viernes, 31 de diciembre de 2010

SOTRES - PICOS DE EUROPA

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Nos había ido bien el primer encuentro con Picos de Europa, en la zona leonesa de Torre Bermeja. Ahora tocaba desplazar nuestras expectativas y nuestra ilusión al Macizo Central en Asturias. El descenso desde Vegabaño hasta Soto de Sajambre resultó azul bucólico entre hayas y senderos recordados y aún recién recorridos. En coche, incluso por carreteras de media montaña como las que nos llevaron hasta Sotres, el tránsito es placentero. No necesitábamos el día para otra cosa, solamente para el disfrute de la vista y el sosiego del espíritu.
El espíritu, en este ambiente montañero, se imagina que ya hemos inaugurado el octavo día mesiánico, cuando las armas de la guerra están transformadas en instrumentos para cultivar la tierra, cuando los niños podrán jugar sin temor entre las serpientes, cuando los corderos pastarán bajo las pezuñas de los lobos, cuando… Aquí una parada para contemplar, majestuoso e ingrávido, el Naranjo de Bulnes – tal vez deba comenzar a llamarlo ya Pico Urriello para ponernos a juego con el modo local de nombrar las montañas –.
 Llegada a la Canal del Perro, camino de Torre Bermeja... ¡Pero no tengo ninguna foto de los quesos de Sotres!

En Sotres es recomendable el Refugio Peña Castil, de igual estructura y planteamiento que los de la alta montaña, pero en el pueblo; para que los aventureros de camino a Picos de Europa vayan entrando en ambiente. Este hermoso pueblo está amalgamado de visitantes turistas, que llegan, se toman una pinta de cerveza o una frasca de vino con buen queso, y se vuelven a dormir con la misma sonrisa que ya traían por la mañana; mezclados con los turistas, se ven montañeros que regresan con el alma feliz y el rostro acariciado por la furia de varias cumbres conquistadas o soñadas, pero siempre trabajadas, o montañeros que esperan la próxima madrugada para arrancar entre praderas y vacas más allá de donde pueden llagar las zapatillas.
De ese último trozo de la argamasa, éramos Jose y yo. Pero antes de partir…
- ¡Hermosa balconada sobre el bar Peña Castil! – exclamé en pleno éxtasis emotivo –.
- Subamos y echemos una ojeada a la carta de viandas – aconsejó Jose –.
- Buena proposición para dar cumplido final a nuestro paseo por el pueblo.
Y hete aquí, a los dos futuros aventuremos (ya veníamos de tres días de montaña) sentados a una redonda mesa de manteles blancos con exquisiteces adornadas por motivos de la zona.
-          Buenas tarde – saludó Jose, con educación,  mientras yo continuada amamplado mirando observando hermosuras pintadas y fotografiada – ¿Qué tenemos para cenar?
-          Podéis elegir a vuestro gusto – contestó con sabiduría el posadero –; pero permitidme que dirija vuestros gustos hacia una tabla que quesos, de las más de doscientas variedades que se nombran en la zona.
-          Sin dudarlo aceptamos la propuesta – dije yo después de obtener con la mirada la aprobación de Jose –.
-          Empezad, pues, y disfrutad. Lo vais a regar con esta botella de sidra.
-          ¿¡Sidra!? – Exclamamos al tiempo –.
-          Sidra de la buena, de las pumaradas de Asturias – aconsejó el posadero, que para entonces ya había adquirido la categoría de guía turístico ante nuestros ojos asombrados y ante nuestra pituitaria entregada a los placeres –.
-          Comenzad por el más suave, mientras os preparo una empanada caliente…
Primero el suave queso PRÍA, seguido del PEÑAMELLERA y su sabor sedoso, pasamos después al VIDRIAGO de paladar amasado y rugoso, dimos cuanta del exquisito GAMONEU como las limas de las rocas de montaña, para cerrar con el más conocido CABRALES el que es delicioso en todos sus sabores. Y para saltar de queso a queso, un culín de sidra. 
 La Torre de Cerredo domina el Macizo Central de Picos de Europa. La foto esta tomada desde Torre Bermeja.

De la empanada nos sobró un buen trozo, que nos llevamos envuelto en papel plateado, por indicación y cortesía del posadero – a estas horas ya padre, hermano, compañero de ruta – mañana nos lo comeremos en algún recodo camino del Refugio Urriello. Pero esa será otra narración. 
Javier Agra.



miércoles, 22 de diciembre de 2010

DICIEMBRE

DICIEMBRE. Un recuerdo de lumbre y musgo hace nido en mis sienes cuando la tarde entorna sus portones por el horizonte. Aparece una estrella y el brillo de la noche acarrea los vientos entre sonidos de aceras y pisadas de hojas dormidas, acaso soñadoras de poetas y versos; acaso soñadoras de profetas y besos; acaso soñadoras de otros nombres lejanos en medio de las tormentas.

