lunes, 30 de diciembre de 2013

POR LA PEDRIZA: EL CÁLIZ

También la Pedriza tiene su cáliz.
No es tan historiado como el Santo Grial tal vez construido con una pieza de olivo del Monte de los Olivos, venerado por una parte importante de la humanidad desde aquellos acontecimientos conocidos: “…si es posible, que pase de mí este cáliz…” y aún antes pues de sus aceitunas se extraía el aceite de ungir a los antiguos reyes. Dejo estas consideraciones para ocasión más propicia. Por cierto aquel Huerto está situado a una altura de ochocientos ocho metros nada más. Pasó después el Santo Grial a la fantasía literaria y al cine en múltiples versiones.



Nosotros salimos, como es acostumbrado, desde Canto Cochino (algún día tendré que poner una fotografía del canto o mole de piedra que tanto se cita). Está bravo el Manzanares, sus aguas son rabiones con las lluvias y nevadas de estos días; los montañeros tenemos puente para pasar al otro lado.

Seguimos en dirección al Collado del Cabrón para, antes de llegar, desviarnos hacia el cáliz. En el silencio de la marcha voy recordando las leyendas entre poéticas y sangrientas, entre literarias e históricas alrededor del Santo Grial. Converso con Parsifal y aquellos antiguos caballeros de la mesa del rey Arturo, platico con José de Arimatea de quien dice la tradición que recibió el cáliz de la mano misma de Jesús resucitado. Lectores amigos, más de quince grandes leyendas ramifican estas historias en diversos momentos y lugares, converso con la catedral de Valencia que me asegura que recibió el cáliz en el siglo quince después de pasar por diversos lugares, entre otros el hermoso y recordado San Juan de la Peña en Huesca. Escucho entre el cercano susurro de las aguas del Manzanares las historias de terribles sucesos en unos cuantos castillos de Francia, recuerdo el doloroso final de los cátaros en el castillo de Montsegur al que subí desde el Prado de los Quemados para sentarme un rato a la sombra de sus ruinosos recuerdos, aunque fue el castillo de Queribus donde se refugió y terminó la resistencia de los cátaros a mediados del siglo trece.



Apenas llevamos media hora por este sendero muy bien trazado, nos topamos con una inmensa roca a nuestra derecha. Subimos pinar arriba dejando a nuestra derecha un conjunto nutrido de gruesas rocas, el sendero se aclara en algún momento pero nosotros ya hemos visto, en la cima, el cáliz  brillando en oro a esta hora inicial de la mañana; tomillos, jaras y pinos construyen una alfombra de comunión con la naturaleza en la que nos integramos junto con unas asombradas cabras que no esperaban encontrarse a ningún animal humano en este apartado lugar. La vista se extiende desde la Cuerda de los Porrones, hasta La Maliciosa y la Cuerda Larga. Vi llorar a los oprimidos y no había quien los consolara; vi que apiñar riqueza es tener sed y beber agua con sal insaciable hasta el momento de reventar; vi que correr tras el éxito es también absurdo porque lo arrebata el viento; vi un viento como suave susurro de ánimo uniendo esfuerzos y esperanzas hacia la paz de mañana.



Pinar abajo rastreamos nuestras pisadas para adelantar la salida en otro punto más allá, en la bien trazada senda del ICONA por la que ya veníamos hace rato. Conversaciones de pinos y aves serranas impiden que nuestro corazón se duerma… ¡si Schopenhauer supiera que aquí me siento saliendo de mí mismo y formando parte del todo! Aquí somos voluntad de universalidad y de construcción, el destino anda por aquí errante y le negamos el dominio sobre las cosas y sobre las conciencias porque si el destino baraja las cartas, somos nosotros quienes las jugamos. Llegando al Collado del Cabrón somos voluntad de ser. Diré con Schopenhauer que el placer del arte supera el dolor de vivir cada instante y tal vez la ascesis de sentirse vívido en el conjunto de la naturaleza sea una manera confiada de ser parte de un todo que duele y ríe, que avanza o se rompe en comunión. La experiencia estética saca del anonimato todas las cosas para darles nombre y música, para darles vida y palabra. Schopenhauer fue un filósofo artista. 

Carámbanos entre las púas de un pino que aún bosteza entre el calor y el sueño. 


A poco más de mil trescientos metros de altitud, este Collado que conserva su nombre desde la Edad Media cuando aún las cabras alimentaban a nuestros antepasados, quedó despoblado de tales animales desde el principio del siglos veinte; desde hace pocos años es frecuente compartir sustos, montañeros y cápridos, cuando el encuentro resulta “de sopetón”. Advierto que no es necesario visitar este lugar para admirar a tan lustrosos animales que hoy se han extendido por la mayor parte de la Sierra de Guadarrama.

En nuestro viaje hacia Cuatro Caminos, hacemos un desvío para ver de nuevo el Puente Poyos y sentarnos al sol sobre alguno de los hermosos asientos que allí nos esperan por encima del tiempo y las tormentas. Parten de Cuatro Caminos cuatro grandes sendas… (De otro modo su nombre sería de otra manera). Por la Gran Vía de la Pedriza adelante la vista se recrea entre la magia de las aves y la lumbre de la naturaleza que baila con las rocas y con las hadas. Cerramos el círculo de nuestra marcha sobre el puente de madera del Manzanares donde canta su espejo y colecciona su agua miradas de amores de siglos, esfuerzos de siglos de lucha por construir una tierra más libre.


