jueves, 8 de enero de 2026

DUCHA DE LOS ALEMANES


Los montañeros sabemos que por muchas veces que caminemos los mismos senderos hacia las cumbres, resultan con alguna novedad en cada intento. La Ducha de los Alemanes es un lugar cercano al aparcamiento de Majavilán en las Dehesas de Cercedilla y, no obstante, sería suficientemente espacioso como para llenar de palabras y sentimientos una novela entera de aventuras, pájaros, silencios, crujidos de ramas bajo las pisadas lentas…

Este año la nieve llegó tardiega a nuestras cumbres. Después de un inicio de invierno casi anodino, enero regó las cumbres de blanco y luminosidad. Las laderas rezuman agua y futuro entre los pintados pinares y las retamas cargadas de nieve acumulada. La montaña es siempre locuaz y literaria, conversa con el silencio del montañero y siembra un diccionario de sosiego en su corazón.


Subimos buscando el sendero que transita paralelo al Arroyo de la Navazuela.

Hasta la pradera de los Corralillos subimos esta vez por la calzada romana con la música de trompas y oboes en que se había metamorfoseado el arroyo de la Barranca. A esta hora de la mañana, aún no han llegado la multitud de paseantes que se quedarán a corretear por la amplia pradera de los Corralillos; a esta hora de la mañana, las aves cuentan sus aventuras a los viajeros mientras nos adentramos unos cuantos metros por la carretera de la república hasta encontrar el letrero que nos desviará hacia la Ducha de los Alemanes.

La nieve, en esta zona de umbrías se ha mudado a hielo y los montañeros no llevamos crampones, de modo que la precaución en este tramo es símbolo de la vida misma; acaso nos quedan las manos arrecidas por la friura, acaso tropezamos y damos con el culo en tierra, acaso hincamos una rodilla, pero sabemos que tenemos al lado un compañero que nos sostiene y nos levanta, que tenemos apoyos y energías con las acaso no contábamos y que nos empujan hacia el recto caminar y el avance lento y ascendente.


Ducha de los alemanes

El agua de la Ducha de los Alemanes fluctúa en las diferentes épocas del año; ahora semeja el aliviadero de una presa entre las lluvias y el deshielo permanente de cumbres y laderas. Cruzamos la cascada de la Ducha  sobre un rústico puente de madera y ascendemos, entre la nieve y el agua, buscando el sendero que transita paralelo al Arroyo de la Navazuela. La nieve es a veces hielo de difícil tránsito, otras, polvo de suave pisar. Así llegamos a la Fuente de Antonio Ruiz de Velasco para continuar por el Camino Schmidt y bordear el Collado Ventoso hasta el Puerto de la Fuenfría, para descender por el Camino Viejo de Segovia hasta el inicio del aparcamiento de Majavilán.


Carámbanos a lo largo del camino.

La nieve se hace manantial y corriente que el tiempo mezcla con el pasado de siglos. Nuestros senderos de esta jornada son los mismos por donde hace siglos corren los vientos y los corzos, por donde hace milenios que las aves formaban nidos y amores de altos vuelos, por donde los hielos de todos los siglos conservaban el brillo del musgo para lucir en la fronda de la primavera, por donde mi respiración se une a la de los paseantes de hace una semana y de hace dos milenios cuando los romanos transitaban por estas calzadas, son los mismos senderos de toda la historia y del futuro todo por donde las personas, los animales, los árboles, los pájaros, el agua, la piedra, los vientos… continuamos en unión intrínseca más allá de la vida y del tiempo.


Estamos en Collado Ventoso.

Javier Agra.

 

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