Las tormentas. Diciembre está lleno de luceros y hecatombes sin nombre, recuerdos de otros días en movimiento camino de las flores y las abejas; hoy solamente se mueve mi verso entre el hielo y los neveros – serán rimaya cuando los acaricie el sol y el tiempo –. Tormentas y recuerdos de pasos encendidos monte arriba entre senderos, lametones de perros y algún momento a la sombra entre los pinos del tiempo cuando el sol acechaba el movimiento de los montañeros; hoy los recuerdos se agrupan en bloques de cinco en cinco, de ciento en ciento, cuando repaso sentado junto al fuego los instantes y las fotos.

 La Pedriza de Madrid tiene formas de magia y fantasía. Aquí llegamos a ver "merengues en la Pedriza"

Las fotos y los instantes. Diciembre es de los nombres y de los pensamientos, el mes de los pasos que dimos y de los poemas, es el mes de soñar despiertos. Porque de la montaña nos llega la nieve y de la mar el ábrego; del parque las hojas y los paseos. ¿Te acuerdas? Paso a paso entre los perros y los chopos, vamos comiendo las horas como turrones encendidos de silencio y de esperanzas. El futuro será nuestro, porque diciembre no está solo. Con él vamos los montañeros, los ciclistas, los pintores, los panaderos, los artesanos, los creadores de las casas y los que después las limpian y aclaran, las familias, las aves de trino viejo.

 Pero nosotros continuaremos soñando caminos de la escena. Los actores del grupo de teatro que representamos "Yerma"

Las aves de trino viejo nos cuentan las mismas voces que oyeron los coetáneos de las cavernas: ¡la persona es lo primero! La persona en su entorno, ¡ay su entorno! ¿Pero dime, ave de trino viejo, si no tenemos entorno de donde nos llegará en sosiego? ¿De dónde el pan con que alimentar los manteles y las tiendas donde reparten con pausa canelos, abrigos y cuentos?

Aquí estamos, María y yo, admirando un cartel conmemorativo del centenario del poeta en Orihuela.

Abrigos y cuentos. Diciembre nos trae lunas llenas, decoradas en sombras con la palidez de la aurora, cuando el pensamiento duerme en el corazón de los amigos. Amaneceres de sombreros blancos, vapor de nube, sobre las cabezas – ¿canas o calvas? – de los montes. Árboles desnudos con mirada furtiva hacia el ruido caliente de la ciudad, mandan a los pájaros – viajeros de sueños – con cartas de petición de asilo. Y las ciudades callan la vergüenza de ignorar la soledad de los bosques en el frío diciembre.

Diciembre nos trae la esperanza nacida en un niño nuevo, con cara de todos los niños y la barba de un hombre viejo; un niño nuevo con cara de niña guapa, de todas las niñas de la tierra; un niño con sueños y proyectos para que arranquemos a cantar y a crear una tierra limpia, llena de poemas y colores, de esperanzas y promesas comunes.

Javier Agra.

domingo, 17 de octubre de 2010

TORRE BERMEJA - LA CUMBRE

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Atrás habían quedado los valles y sus florestas, atrás los dulces paseos del pasado, atrás las avecillas de enamorados sones, atrás los arroyos de melodía solitaria que cuenta los versos del poeta y almacena los suspiros lánguidos y mansos del amor, atrás los armoniosos prados de animales saltarines y brisa de arrullo al tibio mecer del sol.

Pero en el Collado del Burro, las mochilas eran una realidad sudorosa a las que ya se habían pegado las piedras de las primeras horas de marcha y las botas pesaban con  pesadumbre de siglos entre lamentos por los seres conocidos – cercanos y lejanos – que se nos marcharon más allá de las pupilas, allá donde las yemas de nuestros dedos solamente alcanzan nombres y recuerdos.

Hacia la derecha vemos la cumbre aún lejana. Comienza el ascenso en serio; el ascenso y la búsqueda. ¿Por dónde será mejor seguir para llegar a la meta? – Piensa el corazón.
¿Acaso no has hecho suficiente esfuerzo esta jornada? Déjalo, insensato, mientras aún tienes claro el camino del regreso – Responde el cuerpo. Y así siguen conversando, entre la discusión y el aplomo, mientras tomamos un respiro. Pero como los montañeros somos personas, decidimos que la voluntad del espíritu se impone a la molicie del cuerpo y continuamos.

 ¡Jose, ánimo! ¡Ahora vuelvo a la brecha donde has quedado! ¡La salida es por donde tú estás!

Los Moledizos quedan a la altura de nuestra vista, estamos muy arriba. (Otros montañeros suben hasta su cima y llegan por la cresta, trepando entre las brechas, hasta la cumbre de Torre Bermeja) Continuamos vadeando los Hoyos Cavaos, tres pasos adelante y uno atrás, entre la resbaladiza piedra suelta. Escrutando cada una de las brechas, hasta dar con la que nos parece mejor para subir.


Estamos en la cumbre: suenan los latidos de nuestra sangre gritos de felicidad. Suenan con los nombres de aquellos que años atrás han sido parte de nuestra vida y esta tarde han guiado nuestros pasos hasta la cumbre del sudor y la paz, aquellos que en otros momentos fueron para nosotros la cumbre que nos dieron armonía y sosiego y ahora posan su espíritu sobre nuestras cabezas y nos confirman en la aventura de la unión armoniosa de la tierra: Raúl Pazos, Ana Pelegrín, Ana María Fagundo ¡tan reciente! Y otros más, cuyo nombre estará para siempre entre nuestros latidos.