Javier Agra.   

domingo, 22 de diciembre de 2013

POR LA PEDRIZA EN BUSCA DEL PUENTE POYOS

Hoy resulta sencillo llegar hasta la Pedriza. Apenas cincuenta minutos de coche y ya estás plantado en el aparcamiento de Canto Cochino. En unos momentos estás viendo el Manzanares bajo el puente de madera y comienzas uno de los múltiples caminos que de allí parten. Puedes escoger otros senderos desde diversos lugares del interior de la Pedriza, a donde has llegado con la comodidad del coche. ¡Pero ay amigo, hace más de cien años…!

Esta mañana, mientras ajustábamos el altímetro en el puente de madera sobre las aguas de cristal del libre Manzanares, pensamos que nuestro paseo sería un recuerdo constante a aquellos primeros montañeros de la Pedriza que tenían que dedicar diversas jornadas para acercarse y recorrer sus ignotas entrañas. A esas horas primeras en que el Parus ater aún hace los primeros vuelos, somos pocos los montañeros que recorremos la autovía Pedriza adelante buscando Cuatro Caminos con el alma sosegada y limpia de la madrugada, el vaho interior se hace uno con la escarcha de la naturaleza y así ya no hay diferencia entre nuestros pies y las raíces milenarias de los bosques y las sierras. Comienza la jornada que agrupa en un solo ser a toda la tierra.

El Grupo (acaso debería darle nombre de Sierra) de los Pinganillos es una delicia para los montañeros de escalada y cuerda. Jose y yo la admiramos desde la base en nuestros diferentes paseos.

La Cueva de la Mora, Sirio…van quedando atrás entre sueños de cristales y sonidos de aguas ciertas: ¡ya está despierta la cima, la cumbre espera! Vienen cantando los arroyos que nombran robles, pinos y mil matorrales de esperanza verde. Con el invierno los bigotes se llenan de cencellada y las sienes de libertad, mientras los montañeros buscan la Majada de Quila y encuentran una cueva, una roca, un árbol encaramado entre la magia y la vorágine del precipicio.

Por estos parajes anduvieron Juan Meliá y José Tinoco hace más de cien años entre tormentas y ventiscas, por aquí construyeron la conocida como “Majada de Quila” que ahora se puede observar y aún tocar con respeto y llanto de reconocimiento a aquellos primeros montañeros que fueron marcando posibles senderos y hoy hacen más fácil caminar por la difícil Pedriza. Nosotros ponemos esta fotografía de una cueva que está en un cercanísimo lugar.

Volvemos a la senda del Icona. Nuestro siguiente intento es subir hasta el Puente Poyos…no queremos entrar en la común divergencia que el nombre provoca y seguiré escribiendo su nombre de esta manera pues además de puente es un hermoso poyo donde descansar, y allí mismo se dan otros muchos bancos o poyos para el sosiego, la meditación…y cuantas tareas se quieran realizar en esa dilatada soledad montañera.



Llegados al reino del roble, encontramos un herrerillo de plumaje brillante e iluminado; anda, estos días, silencioso pues no tiene hembra que convencer y se dedica a tareas de estómago y pitanza. El Puente Poyos sobre nuestra cabeza es una maravilla de colores y de luz. Pasaremos bajo tus impetuosas rocas con el silencio que los siglos te deben, con la prudencia que la montaña enseña, con la alegría que la conquista iguala. Tus llambrias…en Acisa de León decíamos láganas a estas piedras lisas y recuerdo aquellos remontes más allá de la Mata Reguera cuando nos servían de tobogán los días posteriores a las nevadas…son otros lugares y otros sentimientos. Tus láganas, digo, Puente Poyos ¿nos permitirán acceder al otro lado?

Nos permitiste, hermano Puente, pasar a tu lado norte desde donde estas vistas son inmensas. Desde aquí a Tres Cestos sale un atajo montañero de fácil seguimiento que nos lleva hasta el PR.

En este punto, conseguido el más alejado lugar de nuestra presente jornada, cuando era momento de iniciar la vuelta, fue el Destino cruel con mis costillas y no pudiendo darme una pedrada, porque aquí las rocas pesan mucho, pensó que sería más fácil dar a las piedras una “costillada” y me lanzó con furia contra una de las mas enormes que por allí se asientan. De este modo, malherido, gozoso y aquejado hicimos el camino de regreso entre miradas a la hermosura de la montaña y reojos a los moratones doloridos de mi cuerpo.

La Pedriza es un lugar de fantasía milenaria, de sorpresas ¿infinitas?, de lumbre, sosiego y calma.


Javier Agra.

miércoles, 27 de noviembre de 2013

COLEGIATA DE CERVATOS, CANTABRIA

Los que paseamos por la montaña, aprendemos la filosofía del agua: no todas las aguas van al mar, pero sí parece que todas van a la vida…y no añado más conceptos porque entraría en el terreno filosófico, me quedaré cantando romanzas a los ríos que para eso es válida la poesía. Mi corazón soñaba apoyado en las piedras del pórtico de la Colegiata de Cervatos, mientras viajaba ausente por los montes de Reinosa a donde nos dirigíamos esta tarde de sol y sosiego.

