. De modo que cuando vengas por esa carretera, haz un alto en el camino y posa los ojos en esa estampa mientras tomas el café.


La vuelta. Breves comentarios y amplias sonrisas. La mochila, libre de alimento, vuelve llena de misterio. Junto al coche, ejercicios de relajación. Y, sin prisa, para Madrid entre el misterio de la noche dominada por la silueta del Moncayo.


Javier Agra.

sábado, 8 de noviembre de 2008

MONCAYO II


La cumbre del Moncayo, espera y llama al montañero.

El sendero está muy claro hacia la izquierda, monte arriba, hacia la cumbre. ¿Y si no hubiera final? Desde aquí no se divisa. ¿Y si todo fuera una ilusión, una esperanza vacua? ¡Anímate, otros lo han subido antes que tú. Fíate!

Pronto descubrimos cortados valles frente a nosotros, caídas magníficas a nuestra derecha, riachuelos, bosque allá en los valles que dejamos atrás. Conforme subimos, se va agrandando el espectáculo. Otros montañeros están a nuestro lado, algunos nos han superado. Ana y Juan Pedro conversan con los pájaros, mientras Jose y yo recordamos la leyenda de la cueva de los frailes.

Ahora que la recuerdo, sin el peso del desnivel tirando de mis pisadas hacia atrás, la puedo contar: Ocurrió en los antiguos siglos de la Edad Media, cuando aún sucedían acontecimientos maravillosos. Bajo la ermita de la Virgen, existía, desde hacia muchos siglos, una cueva, de cuyo techo goteaba continuamente un brevísimo hilillo de aceite con el que los monjes mantenían encendida la lámpara del santísimo, no llegaba para otros usos. Ocurrió, que llegó un tiempo de especial hambre y necesidad; un día el ermitaño, que estaba al cuidado de recoger el aceite, se sintió tan hambriento que usó unas gotas para mojar en un endurecido mendrugo de pan y comer. Desde entonces, la gota dejó de ser aceite y se mudó en agua, que permanece hasta la actualidad. Otra versión, termina diciendo que el que comió el aceite fue un pastor que pasaba por allí y desconocía el uso litúrgico de la destilación de la piedra.

El sol anima nuestros pasos, Moncayo arriba. Es más fuerte la ilusión que la fatiga. La montaña, como la vida, exige constantes renuncias y continuo esfuerzo. La montaña es una escuela en la que escribimos con plumas de sudor el libro de nuestra esperanza compartida. La meta es común, la alegría pertenece a todos. Cada uno llega en su momento y triunfa, no existe el concepto de primero ni postrero.

Una parada para la respiración y el sorbo de agua. A esta altura ya no hay vegetación, la parada sobre esas piedras donde esperan Ana y Juan Pedro. Las pupilas se ensanchan, los corazones están en crecimiento, hasta las arterias y las venas trabajan con más intensidad y el corazón bombea la sangre más deprisa y más deprisa los sentimientos.

La cumbre está allá lejos. Se nos adelantan la sonrisa, los ojos y el sentimiento. El aire... dicen que en esta cumbre pasa de ser aire a ser azote en los cuerpos de los montañeros. Seguimos cortando el viento.

Javier Agra.

MONCAYO I

"Senemque veterem Caius nivibus" = "El viejo Moncayo encanecido por sus nieves" (Marcial)


La leyenda continúa anidando en mi corazón, sigue aleteando por los alrededores con la nebulosa de la memoria inconclusa. Ya contaba el poeta latino - aragonés Marcial que el Mons caius (Monte cano) aparecía siempre emblanquecido por sus nieves.


Las leyendas de la zona remontan su origen a las continuas peleas entre Hércules y Caco: éste robaba bueyes de Hércules, les ponía las herraduras de sus patas al revés de modo que parecía que se los llevaba en dirección contraria; los escondía en cuevas cercanas (diversos pueblos de la comarca presentan sus cuevas como lugar donde Caco tenía las cuadras de sus hurtos). Eran tan fieras las disputas entre ambos, que a base de pedradas formaron la orografía del terreno con sus diversos valles y numerosos ríos, brechas y brañas surgían en el fragor de las continuas peleas; cuando, finalmente Hércules termino con su oponente ladrón lo enterró bajo una piedra inmensamente grande que hoy llamamos El Moncayo.


Lo cierto es que nosotros dejamos el coche en el Santuario de Nuestra Señora del Moncayo, después de atravesar mágicos paisajes de hayas y robles. Antes hemos dejado múltiples pueblos, entre ellos los de esdrújulo nombre: Gómara, Ólvega, Ágreda. El viaje es variado y bonito por él mismo; paisajes, colores, pueblos, secanos y agricultura van despertando nuestros ojos de amanecer.
Allá estamos Ana, Juan Pedro, Jose y yo con nuestras botas de montaña, el sol en las cumbres y nosotros ocultos entre las sombras de la mágica cumbre. Hoy Munia y Pipa se han quedado al cuidado de Marga y Aurora a quienes agradecemos su cuidado de las perras en estos viajes más largos, agradecemos su cuidado de nosotros en todas las ocasiones y su ánimo constante en nuestra vida. A ellas debemos el Moncayo y la vida incluso. ¡Va por ellas nuestra subida!
Javier Agra.


viernes, 31 de octubre de 2008

CONFIDENCIAS

Pipa en animada conversación con la naturaleza y los humanos...

- Vamos al Pardo a pasear, Pipa.
- ¡Vaya, me suena a canción! ¿Estás musical esta mañana?
- Como todos los días. Pero un paseo por la naturaleza llena de canciones la vida.
- De todos modos podrías tener alguna vez en cuenta mis gustos. No me consultas, simplemente me llevas y me traes. ¡Como no soy más que una perra te sigo fielmente!
- ¡Anda que no estás protestona esta mañana!

- En absoluto. Además sabes que me agrada. Solamente que sería bueno que alguna vez contaras con la opinión de las otras personas, animales o cosas que rodean tu vida.

- Un momento. Que está el semáforo en rojo, enseguida podrás pasar.

- Muy bonito. Ahora te haces el civilizado, pero cuando vas solo, cruzas por donde te conviene y cuando te da la gana. Deberías aprender de Unamuno y releerlo más.

- ¿A qué viene recordar ahora a Unamuno? Es verdad que era una de mis absorciones de juventud junto con Dostoievski y Charo López.

- ¿Absorciones u obsesiones?

- A veces, la diferencia no está clara.

- Decía Unamuno que uno de los males más gordos de los españoles es "la gana": "me da la gana o no me da la gana" es el motor de nuestras acciones; bueno, de las vuestras, porque yo como soy perra no cuento para el número de personas. Pero sea como fuere habéis olvidado actitudes tan sensibles como el deber, la solidaridad y esos temas que habéis llevado a algún banco de datos olvidados.

- Bueno, Pipa, tampoco te pongas a filosofar aquí en medio del monte. Contemplemos las encinas y las jaras. Respiremos con profusión el aire límpido de la naturaleza que nos acoge.

