domingo, 17 de diciembre de 2017

EL MANZANARES NACE EN VENTISQUERO DE LA CONDESA



Cualquier día es bueno para visitar la Sierra de Guadarrama en sus cumbres de Madrid. Llegar hasta el Ventisquero de la Condesa tiene un cierto nivel de esfuerzo construido sobre la paciencia y la recompensa del lugar que coronamos entre el asombro y sosiego. Aquí se verán los nacederos donde mana el comienzo del río Manzanares.

Estamos asomados al ventisquero de la Condesa. En este encuentro de montañas y valles nace el río Manzanares.

Entre la Bola del Mundo y el alto de La Maliciosa se explaya, extenso y deslumbrante, paseado por la brisa y el silencio, el Collado del Piornal brillante en todas las épocas del año. Hemos llegado hasta aquí subiendo por el Regajo del Pez o tal vez después de coronar La Bola del Mundo en nuestro paso hacia La Maliciosa.

Desde la cima de La Maliciosa la vista se extiende por el Guadarrama. Ese cuenco es el Ventisquero de la Condesa donde nace el Manzanares.

En esta concavidad que aquí se forma, donde la nieve resiste hasta el final de su existencia en la Cuerda Larga, nace silencioso el primer Manzanares que desciende ladera abajo con sigilo de modo casi imperceptible. Los musgos son su primer lecho, la hierba de la altura se riza y se aplana con la suavidad de su lento discurrir.

El río Manzanares desde la austeridad de sus aguas recibe visitas de montañeros, desde la música de sus incansables surcos conversa con quienes pasan camino de la Maliciosa o del Alto de Guarramillas con la misma cadencia confidente que conversa el piano con los violines en el tercer movimiento allegro del Primer Concierto para piano de Beethoven.

Los montañeros, en más de una ocasión, han acompañado al río Manzanares montaña abajo y han descansado junto a sus cascadas, antes de remansar sus aguas entre las pozas de la Pedriza.

Hablan el río y el montañero de senderos y montañas, conversan el piano y los violines de Beethoven de la paz y del mañana. Y juntos paso a paso continúan su jornada, el uno monte abajo el otro hacia la cumbre de la montaña. En más de una ocasión, el montañero y el Manzanares han continuado conversando montaña abajo, han surcado riscos y arbolados mientras saludaban a otros arroyos que aportan sus aguas hasta las cascadas del Manzanares en laderas más bajas, un tiempo antes de remansarse el agua entre las pozas de la Pedriza.

Desde el vértice geodésico de La Maliciosa la vista se llena de luz y agua.

El Manzanares que viene del sosiego de las cumbres del Ventisquero de la Condesa, llega a la gran ciudad para entregarle la quietud y la calma. Aquí también sabe conversar en sus riberas con los patos, con las aves, con los pequeños animales, con las personas que buscan junto a sus aguas la quietud y la austeridad del nacimiento de sus aguas.

Javier Agra.

jueves, 14 de diciembre de 2017

DESDE ASÓMATE DE HOYOS



Superados los dos mil metros de altura de la Cuerda Larga, Madrid se hace inmenso en inabarcables distancias; la vista se dilata en esta meseta de indudable belleza hasta soñar mares azules de lejanas playas, cordilleras con nombres de otras lenguas, desiertos de arenas pálidas, sabanas, selvas, tundras, montañas de ignorados nombres...

Para hacer esta travesía de La Cuerda Larga es muy buena estrategia contar con dos coches, un coche espera la llegada del grupo en el Puerto de Navacerrada y el otro está aparcado en el Puerto de la Morcuera. La mayor parte de nuestras marchas las realizamos comenzando a caminar desde este segundo puerto. Queda la Najarra a nuestra izquierda, superamos la Loma de los Bailanderos y llegamos a Asómate de Hoyos.

La Cuerda Larga y la Sierra del Guadarrama, están llenas de vida. Por aquí compartimos, en armonía y sosiego, paseos con las aves, los zorrillos y las cabras.