 Torre Cerredo, El Llambrión, El Canal de Asotín… y tantas otras cumbres, se asoman ante nosotros con majestad de siglos y mansedumbre de sosiego.

Y pensamos, mientras nuestro espíritu baila la danza del amor, en las personas que suben cumbres a diario: las mujeres que nos esperan en casa ¡ellas sí que hacen milagros cada jornada para mantener unida la casa y distribuir el jornal hasta la última jornada de cada mes!; los hijos que saben sonreír aún en tiempos de dura pugna con la vida y sus anhelos; las personas que sacan vida de la tierra y la vuelven alimento para compartir; las personas que, desde el silencio, gritan por la justicia de la tierra.

 El Valle de Valdeón serpentea verde y libre más allá de las preocupaciones, con canciones aldeanas para los espíritus puros de estas montañas y para las conciencias cansadas y etéreas de los visitantes.

Javier Agra.

lunes, 11 de octubre de 2010

PICOS DE EUROPA - EL ROBLÓN

 Vista de Vegabaño desde el final del hayedo de la Cuesta Fría

Desde el refugio de Vegabaño también se pueden proyectar paseos de menos tiempo que ascender cualquiera de las múltiples cumbres que enseñorean el paisaje. El Carombo o la Jocica, son misteriosos lugares a los que se accede por un solazado bosque entre hayas y acebos. Seguramente en algún lugar de aquellos valles está la fábrica hacer nieblas y nubes que, en cualquier momento, sin avisar apenas, envuelven a los montañeros y los relegan a una desazonadora espera.

 Vista de Peña Beza y Canto Cabroneru, desde el hayedo de la Cuesta Fría.

También está El Roblón.

¡Los cinco ayes de los cinco dioses celtas! Los lamentos de todas las guerras de la historia siguen aferrados a sus milenarias raíces. Seguramente, si os habéis acercado hasta el roblón en medio de la Cuesta Fría camino del Collado del Frade, habréis escuchado entre misterios un lamento de sigilo y poemas; tal vez os cuenten que se trata del murmullo de las hojas – no digo que no sea ese el origen – mas sabed que el mismo murmullo sonoro de los siglos de espadas y los rezos monótonos de los barbados druidas clamando, a través de los siglos, la vuelta de su era dorada. Aquel momento en que subían desde las chozas que han dado lugar al valle de Sajambre para decidir, en democracia mística, las cuestiones el gobierno y el reparto de las tierras.

 Jose, atusa con cariño las guedejas cálidas del Roblón, para que nos sea propicio en los avatares de la vida.

Allí llegaban – nunca supieron los druidas cómo venían – los dioses Dagda y Lugh con sus cestas de alimento para todos los pueblos de la comarca; allí compartían silencio y misterio después de una caminata; allí, arrebujados junto a la Fuentona, bebían el frescor de las aguas y retornaban a los poblados con un par de páginas más de sabiduría.

A la sombra del Roblón de la Cuesta Fría afinaban su puntería con la honda y la jabalina para cazar algún venado con que festejar la inspiración poética de la diosa Brigid. Allí participaban por igual hombres y mujeres pues eran iguales en fortaleza, en destreza y en dignidad. Así en la comida de lo que habían cazado unían a los reyes y al pueblo artesano; así, bajo el Roblón, el mundo celta soñaba con una misma vida y una sola clase social, mientras aprendían de la luna que la vida tiene sus días más llenos y otros más tristes.

¡Mirad! Somos poca cosa frente a los siglos de recuerdos de este mágico tronco.

Cuchulain y el mismo Arturo, llegarían a caballo hasta Vegabaño, por entre las hayas de rizosas hojas, y pasarían a pie, río Dobra arriba, para conversar con Merlín mientras compartían una ensalada de bellotas recién asadas a la lumbre, bajo la tupida sombra del Roblón. ¡Eran otros días y otras glorias! Hoy apenas le quedan hojas que lucir, pero muestra la fiereza de su tronco igual que antaño, llama a la igualdad social igual que antaño, aspira a ser sabio igual que antaño.

A su sombra, apenas un reposo y un abrazo silencioso; con su fuerza será posible la empresa de llegar a la cumbre de Torre Bermeja. ¡Ay! Quien fuera un antiguo bardo para cantar entre las sombras de las hayas los misterios de esta mañana de luz.