Aquí estamos, absortos ante el tiempo, reviviendo antiguos siglos, despertando al románico que hiberna en la historia como el sedoso tejón que despierta a diario únicamente para alimentarse o como el escondido murciélago de abundante nutriente en su cuerpo que se pone a la fría temperatura del ambiente y resiste dormido lo que sea preciso; el dormilón mapache profundamente inmóvil durante su letargo en algún profundo hueco de árbol. Aquí estamos contemplando siglos de maravilloso canto gregoriano a la puerta de la Colegiata de Cervatos.



 Es el medio día, hora de cenit y de siesta. Pero el románico se ha despertado de pronto porque ha llegado el tiempo de la lucha y de la libertad; el románico pone su piedra en movimiento para llamar a las conciencias desde el pasado místico al futuro monástico de oración y trabajo. Es el tiempo de las ardillas y las abejas despiertas. Es tiempo de arrancar temores y cantar, desde el recogimiento, por un futuro de esforzada confianza porque se acercan tiempos de paz y libertad. Silenciosa espera a la sombra del pórtico románico de Cervatos mientras llega a mujer que va a abrir el templo solamente para que lo veamos dos personas. Solamente para nosotros que mañana estaremos subiendo a la cima del Tresmares. Pero así es el románico, capaz de esperar varios siglos en la soledad de una aldea y ofrecer todo su esplendor a dos viajeros entre curiosos y agradecidos.

¡Oh lomas cálidas de Cervatos, aldea de luz románica entre el río y la cumbre! Dejad que mi espíritu se despoje de las maletas de sobrecarga y entre a tu santuario con la alforja vacía para tomar entre tus frescos muros colores y dulzura. Mi ausencia vendrá conmigo, muros de Cervatos, y podré cantar silencios, ilusiones y esperanzas.

Seguramente durante aquellos siglos del románico, por estas tierras se cosió la cultura musulmana y cristiana en torno a las agujas del inicial río Ebro, lo mismo que se entrelazan la aridez de las tierras castellanas y los vegetales verdores de Cantabria. Aquí el río que dio nombre a Iberia unió diferentes culturas desde los ¿desconocidos? Iberos, a los griegos que por aquí fueron poco más que turistas, los asentados romanos que hicieron de estos lugares cruce de comercio y de calzadas. Mojé mis manos en las brevísimas aguas del brevísimo río –seguramente arroyo– Marlantes tan agradecido al castro romano y a la Colegiata románica.



El exterior de bellísimos canecillos y múltiples imágenes en relieve, fueron seguramente esculpidas entre martillos de canteros anónimos, tal vez alguna figurilla llegó con el vuelo de las águilas que se posaron a descansar y continúan hoy, después de novecientos años, dormidas en los muros románicos; el exterior vuelve al silencio cuando entramos bajo el tímpano mozárabe, vuelve al silencio nunca roto por los viajeros asombrados ante el bellísimo ábside que parece inventar juegos con columnas, contrafuertes y sillería de hermosura desbordante.   

Los tres cuerpos del interior conducen hacia el ábside del presbiterio emplazado hacia el sol naciente símbolo de Cristo, luz que inicia el tiempo definitivo; con sencillos y claros símbolos cristianos como las tres ventanas por donde entra la luz de las tres personas de la Santísima Trinidad o los tres pilares que sostienen la piedra del altar.



En su interior se conserva el coro con su viejo y silencioso órgano; imágenes de colorido románico; en su interior el recogimiento oracional del románico está a punto de hacernos olvidar que nuestro destino continúa más allá de esta placidez, el destino inmediato es la montaña que separa las aguas al Cantábrico, Mediterráneo y Atlántico, por eso se llama Pico Tresmares en la Sierra de Peña Labra. Tal vez la experiencia del final de nuestra biología no tiene el monopolio de la realidad y más allá de lo científicamente comprobado sigue algún apunte de realidad personal. Dejamos a la filosofía conversando con el románico de la Colegiata de Cervatos y continuamos hacia el hotel donde pasaremos la noche antes de nuestra marcha de montaña.


Ante esta imagen de la Inmaculada, casi como se esculpe según el primer versículo del capítulo doce del Apocalipsis de San Juan, me quedé tan anonadado por la hermosura del conjunto y cada una de sus partes de la Colegiata de Cervatos que no conseguí moverme durante largo rato, en el que me dio por pensar que la belleza como aspiración ideal será una amalgama bien conseguida de diferentes propuestas, seguramente será intemporal y universal pues, aún encarnada en cada espacio y tiempo, presenta la realidad no como es sino como debería de ser.

Javier Agra.

sábado, 9 de noviembre de 2013

RÍO ERESMA

De las cumbres de Guadarrama, en sus entrañas de misteriosa vida, brota el río Eresma  que muy pronto se hará quietud y meseta. Desde los Cogorros hasta Siete Picos, la Sierra va llamando a sus aguas con voz de madre y la acaricia entre pinares por Valsaín para dar de beber a los pájaros, a las plantas de diferentes formas, a la diversidad de animales.