- Si. Muy ecológico. Pero desde que os dijeron en el renacimiento que "el hombre es la medida de todas las cosas" os habéis creído el ombligo de la creación. Y solamente os ocupáis de lo que os sirve para vuestro engorde, sobre todo en lo que se refiere a la cartera. Os creéis únicos en el mundo y que todo gira a vuestro alrededor. Sienta un momento, mi olfato me sugiere que ha pasado por aquí un conejo hace poco, voy a seguirle por si quiere jugar conmigo.

(Y aquí me tenéis esperando y contemplando el sol mientras se va a dar un paseo para saludar a sus amistades. No digo nada, pero me viene bien. Así respiro y descanso un momento, junto al paso de despeñabicicletas, porque la subida que hemos hecho antes de llegar al mirador de Valpalomero, me deja sin resuello).

- ¡Vamos, levántate! Que hemos de seguir.

- Ya te sigo, Pipa. Estaba meditando.

- Eso está bien. Así acaso descubras que formas parte de la misma naturaleza que los árboles, las aves, los...

- No sigas, que me cuesta asimilar tanta conversación. Y déjame caminar en silencio, que necesito toda la fuerza para respirar.

- De acuerdo, otro día seguiremos. Y mientras tanto recuerda que tú eres la persona y yo el perro, en este caso la perra.

(De este modo, Pipa, me permite pensar que soy yo quien manda. Pero no lo tengo tan claro después de estos paseos por el monte del Pardo).

Javier Agra.

domingo, 26 de octubre de 2008

LA PEÑOTA (desde el Alto del León)


He visitado al Arcipreste de Hita. Dejamos el coche en el Alto del León, Segovia a un lado al otro Madrid y a lo lejos dibujados los montes de Ávila. Castilla y Madrid están cosidas por estas peñas y collados. Hasta luego Puerto de Guadarrama, duerme durante siete horas que volveremos a despertarte. ¿Qué son siete horas para ti que llevas aquí soñando tantos siglos? ¿Qué son para ti siete horas que has visto tanta esperanza cruzar tus umbrales a paso lento, a paso de siglos, a paso de puñales y vidas segadas, a paso de lágrimas y esperanzas? Duerme Guadarrama entre el misterio y los gritos.

La cosa (que este caso podemos traducir por camino, sendero o similar) está sencilla de seguir, puerta giratoria y G.R.10. Camino llano entre pinares, eso está bien. Casi antes de comenzar estamos en la Sevillana. Debajo la carretera y al fondo la Peñota. Ambas conversan; medita: regresa o triunfa. La elección estaba tomada desde ayer cuando miramos el mapa y cerramos la mochila. Sigamos por este camino nuevo para mi, desconocido y añorado.

El Collado y la Peña del Arcipreste de Hita están declaradas de interés ecológico. Aquí contemplamos las figuras rocosas, distintas de lo que nos encontraremos en el resto del camino. Parece que alguien transplantó un trozo de la Pedriza a esta parte de la Sierra. Arcipreste, hombre de muchas e non sanctas andanzas, guía nuestros senderos por la poética de la vida.

El desnivel aumenta para subir al Cerro de Matalafuente. Durante todo el camino la vista de Madrid y de Segovia nos escolta con paso acompasado: caminas y te llevas los rumores de los que viven contigo, y te llevas sus pasos y sus miradas. Contigo van también las dudas y las desdichas de todas las personas que, sin saberlo siquiera, te han mirado a los ojos y en tu pupila han encontrado un reflejo de esperanza. Contigo van subiendo a la cumbre los deseos dormidos de cuantos respiran sueños de paz. La montaña es de arcilla y va modelando fuerza, entusiasmo y felicidad: solamente necesitas tomar una parte y comenzar a vivir de verdad.

Hemos superado la Peña del Cuervo y el Cerro Mostajo. Notamos la respiración del corazón de la Peñota, desde el Collado de Gibraltar - también llamado, solamente por nosotros, el collado del jabalí - : allí, cuando Jose realizó este camino hace años, se asustaron mutuamente él y un jabalí que se encontraron de sopetón cada uno con su cansancio y sus meditaciones. La sorpresa parece que les transformó en un inmenso elefante y un mítico Polifemo. Huyeron llenos de pavor, que fue disminuyendo hasta quedar en curiosidad.

La última ascensión, interminable, paso a paso, la Peñota hace suya la respiración cansada de los montañeros, acompasa los latidos de su corazón al del corazón que asciende, por eso se oyen sus latidos desde lejos: ánimo, ánimo, nos dicen sus venas calientes con el calor de nuestro sudor. Peñascos y revueltas, descensos y subidas. La mirada fija en la cumbre y el recuerdo en el amor. Llegamos los cuatro, llegamos con al mochila, el amor, el entusiasmo, el futuro, el esfuerzo, la paz, la dicha. Sobre la cumbre la esperanza se ha comido al desaliento. Sobre la cumbre todo es posible.

Javier Agra.

jueves, 16 de octubre de 2008

LA MUJER MUERTA DESDE REVENGA

La Mujer Muerta vista desde Revenga, está dormida cubierta por un finísimo manto de luz
Las praderas se ensanchan, el camino se diluye entre los árboles. (Ana, gracias por las fotos)


Ahora lo recuerdo con el aliento sonriente, con la mirada aún bañada en la nostalgia, con la frente iluminada de verdor. Después de ocho horas empleadas para terminar la marcha, las piernas temblaban entre asustadas, emocionadas y temerosas de que a mi, su dueño, se le ocurriera reiniciar la marcha. Fueron ocho horas de emoción y abrazo con la naturaleza.
Dejamos el coche en el pantano de Revenga, ¡fuera del agua claro! y allí mismo estaba la silueta dormida del amanecer de la Mujer Muerta. Comenzamos la marcha, muy felices, llegaríamos más felices y con las fuerzas arrastradas entre nuestra sombra desgarrada por las peñas de la Pinareja.
¡Qué hermosura de paisajes! ¡Que aliento para el espíritu! Las praderas se ensanchan, el camino se diluye entre los árboles. Pasamos despacio a través de los pinos y de las rebollas (así llaman en el pueblo donde nací al robre rebollo); algunos pensarán que nuestro lento caminar se debe al cansancio, Jose y yo creemos que es por no despertar a las pequeñas hadas que aún duermen, pues no ha llegado el medio día y todos saben que no se acuestan hasta que el alba y la noche se dan el último beso. Seguramente Pipa y Munia saben donde duermen en silencio las hadas y los elfos, pues se han tumbado junto a una enorme raíz a conversar con los frutos diminutos de un espino majuelo, seguramente se estarán contando secretos de lo que vieron por la noche los árboles del bosque.
Nosotros no podemos emplear el tiempo en estos misterios, hemos de seguir. Saltando vallas, inventando caminos donde no hay sendero. Ahora una parada, ahora otro otero, ahora sigo de frente, ahora me pierdo. Pero la montaña se pone en pie y nos hace señas con su dedo: allí está la Mujer Muerta y allí iremos.
Llegamos al pedregal, es la hora de la quietud y del caminar lento. La montaña nos enseña la calma, nos muestra que hasta el final no está todo hecho. No puedo describir mejor el camino porque fue un laberinto de intentos, como la vida, que cuando elegimos un sendero dejamos, seguramente, trescientos. Munia y Pipa nos miran: ¡deberíais ir al zoo! ¡os asombraría la velocidad de las tortugas!
Atrás ha quedado La Muela. En la Pinareja, junto a la cruz de hierro, con el sol de cara y el corazón bailando por la emoción y el resuello nos comemos la ensaladilla, el pan y el queso en el restaurante libre del viento: el aire que entra y sale con libertad de todos los pechos y lleva palabras de cariño y misterio de mis labios a tu pensamiento; el aire libre que vuela invisible, a cada corazón, desde el mismo cielo.
El cordal de más de diez kilómetros que da nombre a la Mujer Muerta está formado, además de las ya citadas la Muela y la Pinareja, por el Oso y Pasapán. Cumbres que, vistas desde el sentido de nuestra marcha iniciada en Revenga - muy cerca de Segovia- dan a esta cumbre la apariencia de una mujer dormida, cubierta por un finísimo manto transparente.
Pero el origen es, como todo lo importante, una historia de amor: En una aldea cercana, cuentan que un pastor estaba enamorado de una bella pastora de la zona. Los celos le hicieron creer que ella pretendía unir su vida a otro joven. Lleno de ira, mató al muchacho, a quien tenía por rival; tambíen terminó con la vida de la hermosa joven. Enloqueció ante lo que había hecho, también parece que enloqueció la naturaleza, pues a los pocos días irrumpió un fuerte terremoto, resultado del cual, apareció en la sierra la silueta de la mujer que había muerto por aquel arrebato pasional, permaneciendo hasta hoy como recuerdo del amor y superación del odio.