Javier Agra

sábado, 2 de octubre de 2010

PICOS DE EUROPA - TORRE BERMEJA

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Sorprendemos a las hayas en sus primeros bostezos cuando estamos saliendo del Refugio de Vegabaño. Jose tiene estudiado el trayecto. Yo bajo entre los caballos de la pradera sin mayor preocupación, porque Jose es un mapa vivo en la montaña y en cada momento sabe el sendero oportuno para llegar a la cumbre. ¡Ay la cumbre! ¡Cuán lejos queda! Pero la cumbre es siempre – también este agosto de lumbre – nuestra meta.
Hemos atravesado un par de arroyos, la humedad es constante pero nada que no pueda superarse con las botas secas y la sonrisa en el rostro. Suena el agua canciones de antaño y melodías nuevas. Hemos cruzado el Dobra, el abrazo del agua nos sitúa en los bajos de la Cuesta Fría. Innumerables hayas dan cobijo a los austeros robles que han decidido quedarse a vivir entre el baile risueño de los poblados bosques, tan tupidos que el sol es allí una bendición cuando atraviesa tenue entre la maraña de las ramas.
 Desde el Refugio contemplamos los Moledizos al fondo y el tupido bosque de la Cuesta Fría.

Cuesta arriba, la fuente grande y más allá la fuente chica, surten de agua corriente a los animales y las aves que tienen morada perpetua entre los misteriosos montes de esta parte leonesa de Picos de Europa y, tal vez, a algún aventurero montañero que quiera coger agua por estas cuestas; nosotros – por si las fuentes se agostan – traemos llenas las cantimploras. Saludamos a un ciervo – se ha quedado tan sorprendido que huyó veloz antes de responder al saludo –, inclinamos la cabeza reverentes ante una reunión familiar de árboles de acebo. Y así, abrazos poéticos aparte, llegamos sudorosos al despoblado Campillo.
Más arriba, el sosegado remanso del Collado del Frade, que permitirá llegar a la Fuente Fría, nos asoma al refugio –recién remodelado y sin guarda – llamado Del Frade, al tiempo que dos grupos de montañeros recogen las tiendas en las que pernoctaron, antes de continuar su travesía de varias jornadas por Picos de Europa. Jose y yo nos sentamos – calma y lumbre de agosto – a beber un sorbo de agua y contemplar la primera visión del Valle de Valdeón.  
 He aquí el Refugio del Frade en medio de un impactante valle.
La pedrera que bordea los Moledizos está muy bien marcada y no supone ningún susto añadido. Ya estamos en el Camino del Burro – subiendo entre sudor y esfuerzo la Canal del Perro –. La visión se agranda. El cielo entra en nuestras mochilas. La tierra está llena de hermosura. Dicen que desde estas cumbres comenzó Dios a formar la Tierra, allá cuando todo era paraíso lleno de frutales y de fiesta, antes incluso de que le sorprendieran las tormentas.
 Tal vez el paso más complicado del Camino del Burro sea este paso de La Canal del Perro.

Llegamos al Collado del Burro. Frente a nosotros Peña Santa – ¡tal vez en otra vida! ¡Cuando nos crezcan alas! No estamos para escalar – admirable y noble; hacía ella van otros montañeros con cuerdas y aperos de escalada. Aquí termina la poesía y comienza la duda y el temblor de la lucha final. ¿Venceremos? 
 Agosto mantiene pinceladas de nieve en Peña Santa, vista desde el Collado del Burro

 ¿Por dónde subimos a Torre Bermeja? Para llegar a la cumbre, tenemos que superar esa dificultad pedregosa.


Hicimos cumbre — ahora es fácil deducirlo, de otro modo seguramente hubiera pasado otro mes antes de escribir – el gozo aumentó hasta el grito – casi aullido – de satisfacción; casi aullido, pues ahora somos uno con el lobo y con la flor, con el águila y con el viento. Arañando la tierra para cruzar más arriba de los Hoyos Cavaos y subir hacia la cumbre por la antepenúltima cortada, vencimos muchas dudas, saltamos más allá de algún miedo, bordeamos los límites del respeto, aprendimos que la montaña está enamorada de los montañeros y los cuida con mimo en todo momento, aprendimos que somos parte de la tierra. 
   ¡La cumbre! El cielo aplaude con palmoteos de nubes nuestro trabajo de hoy.
Javier Agra

viernes, 1 de octubre de 2010

PICOS DE EUROPA - VEGABAÑO

La luz.

Revuelo de arcángeles y gorriones, la luz avanza agosto adelante buscando el alba. He plantado renuevos de madrugada para que nazcan días azules sobre las sierras calladas. 

Queda el coche bien resguardado en Soto de Sajambre donde pasamos la noche. Ya estamos caminando por las calles dormidas de la mañana. Pueblo arriba no tardamos en encontrar el camino que sube hacia el refugio de Vegabaño. Un poco más atrás, a nuestra izquierda hemos dejado la Senda del Arcediano.


La luz se cuela como un misterio de olas entre las hayas, monte arriba el silencio nos acompaña. Años de soledad y espera han hecho de estos árboles un mar de calma. Y aquí estamos, entre la respiración y las olas, navegando sin palabras. Paso a paso, el corazón se ha hecho rama entre la arboleda verde y las reducidas praderas. 

La luz hace nido entre las hayas. Quiero permanecer para siempre en estos recodos dormidos, dormido como las hojas con el arrullo de las ramas. Es imposible perderse esta mañana de lumbre entre el pensamiento y la palabra. Abajo queda la piedra, abajo el remanso del agua, abajo los prados dormidos y el canto de las cigarras. Monte arriba los pasos de los montañeros se están confundiendo con el aire de Picos de Europa y los rebecos saltarines roca a roca buscando equilibrios de luz y de paisajes con siglos en la mirada.