Aquí plasmo un plácido paseo por Los Cogorros, en la Sierra de Guadarrama. 

En la Boca del Asno, brillante espacio entre pinares, se apacigua nuestro río pues está llegando al frescor del llano. Y aquí se divierte, se expande y reparte sonrisas que vienen monte abajo con las familias humanas que llegan a mojar sus manos una tarde de domingo. Aquí el pequeño río conserva la dulzura del ajetreo y los vaivenes de la vida. Reflejos de otoño entre colores de hojas y rostros, musicales primaveras entre tonos de niños y besos enamorados sobreviven al tiempo entre los robles centenarios y se mezclan con el vuelo de las chovas y los grajos en invierno y con los bocadillos a la sombra del verano.

Circular Río Moros, llegada al alto de Pasapán. El río Moros formará muy pronto parte del Eresma.

Veintiséis bramidos de hermosa armonía surgen en las fuentes de la Granja de las entrañas humedecidas por las aguas del Eresma, que es río del pueblo y noble río en su misma estructura; se mueve entre el graznido de los cuervos y la armonía musical de los palacios. Nos desviamos un poco, entre violines de silencio, para entrar en Torrecaballeros y recordar a los antiguos herreros, a los que trabajaron en la casa de esquileo de las ovejas y nombrar la actual luz que desprende la remodelada iglesia de San Nicolás de Bari; vamos camino de Sotosalbos, en el pórtico románico de su templo de San Miguel recordaremos el libro de Buen Amor allá por el verso novecientos cincuenta.

Desde la cumbre de Peñalara divisamos el Eresma a su paso por la Granja, divisamos la llanura segoviana.

Pero volvamos al río Eresma, ya estamos en Segovia y recorremos con unción silenciosa sus antiguos recuerdos, en silencio digo para no molestar el abrazo amigo entre nuestro río y el Clamores que le lleva recuerdos del pueblo de Hontoria y los últimos cuchicheos del barrio de labradores del Mercado de Segovia en el recodo donde cierra su quilla el barco del Alcázar  Seguiremos, sin entrar en Zamarramala, camino de Hontanares que muestra con orgullo el río en su escudo y en su bandera.

Adelante siempre, mientras conversamos con los espíritus de los antiguos vacceos por los llanos de Castilla, los mismos lugares donde aquellos antepasados soportaron los rigores de la vida con tantos calores entre las tareas agrícolas, tan importantes para ellos según se desprende de los hallazgos arqueológicos actuales; entre sus trabajos de ganadería; entre sus trabajos de alfarería y artesanía varia, seguramente dedicada al intercambio más que  a la decoración. El río Eresma, acaso escondido entre los juncos y los chopos, guarda en alguna sombra, lágrimas de sangre de los antiguos vacceos durante la conquista de Roma. Diodoro de Sicilia y otros escritos romanos describen estos amplios campos dedicados a la agricultura y como tierra desarbolada. Añadía el citado autor cómo cada año, los vacceos distribuían la tierra arable a los labradores y repartían los frutos según las necesidades de cada familia y pueblo por lo que eran considerados como una sociedad ejemplar.


Por estas llanuras, el Río Eresma se acuerda de sus amistades, conversa con los trigales y pregunta a las aves por aquel viejo árbol solitario que le mandaba besos desde la Sierra de Guadarrama.

Hoy en Coca el río Eresma pregona que es agua donde se han bañado juntos vacceos y romanos, arévacos, betones, lusitanos y acaso también los astures. Agua que nos indica que todas las formas de vida son compatibles en la coexistencia, no siempre pacífica en otras épocas, pero nos abren a una paz duradera porque somos un planeta unido por el agua y por el aire, por la luz y por la tierra, así las ideas y la cultura de producción individual será para la educación colectiva. De Coca, dicen, le viene el nombre al río “Iri-sama” “rodea a la gran ciudad”; en verdad el Eresma trabaja retorcidos paisajes por esta bella población que llegó a contar con cerca de veinte mil habitantes cuando los romanos entraron a saco por estos lugares.

En Matapozuelos de Valladolid, el Eresma entrega sus místicas e históricas aguas al río Adaja que ha construido la ermita de Nuestra Señora de Sieteiglesias entre recogido vergel de vegetación, para acoger sus aguas en silenciosa oración.

Javier Agra.


sábado, 2 de noviembre de 2013

PEÑALARA, SIEMPRE REGRESO A PEÑALARA

Contorno de cielo y brillos el día de Todos los Santos.

Madrid madruga este día festivo. Movimiento de perros y paseantes, se apagaron las últimas estrellas entre los brillos verdes de los cercanos parques. Suena con brío el motor del coche camino de la sierra.
El Puerto de Cotos. Las botas puestas, la mochila nueva y el bastón antiguo para iniciar una ruta eterna. Apenas queda atrás la Venta Marcelino y nos adentramos en los pinos es como si volviera la infancia y desaparecieran todos los temores de la vida. ¡Cómo reluce el verde de los pinos! ¡Cómo huele la vida de la sierra! En este lugar somos igual que los caracoles, los ciervos o las águilas, de la misma esencia que los pinos y las hierbas, iguales que las briosas retamas aromatizadas y lustrosas por las lluvias caídas hace pocas jornadas.