Javier Agra.




sábado, 11 de octubre de 2008

LA MUJER MUERTA

Esta noche he visto los nombres del presente y del pasado durmiendo en mi colchón, paseando junto a mi, desayunando en mi tazón. Esta noche he visto... mañana volverá el sol, con la luz estaremos viajando hacia Cercedilla, entraremos en la soledad de los pinares de las Dehesas. ¡Cuanto ganan las Dehesas de Cercedilla en estas horas de soledad! Los pájaros comienzan su despertar, los pinos acaricias a las mariposas iniciales, la luz limpia la noche con un plumero de luz. Aparcamos el coche.
Mientras ponemos las botas, Munia y Pipa juegan a los espías y recorren la pradera asustando a los ratones que han salido en busca de un poco de agua para su aseo matinal. la mochila, el bastón y a caminar. Hoy nos espera La Mujer Muerta. La montaña siempre espera, es paciente y soñadora: sueña respeto e ilusión, trabajo y sonrisa, sudor y comunicación.
Los senderos del pinar nos conducen, por una empinada cuesta, hasta el Collado de Marichiva, donde saludamos a unos ciclistas que pedalean por la pista; seguimos hacia la Peña Bercial, es tal el arrobamiento de trinos y colores que agradecemos al altímetro su aviso de que llegamos a los dos mil metros. Desde aquí, la visión se amplía, los picos que parecían inaccesibles al inicio de la marcha, están llamándonos ahora con la voz suave de quien invita a pasar a su casa: ¡la montaña es amabilidad y confianza! ¡pasa, la cumbre es tu morada! Y seguimos hacia el cielo de Madrid, Cerro Minguete y el Montón de Trigo...
(Cuentan que hace muchos años en el cercano poblado de Torredondo vivía un labrador rico en tierras y ganados. Su corazón estaba dominado por la avaricia, lo que hacía que su carácter fuera huraño, por todas estas causas sufría continuamente su madre. Aquel año, la cosecha fue especialmente abundante y amable con él. Cuando terminó de recoger la hacienda, llegaron a la aldea dos peregrinos quienes le pidieron, con humildad, un plato de comida. El rico hacendado les echó con furia y sorna. Los recién llegados le recordaron que compartir con los necesitados era una acción necesaria por solidaridad humana y por impulso cristiano. ¿Qué era aquel montón de trigo sino una ocasión de ser generoso? Les contestó que aquello no era sino un montón de piedra y tierra. Y dicen que a los dioses de la sierra nos les gustó su actitud, por lo que en efecto el montón de trigo se transformó en un montón de piedra y tierra que permanece hasta hoy como recuerdo de aquel duro corazón que ignoró la solidaridad y la compasión).
Bordeamos el montón de trigo, es más suave hacerlo al regreso, en un largo paseo mientras, lejanos, vemos Gredos con El Almanzor y las sierras de Ávila. Una pequeña bajada nos deja en el Collado de Tirobarra. Un arreón nos sube más cerca del sol hacia la Pinareja donde hacemos cumbre y una parada, un trago y una esperanza. Otra vez la mochila al hombro y bajamos al collado que nos llevará hasta el Oso, la segunda cumbre fuerte de La Mujer Muerta.
La comida y el regreso, son como siempre. Seguramente habrán pasado cinco horas. Aunque el espíritu esté reconfortado como si hubiéramos estado cinco meses en la montaña. Descanso y esperanza.
Otro día contaré más cosas de esta magnífica montaña, transformada en hermosa marcha.
Javier Agra

sábado, 27 de septiembre de 2008

EL YELMO

  • Aquí estamos con Juan Pedro, Ana no sale pues es la fotógrafa. Pipa está más interesada en la comida.

  • Estos que aquí pacen en sosiego, no somos nosotros. Pero confiamos mutuamente y ninguno se asustó.

    Palpita el corazón de la Pedriza. Atrás ha quedado el pequeño puerto de Quebrantaherraduras con su aparcamiento dispuesto a recibir a quienes desean disfrutar de un apacible día paseando entre pinares. Llegamos al aparcamiento de Canto Cochino, entre sonidos de aves y agua, destellos de lumbre y sombras juegan entre los árboles (acaso sean los niños del sol recién amanecido), Munia y Pipa corretean entre olores y pedrerío, buscando frutos de las zarzas y, acaso, su ancestral origen perdido.

    El Manzanares tiene baile y trae sueño esta mañana, las noches son más cortas y el río también duerme menos. Trae baile y tiene sueños de otros montañeros que por aquí vinieron a través de los días y a través de los tiempos. Lo cruzamos sobre el puente, las perras nos miran con sorpresa y piensan que el agua está muy buena para el primer chapuzón, les sobra el puente y de paso nos salpican con el agua al sacudir su lomo: ¡tomad agua del río, hasta que volvamos dentro de seis horas lo queremos recordar con nuestro lomo humedecido!

    Iniciamos el ascenso, a nuestra derecha queda el refugio Giner. Antaño alejado de cualquier camino, donde la noche podía sorprender al montañero; hoy a poca distancia del aparcamiento. Enormes piedras sirven de escuela a los aprendices de escalador, nosotros las miramos boquiabiertos, como si fuera la primera vez (acaso en la sierra cada mañana nace todo de nuevo, es nuevo el árbol, es nuevo el sendero, es nueva la roca, es nuevo mi espíritu y mi cuerpo).