El refugio está ante nosotros. Hemos llegado cuando aún teníamos dibujada la sonrisa en el rostro y la esperanza en el alma. Aún es temprano. La hayas de los alrededores nos guiarán las próximas horas por la luz de los alrededores más allá del arroyo Truégano donde las hayas dan paso a las vacas.


 Javier Agra

jueves, 5 de agosto de 2010

RECUERDOS DE PIPA (X)

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Yo creo que tiene que existir una conexión entre la emoción y la razón. He visto a los humanos demasiado ocupados en evitar que los engañen y al mismo tiempo con un corazón escéptico ante la posibilidad de la verdad. Pero – pienso en mis ratos a la sombra de los plataneros del parque – que la verdad tiene una mayor profundidad que estas simples capas de miedo y duda. La verdad, sin duda, tiene que ver con las emociones que fraguan la vida y con la razón que asienta el ánimo: ese ánimo asentado, la fuerza para luchar y buscar siempre la verdad ha de ser la síntesis entre la razón y la emoción.

Por lo demás este dos mil tres que se nos escurre entre los dedos de las patas y ante el que los ojos sueltan misteriosas lágrimas, ha sido un tiempo de importantes descubrimientos. He visitado la Sierra de Madrid numerosas veces, por fin nuestros compañeros de paseos – los que nos dan el pienso para la cena – se han puesto de acuerdo, con ellos visitamos la Buitrera en la Sierra de Ayllón; he subido ¡por fin! a Peñalara, cima y techo de Madrid; he conocido Siete Picos,  paisaje de hermosura sin límites; también la Peña Cebollera o Pico Tres provincias, lugares sobre los que no me extiendo pues están descritos en múltiples textos, incluso en este mismo blog de recuerdos y quehaceres diversos.

Aquí estamos, para siempre moviéndonos entre los pinos del Guadarrama, según voluntad fotográfica de María Moreno - a quien llamamos con cariño, María River -.

La cabra. Los chinos dicen que este es el año de la cabra y, a juzgar por lo que he visto en este mundo, no deben estar errados. Lula da Silva comenzó el año con la toma de posesión de la presidencia de Brasil que es un gran país en extensión. Pienso que para ser grande, todos necesitamos con urgencia de la meditación, pues con ella nos hacemos dueños del universo. ¡Ay, cómo quisiera que entendieran los humanos la importancia de pasar ratos con uno mismo! Serían una fuente cristalina que mana agua límpida para regar el erial del llanto y curar la desesperanza.

Para huir de la desesperanza huyen muchos de los habitantes de los lugares del olvido y cruzan en pateras hasta la península, o hasta que un huracán los engulle entre risotadas sin piedad. Recuerdo cosas maravillosas – a veces me pongo más terrible que un telediario – como el trasplante múltiple del aparato digestivo que hizo un hospital de Madrid a una adolescente, creo que fue el seis de febrero mientras los cristales de las llanuras castellanas lloraban hielo y barro. Casi tres meses después vino a España – por quinta vez – el papa Juan Pablo II: discutido y activo, estaba reciente su encíclica “Ecclesia de Eucharistia”, donde decía que la eucaristía crea y educa en la comunión y por eso es fuerza de transformación de la tierra y de los corazones hasta que la tierra sea de todos. El programa ya existe – añadía – es  el  de Jesús y su modo de vida trinitaria”


Ser perro tiene sus obligaciones. Aquí estamos conversando de filosofía con la gente que hemos llevado de paseo.

El mundo está lleno de accidentes “…veintinueve turistas mueren en Francia… choque de trenes en Zimbabwe con cuarenta muertos… explosión en Lagos con cuarenta muertos… catorce peregrinos en una avalancha en la Meca… Doscientas personas mueren en el incendio del metro de Daegu… y las guerras… y el virus del Ébola…”  Estos asuntos sin resolver y tienen cerebro para inaugurar un puente ¡de sesenta kilómetros de largo! “Puente Nuestra Señora del Rosario” en Argentina sobre el río Paraná.

Fernando Alonso ganó su primer gran premio, además fue el primer español que lo consiguió en la fórmula uno, el suceso deportivo ocurrió en el circuito de Hungaroning en Hungría ¡mira que tienen sellos bonitos las cartas de Hungría! Schwarzenegger resultó elegido gobernador de California, mientras Úbeda y Baeza eran nombradas patrimonio de la humanidad por la Unesco y Madrid inauguraba el Metrosur ¡Cuidado si será grande el mundo! ¡La de acontecimientos que coinciden ante la absoluta apatía de los humanos que tienen su frontera puesta en un espejo, solamente se miran a ellos mismos!


Se murió, ay, Chumy Chúmez. Murieron Gregory Peck, Compay Segundo y Celia Cruz, el gorila albino Copito de Nieve, Terenci Moix, Manuel Vázquez Montalbán, Roberto Bolaño y Dulce Chacón: “Muchas palabras han recorrido un largo camino a pie antes de conseguir sus alas”. Recuerdo ésta como una de sus grandes frases llenas de filosofía poética. Por asociación de ideas: estaba yo leyendo unos textos del filósofo británico Bernard Williams en torno a la verdad social y política, cuando me llegó la noticia de su fallecimiento.

