viernes, 12 de enero de 2024

PICO HUMIÓN (III) REGRESO





Iniciamos el descenso desde la Cumbre del Humión. Al fondo vemos el Pico Talos Somos, más allá hacia el oeste montañas de Palencia y multitud de montañas.

El regreso lo haremos por otro camino. Con frecuencia en la vida hemos de variar el rumbo porque cuando descubrimos senderos de luz y de libertad es necesario seguir la estrella de luz que nos guía. Poco más allá del vértice geodésico en forma de pirámide de hierro coronada por una cruz, descubrimos una cortada entre las piedras; es el inicio del sendero hasta el Pico Talos Somos hasta el que llegaremos por un camino arduo y seguramente lo más complicado de toda nuestra ruta. Nos guían unas placas de metal que cada cierto tiempo están colocadas a modo de hitos. 


Detrás queda la brecha por la que comenzamos el descenso.

El sendero a veces transcurre por el mismo vértice estrecho con vistas a ambas vertientes, a veces nos indica saltos hacia abajo hacia arriba entre las rocas cortadas en láminas como hojas de libro. Así avanzamos por esta biblioteca de piedra y de siglos hasta llegar al Pico Talos Somos donde la vista se relaja entre el verdor y el sosiego mientras contemplamos las moles de roca que hemos dejado atrás. 


Entre esas escarpadas rocas, con el Humión al fondo, llegamos hasta el Talos Somos.

El sendero ahora es pradera por la que descendemos pocos metros más abajo del collado hasta una roca doble con el nombre de “Cura y Ama”, ignoro cómo sea de oficial el citado nombre. A la vuelta de esta roca hay colocada una imagen de María dentro de una hornacina en la misma piedra, conocida como “Virgen del Pico Humión” con la siguiente inscripción:


 Hornacina en la roca con la imagen de la Virgen del Humión.


“Esta advocación mariana nació en julio de 1986 en el seno de un grupo de seminaristas pertenecientes a la Congregación Hijos de la Sagrada Familia (Colegio Padre Manyanet, Alcobendas) siendo prefecto el Padre Antonio Pérez Cuadrado S.F. durante las convivencias de verano que se celebraban cada año en el Colegio Virgen de la Salud en Montejo de Cebas (Burgos).  

Gracias a la inspiración de un joven seminarista, en la actualidad sacerdote, Antonio Cano Valleros y a la unión e ilusión en la fe de todos aquellos jóvenes. Monte Humión, 30 julio 2010” 

Desde el Collado seguimos una senda, poco visible en su nacimiento, que arranca al pie mismo de una estaca de madera. Se va aclarando la senda entre fina piedra que es necesario pisar con prudencia en una pronunciada pendiente hasta introducirnos en un hayedo mágico de formas y colores entre la fantasía y la acuarela del sol que baila en las rocas que cierran el valle, en los troncos, en las ramas, en la multitud de hojas que mullen el suelo por el que continuamos pendiente abajo ora por sendero, ora por los caminos de la intuición. 


El hayedo en el descenso.

Y entre las aves de grácil trino suena en mi corazón la Sinfonía Castellana (1923) del músico burgalés Antonio José (1902 – 1936) en sus cuatro movimientos con la sutileza permanente del campo en sus notas, con el sosiego de las sucesivas vivencias de esta jornada, mientras los montañeros descienden serenamente entre troncos y guitarra, entre fantasía y sonoridad de las hojas húmedas hasta encontrar la Fuente de Yédramo actualmente sin agua pues está succionada para un depósito que han construido a su lado, destinado a abastecer al pueblo de Cubilla de la Sierra. 


Fuente del Yédramo.

No continuamos por sendero visible que discurre por fuera del bosque a nuestra izquierda, buscamos y encontramos otro marcado camino bosque abajo entre las hayas que muy pronto dan paso a un frondoso pinar. Nuestra marcha se va haciendo más lenta pues el sendero cruza una vaguada y comienza un ligero y permanente ascenso. 

Nos acercamos al pueblo media hora después de haber dejado las hayas y los pinos, por entre prados y vacas, entre arroyos apenas perceptibles y envueltos en el silencio infinito que reina en estos Montes Obarenes donde destaca el Pico Humión que ya para siempre forma parte de la palpitación del corazón. 

Javier Agra.

miércoles, 10 de enero de 2024

PICO HUMIÓN (II) LA CUMBRE


Entre las Hoces de La Horadada y El Sobrón, el espacio natural de los Montes Obarenes está lleno de luz y vida. Resalta el Pico Humión, mole fornida visible desde la distancia, imán que susurra al montañero y lo atrae sin remisión. 

