miércoles, 15 de noviembre de 2023

RÍO DUERO (I)


En la estepa

del alto Duero, Primavera tarda,

¡pero es tan bella y dulce cuando llega!

Antonio Machado (Sevilla 1875 – Colliure 1939)

 

Ahora que los años han dibujado arrugas en mi piel y pintado mi cabello en blanco; ahora que he recorrido muchos kilómetros y atravesado montañas y sembrados, recuerdo la primera escuela donde me quedaba absorto escuchando al maestro contando historias sobre el inmenso río Duero que recogía el agua escasa que pasaba por los campos de mi aldea.

 

He subido otra vez al Pico de Urbión, he bajado hasta su maternal falda donde acuna al pequeño Duero en sus primeras aguas, apenas unos chorros de lágrimas de niño amamantado por la leche materna de la montaña. Suena en mi corazón el Concierto para piano número uno de Chopin (Varsovia 1810 – París 1849) con la ternura y suavidad de este río niño de cauce leve culebreando por  el valle en ligera pendiente, mientras el sol calienta la tibieza de sus aguas de montaña. Paso a paso quiere recorrer entre la nieve y el poema los ochocientos noventa y siete kilómetros hasta el Océano Atlántico, incontable y misterioso.


El nacimiento del río Duero contiene muchas anécdotas y carteles. Aquí una piedra con los primeros versos del conocido poema de Gerardo Diego: Río Duero, río Duero / nadie a acompañarte baja / nadie se detiene a oír / tu eterna estrofa de agua…

Y añade el siguiente texto: “Aquí en las faldas del Pico Urbión, en la localidad de Duruelo de la Sierra, a 2160 m de altitud inicia su andadura el Río Duero que tras recorrer 897 km entrega sus aguas al Océano Atlántico en la ciudad de Oporto”

 

Muy pronto comienza a hacer amigos el amigable Duero. De la alta sierra, por donde anduve con paso lento, le abrazan el Ebrillos que juega entre los pinos por su derecha y el Revinuesa por su izquierda que cae a plomo desde la Laguna Larga y da nombre a todo un valle. Caminan juntos entre canciones, pinares y múltiples setas hasta calmar su acelerado ritmo en Embalse de la Cuerda del Pozo, también llamado el embalse de la Muedra pues tal era del nombre del pueblo oculto por sus aguas. Allí en la Playa Pita tienen los sorianos su playa a falta de otro mar cercano. Más arriba ha quedado la Laguna Negra de belleza hipnótica, inmortalizada por su grandiosidad y por Antonio Machado en La Tierra de Albar González.

 

Duruelo, silencioso pueblo como su Cristo de las Maravillas de estilo gótico en el templo de San Miguel a cuya sombra se cobija una necrópolis medieval. Covaleda lugar de serenidad y poesía sobre su historiado puente de piedra, entre pinares y verdor; desde hace algunos años se celebra una de las más célebres carreras de montaña de nuestra península: Desafío Extremo Covaleda Urbión.  Salduero, con la Fuente del Carretero junto al río y su puente. Tres pueblos entre montañas y pinos, entre verdor y misterio que pronuncian con sus nombres el río Duero, músico en estas latitudes entre peñas y senderos. 

 

Allá, en las tierras altas,
por donde traza el Duero
su curva de ballesta
en torno a Soria, entre plomizos cerros
y manchas de raídos encinares,
mi corazón está vagando, en sueños...
ANTONIO MACHADO en "Campos de Castilla"

Laguna Negra

 

El Duero se aplaca entre largas colinas y llanuras de la tierra soriana, donde el trigo brilla de verde y amarillo en primavera, donde los llanos son grises, salpicados de pino y frutales, en el verano. Se encrespa entre recodos de la Sierra de Carcaña, entre robles y pinos donde antaño bebieron agua los pobladores pelendones y, acaso, primitivos humanos antes de tener tribus con nombre.

 

Se abrazan varias sierras antes de las llanuras de Soria, el Tera llega hasta el Duero (son varios los ríos que mantienen ese nombre Tera), allí en el otero de la Muela se levantó Garray como recuerdo a la antigua Numancia poblada por tribus de pelendones celtíberos hasta que Roma la destruyó después de largo tiempo de asedios y de luchas en el año ciento treinta y tres antes de Cristo a las órdenes de Publio Cornelio Escipión “el Africano”.


Desde la cumbre del Pico de Urbión contemplo una parte amplia de la inmensidad de la tierra. Debajo la Laguna de Urbión, una de las numerosas que encontramos por estos paisajes de ensueño.

 

Numancia suena a misteriosa resistencia, a luchas y llanto, a esperanzas y duelos en la obra de Cervantes “El cerco de Numancia” (1585). Pero Numancia fue antes pacífica ciudad agrícola y ganadera, ruda y trabajadora entre los antiguos pinares y el agua clara del Duero que comenzaba a ser ancho río con el agua que ya recogía del Urbión, de la Sierra Cebollera y el Puerto de Oncola. Existen textos que aseguran que en sus excavaciones arqueológicas se encuentra el más valioso legado de la cultura celtibérica entre necrópolis, tallas, vasijas pintadas…  

 

Javier Agra

 

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