jueves, 30 de octubre de 2014

HOYOCERRADO DESDE EL PUERTO DE LA MORCUERA (I)



Este año, octubre ha sido cálido y aún caliente durante las prolongadas horas de luz, el sol se ha ocupado de calentar la tierra durante muchas horas para que puedan nacer las setas y bailar las aves en los crecidos arroyos. Los montañeros pueden disfrutar por Guadarrama en mangas de camisa y aún podrían haber viajado por la sierra con el torso desnudo al sol, si no fuera porque los montañeros saben que el sol de octubre tiene más fuerza de la que indica el adelantado otoño.

Mapa de la zona recorrida.

Aparcado el coche en el Puerto de la Morcuera nos adentramos hacia la Cuerda Larga por la senda placentera que bordea la Najarra –cercano y accesible mirador para un breve paseo–; apenas superado el primer Collado se asoma a nuestra izquierda, en las profundidades, el Hueco de San Blas. Nos despedimos, hasta nuestro regreso, de la inmensa serenidad de la Cuerda Larga y enfilamos montaña abajo buscando senderos para llegar al Hoyocerrado que es nuestro objetivo a descubrir en esta soleada jornada.

No encontramos senderos; sabemos…sabe Jose que es quien conoce, prepara y acierta estas salidas de expedición e investigación… que hemos de acercarnos hacia los Riscos de Peña Arcón, de modo que descendemos y nos acercamos. Las cabras nos miran indiferentes, después de varios años de convivencia han aprendido que los montañeros no somos predadores. En algún momento del descenso damos con un sendero o amago de sendero, poco a poco se va haciendo más claro su trazado.

Los montañeros buscan, en descenso, senderos cercanos a los Riscos de Peña Arcón.

Hemos hecho sendero en amplios zigzag hasta cruzar el Arroyo de Vitros en una casi idílica o bucólica tupida cúpula de vilortas y paleros de vivo verde más propio de la primavera que de este adelantado octubre; acaso quiera la vegetal naturaleza unir los hemisferios de la tierra. De nuevo abandonamos el sendero e iniciamos otra búsqueda hasta alcanzar un sendero que estamos viendo, esta vez muy claro, unos metros más abajo al que llegamos silenciosos para escuchar el sonido del agua que brota en dispersos manantiales antes de acercar su agua nuevamente al Arroyo de Vitros en otro amoroso encuentro más abajo.

De color entre pardo y naranja  como la noche y el amanecer, la cogojuda montesina pasea su conversación en entretenida bandada; los dos montañeros, que entienden poco de pájaros pero los aman, detienen su paso, observan y sienten que la naturaleza extiende aromas de dulzura y calma.

La Najarra y parte de nuestro recorrido hasta Hoyocerrado.

Hemos dejado atrás hasta cuatro estaciones de seguimiento de ungulados, al alcanzar el quinto de los que vemos, llegamos también hasta la pista que supone el final de nuestro descenso. Pensamos que está bien eso de construir diversas “casetas” para atender al cuidado veterinario de las cabras que pueblan nuestra Sierra. Las pistas de tierra son muy anchas y con diferentes usos; nuestro objetivo es Hoyocerrado, por eso buscamos con calma, intuición y observación previa en el mapa la senda que sale enseguida a la derecha por media ladera y en breve ascenso llevará a montañeros y ciclistas al mismo objetivo. Sentado entre los recuerdos, me parece haber vivido una pequeña aventura; cuando lo recorrí, hace pocas jornadas, al lado de mi compañero de montaña, fue una pequeña aventura.

Agua,
agua y bandadas de cogujas montesinas;
agua y verde naturaleza bailando el vals del sol de octubre sobre la tierra; agua y pinares;
agua y canciones de paz;
agua, los montañeros y la libertad.

Javier Agra.

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