Allí me senté a contemplar el sosiego de la tierra. Desde esta aislada altura, el mundo es un inmenso tul de transparencia que los espíritus extienden más allá del horizonte saltando entre rocas de piedra y carne y silban conciertos melódicos de las aves con las que se van cruzando.

Me senté a contemplar la austeridad de la tierra. Brisa tenue y lumbre de mediodía son la inmensa riqueza que entrega la montaña; los humanos aprendemos a caminar con los bolsillos vacíos, la mirada libre, el alma traslúcida, el corazón abierto al ancho silencio del viento.

El mundo entero transforma los gritos en saludos y todas las sienes calman el flujo de la sangre en serenidad reposada de encuentros y de paz; los aullidos de las bestias y de los humanos se suavizan en los arrumacos cariñosos de la brisa cuando me senté a contemplar la conversación de la tierra desde las piedras de Asómate de Hoyos.



Ante mi silencio se expande la alfombra otoñal de la Loma de Pandasco, vestida siempre de gala y de eternidad entre colores de diminuta vegetación primera con la respiración serena del aire de esta altura del Guadarrama, de antiguas piedras bailando brillos al ritmo del sol, de matas de musgo como membrillo sobre rebanadas de pan. 

A lo lejos contemplo La Maliciosa como palpitaciones de un anhelante pecho de canciones llamando al universo entero para la reunión armónica de la arquitectura musical de la paz; contemplo la doble cabeza de Hierro con su respiración de poema de esfuerzo y compromiso que invita al mundo entero a construir futuros de igualdad; contemplo la altura de Peñalara, arquitectura de sol y océano que convoca al mundo entero a construir el bello jardín de la PAZ.

Pasan las horas, el sol de la hora de nona me encuentra aún sentado y me recuerda que la tarde es momento de otros habitantes; los humanos hemos de bajar a los valles y a las arboledas, a las construcciones y a los fogones. Me pongo en pie y comienzo a caminar, la senda será larga hasta dejar atrás Valdemartín y el Alto de las Guarramillas antes de alcanzar el coche en el aparcamiento del Puerto de Navacerrada.

Javier Agra.

lunes, 11 de diciembre de 2017

PEÑA PINTADA: POEMA ÉPICO



De entre las diferentes jornadas mundiales que celebramos algún recuerdo, acontecimiento o memoria, el día ONCE DE DICIEMBRE está señalado como día internacional de las montañas; para celebrar tal efeméride recuerdo mi subida a la curiosa Peña Pintada en el Guadarrama de Madrid, hermoso mirador circular desde donde se divisa la Cuerda Larga incluida la Maliciosa, las Praderas de la Vaqueriza, Peña Horcón y otros diversos nombres de feliz memoria.

Con el recuerdo de la música de Pilatus, Montaña de Dragones del músico de Estados Unidos STEVEN REINEKE, Ohio 1970 salimos con el suave sonido de la música de viento de los primeros compases, cuando la mañana ponía la primera luz en la Barranca; alcanzamos la Senda Ortiz por un atajo, estábamos a la altura del embalse del ejército del aire. 

A mil seiscientos cincuenta metros, Senda Ortiz adelante, cruza la prolongación de la Senda del Chiquillo, por donde nos adentramos hacia el Mirador de las Canchas.

Cuenta la leyenda que en monte Pilatus vivía un dragón de pequeño tamaño pero de intensa furia que atormentaba a los habitantes de Lucerna y pueblos cercanos; un cazador salió a su encuentro… Casi como nosotros ahora que dejamos la Senda Ortiz para entrar en la prolongación de la Senda del Chiquillo que alcanzamos cerca de un árbol caído y seco con forma de enorme araña, araña inmóvil entre las trompetas y los platillos de la composición Pilatus que llenan el espacio mientras los montañeros alcanzan el Mirador de las Canchas por senderos no recorridos en anteriores aventuras.

