martes, 5 de septiembre de 2023

PRADERAS DE NAVARRULAQUE

 


Desde el aparcamiento de Majavilán salen multitud de caminantes en diferentes direcciones, pues las Dehesas de Cercedilla ofrecen muchas rutas llenas de enérgico encanto. Nuestro corazón ha planteado visitar las Praderas de Navarrulaque y el Mirador de los Poetas.

Seguramente guiadas por el corazón, mis botas caminan libremente buscando la ruta por ellas mismas sin necesidad de que yo les indique ninguna orden; mis botas tienen tantas horas de Sierra de Guadarrama que a veces me parece que piensan por ellas mismas.


Chorro del Tirón de la Miel entre helechos y vida.

Así yo puedo admirar el Arroyo de la Venta, salpicado de helechos y de vida emergente en cualquier época del año; me entretengo en contemplar el Chorro del Tirón de la Miel con la dulzura de sonido, las botas deciden seguir una u otra margen del riachuelo, deciden detenerse acá o acullá para que el montañero sosiegue su corazón entre el gorgorito musical.

Esta mañana suena a la Cantata número diecisiete de Bach de inicio orquestal festivo antes de entrar el solo y el dúo de voces mixtas cantando gorgoritos del agua que cae del arroyo formando la Ducha de los Alemanes. Se imaginan olas alegres del mar acariciando acantilados con el apoyo de los violines.


En las Praderas de Navarrulaque nos entretenemos repasando monumentos en recuerdo a los primeros montañeros que abrieron senderos por estos majestuosos espacios.

Llegamos a la carretera de La República y damos más tarde con el cruce de caminos. Aquí, a nuestra derecha, nos desviamos y detenemos nuestra marcha para gozar de Las Praderas de Navarrulaque. Aquí una altura de piedras, monumento en recuerdo de los primeros paseantes que abrieron senderos por estos parajes hoy con numerosos caminos preparados para nuestro disfrute; más allá el Refugio de Arrulaque siempre bien conservado; la escultura construida con maderos como monumento agradecido a los montañeros de antaño.


Refugio de Arrulaque.

Entre sombras y pinos llegamos al Reloj de Cela y cuando la carretera va a dar una cerrada curva entramos en el Mirador de los Poetas. En sus agrestes piedras permanecen escritos poemas de Luis Rosales, de Leopoldo Panero y Antonio Machado, de García Nieto. Allí se detienen los montañeros para leer, recordar, admirar…


Sentado entre piedras del Mirador de los Poetas. Recuerdo de piedra y palabra, de naturaleza y vida, de estudio y de silencio…

Regresamos carretera abajo entre pinares y saludos de ciclistas y peatones que exigen concentración para escuchar las melodías de los pájaros antiguos, pobladores permanentes en vuelo de generaciones por estas ligeras cumbres del íntimo Guadarrama. Esta jornada está siendo muy compartida pues es una ruta sencilla y popular para montañeros, caminantes y también domingueros con algún sentido de paseo y montaña. En la Pradera de los Corralitos (algún tiempo estaba aquí el llamado Descanso de Los Ceballos) se agrupan nuevamente diferentes caminos, nosotros continuamos por la carretera hasta llegar  a las inmediaciones del coche.  


Mirador de los Poetas. Esta parte más alejada del sendero se llama Mirador de Luis Rosales, un trozo de poema está esculpido en la piedra que queda a la izquierda.

Javier Agra.

 

jueves, 31 de agosto de 2023

PAISAJE CON PERROS: 1 AGUA Y PRADOS


Apenas amanece en Moveros, salimos los tres por los caminos. Oz al galope investigador que parece ser una manera especial de correr y no detenerse nunca, ni aun cuando pasa cerca de nosotros para tomar nuevo impulso en otra nueva senda inventada por su fantasía o sugerida por el rastro de algún gamo que ha estado por aquí no hace mucho rato. Close con la lentitud aprendida de los humanos, el olfato siempre pegado al suelo y su ceguera recibiendo el viento de todos los amaneceres en un instante. Y yo, humano de caminar sosegado, con el cayado en la tierra y el corazón en el cielo.