    En el Collado de la Dehesilla ya nos hemos cruzado con otros montañeros, seguramente sus mochilas también saben de memoria el sendero, acaso sus pisadas saluden como las nuestras a las que dejamos aquí en nuestro paso hace mucho tiempo, acaso Pipa y Munia reconocen entre los olores sus propios olores de otros paseos.
  • Después del Collado, encontramos una pendiente bastante fuerte, pero superado ese esfuerzo, el camino se hace casi llano hasta el Yelmo. Compaginamos la respiración y el silencio, la palabra y el recuerdo, nuestro corazón se abre al sonido y al misterio. Vienen nombres, rostros y tiempos. Despacio estamos llegando a la brecha entre comentarios y sueños. Aquí es necesario separar la expedición: mientras uno llega a la cumbre, el otro acaricia a las perras para que se calmen y sepan que no están solas; la brecha final no la pueden cruzar, no importa, esperan ansiosas; y mientras esperan se preguntan cómo será esta cumbre que no pueden alcanzar, pero se fían de lo que les contamos y la imaginan y la sueñan y nos creen y de tanto oírnos su descripción ya la saben y la guardan en su corazón.

    La vuelta cierra un camino circular. Comemos cerca de la fuente, en la cara sur por donde los escaladores avezados van y vienen en cordadas de ilusión.
  • Javier Agra.

domingo, 21 de septiembre de 2008

DE CANENCIA A MONDALINDO

Así se va fraguando la amistad, con un temple de martillo y fuego. Carlos tiene un perro labrador de hermoso pelo chocolate, hacía días que nos había comentado su deseo de ir por la sierra de Madrid, de modo que cuando le comunicamos que saldríamos a un sosegado paseo, se calzó las botas y ya estábamos en el Puerto de Canencia, después de superar el bullicioso pueblo de Miraflores. Bullicioso a nuestro regreso, que a esta hora de la mañana solamente los tejados comenzaban a desperezarse con los primeros cosquilleos del sol de final de verano.
La travesía estaba claramente dibujada en el mapa, de modo que tomamos el camino que sale hacia la derecha, por entre los pinos, hacia Bustarviejo. Allí fue el baile de nuestros tres perros, allí fueron sus juegos por estos lugares nuevos, allí fuimos descubriendo el sendero que mejor nos subiera hasta Cabeza La Braña.
Creo que la montaña, siglos después de estar esperándonos, sigue siendo cada día nueva; en cada marcha nace una nueva sensación; en cada recodo descubrimos un nuevo impulso; en cada pájaro es nuevo el trino; en cada montañero es nueva la esperanza; hasta el sol que se va metiendo en nuestra mochila es nuevo cada jornada; por eso cada paseo pone en nosotros un corazón que también es nuevo.
Así nos lo enseñas nuestras compañeras Munia y Pipa, a quienes hoy acompaña Argos. Así tendremos que verlo nosotros mientras subimos por la sombra del pinar después de cruzar alguna valla sin dificultad. De vez en cuando una parada para respirar más profundamente, un sorbo de agua y un momento de admiración. Llevamos un rato caminando, es tan agradable que no sentimos el sudor, parece que es la cumbre quien baja hacia nosotros.
Un alfombrado paseo nos lleva, conversando y admirando, hasta la falda del Mondalindo. La pradera es amplia y rica en alimento: vacas, águilas, buitres, conejos, acaso otros animalillos que pasan desapercibidos para nosotros conviven en armonía; armonía trágica decidimos llamarla, cuando nos sentamos a contemplar la Cuerda Larga, Peñalara, Ayllón, los embalses del Lozoya, pues seguramente varios animales tendrán su final como alimento de otros cazadores, según la ley de la cadena alimenticia.
Llegamos al cilindro -vértice geodésico- del Mondalindo. Otros grupos ya han llegado, otros nos siguen. El camino es común, unos aprendemos de otros y la gloria de la cumbre nos pertenece a todos.
Es bueno ser inconformista, con frecuencia se descubren variantes donde parece que está ya todo definido.¡Elijamos otro camino de regreso! El sol está ahora en plena incandescencia, hasta la gorra se hace más pesada ¡Este camino es bueno! por otro sendero llegamos al mismo sitio de partida, al final nos ha salido casi una vuelta circular. El pinar. Los perros dudan entre continuar corriendo o ponerse a la sombra de nuestro lento caminar.
Seis horas después del inicio madrugador, estamos de nuevo en el aparcamiento. Los ejercicios de relajación. En la sierra podrás oír un suspiro que dejamos aguardando nuestro regreso.
Javier Agra.

sábado, 20 de septiembre de 2008

BISAURÍN

Bisaurín y su contorno, visto desde la cima sur del Castillo de Acher



Atrás quedó el Valle de Hecho con el río Aragón Subordán; atrás quedó Aragüés del Puerto; aguas arriba del río Osia, estamos instalados en el refugio de Lizara. Aún nuestra retina es un constante baile de maravillas descubiertas durante la jornada, que vuelven a nuestra presencia con diversidad de focos iluminados; los mallos de Riglos, imponentes; las primeras vistas del Pirineo, ilusionantes; agua, montaña, naturaleza.


El desayuno en el Refugio de Lizara nos da fuerza para iniciar la subida al Bisaurín. Serán más de mil metros de desnivel hasta alcanzar los dos mil seiscientos sesenta y ocho, es la cumbre más alta de esta parte del Pirineo. Las estrellas juegan al corro con los primeros resplandores de la aurora y nuestros pasos inician trémulos la silenciosa pendiente. Está muy claro, los primeros minutos seguiremos el G.R. entre murmullos de vacas que miran entre el cariño de quien ha visto tantos humanos que ya nos aceptan como parte del paisaje y la envidia pues saben que ellas no podrán hacer los últimos metros de ascensión.


El camino desemboca en una amplia pradera y nosotros pensamos que zigazagueando llegaremos más cómodos al collado de Lo Foratón. Hemos escuchado el dialecto de esta zona, el Cheso que aún conservan entre las gentes del lugar y está asumido en los nombres del entorno. El collado va acogiendo nuestra respiración pausada, en una alfombra verde, tejida sin duda durante siglos por cientos de ninfas mientras arrullaban un amor de madrugada. Hoy vienen a darnos la mano en forma de aves, a veces de rocas, a veces de árboles solitarios, porque hemos perdido la magia y las ninfas misteriosas saben que no pueden acercarse a nosotros con sus cuerpos de luz recién amanecida.


Desde el collado la vista se amplía hacia nuevos valles. Otros montañeros nos han ido pasando.


El saludo.


El comentario.


El silencio.


La montaña tiene nombre de espíritu y sosiego. Y a todos nos abraza y nos va poniendo un corazón de carne y sangre nuevas. Así ha ocurrido desde la primitiva historia y así seguirá siendo mientras existan lugares sin tiempo.