Diferentes ritmos en los grupos de montañeros, todos con el semblante iluminado por la paz del sendero. Ha quedado atrás – apenas iniciado el camino – la fuente de Cubeiro, siempre solemne, silenciosa y sin agua. Jose y yo le decimos que no tenga pena, tal vez las lluvias venideras den fruto en su entraña redonda; adentrados en la espesura, a la vera del sendero saludamos a la fuente del Cedrón – la sierra está por esta parte generosa de frescor, verde y agua – y aprendo que la pradera que bebe agua del arroyo que viene desde Cinco Lagunas es la Hoya de Pepe Hernando, la dejamos con sus pensamientos un poco más abajo del remansado y sinuoso sendero.

Arroyo arriba, corazón arriba, sierra adelante, adelante la vida y las ansias de paz estamos llegando a la Laguna Grande de Peñalara, el entorno está especialmente protegido y nosotros observamos con silencio sus silenciosas aguas. Desde aquí las cumbres cantan siglos de recuerdos con silenciosa llamada; allá abajo los pinares de escondida vida, arriba el trabajo humano en el Refugio Zabala, por todas partes rocas duras y blandos mirlos, diminutas hierbas y escurridizos reptiles saludan y mecen su vida en paz en estas horas de silencio.


Laguna Grande Peñalara.

Subir Peñalara es tarea sencilla, al menos esa sensación tienen los montañeros que llegan a la cima; siempre, o las más de las veces, se encuentran otros montañeros para hacer la foto  en la que conviene retratarse juntos abrazados al vértice geodésico como gesto de respeto a la montaña y de gozoso éxito conseguido. Llegamos a través de unas laderas y rampas con dos brevísimos pasos de alguna duda pero de acceso posible, para nosotros era nuevo el camino, subimos entre rocas y ronquidos del aire que aumentaba con la altura directamente a la cumbre; hoy no pasamos por las Hermanas, hoy era experimento el camino y misterio después de cada pisada, hoy éramos pioneros entre la búsqueda y la meta deseada.


Cima de Peñalara. Abrazados a su vértice miramos las cumbres de Guadarrama, a nuestras espalda Castilla baila silencio en las tierras segovianas.

Como un castillo misterioso y conservado a través de los siglos así es Peñalara. ¿Dónde está su mano de obra? ¿Dónde la ingeniería que lo alimenta? Peñalara navega por el inmenso mar de la tierra, sus aguas son arena y granito y manos de montañeros que se abrazan al tocar la cumbre. Peñalara cuenta los días por soles y por tormentas, por quietud y por ventoleras. Aquí estamos en la cumbre sobre la meseta castellana en esta cabeza plana de granito, que ha visto millones de vidas y millones de sueños cumplidos o aplazados; que ha sentido la sangre valiente de generaciones humanas paseando por estas cuestas sin más objetivo que el placer de la vida y el sosiego de la naturaleza; pero bien sabe Peñalara – porque se lo cuentan quienes llegan y se lo cuentan las aves y las nubes se lo cuentan – que cuando bajamos del monte estamos transformados y nuestro corazón quiere paz y quiere lumbre en los hogares y escudillas llenas y cultura en las cabezas y en los labios palabras felices y en los ojos búsqueda y respuesta.

Regresamos por el Risco de Los Claveles. Aquí no hicimos cumbre, la violencia del viento y las aventuras de la jornada nos animaron a seguir la senda que lo bordea por su cara segoviana. Llegamos hasta la Laguna de los Pájaros donde los recuerdos afloran, aquí llegamos hace tiempo haciendo camada con nuestras perras (hoy cuando publico el texto hace tres meses que se nos murió Pipa), aquí guardamos silencio y apartamos los ojos llorosos del agua. Mas un tiempo sucede a otro tiempo y hoy es día para iniciar el futuro de algo nuevo, porque cada día comenzamos el futuro. Hoy es día de canto y de fiesta porque el futuro se está abriendo y el espíritu de las personas conquistará un mañana mejor para todos y la naturaleza será más amada.


La tierra entera se sosiega en la orilla de La Laguna de Los Pájaros.

Desde aquí volvemos a casa. Regresar siempre desde el multicolor sueño, desde el aroma de los alhelís, desde el vuelo mágico de las coloridas mariposas, desde el rosal de tu cuerpo, desde el ladrido gozoso del perro que ha notado ausencias, y en casa seguimos conectados con Peñalara porque nunca sellemos ausencias. Desde aquí volvemos a casa…  Y no digo más, porque cualquier día publicaré una entrada para esta delicia que es La Laguna de los Pájaros.


Javier Agra.

viernes, 25 de octubre de 2013

CIMAS DE LAS COMUNIDADES AUTÓNOMAS




Cumbres arduas,
insignias de los pueblos
de esta gran nación,
prodigio de color:

San Lorenzo,        
puntal de los Tres Reyes,
Mulhacén, Llambrión,
Aitxuri, Puig Major.

