sábado, 14 de mayo de 2016

PUERTO DE MALANGOSTO: 1 LAS SERRANAS



Los primeros siglos del idioma español vieron nacer numerosas canciones SERRANAS y pastoriles entre nuestros autores. El Libro de Buen Amor del Arcipreste de Hita es uno de los ejemplos más preclaros: La Chata será una mujer libre y de poderoso carácter con la que nuestro autor se encontró en el puerto de “Malangosto”. Nosotros nos proponemos realizar esta misma ruta.


Lugar de encuentro de la Romería cerca de las Peñas Crecientes.

La mayor parte de las aventuras de nuestro citado autor ocurren en el medio urbano; sin embargo cuenta con animoso gracejo el encuentro con cuatro Serranas: la Chata de Malangosto, Gadea de Riofrío, Menga Lloriente de Cornejo y Aldara de Tablada. A las cuatro trata amablemente y aún desde la humildad, seguramente sabe nuestro Arcipreste que las mujeres son grandes conocedoras del monte y además de estar en sus dominios son valerosas y muy capaces de vencerle en cualquier enfrentamiento con fuerza.

Las serranas serán quienes le guíen en su andadura por la montaña. Además de conducirle por los mejores caminos le alimentan, le dan cobijo y acaso algún regocijo compartido de común acuerdo. Piden las serranas alguna paga material como trueque por su ayuda, el Arcipreste se apresura a comprometerse en un pago aunque es menor que el favor recibido. Presenta a las SERRANAS como mujeres hospitalarias, fuertes y hábiles para vivir con cierta prosperidad en medio de las soledades antaño llenas de peligros, las mismas soledades por las que hoy paseamos los montañeros sin miedo.

Esta piedra cercana a las Peñas Crecientes recuerda que este puerto fue un “inmemorial paso Ibérico”, después la Calzada Romana XXIV y aquí cada año se celebra una romería en recuerdo de la Chata de Malangosto y del Libro de Buen Amor.

Además de breves canciones serranas populares donde los mozos que se adentraban en la sierra quisieran encontrarse con una moza que les guiara, encontramos que Lope de Vega (La Serrana de la Vera entre otras), Calderón de la Barca (Rosaura en La vida es sueño), Tirso de Molina (Doña Juana de Valladolid en Don Gil de las Calzas Verdes)  o Cervantes (La Dorotea en la Primera parte del Quijote) son grandes escritores con personajes femeninos que se dedican a la vida en la sierra por unas u otras causas. El Marqués de Santillana popularizó a la “vaquera de la Finojosa” hiperbólicamente hermosa en su famosa quinta serranilla, con la que se encontró “en la frontera” acaso entre las tierras cristinas y musulmanas, tal vez entre Castilla y Aragón. 

Al pie del Puerto de Malangosto se encuentra el Chozo de la Chata entre el verdor y el agua de una incombustible fuente.

Acaso sea la Serrana de la Vera el personaje más extendido y popularizado de estas mujeres de incontable y formidable valor. Son diversos los autores que han dado forma literaria a esta popular mujer agredida sexualmente por un capitán y del que ella se tomó cumplida venganza. Vistiendo ropas y atuendos masculinos participó en numerosos lances donde dio muerte a multitud de varones, allí donde Gila Giralda daba muerte a un varón colocaba una cruz que era su señal y también una oración por el difunto.  Lope de Vega, después Vélez de Guevara inmortalizaron a esta mujer que sitúan en Garganta de la Olla donde cada año recuerdan el acontecimiento durante varias jornadas con diferentes actos.

Sea como fuere, las SERRANAS son mujeres insatisfechas con la sociedad en que viven, transgresoras porque quieren construir una relación diferente entre las personas desde la igualdad, la libertad, la paz que sean para todo el género humano.

Javier Agra.    

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