Los tres hacemos una sinfonía matinal avanzando hacia Cabeza El Moucho por el camino viejo de Alcañices. Los robles saludan con sigilo nuestro caminar, nos muestras sus coloridas gallarotas nuevas (bullacas llaman en Moveros, agallas cuenta la RAE) y el brillo de las bellotas que se están poniendo rollizas con la humedad del rocío de la madrugada.


Oz se baña en la laguna de la Cooperativa de Ceadea, más tarde lo acompañará Close. El agua ondulada hace bailar los reflejos de los robles esta mañana de agosto.

En la amplitud del Prado de Las Ánimas, Oz recorre cada rincón en busca de innumerables animalillos y múltiples olores, Close retoza en ligeras correrías y trémolos revolcones en la hierba recién segada, yo camino con el pensamiento puesto en la vida y en mis nietos que estos meses nos acompañan (sus abrazos de cariño y su rostro risueño es la plenitud de todas las expectativas que un abuelo alberga en su corazón).

Oz, incansable, se baña en la laguna de la Cooperativa de Ceadea; por primera vez deja sus carreras incontables y nada con armónico sosiego durante un buen rato, mientras Close y yo llegados con la parsimonia de mis pasos y las paradas necesarias para que Close recoja olores del viento, del suelo, de la vegetación, de la vida… El descanso es breve. Los dos se bañan entre juegos y algazara antes de continuar.

Oz recorre un amplio espacio del monte, seguramente intenta coser esta tierra que habitamos, llena de heridas y desencuentros, rota por el odio y las guerras, por gentes sin entrañas de misericordia y sin corazón de paz. Close camina cerca de mis pasos, a veces con la cabeza erguida aspirando aromas del presente, a veces con el hocico humillado buscando fragancias del pasado que nos indiquen senderos hacia el futuro de libertad, de convivencia, de felicidad, de paz.   


Junto a los calzapetes descansamos unos instantes antes de terminar el paseo.

Nuestro paseo continúa hasta que regresamos a la vista del pueblo, con el sol entusiasmado sobre la tierra que nos rodea, sobre nuestros cuerpos y nuestras cabezas. En algún prado descansamos unos minutos para tomar resuello, la lengua fatigosamente fuera de las bocas, las patas de Close recogidas entre algún redondel de hierba más verde; Oz solamente descansa, nos mira y espera que sigamos; yo me apoyo en el cayado y recuerdo mi infancia junto a este calzapete amarillento y florecido (senecio lo llama la botánica). Allá en Acisa, en mi lejana infancia también pasé algunas horas entre calzapetes cuidando vacas y recogiendo con el rastrillo las marañas de hierba que mis padres hacían al segar con la guadaña.

Javier Agra.

 

 

 

viernes, 16 de junio de 2023

ARROYOS GARGÜERA Y ALBALÁ CIRCULAR


Un avión ha cruzados, aún se escucha sonoro en la distancia y el cielo aparece cosido por su estela en las madejas de algodón de las rotas nubes de esta mañana que clarea mientras nos calzamos las botas en los aledaños de la iglesia de Navalafuente. Desde aquí comenzaremos la marcha.


Grupo de participantes de esta jornada. Estamos entre la vegetación del Arroyo Albalá.

Queremos comenzar nuestra ruta para visitar las Cascadas del Cancho en el Arroyo Gargüera cerca la Navalafuente, después seguiremos por terreno más o menos llano, en una vuelta circular. Pienso que desde el avión no pueden contemplar estos bellos detalles de la tierra que disfrutamos a pie entre el esfuerzo y el gozo.


Cascadas del Cancho en el Arroyo Gargüera.