Torre Cerredo, la Pica d´Estats,
Aneto, Peña Vieja, Teide, Torreón.

Peña Trevinca, el Lobo de Ayllón,
Revolcadores, Peñalara, Calderón.

He aquí el mapa y el himno-poema que ha realizado Jose, mi compañero de las montañas, para presentar la cima más alta de cada una de las Comunidades de España. Él ya ha coronado sus cumbres. Yo agradezco que me haya llevado a unas cuantas a lo largo de los más de nueve años que hace que estamos juntos en esto de “ser montañeros”. La geografía se aprende y se goza con los viajes… ¡Caramba, he visto gran parte de nuestra geografía desde los puntos más altos!

Esta es la cumbre del Aitxuri, cima de la Comunidad Vasca, con su tamboril y su txistu que es una flauta de tres agujeros, instrumento utilizado en diversos lugares; pertenece a la hermosísima tradición vasca y se maneja con una mano mientras la otra hace sonar el tamboril.

Peña Trevinca es el punto más alto de Galicia, nosotros ascendimos desde Sanabria en Zamora, pero al compartir esta cumbre zamorana su máxima altura con la provincia de Orense viene a ser la más alta de Galicia que no de Castilla-León donde reinan los Picos de Europa y añadido otras muchas alturas a ese hermosísimo espacio cuentan, solamente en la provincia de León, con cerca de cuatrocientas cumbres que superan ampliamente los dos mil metros.

¡Tantas veces coronada! Peñalara. La cima de Madrid permite excelentes vistas y amistades. Es de sencilla subida y goce profundo.


Podría poner diversas fotos de múltiples lugares. Lo dejo aquí. Cierro los ojos y aspiro aromas diferentes de cada cumbre visitada, de cada lugar recorrido, de cada paisaje estampado en el alma. Sueño y añoranza. Aspiración pausada. Montaña a montaña en cada palabra.


Javier Agra.

sábado, 19 de octubre de 2013

SENDA DE LOS ALEVINES

El aparcamiento de Majavilán, al fondo de las dehesas de Cercedilla, está aún desierto esta mañana lechosa; cuestión de minutos, en poco tiempo las pocas más de veinte plazas estarán completamente ocupadas por los montañeros madrugadores. Después la multitud de personas y coches que vendrán a pasar el día festivo a este hermoso y distendido espacio tendrá que buscar aparcamiento en lugares inverosímiles.

Para hoy hemos elegido esta dosis de pinos y naturaleza más allá del Puente del Descalzo que da inicio a la Calzada Romana; aquí ambos, con sonrisas de historia y la tez tersa pese a los años, tal vez porque los mandó adecentar Felipe V el animoso, aquel Duque de Anjou que dio inicio a la dinastía de los Borbones en España aquel lejano dieciséis de noviembre del año mil setecientos, que vino para ser rey de España, mantener la amistad con Francia y la paz en Europa.



Diversidad de subidas posibles, porque desde las Dehesas de Cercedilla, se pueden realizar multitud de marchas, todas hermosas, relajadas y solemnes en su silencioso sosiego. Las más de las veces solamente las aves, o la nieve rompiendo su estructura gélida para llegar a ser agua, son los únicos sonidos que penetran en el alma peregrina de paseos y ensoñaciones; acaso te toque un día en que han decidido hacer una excursión un numeroso grupo de amigos bulliciosos que no han descubierto la paz austera de la montaña y rompan el silencio con incontinente jolgorio no apropiado a la liberalidad pacífica de los pinos, los arroyos y la naturaleza entera: a eso le llamaremos mala suerte.

Elegimos el Camino Schmid. Notarás, avisado lector, que las fotografías que acompañan este texto no son de una sola excursión; no te admires, el lugar es tan grandioso en cualquier época del año, que hemos dejado nuestra huella en diferentes momentos y siempre es más el gozo que nos entrega que la fatiga que nos exige.

Dejamos atrás la Fuente Antón Ruiz de Velasco. Pasamos a las Praderas de Navarrulaque donde es fácil encontrar montañeros de largo recorrido o excursionistas interesados en la belleza del conjunto que supone subir desde diferentes lugares hasta los Miradores de los Poetas. La Carretera de la República  y esta altura lograda nos indican que seguramente hemos dejado atrás la mayor pendiente, en la Sierra las subidas y los descensos no se miden sino cuando ya están superadas; las piernas tienen la fuerza que el entusiasmo las contagia. Hemos llegado a la Pradera de Majalasna, buen momento y buen lugar para sentarnos un instante en la fuente de frescor y vida montañesa, el cuerpo agradece una pausa. Desde aquí tenemos la opción de seguir hacia Siete Picos. Hoy continuaremos recorriendo la Senda de los Alevines que es un respiro, terreno llano con algún salto entre las rocas para continuar siempre el cómodo camino que nos llevará hasta el Collado Ventoso.


