viernes, 10 de julio de 2015

CUEVA VALIENTE (I)



Desde Cueva Valiente se contempla un contraste entre el verdor vegetal de la montaña y el color ocre de Castilla, con San Rafael en primer término.


Luminosa Sierra de Malagón en el Macizo de Guadarrama.
Su punto más alto es Cueva Valiente, mil novecientos tres metros, con hermosas vistas, con una brisa que abraza Madrid y Castilla por Ávila y Segovia. Varias veces habíamos ascendido hasta su cumbre sin encontrar la “cueva”. Hoy Jose ha revisado mapas, orografía…ha diseñado el camino para pasar a verla y admirarla.

Llegamos hasta San Rafael por el Puerto del León. Antes de las primeras casas, hacia la izquierda comienza una pista asfaltada que seguimos entre pinares en dirección al Espinar. Aparcamos el coche en las inmediaciones del Arroyo de la Gargantilla e iniciamos la marcha.


En medio del pinar se levanta una mole de piedra de granito, vamos hacia ella para encontrar Cueva Valiente.


Está solitaria esta parte de la Sierra. Es bella esta soledad. Madruga cualquier día de julio entre dorados rayos de pinos y sol. Suena la armonía del último hilo del Arroyo de la Gargantilla entrelazado con el primer canto de los pájaros. Los montañeros ascienden con tenue pisar por senderos paralelos al grueso y desigual suelo de rocas del camino más usual. En silencio para armonizar la respiración al sosiego mágico de la naturaleza en el pinar.

Pasamos a la provincia de Ávila por una portillera giratoria de metal. El aire es igual, el mismo corazón, la misma quietud monte arriba, la naturaleza no tiene provincias ni fronteras ni pasaportes. Diversos senderos en diferentes direcciones. Sabemos (Jose sabe) que unos metros antes de mil seiscientos, saldrá una pista hacia la izquierda. Llegamos hasta ella, es tan amplia como la que hasta aquí nos ha traído. Pocos metros más allá encontramos un carcomido cartel que indica la presencia de una fuente escondida entre los helechos: “Bellver Marqués”.


Fuente Bellver Marqués. La coloco en el blog porque es un lugar hermoso y de nombre familiar.

Sendero adelante… ¡Una parada! Estamos viendo el roquedal de la “Cueva Valiente”. Respiración emocionada. El sol nos abofetea y reclama atención, hemos de poner la gorra, la crema…sobre nosotros está el collado…es una suerte que disminuyan los pinos en esta explanada, podemos contemplar el entorno. Continuamos.

Poco antes del collado encontramos una senda apenas pisada que se dirige hacia la inmensidad del bloque de roca. ¡Camina montañero! ¡Camina hasta la cueva! Llegamos al bloque, apenas superada su mitad sube una senda hacia la inmensa piedra… ¡estamos a la entrada de Cueva Valiente! Es el lugar más umbrío de toda la montaña, su interior conserva húmedo frescor incluso estos días hirvientes de julio.


Entrada de Cueva Valiente. La sensación es que fue construida con recios golpes de maza y poderoso brazo.

Los montañeros emplean tiempo para la admiración y el regocijo del entorno. Llegar hasta este lugar requiere más paciencia que valentía. Aquí está, en medio de la abierta luminosidad la oquedad oscura de la cueva. Otro misterio de la naturaleza, otro soñado encuentro entre la palabra y el vacío, entre la seguridad y el miedo. Misterios del pasado remoto y del más reciente… ¿Nuestros prehistóricos antepasados se escondieron aquí algún tiempo? ¿Bandoleros? ¿Escondidos en la tragedia de la guerra? ¿Minas frustradas de algún inexistente metal?... Leyendas y fábulas. Todas las cuevas tienen su literatura ancestral.

Montaña arriba para llegar a la cumbre. Hacer cima en Cueva Valiente es sencillo para quien decida hacer una excursión por la Sierra de Guadarrama. Encontrar la cueva es una búsqueda para añadir paciente pericia a la jornada. Vértice geodésico. Cumbre. Trescientos sesenta y cinco grados de vistas y de montañas. En la explanada a nuestros pies se conserva un refugio en muy buen estado. 



Regresamos por una pista que otrora fuera asfalto. Así hacemos un círculo por las alturas.
NOTA. Seguiré escribiendo sobre esta montaña. Por hoy, firmo y callo.