Nos viene bien llanear -dentro de lo que se puede caminar llano en el Pirineo-, así reposa nuestra fatiga y se adentra más en el misterio. ¡Ánimo Jose, ánimo Javier, ahora toca un repecho! No importa, la montaña nos sigue dando su aliento. Paso a paso, calma a calma, nos adentramos en el tramo más enmarañado del pedregal suelto. Con los dos montañeros de Irún que hacen este tramo con nosotros, vamos tejiendo un camino que nos parece más llevadero. El paso se acompasa al ritmo siempre del más lento. Así la montaña, el corazón, el espíritu y el sendero son el mismo para el grupo de montañeros.


La cumbre. En la foto aparece la sonrisa, y en esos dientes al viento podemos leer el sudor y el esfuerzo. Cien miradas en derredor, cien suspiros y cien recuerdos de amor que lleva el aire hasta la gente de casa. Han recibido el beso, viene a decirlo el águila solemne que vuela sobre el Bisaurín cortando el viento con el cuchillo ágil de sus alas nuevas.


Javier Agra.



viernes, 12 de septiembre de 2008

¿MESA DE LOS TRES REYES?

Y entonces aparecieron ante nosotros los espíritus de los tres reyes: el de Aragón, el de Navarra, el de Francia.
Al fondo del Valle de Ansó, en el refugio de Linza estábamos calentitos, secos, a cubierto, seguros y resguardados de todas las dificultades. Ayer había llovido y se había cerrado de niebla, de modo que imaginamos que hoy tocaría, cuanto menos algún momento, clima sosegado. Son las seis de la mañana, comienza el movimiento de preparación generalizada. ¡Vamos a por nuestra montaña!
Pero el día no abrió. La niebla hacía bocadillos de humanos y se los bebía mojados en lluvia monótona. Seguimos, no obstante, obstinados, con la moral contundente de quien emprende una bonita tarea.
Suelo de bruma y hierbas, el Pirineo debe un tributo a su verdor. Cuando toca agua, agradezcamos a la diosa fertilidad sus frutos. Otro paso, el camino está aquí, ¿por dónde seguirá? ¡Ánimo! Despejará en el collado, hoy toca montaña. ¿Andaremos por Aragón, caminaremos por Navarra, pisaremos terreno de Francia?
Pero el collado enmudeció nuestros deseos. Para esta hora, la capa de agua era nuestro refugio ambulante. Las botas de goretex parecían zapatillas de esparto, recogiendo agua del cielo y de la enmarañada pradera.
Allí hay otro caminante, esperamos. La decisión fue buena, ahora somos tres perdidos en lugar de dos. ¿Y aquel grupo de cinco? "Creemos que por la izquierda, bordeando esta cumbre llegaremos, pero no nos fiamos y regresamos". ¡Vale! Seguimos siendo tres perdidos, uno por cada rey. Media hora más tarde, el camino tiene mala dirección según los mapas. ¡Vamos a intentarlo por aquí!
Un alto al lado de esta gran roca y nos comemos una manzana. Estamos en un laberinto, la vida es un laberinto de niebla y agua. ¿Quién nos traerá la luz? Qué bueno es tener esperanza, qué fuerza da saber que algún día saldrá el sol y veremos el sendero donde ahora es solamente llanto y temblor aterido.
Subamos a esta cumbre que se adivina. Paso a paso, sin despegarnos del compañero, los tres mojados montañeros continúan su aventura luchadora contra la niebla. Llegamos a una cima. Después de muchas vueltas subimos la Paquiza Linzola. No es nuestro objetivo del día, pero es una cumbre.
Nuestro perdido compañero Kepa, nos hizo una comida digna de los tres reyes. Eran ya las seis de la tarde cuando estábamos terminando la paella con innumerables condimentos. Habíamos conseguido secarnos, pero estábamos dolidos por la niebla y la multitud de caminos erráticos en los que habíamos transitado durante el día.
Y entonces aparecieron ante nosotros los espíritus de los tres reyes: el de Aragón, el de Navarra, el de Francia. Nos hablaron: "No sufráis. Os nombramos caballeros de la Montaña. Vuestro esfuerzo ha dado su fruto, os habéis vencido a vosotros mismos y esa cumbre permanecerá en vosotros por toda la eternidad. La montaña que hoy se os ha negado seguirá aquí muchos años, podréis retomarla en otro momento".
Y entonces se dibujó en nosotros una sonrisa de esperanza y paz, mientras vimos alejarse los espíritus de los tres reyes: el de Aragón, el de Navarra, el de Francia.
Javier Agra.

martes, 2 de septiembre de 2008

MÁS CASTILLO DE ACHER


El gigante enamorado pasea a lomos de su caballo la llanura de su castillo sobre la montaña. Un águila trae en el pico la respuesta de su amada. Emocionado, el gigante hace fuegos artificiales con las inmensas rocas y las reduce a los guijarros que ahora rellenan el camino, aún mantienen el brillo de las lágrimas y de la risa que se mezclan en la fiesta de su corazón. Todos, en el castillo, están preparando la boda, ya se acerca la princesa volando por el aire en un carro de oro tirado por caballos alados, que decidieron vivir para siempre en el castillo transformados en los sarrios que ahora vemos pastando confiados.

Sin duda, fue una gran fiesta del amor. Las inmensas alfombras de los salones de baile permanecen a la vista de los montañeros, allí mismo; aunque hoy parecen más hierba y verdor que aquellas maravillas tejidas en los salones de las hadas. Allí podemos visitar también las despensas y los frigoríficos que se han quedado para siempre en forma de simas kársticas.

Cuando subas al Castillo de Acher, observa con precaución entre las almenas. Verás corretear multitud de gnomos, hadas y otros seres fantásticos, por más que frecuentemente toman figuras más conocidas que vuelan y reptan en un alarde de baile y vida que se prolonga sin cesar. Nuestro paseo está culminando, unas pisadas más y veremos la cumbre, de momento el murmullo del viento nos arrulla, cierro los ojos un instante para ver las olas del mar en grandes crestas, tal parecen las paredes sinuosas del castillo.

Seguramente no tendría que haber abierto los ojos, más que brisa marina, parece un fuerte ventarrón; no importa, echamos mano a la mochila y nos ponemos otra prenda, también nosotros hemos de engalanarnos para la fiesta. Ponemos nuestro pie en la cumbre entre emocionados y asombrados.

Es posible que esta parte occidental del Pirineo de Huesca tenga menos nombre, porque no tiene alturas de tres mil metros. Hoy hemos remontado un desnivel superior a los mil doscientos metros, también hicimos cumbre en su lado sur; el esfuerzo no es menor que para disfrutar del Monte Perdido. Las cosas en esta vida son relativas, si se parte de más bajo, el esfuerzo es igual para llegar a una cumbre más baja. Se nos escapa el tiempo, absortos como estamos, ante tanta grandeza: luz, colores, destellos, sonidos, murmullos.

¿Comemos en esta ladera? Es buen sitio.

¡Lo que puede conseguir un gigante enamorado cuando es correspondido!

La vuelta hasta el coche ya no la cuento, estad tranquilos.