Pasamos la noche en el pequeño pueblo de Cubilla de la Sierra; mientras el sol despierta sus primeros bostezos estamos aparcados junto al caño y la fuente del final del pueblo. Diversos caminos suben en dirección a la montaña seguramente para atender fincas y granjas, nosotros hemos de seguir el que parte hacia la derecha en un ligerísimo descenso, la vista se pierde en una curva hacia la derecha. De inmediato comenzará a subir aún entre un estrecho camino de asfalto. 


Comenzamos a subir hacia Portillo de Jarillas y la loma que conduce al Humión. El pueblo de Cubilla de la Sierra brilla entre reflejos con el sol de la mañana.

Unos metros más arriba, el asfalto gira en cerrada curva hacia la izquierda, por la que nosotros ya no continuamos. En este punto arranca un sendero bien visible de frente, que atraviesa a mi parecer, lo más desagradable y aún insalubre; es una vaguada donde remansan abonos y orines, boñigas y barro en una amalgama poco feliz que debemos vadear como mejor nos indique el sentido común. Sobre nosotros descubrimos una granja bien surtida de vacas de apetecible leche y suculenta carne ¿Habrá alguna manera de arreglar este desafortunado vertido?

En ligero ascenso, sigue nuestro camino para ganar altura y llegar en pocos minutos a un pequeño collado. En él nos detendremos unos minutos para disfrutar del sol que está sembrando de luz y colores la cuerda que divisamos ya en toda su extensión allá arriba, el cercano pueblo de brillos y reflejos que ha quedado a nuestros pies, grupos de amenas vacas que pastan relajadas en diferentes prados y en la libertad de esta ladera que tenemos delante. 


Suaves lomas, quebradas, dolinas...los montañeros avanzan hacia la cumbre del Pico Humión.


A nuestra espalda queda un pequeño otero con su antena de telefonía. Los montañeros subimos por el dibujado sendero que nos lleva paredaño a un arroyo sin agua la mayor parte del año pero que dibuja paisajes de sosiego y armonía de sinfonía, oigo en mi corazón la novena de Anton Bruckner (Ansfelden 1824 – Viena 1896) sinfonía en la que trabajó varios años y al final quedó incompleta... Nuestra vida y nuestras montañas también están siempre en proceso, siempre hacia su plenitud. Llegamos por el Portillo de las Jarillas a la larga cuerda entre un inmenso mar de enebro rastrero y otras plantas tendidas como alfombras para amenizar nuestra marcha. Delante de nosotros, ligerísimamente a la derecha destaca el Pico Flor solemne y sonriente; el Pico Flor llama a los montañeros que tienen la tendencia a ignorar su sencilla majestuosidad y continuar camino hacia la cumbre del Humión.


Desde el Portillo de Jarilla se amplía la vista hasta otros montes visitados en diferentes ocasiones.


La serenidad de la música se mezcla en el corazón con el arroyo que ya se cierra acaso en su inicio donde se cierra el valle entre pastos y dolinas al pisar la loma cimera por la que caminaremos desde ahora hasta la cumbre del Humión. También aquí llegan asiduamente las vacas con su manso pastar, a veces levantan la cabeza para saludar a los montañeros, para contemplar igual que contemplo yo el silencioso y casi inmóvil vuelo de un águila en la eternidad azul de un cielo que entrega su luz para ser resplandor de la tierra entera. 


Desde la loma cimera vamos con el Ebro a nuestros pies y diferentes montañas vascas y navarras en la distancia.

Nos desviamos para contemplar durante unos minutos una dolina sueño de siglos, llamada de todos los tiempos a estos montañeros que pasamos hoy, a los que seguirán caminando por estas mismas pisadas que permanecerán sobre estas cumbres cuando mi cuerpo sea olvido y espíritu eterno. 

Llegamos a la cima, hace tiempo que el Ebro serpentea a nuestros pies; en uno de sus meandros, casi cerrado sobre sí mismo, está la Central Nuclear de Garoña, ya en desuso. A lo lejos aparecen diversas cumbres que vamos nombrando con recuerdos y con sueños. Montañas de Palencia... del País Vasco... allí el Amboto reino natural de la Madre Tierra con la cueva de Andra Mari a mil doscientos metros, ciento treinta y uno antes de hacer cumbre; el Gorbea con recuerdos de mi juventud primera por tierras donde disfruté la vida, la soledad, el estudio, la paz... 

Estamos en la cima del Humión con su vértice geodésico en forja de hierro piramidal coronado por una cruz. 

Javier Agra. 

lunes, 8 de enero de 2024

PICO HUMIÓN (I) FRÍAS


Madrugada en Madrid camino del Pico Humión, de las diferentes subidas nosotros comenzaremos en Cubillas, pero antes pasaremos por Frías ciudad de la que hemos visto y oído notables hermosuras. Los últimos kilómetros en el coche exigen especial atención pues la carretera se estrecha y, con frecuencia, tiene profusión de curvas y cambios de rasante. 