Estoy aprendiendo a jugar con las pelotas de tenis, sin raqueta, solamente a fuerza de carreras… breves, pues siempre llego la última de todos los animales del parque. Os contaré un secreto: no soy en absoluto competitiva, me basta con llegar.

Javier Agra.

martes, 3 de agosto de 2010

AGOSTO

Agosto cabalga entre Leo y Virgo con pistoleras de plata. ¿Pensará, entre risas y recuerdos, disparar amapolas, llenar con sus brillos las plazas del mundo dónde se fabrican verbenas? Los campos están segados y las aceñas reciben el grano nuevo para fabricar las tortas – este invierno rebosarán de vida y comida las alacenas –. Van los carreteros masticando las últimas amapolas que sestean en el seco ribazo… “y sardónice es la piedra que cuadra con estos días” - me relata un mozo que va arreando el carro – “será por el amarillo que domina entre su color oscurecido”. Yo, que de esto se poco, le saludo agradecido.



Agosto me lleva del brazo por las llanuras segadas – en todas partes se escuchan canciones nuevas de codornices en fila familiar mientras miran a un lado y al otro antes de cruzar los viejos caminos por si pasa algún carro con sus cansadas vacas – y me cuenta entre misterios sus recuerdos de antaño: allá cuando las espadas repartían tierras y calendarios; eran los años de Octavio Augusto y sus triunfos sonados, entre clamores se adentra por la Vía Apia después de derrotar a Marco Antonio y Cleopatra; ¡pocos días tiene este Sextilis, yo lo quiero más largo! Y como los emperadores romanos podían cortar días – igual que cuellos humanos – decidió honrarse poniendo su nombre al mes de tales victorias.

Agosto cálido camina sediento por las calles y los prados – se están secando las fuentes entre los grillos musicales y las aves recién salidas de sus nidos –; dicen los refranes que está reñido con Baco y con Cupido, pues los calores que él mismo aporta no necesitan más colchones ni tabernas: “En agosto ni Venus ni mosto” Yo no comento este refrán que bastante tristeza encierra y donde llora el alma no se precisa dicción. Pero si los antiguos celtas lo dedicaban al dios Lugh y desde el primer día del mes lo llamaban lughnasadh será un mes festivo (tendremos que revisar nuestro refranero).

Agosto labrador y agorero nos traía las “cabañuelas” para indicar, según los doce primeros días, cómo resultaría cada mes del año siguiente. No temamos, por tanto, a este misterioso mes porque aún cuando los ríos sufren mayor evaporación, se condensa en nieblas y aguas para el futuro – el presente no es más que un punto en la corriente constante de los ríos que trotan sobre nuestras costillas arañando vida –. El sol caliente de agosto es “bueno para el azafrán, la miel y el mosto”. Entre siesta y siesta vamos pasando los días más calientes que van de Virgen a Virgen pero más tarde “por San Bartolomé, tormentas ha de haber” Y en agosto las tormentas son duras y violentas, seguramente por el miedo continuado a que se desparrame un violento pedrisco y se coma la fruta antes de madurar.



Agosto. He visto avecillas temblando de nieve en las cordilleras al mismo tiempo que hacen vuelos a ras de tierra buscando las escasas sombras y los pocos granos olvidados en los rastrojos de las mesetas. Todo es sudor o frio al mismo tiempo, porque la vida no tiene etiquetas. Ora es agosto embravecido y atronador – sepultura, ay, de tantos cuerpos frágiles entre la grava y el barro –, ora cálido y sosiego sobre una hamaca en sombras – mañanas al rumor de las olas entre el pensamiento y el paseo –, ora fuego entre la vegetación angustiada – antaño monte de vida agreste y hoy ruido silencioso de animales huyendo entre las trampas humanas –, ora sueño reposado entre la siestas del olvido – aquellos párpados que un día vieron salir la luna están sofocados entre las paredes de algún antiguo caserón –.



Agosto. Nombre viajero. He visto niños sin sueños y viejos sin brillo. He visto pistolas y estoques. He visto bosques y vida. Y con todos he conversado en silencio mientras gastaba, montaña arriba, las suelas de mis zapatillas – es decisivo restaurar fuerzas para encontrar el momento de arrancar, pues la calentura puede terminar por agostar los buenos deseos –. Sube, sube, siempre queda la cumbre de la vida.