Javier Agra.

sábado, 30 de agosto de 2008

CASTILLO DE ACHER

Ya estamos entrando, nuestros pies caminan hacia la cima.

Y de sopetón, unas vacas nos muestran el castillo de Acher. Atrás ha quedado la selva de Oza.



La lumbre del cielo duda entre las estrellas y el amanecer. Reconfortados con el segundo vaso de chocolate y apretado el último cordón de las botas, miramos a lo alto, la sonrisa del castillo de Acher es la boca por la que hoy nos toca culminar nuestro paseo al cielo. La selva de Oza nos anima entre la penumbra y el brillo blanquecino de sus innumerables hayas.



Pasada la garganta del infierno, al fondo del Valle de Hecho ( Echo, que de ambos modos lo escriben), comenzamos la ruta nada más cruzar el puente. Una señal de G.R. nos indica el camino desde un panel de rutas montañeras. El citado G.R. nos introduce en el hayedo entre susurros y saludos claros: la vida sale de sus nidos y de sus madrigueras a curiosear nuestras pisadas lentas y firmes. ¡El cartel!



Aumenta seriamente el desnivel para desviarnos a nuestra montaña, el cartel de madera nos lo anuncia: Acher. ¡Ánimo! Una salamandra, disimulada entre las hojas, las ramas y la humedad, nos marca la ruta; le indicamos que es mejor que salga del camino de los humanos, hoy no menos de sesenta botas pasarán por aquí ¡estás en peligro, ve a lugares menos tansitados! Ignoro si nos entendió, nuestros pasos ya están más arriba. Nuestro gozo está repartido entre la luz y los árboles, conviven hayas y abetos, además de algún pequeño roble y otras especies. Es hermoso darse cuenta que entre los árboles no se excluyen unos a otros, no entienden de multitudes y minorías étnicas. La savia de la tierra es alimento para todas las especies.



Entre pensamientos y sudores hemos subido los primeros seiscientos metros de desnivel, el bosque está próximo a su fin. Un alto en el camino, la cantimplora y una mirada pausada nos permite admirar el paisaje. No estará lejos la cabaña de las vacas que anuncia el mapa. Llegamos a la pradera, el sol nos abraza con calor, nosotros le hablamos desde nuestro rostro sudoroso. Protección y gorra. La belleza ha cambiado, la montaña ha abierto sus colores y ha ensanchado todo su rostro ante nuestra mirada. Allá en el cielo, nuestra montaña, el castillo de Acher, ahora más cerca. Nos han ido pasando los primeros montañeros, aún nos pasarán más, pero todos llegaremos, todos pondremos nuestro esfuerzo y nuestro ánimo sobre el tapete de la montaña para que cada uno recoja lo que necesite. La montaña comparte entusiasmos.



La vacas, la cabaña, ¿ochocientos metros de desnivel? Bella explanada para ver la variedad en su conjunto. Abajo queda el grandioso bosque de la selva de Oza; sobre nosotros, aumentando de tamaño, la mole caliza de la montaña que nos llama abriendo sus dos manos para indicarnos el camino y la entrada. La subida por entre las piedras es una ascensión serpenteante. No tenemos prisa, disfrutamos de la fatiga, de la conquista, de la subida, del reposo, del esfuerzo. Paso a paso, la bocana está aquí mismo, las enormes piedras que vimos al pasar van reduciendo su tamaño conforme nos alejamos, las vacas que saludamos como iguales, quedan ahora como figuritas de juguete de tiempos infantiles.



¡Mira! ¡La llanura de la cumbre! ¡Hemos llegado hasta el valle que crece en la montaña! Es inmenso, solemne. El esfuerzo, una vez más, está recompensado. Hemos de recorrer el valle, nos faltan menos de doscientos metros hasta la cumbre. A partir de ahora más asombro en cada paso. Quince inmensas almenas antes de llegar a la torre del castillo en la mayor altura de su cumbre norte.



Algún gigante enamorado vivió aquí llorando cada día por su princesa. Esas lágrimas florecieron en tamaña hermosura. Sin duda fue correspondido, porque la vista en derredor es un producto del amor inmenso de aquellos dos gigantes cuyo nombre se pierde más allá de la memoria. También es posible que os cuenten el origen de estos lugares desde otros puntos de vista. yo prefiero elegir el amor como fuerza del Pirineo.



Pero esto no termina aquí: Javier Agra.

viernes, 8 de agosto de 2008

PEÑA PRIETA

Primera vista de Peña Prieta. (Cada vez que la veo me quedo de nuevo asombrado)

Hemos llegado a Guardo, lugar de reunión de la comitiva. Esta vez somos cinco humanos. En casa nos guardan las espaldas con nuestras perrillas, cuando viajamos para más de un día no las llevamos. Es un pueblo potente para lo que se da en Castilla. Guardo, en fiestas, tiene completas todas las plazas hoteleras. No importa, hemos compartido paella y café y seguimos viaje hacia Camporredondo, Hostal Tía Goya, aquí está nuestro sitio de esta noche.

Un paseo por el pinar de Velilla, también llamado de Peñamayor. Los carteles nos anuncian que solamente éste y el pinar de Lillo son lo que queda del monte autóctono de antaño. De modo que lo recorremos con el recogimiento de quien está celebrando un rito de comunión ancestral con toda la humanidad y la historia de estos lugares.

Madrugada de grillos y gallos, silencio y bostezos del amanecer. Nos acercamos en el coche hasta Cardaño de Arriba, diminuta aldea - a mi me parece pueblo de toda la vida, pues tiene el tamaño de aquellos en los que yo comencé a nacer y recorrí los diez primeros años -, un aparcamiento permite dejar el coche en la margen derecha del río de Las Lomas (la izquierda en el sentido que llegamos en el coche). Botas de montaña, mochila, el sendero nos hace los primeros guiños y lo seguimos pisada a pisada. Acercarse a la falda de la montaña lleva su tiempo y diversas consultas de mapa. Verdor y sonoridad de agua, el corazón está botando en el pecho, más por emoción que por fatiga en estos primeros momentos. Diminutas cascadas, prados verdes, madrugadores animales, aves trabajadoramente festivas se abren paso a esta primera hora de la mañana. Con el sol se ensancha el espacio, la luz nos muestra una cascada y la impresionante montaña de Palencia gana en verdor y brillo.

La ascensión se hace más dura, es preciso superar el primer desnivel serio, una parada para la crema protectora, la gorra. ¡Detalles! Muchas veces en la vida nos salvan los detalles, que son como el cimiento sobre los que se levanta el edificio de la acción de cada día, una oración en silencio, una palabra y el beso que me traigo de Aurora aparecen ahora por los recovecos de la mochila para impulsar la marcha hasta la cumbre.

¡Qué grandiosa es la montaña de Palencia! ¡Qué circos tan ingentes! Es la bella desconocida, asegura Jose. Acaso así dure más años su misterio, cuenta Ana. Estoy embelesada, sentencia Elisa. Juan Pedro no dice nada porque va contándonos cosas de los pájaros que andan, vuelan y saltan a nuestro alrededor como si nos conocieran de toda la vida. Yo no digo nada, porque aún estoy con la boca abierta de la emoción.