Javier Agra.

lunes, 6 de julio de 2015

PATIO DE NUESTRA SEÑORA DE TIEDRA VIEJA.





Era caliente la tarde bajo el sol castellano cuando pasé a este interior silencioso y cálido, de construcción antigua y sosegados muros; el tiempo ha dejado las estaciones y las horas para respirar serena inmensidad. He subido despacio por estos peldaños de paz.

Fuera de estos muros, grita el sol aullidos de batallas; grita pendencias cruentas y dolorosas; grita cautiverio y esclavitud; grita pendencias de riquezas y honores que los humanos rapiñan a través de siglos y de pólvora; grita odios en todos los idiomas y rencor de sangre en los corazones.

El poeta tiene sangre en los ojos y lágrimas en las manos; hinca su corazón en la tierra donde crecen raíces de paz y raíces de guerra; espera que la semilla de palabras dulces del interior de este patio de fraternidad sin tiempo, salga por la puerta del fondo y viva en flores y frutos de abrazos y libertad.

La vida caliente de este patio del Monasterio de Nuestra Señora de Tiedra Vieja será pan y abundancia para toda la tierra cuando el animal humano transforme su corazón en palabra y aliento, en abrazo y silencio, en poema y musical paseo.

Javier Agra.

domingo, 5 de julio de 2015

POR LA BOLA DEL MUNDO



Escuchad los sonidos del alba.
Musitan las aves entre vuelos y aire, aún no se atreven a entonar los píos primeros; rosicler del sol y de la naturaleza entera. Acaso coincidan el primer rayo y la canción primera de los pájaros. Petirrojo, alondra, chochín…En un instante la naturaleza baila risas, colores, trinos, vuelos…la mañana extiende libertad en la vida de la montaña.
Ahí estamos los montañeros, silenciosos en el inicio de la marcha para escuchar los sonidos del alba.

Estamos subiendo por el antiguo teleférico de Bola del Mundo. Un repecho continuado para remontar desde mil ochocientos veintisiete metros hasta dos mil doscientos sesenta y uno. Lentamente, entre saltamontes y cigarras; entre los breves cardos y las numerosas retamas.

Nos agrupamos en la antigua estación del teleférico. El sol brilla de hermosura, montaña abajo, desde la escultura levantada a la Madonna de los esquiadores.

Más suave hasta la Bola del Mundo, los ocho compañeros de esta comitiva de julio llegamos haciendo grupo. Desde aquí dominamos Sierras, cumbres, Gargantas… Desde aquí queremos aprender a controlar nuestras acciones y ser granos de arena en la paz de la tierra. En este punto nos hemos fotografiado muchas veces: en grupos, solitarios, con nieve, con viento, con nuestras compañeras Munia y Pipa, al finalizar la Cuerda Larga, al iniciar una marcha circular…

…Esta es la fotografía de hoy en este Alto de las Guarramillas.

Montaña abajo cuatrocientos ochenta y un metros por la senda local que busca la Fuente de la Campanilla, entre la brisa dulce del Guadarrama. ¡El espíritu se llena de tanto sosiego! ¡Vuela libre el corazón entre el vegetal y la piedra de la montaña! Canta el carbonero garrapinos cuando la senda nos adentra en el pinar montaña abajo. Los ocho montañeros compartimos agua y viandas al llegar a una explanada antes de continuar, ahora llaneando entre los pinos en busca del arroyo de La Cabrilla en la Garganta del Infierno.

Garganta del Infierno, vista desde las cercanías de La Bola del Mundo también llamado Alto de Las Guarramillas.

Conversan los pinos de la Sierra con nuestras gorras sobre las locuras de los humanos a quienes cubren las cabezas. No saben que, después de tantos años, ya balbucimos el idioma la naturaleza; los montañeros escuchamos y callamos. Montaña arriba por la Garganta del Infierno, caminamos al encuentro de la Fuente de la Caña.

Fuente de la Caña.
Después de doce años recorriendo El Guadarrama, para mí hoy ha sido nueva la mayor parte de la marcha.

Desde aquí subimos a los Emburriaderos. Bajo el sol castellano de julio y en conversación animada los ocho montañeros, estamos llegando al aparcamiento de Navacerrada.

Javier Agra.