Pradera de Majalasna 

El Collado Ventoso es un encuentro de diversidad de rutas. El Collado Ventoso es un recuerdo de Madrid misma, donde llegan gentes de diferentes procedencias y nadie es extraño, aquí hemos interiorizado el viejo refrán que reza así: “El buey no es de donde nace sino de donde pace” Por eso nos encontramos tan cómodos en esta pradera que atravesamos, después de visitar la Fuente de los Alevines, camino del Cerro Ventoso desde donde se agrandan las vistas. Bajamos hasta la Fuenfría y regresamos hasta las Dehesas.

El tiempo en la montaña siempre invita a tomar la marcha desde la calma; yo me aposento en el Descanso de los Ceballos, para la fotografía y para aspirar conscientemente el silencio, la paz, el aroma, la palabra de la montaña.


Javier Agra.  

sábado, 28 de septiembre de 2013

BENIDORM: MÁS QUE PLAYAS

Se está escondiendo el sol y la arena suaviza mis pies en las playas de Benidorm.
Continúo mirando hacia la altura, hacia las cercanas cumbres diminutas y encantadoras. ¡Cómo no recordar para siempre el breve paseo de pocas horas hasta el Tossal de la Cala de Finestrat! Aquí  podrás comprender, amigo lector, que la Ontogénesis es el compendio de la Filogénesis. Muy cerca del altozano, hoy completamente urbanizado, se encuentras unas excavaciones de discutido origen entre Íbero y Romano; es verdad que hoy se da por segura la construcción a los romanos que anduvieron por estas tierras peleando contra el centralismo de Roma, defendiéndose de los ataques de los íberos nativos y pactando con ellos. Un lío de guerras, como cualquier guerra de cualquier época y lugar.

El Tossal de la Cala,  desde el Castillo.
Sea como fuere, nuestro presente – eso es la Ontogénesis – está formado por mezcla de pueblos, lenguas, costumbres que llegaron hasta nosotros a lo largo de la historia – esa es nuestra Filogénesis – de manera que nadie puede decir que el pasado de mezclas, de comercio, de idas y venidas no nos iguala en el presente común. Somos descendientes de las tropas de Sertorio y de Pompeyo, de los adoradores de la diosa Tanit y ¡vaya usted a saber de cuantos humanos y peripecias hasta este siglo en el que aún andamos dudando si somos de acá o de allá! Continuaré paseando mis pies por la suave arena de las playas y haré que mi casa sea allí donde amanezca el sol.


Poblado ibérico o romano, o mezcla de culturas que andan adecentando estos últimos años.
La Sierra Helada camina al otro extremo de las playas, allí donde el bullicio mundano del verano se muda en silencio y acantilado. Trescientos metros de fosilizadas rocas, de carcomidas piedras por la formación de diferentes materiales en acantilados sobre el mar, hacen de este parque natural un espacio de paseo para cantimplora y botas de marcha sosegada. Sobre esta estructura virgen se puede sentar el viajero y contemplar la transparencia del agua, conversar con los peces o escuchar diferentes aves entre el azul del cielo y el oleaje sereno del mar es lo más elemental de una mañana ganada para la calma; acaso con los ojos cerrados, unos instante, puedas participar en el baile de los crustáceos con la vegetación que se asoma al agua desde el fondo del acantilado. Acantilados, taludes, silencios y leve música natural acompañan al viajero durante unas horas en este cuento que la naturaleza conserva de forma magistral.

Sierra Helada, vista desde las playas de Benidorm.
Cima principal de Sierra Helada y Peñón de Ifach. ¿Acaso no escuchamos la conversación del viento y las ramas  a nuestro paso? Mientras tanto las brumosas nubes cantan  con sigilosas voces a los oídos ocultos de los dorados peces que bailan y se esconden en las azulonas aguas. 

Y está colosal, el Puig Campana con sus mil cuatrocientos metros de los que es preciso hacer mil de desnivel hasta llegar a la cumbre. Es un inmenso gigante dormido en el tiempo y que se quedó para siempre a respirar el aire salino del Mediterráneo. Desde su cima, las vistas son hermosas y larguísimas. De la isla de Benidorm, dicen los geólogos que es continuación de la antes citada Sierra Helada. La poesía popular siempre creadora cuenta que es el trozo que le falta al Puig Campana en la cumbre, como una dentellada… Y bien pudo ser. Dicen que el mismísimo Roldán andaba enzarzado en una pelea con el rey moro del lugar y en esos arrebatos guerreros, sacudió tal mandoble a la montaña que arrancó de un tajo el trozo que salió despedido hasta caer al mar, en lo que hoy es la isla. Cuentan también que puede ser un acto amoroso: estaba Roldán en la referida refriega cuando se enteró de que su amada iba a morir cuando diera el último rayo de sol sobre la fachada de su vivienda. Roldán, de un tajo de su espada Durandarte, abrió esa ventana al sol y tuvo tiempo de regresar a toda prisa para recoger el último amoroso suspiro de su dama. ¡Qué no se hace por amor! ¡Hasta construir una isla con una pieza del Puig Campana!


Puig Campana, desde el paseo de la playa.


Una paloma contempla la conversación amistosa sobre el agua y la luz; al fondo la isla de Benidorm
Es posible pasear entre suaves flores violetas de perfume y vida,  entre las sensuales y coloridas Erica Terminalis que es una especie de precioso brezo, descubrir diferentes cuevas de diminutos tamaños, rocas musicales, historia del pasado, futuro de gaviotas, peces y colores de eternas aguas mientras se está escondiendo el sol y la arena suaviza mis pies en las playas de Benidorm.

