sábado, 26 de septiembre de 2026

CAMINO OLVIDADO: HASTA LA MAGDALENA


Pepe y yo continuamos nuestra aventura de los últimos seis años (Pepe ya lleva catorce), recorriendo diferentes Caminos de Santiago. Estos días queremos concluir el llamado Camino Olvidado o Camino de las Estrellas que venimos haciendo desde Bilbao.

Para llegar a la Robla, madrugamos desde Moveros. Llegamos en autobús a León a una hora prudente que nos permite sacar billete en otro trasporte hasta la Robla, donde comenzamos a caminar los dieciséis kilómetros que nos separan de la Magdalena.

Es posible, porque venimos entrenados y esta etapa solamente tiene un desnivel que ronda los trescientos metros acumulados. La Robla dista apenas cuarenta kilómetros de Acisa, la aldea donde comencé a nacer hace setenta y cuatro años y varios meses. Sin embargo siempre me pareció un lugar muy lejano y misterioso, seguramente porque en mi infancia todo era más lento y pausado. Las distancias se recorrían a pie o, en el mejor de los casos, con el burro como apoyo.

En el Camino Olvidado, nos vamos encontrando paisajes que nos hacen gozar de la naturaleza y confiar en una tierra más libre y feliz para toda la humanidad y la naturaleza entera.

El tren en el que yo viajaba a Cistierna a ponerme aquellas inyecciones “terribles” pero que me salvaron la vida cuando tenía ocho años era el “tren de la Robla”, el mismo que a los once años me llevó por primera vez a Bilbao para comenzar mi vida nómada que, desde entonces, no ha cesado. La Robla “tenía” un torreón que había sido cárcel, aún lo tiene pero desde mi perspectiva actual la mayoría de aquellas imágenes infantiles adquieren otro significado.

Pepe y yo hacemos “una robla” (parece que era una comida más o menos copiosa con que se cerraba alguna compraventa o pacto verbal) y establecemos como pacto llegar en los días que el cuerpo nos pida, hasta Villafranca del Bierzo y concluir nuestro camino.

Albergue del Camino en La Magdalena.

Los caminos de esta jornada, son más o menos asequibles a nuestras fuerzas y a esta hora en que la tarde apremia. Pasamos pues por Llanos de Alba, Sorribos con su casa blasonada y Olleros ambos de Alba, poblaciones en las que resuenan antiguas leyendas y que fueron más prósperos de lo que hoy enseñan. Cambiamos de la vertiente del río Bernesga a la del río Luna y también de ayuntamiento para llegar a Carrocera y continuar a Otero de las Dueñas que tuvo un activo monasterio cisterciense  hoy perdido entre pequeños terrenos y alguna vivienda también en abandono.


Río Luna a su paso por la Magdalena.

Había llovido por algunos lugares, antes de nuestro paso, dejando un dulce aroma a petricor cuando entramos a La Magdalena. Al otro lado del río Luna, el albergue es nuevo, limpio y espacioso. Con siete camas distribuidas en dos habitaciones, además de un baño, una cocina y un recibidor de estancia cómoda.

Javier Agra.