El entorno por el que ascendemos levemente está muy frondoso esta época del año; suena el agua entre las peñas y en su ribera crecen alisos de diferentes tonos verdes que juegan a tamizar los rayos del sol esta mañana de junio, sauces de finas ramas y gruesos troncos derechos y altivos, recuerdos de niñez correteando junto a mis padres mientras tejían cestas con las suaves vilortas más delgadas, fresnos de entrecruzadas hojas con las sámaras de apretada semilla en tal cantidad que ocultan la cascada más baja, ladera arriba hasta la breve cumbre los enebros frondosos en esta parte de nuestra marcha y durante todo el trayecto.

 

Es verdad que el nombre de Cascadas para estos breves saltos del agua parece una épica literaria; el lugar es vistoso, muy agradable a los sentidos, como un canto sosegado para el alma, bien podría ser un cobijo para el rezo de laudes de esta mañana.


Entre peñascales y variada vegetación.

Pasadas las Cascadas, la pendiente se aplaca en suave subida entre peñascales y arboledas, entre jaras que han perdido ya la blancura de su flor, cantuesos de morado resplandor, herbáceos acianos de fornido tallo y jacintos de apretada flor que trasladan al suelo el azul del cielo.

Continúa el sendero, ahora ya en llano, hasta dejar atrás la depuradora de aguas y la Cantera “Los Navazales”; el cielo sigue apelmazado de nubes que juegan a ocultar y descubrir las sierras y las cumbres de la Cabrera y el Mondalindo, mientras el calor aumenta inexorable con el paso de la mañana.


Amplia senda. Al fondo la Sierra de la Cabrera y Mondalindo.

Cerca ya de Valdemanco, el sendero hace un cerrado quiebro hacia la derecha de vuelta en busca del lugar de inicio y de regreso. Jose y yo hemos saltado entre peñas y senderos de subidas y bajadas hasta encontrar la senda amplia de regreso a la orilla del Arroyo Albalá; pasamos más adelante nuevamente por las puertas mismas de la amplia Cantera “Los Navazales”.


Arroyo Albalá.

El Arroyo Albalá trae añoranzas del Mondalindo donde aún era un hilo, riega dorados prados de frescor iluminado por las lluvias de los días anteriores; encinas de permanente brillo verde, coscojas de lisa corteza de iluminado verdor en sus ramas que nacen desde el suelo como una fértil fontana de chorro enhiesto, robles dorados de tronco arrugado. La abundosa vegetación forma puentes y túneles a nuestro paso, arcos vegetales que animan nuestro caminar cansado en este largo paseo que termina con alegría en el rostro, serenidad en el corazón, sosiego en el alma…

Javier Agra.

 

  

 

martes, 6 de junio de 2023

HORIZONTE



 

Por entre la arena finísima de los siglos de luz y de palabra se enhebra la suavidad del viento y la brisa para tejer el mar y la tierra, para acunar suspiros enamorados de cálido alborear.

Y lo que ocurrió hace millones de años, florece de nuevo este amanecer como una prolongación de siglos y de silencios que el alma arrulla en arrumacos de besos y de cariños entretejidos de tierra y cielo.

Es el horizonte sin fronteras donde baila el aire, donde las parejas se hacen una sola carne y un solo corazón, donde los dúos armonizan unidad de pensamientos y suspiros más allá de la soledad y del deseo, entrañas de los cuerpos acurrucados, hechos ósmosis sintáctica, carnal, espiritual.

Allí donde se juntan las palabras, los colores, la brisa del amanecer y las mareas, donde la luna acaricia las formas vegetales, las canciones animosas de la madrugada unificada en corazones corporales de siglos de pasado y de futuro, allí estarán para siempre nuestros corazones palpitando deseo en los hijos y en los nietos. En aquel horizonte descubriremos, amada mía, que la tierra y el cielo se han unido para siempre en la vida y sus canciones.

Javier Agra