El paisaje es un adelanto en belleza de lo que esperamos encontrar en nuestra ruta al Pico Humión. Pero aún antes de Frías hacemos una parada al acercarnos al pueblo de Tobera, en el entorno del río Molinar queremos admirar algunas construcciones y remansos de la naturaleza que despiertan nuestro interés y que son capaces de serenar los ánimos más desaforados. 


En Tobera, a orillas del río Molinar se encuentra la ermita románica de Nuestra Señora de la Hoz.

Cruzamos el puente medieval de piedra sobre el citado río, ascendemos la empinada y breve cuesta suavizada en numerosos escalones hasta la ermita de Nuestra Señora de la Hoz de arquitectura románica, entre columnas y arcos de antigua piedra que brilla protegida por los roquedos cercanos de los que cuelga una abundosa naturaleza verde; la ermita es una prolongación de piedra y vida que proyecta la luz del sol y de la esperanza sobre los visitantes y sobre la tierra entera. 


Puente medieval sobre el río Molinar.

Las cercanías del río Moliner son un atractivo muy interesante de nuestra excursión con el disfrute añadido de quejigos y naturaleza vivaz. El tiempo se detiene en estos paisajes y nuestro corazón se funde con los latidos de siglos y de vida del presente y de todos los tiempos. El corazón es una prolongación de las vidas del pasado, de os deseos de libertad y de paz para todos los tiempos. 

El Cerro de la Muela es un altozano. Allí, entre empedradas calles, se levanta desde hace siglos la ciudad de Frías que domina un espacio amplio de tierras de cultivo entre suaves montículos sobre el valle de Tobalina. Es Frías la ciudad más pequeña de España, tiene dos lugares culminantes a visitar y entre ellos empedradas calles, cuestas de ensueño, casas con apariencia mágica, antiguas paredes con silencios de siglos impresos en la piedra de sus muros. 


Antiguo Patio de armas del castillo de los Velasco.

En un extremo, el castillo de los Velasco defendido casi todo él por fuertes cortadas caídas a plomo entre antiguos barrancos hoy con edificios y por un breve foso con puente levadizo por el que aún hoy entramos los visitantes con menos estruendo que aquellos antiguos caballeros y palafreneros. Pasamos a su interior, caballeros sin lanza ni adarga, con rostro admirado y descansado caminar. 


Más allá de las almenas del castillo, el Humión nos llama.

Más allá de las almenas contemplamos el Ebro y el imponente Humión que no son guerreros enemigos sino apetecibles compañeros de presente y de siglos antiguos. Aquí seguirán serenamente silenciosos cuando mis pisadas se hayan borrado y el recuerdo de mi espíritu esté flotando en estas aguas y en aquellas cumbres en los futuros siglos. 


Interior del templo de San Vicente mártir.

El otro lugar es la iglesia de San Vicente protectora de la ciudad al otro extremo del castillo cerrando la muralla sobre otro cortado rocoso. Antiguo edificio románico, hoy muestra una mezcla de estilos construidos en diferentes épocas. En su interior veo pasar el tiempo de las personas entre siglos de emociones y amores, entre siglos de peleas y de pactos, entre siglos de esperanzas y de ilusiones. 

El templo tiene, a mi parecer, cuatro apartados identificados por sus retablos: el de San Vicente que es el retablo mayor; el del Cristo de las Tentaciones; retablo de Nuestra Señora de la Soledad; capilla de la Visitación con su retablo y las pinturas realizadas por el maestro Juan de Borgoña. 


Casas colgadas, como una ingravidez mágica.

Entre sus calles, paseamos hasta las casas colgadas cuando el sol del mediodía invita a sentarse a yantar una buena ración de legumbres y carnes castellanas, llegará en su momento; antes queremos continuar nuestro paseo por sus calles y sus antiguas puertas del Postigo y de Medina; nos detenemos un tiempo ante la imponente vista de las casas colgadas allá arriba casi apuntando al cielo y debajo de nosotros tendiendo hacia el río el barrio de la judería. 


Puente medieval sobre el río Ebro.

Nos acercamos al Puente Medieval sobre el Ebro con su calzada romana y su torre defensiva antaño con puerta para cerrar y cobrar el pontazgo. Paseamos entre las saeteras y las antiguas almenas de defensa, contemplamos el ingenio de los tajamares para cortar el agua del Ebro sin hacer resistencia a su estructura pétrea. 

Una última vista a Frías, antiguamente con el nombre de Fridas y salimos hacia Cubillas de la Sierra desde donde mañana intentaremos subir al Pico Humión. 

Javier Agra