Javier Agra.

lunes, 26 de julio de 2010

SIETE PICOS (en sandalias)

 
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-          ¿Qué haces, Pipa, con la vista clavada en el vacío infinito?
-          No está clavada en el vacío. Paseo Siete Picos con mis recuerdos
-          De modo que eres una especie de “juego virtual”
-          No, pequeño amigo, recuerdo nuestros paseos por Siete Picos. El recuerdo no es ninguna estulticia, pequeño amigo. Forma parte de nosotros mismos y así vamos recreando una y otra vez nuestro pasado ¿Tal vez piensas que cada acción de nuestra vida es novedad?
Pipa me llama “pequeño amigo” desde la adultez de sus, ya superados, diez años. Seguramente será para consolarme ahora que, inexorablemente, camino más allá de los años sin retorno. Yo no me quejo – ya se lo he dicho a Pipa varias veces – y me parece que forma parte de la rueda de la vida el contemplar las canas personales sin más preocupación



-          Además hemos de dejar sitio a las siguientes generaciones.
-          Pipa, alguna vez puedes dejarme hacer un razonamiento filosófico.
-          Es para que no te engrías en exceso. Que, vosotros los humanos, no miráis hacia las cosas pequeñas de la vida; los animales pequeños de la vida; los detalles pequeños de la vida…”pequeño amigo”
-          ¡Y dale con pequeño! Has de saber que antaño yo llegué a medir un metro setenta; hoy ya estoy en declive; hoy cuando las canas van saltando sobre mi cuerpo como las cabras montaraces de la Sierra.
-          De la Sierra de Madrid te estaba hablando…
-          Ya, de Siete Picos.
-          Cada tarde, cuando nos sentamos a la sombra de estos cinco chopos en la parte del parque que llamaremos tres olivos para situarnos geográficamente…
-          ¡Qué precisión, Pipa!
-          Es mejor tener las cosas siempre lo más claras posibles, por eso me gusta ser precisa.
-          ¿Piensas eso, tú que eres poeta?


-          Pequeño amigo, los poetas ven la existencia y sus contornos con una precisión de siglos de experiencia. Tal vez aliñada de romances y trastocada por los deseos. Pero recuerda siempre que la realidad recreada es realidad vivida. Por eso puedo volver cada tarde a Siete Picos: salimos del coche en el aparcamiento de Navacerrada – puedo escuchar el murmullo de los otros viajeros que también sueñan fantasías –; avanzamos por el Camino Schmid – convendrás conmigo, pequeño amigo, en que las sombras de los pinos también son un recuerdo permanente de unidad con la naturaleza –; ascendemos hasta el Collado Ventoso – allí donde se juntan diversidad de caminos y los  montañeros reposan unos instantes entre la sonrisa del espíritu que sale incontenible por los ojos hasta formar un éxtasis colectivo –; y seguimos ascendiendo más y más hasta la luz de Siete Picos – donde la belleza se escapa al diccionario y el alma misma entona melodías corales con la inmensa naturaleza que está hecha cuerpo en el presente como síntesis de eternidad –; dejamos tras nuestro paso cumbres y más cumbres – la vista es siempre maravillosamente nueva a través del infinito sin fronteras –; terminamos el paseo circular volviendo por sosegados parajes, de nuevo hasta el coche en el aparcamiento del Puerto de Navacerrada.

 Esta magnífica vista del punto más alto de Siete Picos es de Jose quien, además de programar hermosísimas excursiones por la Sierra, las ilustra con alguna fotografía. 



-          ¡Visto así…!
-          También te podría hablar de la flora y la fauna; pero eso ya está descrito en los libros.
-          Espera Pipa, vuelve a comenzar el camino. Te acompaño a Siete Picos sin quitarme las sandalias. 

Javier Agra.

viernes, 16 de julio de 2010

PEÑA TREVINCA (III)

Descendemos de Peña Trevinca. Los perfumes de la tierra y la juventud informe del pasado recorren por mis venas como una lumbre de gritos y oquedades nuevas por descubrir; también baja con nosotros la ancianidad silenciosa del futuro entre remolinos agresivos de sangre mancillada. Sueños de fatiga suben por los cordones de mis botas: las tinieblas se han comido a la luz, nubes grises aplastan sin previo aviso las láminas brillantes del sol del medio día; pero yo me niego, nos resistimos todos los que hemos puesto los pies en la montaña. 


Estamos en la cumbre de Peña Trevinca. Desde aquí es fácil sonreir.

¡Vamos, ha terminado la siesta! El presente está siempre engendrándose a sí mismo; desde el impulso de nuestra sangre todo es presente. Tiempo sin desmayo, reflejo de estrellas y de lucha. Desde más lejos, más montañas llegan hasta la cumbre que nos aprisiona entre dudas, llegan las montañas y nos liberan para la luz y la esperanza.

Tera abajo – ahora estamos en el valle, de regreso – se agolpan los caballos y piafan canciones de libertad; las liebres dejan ver su sombra entre carreras y las aves nos enseñan vuelos sin cadenas, saltos sin fronteras; Tera abajo la vida es libertad, los montañeros lo hemos aprendido a través de todas las dudas de la historia.


Desde la cima de Peña Trevinca se domina el precioso valle del alto Tera. Ejemplo claro del origen glaciar en forma de U. Es lo que nos comentó Ana Jalón que se llama turbera: el sedimento de aquel antiquísimo lago glaciar que ahora forma el valle.

Mucho más abajo, agua y sementera, el río llegará – sin saberlo a estas alturas de la montaña – a regar la huerta y los manzanos. El Tera aquí arriba, no sabe que también es vega fértil entre los chopos y las casas: ¿qué son casas? Nos pregunta entre las nieves de su nacimiento.