Entre estas rocas cercanas a Peña Pintada, hemos comido la merienda en más de una ocasión.

Entre los pinos y las rocas subimos senderos pedregosos camino de Peña Pintada, no encontramos dragones, ni siquiera alimañas menores, si acaso alguna juguetona lagartija y varios pájaros cantores; no coincidimos tampoco con el guerrero valeroso que quiso liberar a las poblaciones de la fiereza del dragón.

Cima de Peña Pintada

Toda la orquesta entrega los sonoros acordes finales y la montaña Suiza del monte Pilatus se libera del dragón, cuando llegamos a la amplia cima de Peña Pintada de vistas preciosas en derredor. Cuenta la leyenda que el cazador también murió en el intento cuando le alcanzó una gota de sangre del dragón, nosotros vimos logrado nuestro objetivo y se nos alegró el corazón.

Por las cumbres y empinados recodos de la Cuerda del Cabrillas nos entretuvimos buscando dragones, solamente encontramos silenciosos buitres y canoras avecillas.

Continuamos nuestra marcha por las cumbres de la Cuerda de las Cabrillas; nos asomamos a diferentes riscos y empinados recodos, sin el menor rastro de dragones; cuando se nos cumplió el tiempo, descendimos monte a través hasta encontrar la Senda de la Tubería y regresar por senderos escondidos entre pinares hasta el aparcamiento donde el coche nos esperaba con gran gozo de todas sus válvulas, baterías y mecanismos mecánicos.

Al autor Steven Reineke y su música lo descubrí gracias a Radio Clásica en cuyos programas desemboqué después de comenzar a gustar la música hace ya cincuenta años; siendo aún un mozuelo nos juntábamos tres muchachos con un gran profesor que nos contaba anécdotas de algún compositor y nos ponía breves piezas en un tocadiscos de aquella época.

FELIZ DÍA INTERNACIONAL DE LAS MONTAÑAS.

Javier Agra.

miércoles, 29 de noviembre de 2017

ENTRE LA MUELA Y EL PÁJARO



La Pedriza en la Sierra de Madrid.

La Muela domina el jardín de los Guerreros con su bañera y la grandiosidad de las vistas que aquí se muestran.

En estas encrespadas olas de piedra donde los montañeros cuentan su vida a los pájaros y los pájaros esperan a que comience la noche para conversar vidas de montañeros con los árboles y el cenceño. Pero los montañeros saben que sus vidas quedan para siempre silenciadas como las flores de montaña entre la piedra y el viento.

La Muela de la Pedriza tritura pesares y olvidos, mastica las penas de los guerreros de todos los tiempos, escucha sublime y enhiesta las risas todas y los gorjeos animosos de cualquier tiempo.

La Pedriza enhebra rebollas y peñascos en su grandiosa tela de seda, mientras los montañeros deslizan sus sueños entre la caducidad de la hoja y la  temporalidad olvidada de la piedra. 

He aquí los montañeros en la repisa que da acceso a la llambria que tendrán que subir para entrar en el Jardín del Pájaro.

En la repisa de piedra se han posado las aves y las botas de los montañeros, se han asentado las hojas durante el recreo del juego del viento. Los ojos humanos miran cumbres y cielos, imaginan horizontes y estrellas, escuchan arroyos y nevadas de otros momentos. Los montañeros escuchan el corazón de la Pedriza mientras esperan su turno para entrar en la brecha que los llevará hasta el Jardín del Pájaro y después hasta el Salón mismo del Pájaro.

Los montañeros tendrán que superar esa llambria suave por el tiempo y áspera por el esfuerzo; los montañeros saben que la suavidad y la espereza son la vida misma en movimiento; los montañeros sonríen por el éxito de su esfuerzo, por las aves y su vuelo, por el arroyo que canta, por el aroma de las flores, por el perpetuo bullir interno de la montaña de la Pedriza.

Javier Agra.