sábado, 10 de enero de 2026

ESTAMPAS: EL PÁJARO


Sobre mi cabeza, haciendo pétrea cortina hacia el cielo, el Pájaro se eleva inmenso cuando damos un recodo por la autopista de la Pedriza después de subir una empinada cuesta de piedra suelta entre el verde pálido de las arizónicas que nos acompañan casi desde el inicio apenas cruzamos el Manzanares en Canto Cochino.

Más abajo dejamos el desvío hacia Prado Peluca y el Refugio Giner con la suave música del Arroyo de la Dehesilla que siempre me recuerda la composición de Tchaikovski “Álbum infantil”; después vendrá el puente de madera para cruzar el Arroyo de la Ventana y subir hacia el Collado de la Ventana o continuar la marcha, sin cruzar el citado arroyo hacia los Cuatro Caminos, Puente de los Poyos, Majada de Quila… como tantas veces hemos hecho.


Hoy me detengo un instante en este hermoso mirador desde el que me fotografía Jose con el Pájaro al fondo.

Desde aquí me hago un pequeño grano de arena en el engranaje de la humanidad entera que ha pasado siglos a la intemperie de la vida y sus problemas; de la humanidad que ha sabido construir el presente de cada momento desde el esfuerzo y la constancia; de la humanidad que siempre ha mirado a los ojos, de frente a sus vecinos y a cuentos se encontraba en su camino durante siglos de nomadismo antiguo y de emigración más reciente; de la humanidad que respira por donde transita sin apropiarse del aire ni del sol ni del agua que fluye libre ni del canto de las aves ni de los animales de que se sirvió durante toda la historia, animales a los que nuestros antepasados respetaron y amaron como compañeros de camino y de vida, como alimento venerado y sagrado…

Mirador desde donde sacamos la fotografía con el Pájaro al fondo.

Desde este mirador contemplo la serenidad esforzada de la CUERDA DE LOS PINGANILLOS, donde he subido en numerosas ocasiones, del Callejón de Abejas que desemboca en el Collado de la Ventana a través del Collado de la U. Así, la Pedriza que es una parte pequeña de la Sierra de Madrid y casi insignificante de las montañas de la Tierra, nos recuerda cada día que somos diminutos, que somos apenas un soplo o una efímera hierba y al mismo tiempo somos espíritu inmenso porque tenemos para siempre el Espíritu de la Vida.

Javier Agra.

 

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