A la altura de la laguna de las Lomas, nos desviamos a la derecha y atacamos la fuerte subida serpenteando entre la piedra suelta de la inmensa ladera. Ahora no somos más grandes que los tritones que quedaron en el riachuelo, o las lavanderas de mirada rápida y brillante cola, no somos sino otra piedra piedrecilla con movimiento ascendente hacia el cielo de Palencia. Por fin el collado. Aquí más signos y palabras de admiración hacia Fuentes Carrionas y sus neveros, el hilo de agua donde nace el Carrión ha conquistado el valle. Inmensa hoya circular. Fatiga y asombro. Aquel es el pico de nuestro final de ascensión.


Pasamos por el Tres Provincias, unos metros menor: Palencia, León y Cantabria se abrazan sobre esta cumbre. El abrazo de la tierra que no cambia de luz, ni de aire, ni de sol. El saludo de los distintos grupos de montañeros, a esta altura no tenemos Autonomía, ni Nación. A esta altura la esperanza se une, la ilusión se contagia, la fuerza en la mirada es sosiego de futuro. Todos hacia adelante, otro paso, ya no estás solo, han subido otros y tu tienes que dejar huella para los siguientes. La montaña es la vida, el sendero se va marcando en cada generación.

Peña Prieta, nieve e ilusión. El abrazo y la foto de recuerdo. Desde aquí somos una parte de Picos de Europa, alargo la mano y toco el Curavacas, pongo mi dedo sobre el Naranjo de Bulnes (Picu Urriellu), escucho las pisadas de las cabras de Peñasanta. El mar y la sierra se han juntado en mi corazón. Hemos llegado juntos, los más veloces esperaban, los más lentos insistimos en nuestro paso constante. En la cumbre un refrigerio, ágape compartido con las criaturas del cielo, de la tierra y del agua, comunión universal en la vida y la esperanza.

Javier Agra.

lunes, 4 de agosto de 2008

PELEAS MENORES

He leído mis escritos de días pasados y, con espanto, he descubierto múltiples errores en la escritura. Deduzco que es más severa la creación literaria que la vida misma; ésta permite iniciar de nuevo cada mañana, y así dar un nuevo impulso a las ganas de superación. La vida me ha dado esta visión: cada día podemos iniciar un nuevo camino. Superada la primera decena de lustros de mi existencia, afirmo mi propósito constante de pelea.
Una de mis peleas primeras fue con la ortografía: ya en la escuela de aquellos pueblos mineros donde comencé a nacer - porque el nacer es un proceso que va ocurriendo en el tiempo de cada uno - el maestro me miraba y meneaba la cabeza: ¡no aprenderás, no aprenderás! Recuerdo con cariño aquellos primeros maestros, su corrección nunca fue con castigos físicos ni vejatorios, en mis recuerdos permanece su firmeza y docto proceder.
Durante la mocedad también empleé tiempo en la lectura, con ella sigo en en mi edad presente. La lectura es uno de mis más largos empleos de tiempo, además de los paseos por las sierras de Madrid y de la geografía entera.
Podría decir que la b y la v están juntas en el teclado, que las prisas en la escritura... ninguna disculpa es válida. La escritura es una emoción puesta como texto, es estrujar el corazón sobre el papel, a ser posible se necesita estrujarlo en buenas condiciones.
He visto que puse vaya con b. Es posible que fuera en un momento de inmenso deseo de comer un fruto jugoso: ¡qué apetitoso resulta un tomate o veintiséis uvas en un momento de reposo! Abandona, que es con be, escrito con v podría servir para el diccionario de José Luis Coll: sería un ave que dona sus posesiones a causas justas y se dedica a la vida bucólica y feliz de las florestas de los bosques. También para el diccionario de Coll - admirado más allá de los días y las estrellas - podría valer observar, puesto b en uno de mis escritos: persona que disfruta de un raro de solaz en una terraza de verano mientras se toma una cerveza y contempla lo que ocurre a su alrededor.
También he descubierto otros fallos gordos, por más que lo de gordo es un concepto incierto. Cuando a mí me dicen que soy gordo y bajito, respondo que soy románico y nuestras conversaciones siguen por otros derroteros menos escabrosos.
Ítem más: he visto que puedo guardar el texto escrito y continuar en otro momento. También Un punto del inicio dice "comprobar ortografía". Son dos grandes descubrimientos para mi despistada persona. Añadiré a mi ser analfabeto tecnológico, mi despiste desde que tengo mis primeros recuerdos.
Todo esto está escrito a propósito del humor con que es necesario aceptar cada acontecimiento de la vida, pues una persona sin sentido del humor está incompleta, la sonrisa y el rostro iluminado forman parte de lo más vistoso de las personas, quitan muchos dolores y añaden años al camino de la vida. Muchos discursos pierden gran parte de su fuerza por carecer del necesario aderezo del humor.
Javier Agra

UNA DUDOSA PELEA

He repasado los textos de los días precedentes y hallo diversidad de errores ortográficos. Es una lástima no poder volver atrás para retornar al camino acertado de la escritura. De modo que descubro mayor cueldad en la creación literaria que en la misma vida; ésta, con frecuencia, nos ofrece otra oportunidad: el ser humano sigue teniendo esperanza, pues es posible retomar cada mañana un camino más acertado.

Desde mi más tierna infancia - hoy mis años han superado el lustro de décadas - el maestro de la escuela de aquellos pueblos mineros, donde aprendí las primeras letras me miraba meneando la cabeza: ¡no aprenderás, no aprenderás! Recuerdo con cariño los primeros maestros, ninguno usó aquellos métodos agresivos que se pregonan en los recuerdos, mi infancia en la escuela era trabajo y ánimo, la reprensión venía por otros castigos, nunca físicos ni vejatorios.

En mi mocedad continué con entusiasmo lector, y en ese énfasis permanezco. No obstante, creo que sigo siendo muy cabezón en ciertos temas, terco en otros más y testarudo en la vida misma. Poco me faltó para decir que era muy burro, pero me vino al recuerdo aquel dulce pollino - de nuevo, de mi infancia - que más que burro era socio de viajes y caminos.

Repasando, digo, los textos de los días anteriores, descubro faltas gordas de ortografía, por más que el concepto de gordo es relativo: cuando algún guasón me llama a mí bajito y gordo, yo respondo que soy más bien románico y de ese modo salimos del apuro y continuamos la conversación por otros derroteros. No buscaré disculpas, que si la b y la v están al lado en el teclado, que si escribo de corrido... Continuaré hasta el final de mis días con esta fiera pelea, y otras peleas no menos fieras.