Javier Agra.

jueves, 19 de septiembre de 2013

ANETO: TAMBIÉN TIENE LEYENDAS

Habíamos salido del refugio de la Renclusa. La tarde oscurece en brillos amarillos y verdes de hierba y pino sobre la falda del monte. Sonido de agua en derredor y Jose y yo mirando hacia los Portillones camino del Aneto. Mañana será la fatigosa marcha. ¿Qué hemos de preparar? ¿Qué tenemos que cuidar? La mochila está revisada y los crampones dispuestos. Saldremos al despuntar la aurora.

Dicen que cuando la diosa Pirene concluyó sus fuegos iniciales comenzó a nacer la alegría, las carcajadas de los atlantes formaron las primeras montañas, de las sonrisas nacieron las flores y las aves. La diosa encargó al gigante Atlant – simpático anciano de barba blanca – que construyera un hermoso castillo para que habitaran los primeros mortales en la zona. (Tengo para mí, que el Turbón es una maqueta que realizó como prueba de bellísimo castillo). Este gigantón era capaz de encantar a las cumbres y éstas caminaban de un lugar a otro: todos sabemos que el monte Perdido probó diferentes emplazamientos antes de decidirse por el lugar que actualmente ocupa.

Hermosas y relajantes vistas desde la cima del Aneto.


Si hoy las montañas ya no se desplazan, al menos durante las horas en que las observamos los montañeros, es por un acontecimiento terrible. Por aquellas montañas vivía un gigante que tenía muy mal carácter y era envidioso. Un atardecer Netu, que así se llamaba nuestro personaje, mató de un flechazo a Atlan; los dioses de las montañas se enfurecieron y lo atravesaron con un potente rayo. Fue tan grande el dolor de aquellas montañosas tierras que se retorcieron entre alaridos y Netu terminó sepultado entre los temblores doloridos de las montañas. Aún hoy, los montañeros podrán ver el corazón del gigante Netu escapando de su cuerpo y el brazo en actitud de recogerlo; así se formó, lectores míos, el llamado paso de Mahoma y la cumbre del Aneto.

¿Será la nieve de estos glaciares un recuerdo de las blancas barbas del buen gigante Atlant? No es fácil llegar hasta ellas para comprobarlo.


Dicen también que las perpetuas nieves del glaciar que hemos de pasar para llegar a la cumbre son las mismísimas barbas del buen Atlan, allí quedaron en forma de nieve para memoria eterna de la bondad creadora. El sepultado Netu, al que de inmediato se conoció como Aneto, era de temperamento hostil e insociable. Ya en vida, era temido por los lugareños que no se atrevían a adentrarse en su territorio. Cuentan que un día se acercó a él un peregrino solicitando alimento, porque se había desorientado por aquellos peñascos. Ñetu se lo negó y el peregrino exclamó: “tienes un corazón duro, más terrible que estas rocas de los contornos. Las rocas claman contra la dureza de tu corazón y piden que se perpetúe tu falta de humanidad en una montaña inmensa de piedra” Netu quedó petrificado.

Naturalmente, el malvado Netu al que llamaremos, para entendernos, Aneto, suplicó por su renovación y su bondad, desde su nueva situación pedregal. Evidentemente, nadie le va a negar la posibilidad de reivindicarse socialmente, por eso hoy somos muchos los que vamos a recorrer sus senderos y contarle que siempre es posible iniciar otro modo de convivencia, otra forma de organizar la sociedad en la que todos tengamos espacio, alimento y dignidad. Hoy somos muchos los que lo visitamos, pero las primeras expediciones tienen su historia y un inmenso esfuerzo. Todos los comienzos tienen su trabajo y su fuerza de voluntad contra la molicie que nos hace cómodos e inmovilistas.

La cima del Aneto. Fotografía que también acompaña uno de mis recientes textos.


La palidez del silencio aparece sobre los últimos brillos del sol de las montañas del Pirineo. Mañana subiremos buscando senderos, después de decenas de años y rutas aún es difícil el ascenso hasta el Portillón Superior, aún es necesario decidir cada pisada porque aunque quienes fueron antes que nosotros nos han marcado camino, permanece nuestra libertad de elección; todos queremos llegar, es necesario el valor del camino. Mañana madrugará la esperanza de los montañeros y haremos cumbre y volveremos al atardecer al Refugio de la Renclusa flanqueados por el armiño y la lagartija y veremos plantas de carpelos velludos y colores iluminados por la sonrisa de la vida.  Ahora, que han pasado varios días, puedo aseverar esta frase en tiempo futuro.

Para terminar, esta fotografía de un primer plano de la belleza del Rododendro. Tal vez las flores ponen cordura en esta andante aventura de los montañeros que se visten de locos y hablan con las luces de las estrellas y los silbidos del aire. Tal vez en el silencio de la montaña encontramos ecos de las palabras de los diccionarios. Los montañeros aprenden otros significados de amor, gloria, sudor, respeto, temblor…


Javier Agra.