sábado, 4 de junio de 2022

BARRANCO DEL INFIERNO


Existen diferentes nombres que se repiten con insistencia en diversos lugares de nuestra geografía. Así me he encontrado con “La Cueva de la Mora” en multitud de viajes montañeros o de mero turismo. Algo parecido sucede con “El Barranco del Infierno” que también lo tenemos en la Sierra de Guadarrama en Madrid y que he subido y bajado en diferentes ocasiones.


Vista de la Garganta del Infierno desde el Mirador de Las Canchas. Esa brecha que recorta la montaña, a la derecha se destaca La Maliciosa, a la izquierda la prolongación de la Cuerda de Las Cabrillas culminada por la Bola del Mundo.

A mí me parece una gloria, tal vez se haya decidido el nombre de Barranco del Infierno por lo inhóspito del pedregal de su cauce, acaso por le nieve que se acumula en su oquedad o por la ventisca que azota su desfiladero montaña arriba. Por lo demás, en primavera goza su ladera de un colorido floreado de amarillos piornos, de verdores en breves praderas, de la variedad de las gencianas de amarillenta flor y tallo con amplias hojas verdes, del morado brezo que se extiende acá y acullá buscando intermitencias.

Desde la Barranca llegamos entre pinos y agua hasta la graciosa fuente de la Campanilla y más arriba a la Bola del Mundo desde donde el corazón se extiende a la tierra entera porque el espíritu es capaz de poner la mirada más allá de los ojos, más allá de la cercanía de la visión entrecortada por las montañas, por las lágrimas, por los temores; pero el espíritu humano extiende la luz sobre aquellos lugares que recuerda, que recrea, que inventa, que sueña.



En la primavera avanzada los colores del Barranco del Infierno y su entorno es una fantasía de colorido.

El descenso tiene también muchos caminos. Uno de los más complejos por el pedregal de su recorrido es el Barranco del Infierno. Entre sus piedras se reproduce el musgo, se encuentran resbaladizas piedras, se tropieza con saltos y pequeñas dificultades. Pero la vida es una pelea del barco en alta mar cuando la galerna intenta engullir su botavara y sus velas, allí estamos arañando las olas con las manos para continuar la ruta y salir airosos del envite de su furia.


Recorremos el Barranco del Infierno buscando la fuente de La Caña.

Unos cuantos metros más abajo salimos de su cauce y llegamos hasta la fuente de la Caña y la Peña del Cuco. Desde allí el sendero es más transitado, más llano, más agradecido… de nuevo entramos al pinar y llegamos a la Fuente de Mingo con su constancia de agua.

Continuar hasta la Barranca es una caminata de ensueño y placidez que hemos realizado en diversas ocasiones para concluir una jornada de entusiasmo y solaz, pese al sospechoso nombre de la ruta.

Javier Agra.

 

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