miércoles, 17 de enero de 2024

NIEBLA EN LA CIUDAD

 


Esta mañana era un lánguido terciopelo la ciudad.

Mis pasos se encaminan otra vez al Monte del Pardo y todo está borrado, el parque de otras madrugadas y el asfalto, los bancos y la hierba diminuta, parece que todo el mundo necesita un nuevo comienzo cuando paseo entre las encinas. Hoy han desaparecido las huellas de los jabalíes, hoy los conejos han dejado sus carreras.



Camino del Monte del Pardo han desaparecido edificios y personas. La niebla se ha tragado el día.


Seguramente le parecí una aparición fantasmal salida de entre la espesura de niebla a la mujer que paseaba su perro arrebujada entre la bufanda y la capucha del anorak; seguramente su corazón daría un vuelco cuando salí de improviso del vacío de la tierra, igual que mi corazón despertó casi con un respingo de sorpresa cuando vi salir su figura entre opaca luminosidad.


El Pardo se ha disfrazado de fantasmas esta mañana. Donde otros días el sol jugaba risueño entre las encinas, esta madrugada estaba el monte cubierto por una cortina de invisible futuro. Habían desaparecido las cumbres lejanas de la Cuerda Larga por más que mi espíritu las llamaba con gemidos de necesidad fraterna, los ribazos de verdor habían ocultado su presencia.



En el Monte del Pardo conviven las encinas y los fantasmas.


La ciudad se ha extinguido entre la niebla, es un pececillo tragado por el inmenso cetáceo que es la atmósfera de niebla, es una gaviota sin rumbo en el vacío del tiempo, es un corazón ausente sin diástole vital, sin comunicación con sus arterias y su respiración, es un desmayo impotente en este caminar de la humanidad tragada por la publicidad y los engaños.


Tristeza y ausencia…

Vacío y soledad…

Pisadas sin destino…


Pero continúo caminando, sé que tu voz pronunciará mi nombre, sé que llegará la luz y la palabra, sé que llegará el rumor de la amistad y el abrazo, sé que llegará el tiempo de la libertad y de la paz…


Javier Agra. 


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