Mucho más abajo el Tera será ritmo de agua entre los troncos. Por allí los niños juegan entre los chopos a volar como palomas. Suaves risas de la infancia que hoy tenemos en nuestras manos cuando bebemos del nacimiento del río en la montaña y compartimos el agua con el águila y los ciervos, con las ranas musicales y las raíces escondidas en la tierra.


Los caminos van y vienen por la tierra. Tú, viajero, planta tu huella y déjate llevar. Desde el Collado Ventosa estamos viendo Peña Trevinca.

Conversamos con el Tera. Aquí arriba, en la montaña, el tiempo tiene más granos de arena. Le contamos la hermosura de unos metros más abajo donde su agua se baña en el misterio del lago. Le hablamos de personas y de fábricas, de los sueños de las gentes entre el llano y la rivera. Detrás de la montaña siguen los ritmos de otras respiraciones: sueños y hospitales; silencios y minerales; huertos y silos de grano; bibliotecas y teatros... El alto Tera nos mira con sonrisa de meandros y continúa su camino entre los relojes sin manecilla de las montañas y los vuelos de las aves.

Javier Agra.

jueves, 15 de julio de 2010

PEÑA TREVINCA (II)

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A esta altura de la marcha ya estamos sobre el Embalse de la Vega del Conde, coronado por un pequeño refugio en medio del valle que se ensancha entre colores de la naturaleza. Chapotean nuestras pisadas mientras nos acercamos, ladera abajo, hacia el Tera.
       Cerca está un puente de piedra para cruzar – nos indica Jose que sabe de estas cosas.
       ¡Mirad, un corzo! – Exclama Elisa ante el éxtasis de la vida que salta por la maleza.
       ¡Qué hermosura! ¡Qué elegancia! – esta vez es Jose Mª de Valladolid quien responde admirado.
       Silencio… yo no digo nada. Entre boquiabierto y enterrado en una ciénaga, pienso en la felicidad de ser corzo y poder trotar cumbre arriba… siempre hacia lo más alto.


Llegamos a la ribera del Tera – el sendero nos llevó hasta el puente de piedra tal como había descrito Jose que es nuestro guía en la montaña y parece que lleva un mapa de cada excursión inscrito en el cerebro –.Nos abanican los vientos y hacen música con el agua bajo el sol de la mañana.
Grabaré estos espectáculos en mi frente, escribiré – cuando tome resuello y se dore en la luz del alma – que estos paisajes majestuosos hacen majestuosos a los ojos que lo admiran y a los corazones que los alaban. Pero el éxito no está en lo que hemos alcanzado; por eso, después de unas avellanas y un trago de agua, continuamos nuestra marcha.
Aguas arriba del Tera, por su margen izquierda según nuestra marcha, estamos caminando por la Majada Trefacio. El río se inventa una curva pronunciada y cierra este amago de baile con un puente de hierro al que llega, desde las cumbres, otra posible ruta para hacer la marcha a Peña Trevinca. Se llama la ruta de las estacas por estar balizada con estos elementos; llega a través de la Majada de Rosinos: ¡caramba, cuánto nombrecito cito! El alto Tera es tan amplio que necesita mucha nomenclatura para saber por qué lugares tenían el ganado los antiguos pastores y los actuales ganaderos.  


Aguas arriba del Tera, magnífico y amplísimo valle de retamas azules y amarillas. Con diversos nombres a su paso: La Vega que ilumina nuestras pupilas de morado por la mezcla de los colores; Cabuerco Vedado de magia y lumbre; Majada Trevinca donde vuelan los pies cansados; a nuestra izquierda dejamos la Peña del Maseirón mientras nos acercamos por el valle del mismo nombre cruzado por el arroyo Maseirón, cuyas aguas nos traen un mensaje de la peña nevada: “vuestros sueños han crecido desde la infancia y ahora son firmes como las rocas que os animan, montañeros”.
Los valles del Alto Tera son de origen glaciar, perfectamente dibujado con la redondeada forma de u. Hoy atravesamos una turbera, que son los sedimentos de un antiguo fondo de lago.


Comienza la subida empinada hacia Peña Trevinca. También se puede hacer dando un rodeo hacia la derecha, por la Majada del Abuelo, en un camino más largo pero seguramente con menos dificultades sobre todo al final, pues se llega a la cumbre desde las crestas con lo que evitamos las rocas de los últimos cien metros.
Nosotros subimos por la vía más directa. Roca y nieve. Exploramos. Sudamos y seguimos. ¡Por aquí no! Lo que parecía un camino más sencillo, nos ha llevado a una cortada de roca a nuestra izquierda. Otro camino. Sustos. ¡Vamos! Si te cansas compartiremos la carga y el gris de la piedra brillará con la luz de la nevada.


¡La cumbre! Largo tiempo hemos vadeado las olas de la montaña, ahora ya somos asiento y amapola; en círculo suenan a verdaderas las preguntas y las respuestas; el pan y la ensalada ya no son de mi mochila ni de tu macuto, ahora somos uno en la montaña.
Javier Agra