He descubierto baya, donde tenía que ser vaya; con b, todo el mundo sabe que se refiere uno a esas carnosas y jugosas frutas, que acaso deseara con fruición en mis paseos, ¡como apatece un tomate o veintiseis uvas! También he leido, entre temblores, abandona - con v - lo que resulta como un puñetazo directo al estómago; para el diccionario de José Luis Coll sería sufiente con explicar que trata de un ave que dona todos sus bienes y se dedica a la vida austera de la contemplación y la música en las forestas de nuestros montes. Así mismo, para el diccionario de Coll - admitado más allá de los días y las estrellas - podría decir que observar (escrito con b en un texto) se refiere a cualquier persona que disfruta del sosiego de una terraza de verano, tomando una cerveza, mientras mira lo que ocurre a su alrededor.

Pero mejor, callo y me trago mi sonrojo.

He aprendido, de muchos aspectos de la vida, que es bueno reirse de uno mismo por salud y por expansión de la misma vida. En todo caso, el humor hace a la persona más completa, carecer de humor es un defecto o, al menos, una riqueza el poseerlo. A veces los discursos más sensatos, se muestran plomizos por faltarles ese aliño del humor.

Javier Agra.

domingo, 3 de agosto de 2008

SIETE PICOS

Sublime. La sierra de Madrid es menuda pero coqueta y llena de misterio. Desde lejos se ven los siete picos del Guadarrama, como siete dientes que van masticando, para quien los ve con cariño, la ternura del infinito y lo entregan poco a poco, de modo que lo grandioso queda al alcance de las personas como si todos los intentos fueran posibles de ser realizados.
Dejamos el coche en Camorritos, donde el tren cremallera abandona Cercedilla para subir, con respiración lenta, entre la grandiosa vegetación de la sierra. La Vereda de las Encinillas nos acaricia y nos anima hasta llegar, con la camisa ya sudada, a las Praderas de Navarrulaque. Desde aquí tenemos muchas variantes, para subir. Probablemente la montaña sea como la vida, ningún camino es superior a los otros, ninguna verdad es toda la verdad, de modo que pretender rechazar otros puntos de vista o no aceptar la valía de cada persona porque piensan de otro modo, es empequeñecer la dignidad humana y es mostrar un corazón reducido: es, creo yo, uno de los males que han enfermado más agudamente a la humanidad de todos los tiempos y que también actualmente nos mantienen doloridos.
Seguiremos la carretera de la República hasta el Puerto de la Fuenfría, lugar de encuentro de diversos caminos y de distintas opciones de montaña. ¡Qué más da de dónde llega cada uno! A esta altura el saludo es natural, sale de la sonrisa misma. El grupo del que formo parte, seguimos por el Collado Ventoso y Cerro Ventoso, por la senda de los Alevines hasta coronar el collado que separa - o acaso une - Majalasna y el siguiente de los siete picos. La fuente mana, a este altura del año, un agua refrescante que apaga la sed y da fuerza hasta el siguiente objetivo. Los peñascos de la senda que hemos cruzado, son dificultades que estamos dispuestos a superar, no pocas veces, con las orientaciones del compañero; otras veces, necesitamos el consenso para quedarnos con el camino que nos parece mejor, siempre con la mente puesta en la meta. Puede ocurrir que lo más fácil no sea lo más oportuno.
Recorrer la cumbre, hasta el vértice geodésico, es un reposo de felicidad muy dulce para los ojos, la vista lejana de los pinares que se extienden hasta las llanuras de Segovia, en aquella dirección Somosierra y más allá las montañas de Ayllón; la paz llena el espíritu, somos menores que cualquiera de las rocas que admiramos, pero ¡qué inmenso el espíritu capaz de contemplar y esperar!
El último de los Siete Picos - o el primero, según la dirección de la ruta -. Para subir a tocar el vértice, nos separamos, es preciso quedar uno con Pipa y Munia pues no pueden superar la furia de aquellos peñascales. No importa, ¡son tantos los momentos de soledad necesaria! ¡cuántas decisiones tomamos en soledad! La vida nos mantendrá juntos nuevamente.
Está realizada la tarea, está completo el gozo, está terminado el proyecto de esta jornada. Ahora la comida, ágape y banquete al mismo tiempo, todos en la misma mesa de piedra y hierba, compartiendo el agua, el pan y el alimento que nos conforta.
Regresamos.
Cinco horas de entusiasmo, esfuerzo, sudor, triunfo, moratones y festejos.
Javier Agra

jueves, 31 de julio de 2008

MEDITERRANEO

¿Cómo pudieron hacerlo? ¿De qué manera consiguieron invadir los romanos Hispania? He estado de sosegado paseo desde Denia hasta Gibrartar, por la costa. Me asombra que pudieran entrar. Está todo lleno de muros y edificios, de construcciones y de gente. Es necesario pisar la arena para ver el mar, todo está hollado*. Pese a todo, fueron unos días afortunados.
Es curioso observar el cambio constante en la geografía física y humana. Las diversas costumbres de las poblaciones durante el día y la noche. Es la evolución, tan difícil de entender a través de los siglos, plasmada en pocas horas. Viajar tiene esa magia. En esta Hispania actual cabemos todos, ¿quién es el invasor romano?, ¿el celta nativo?, ¿el aborigen que ya estaba?, ¿de dónde llegamos unos y otros? La pena es que para poblar Hispania, queden otros lugares vacíos y yermos.
A todos nos une la arena misma y el mismo brillo de los ojos, ante el horizonte, en la hora del ocaso. rosicler de esplendor; el mar llega rítmico y humano a todos los corazones, trae los amores recientes o lejanos con los últimos estertores del día. El mar es una mano abierta a los cinco dedos, cinco continentes cuya sangre fluye a todas las extremidades de la tierra, es una sangre de colores y nostalgias, de sueños y quimeras. El mismo mar en todas las pupilas y en todas las esperanzas.
Viajé de pobre y comía de súper, de supermercado las más de las veces. Nunca olvidaré el bocadillo de chorizo asturiano que puso en mi petate Esther al salir de Los Alcázares en Murcia, impregnaba con su aroma todo el contenido de la mochila y todos mis pasos, el mundo entero era un bocadillo de chorizo de Asturias. No llegaba nunca la hora de comer. ¡Aquel aroma me daba el vigor necesario ante los calores tercos del medio día mediterraneo! ¡Qué disfrute en las sombras de la Plaza de San Francisco en Murcia, hasta unos aventureros gorriones llegaron a suplicarme las últimas migajas! Nunca sabrán que se las regalé, más porque se me cayeron que por la bondad del corazón!
Cartagena, desde el monte del castillo, antes castro romano, antes cogollo cartaginés, antes... la vista resulta majestuosa, hacia el mar se dibuja cada curva de la bahía por donde entraron los barcos de otros tiempos, trayendo sueños de otros siglos; majestuosa hacia la tierra, desde lo alto se distingue cada recodo y cada senda, cada deseo y cada esperanza. La vista desde lo alto ayuda a caminar por el llano, marca caminos y los libra de los peñascos.
Con esos y otros descubrimientos, terminé mi pequeña vuelta al mediterráneo. Mare Nostrum desde antaño, mar mío y tuyo y de cuantos lo sueñan con sueños inacabados.
* Se escribe con h, pues sin ella dice el diccionario que nos referimos a cada uno de los orificios de la nariz de las caballerías.
Javier Agra.