Para siempre sonará en mi corazón aquella cantinela de la escuela de Acisa donde aprendimos aquello de “El Río Duero / nace en Pico de Urbión / provincia de Soria…” y así recorríamos con él toda la geografía y sus afluentes por donde pasaba el Duero. Ya de mayor he visitado todos aquellos lugares que cantábamos en la infancia entre el embeleso y la magia.
La Laguna Negra desde un saliente subiendo la Senda del Portillo.
Desde este mirador de la fotografía subiendo la Senda del Portillo que sigue las marcas rojas y blancas del GR 86 camino de la cumbre del Urbión, contemplo la Laguna Negra… contemplo su literatura… contemplo la historia de millones de años que ascienden conmigo por cualquiera de las treinta y nueve vías de escalada por esta roca de silicio… contemplo el despertar de las aves, la cercana abundancia de vegetación serbal, acebo, arce… contemplo los pinares que se extienden más allá de donde mi vista se esconde entre alturas y valles…
La Laguna Negra es un ojo de esta tierra que mira siempre hacia la altura, que extiende su silencio entre senderos y roquedales, entre vegetación y siglos. La Laguna Negra parece quieta e inmóvil pero está en constante cambio con su agua que entra que sale que se evapora que se hiela que se hace nieve y bruma y sol que cambia de color y de reflejos. La Laguna Negra es poesía y vida, es sentimiento y filosofía, es instante y eternidad, es recuerdo de infancia y sosiego de senectud.
Más arriba veré el nacimiento del Duero y aún más alta su cumbre… pero sobre eso ya escribí en otras ocasiones. Hoy contemplo, desde mi corazón que salta de entusiasmo y energía, la Laguna Negra de estos bosques de Soria.
Javier Agra.

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