martes, 14 de mayo de 2024

PICO HUMIÓN IV

 

Tres artículos sobre la subida al "Pico Humión", pasando por Tobera y Frías, los podréis leer en este mismo BLOG en el mes de enero del año 2024. 

Seguramente no fue una acción audaz subir y regresar del Pico Humión en aquel paseo circular de una soleada mañana de otoño, sencillamente se trataba de disfrutar de la naturaleza y de la vida, de recorrer escenarios imaginados en los años de infancia y ensueño cuando en la escuela de Acisa, el maestro nos hablaba de lugares y montañas. 



Sobre la amplia cima del Pico Humión. 

El Pico Humión está en Burgos, cerca del río Ebro que recoge aguas de los afluentes que habéis estudiado y de otros muchos arroyos de menor nombre. “Don Julio”, el maestro había nacido en la provincia de Burgos, nos comentaba muchas cosas que quedaron en mi mente infantil como puntos de luz que se encienden y brillan de vez en cuando en mi cabeza como recuerdos antiguos para actualizarse en situaciones diferentes y paseos cotidianos. 

Durante el tiempo de subida y bajada del Humión, el corazón se me llena de todos los sonidos del universo, de todas las canciones de la tierra incluso las que no conozco y aquellas que nunca llegaré a escuchar. Porque he descubierto que las montañas en general y cada una con su nombre en cada subida encierran la fantasía de todos los siglos de la humanidad, están cimentadas sobre el esfuerzo de las generaciones que nos precedieron y que hacen de nuestro tiempo (de cada tiempo presente) un grito de silencio que busca la paz y la libertad de toda la historia. 



El regreso desde la cumbre del Humión tuvo un recorrido de interesante dificultad, de búsqueda de senderos, de recodos de ascenso y descenso, de...Finalmente, llegados al Talos Somos todo se suaviza y se hace más apacible. 

Sobre las cimas del Pico Humión florece, resplandeciente y viva, el alma de este montañero-peregrino que calza sus botas para llevar las angustias de toda la tierra y transformarlas sobre la cima de las montañas en sosiego y esperanza, en fortaleza y confianza. Junto a mi alma, florecen las almas de todos los poetas que desde el antiguo Homero y la primera Safo cantaron a los corazones que esperan, piensan, sienten, se afanan... porque la tierra sea de todos para el disfrute común de la vida y de la eternidad. 

Javier Agra. 

martes, 7 de mayo de 2024

HOCES DEL DURATÓN


Estas mañanas cálidas de la primavera suenan al sereno y sosegado Adagio para cuerdas (1936) de Samuel Barber (Pensilvania 1910 – Nueva York 1981), animosa conversación entre violines y violas que tintinean a veces en las inmediaciones del paseo, a veces lejanas como escondidas detrás de algún recodo del camino. 



Puente Talcano. 

Así comenzamos nuestra senda por el río Duratón, después de aparcar el coche en el lugar señalado cerca de Sepúlveda, en el término de las Hazas acaso porque es un pequeño montículo donde antaño se cultivaban tierras. Descendemos una calmada pendiente mientras contemplamos lo que fue una interesante central eléctrica y hoy aparece en misterioso abandono hasta llegar, entre sonido de violines ocultos en el rumor del agua que a su paso abraza álamos y sauces, al Puente de Talcano vestigio de antigua construcción romana en sillería de piedra irregular unido por argamasa. 



Farallones por la senda del Río Duratón. 

Nos encomendamos al dios Bonus Eventus, como el antiguo romano Publio Valerio según una casi inadvertida inscripción en uno de los primeros farallones a nuestro paso, para que esta jornada también sea exitosa cerca del agua del río. 

Por los cantos rodados de los altos farallones resplandece el amarillo de la Biscutella valentina, conocida como tamarilla y también planta de los antojos, parece que esta planta ofrece copas de bebida a los paseantes que hacemos el recorrido sinuoso del antiguo Duratón, este “pequeño Duero”, en cuyas cercanías se pueden admirar notables construcciones románicas. 

Más allá del término conocido como parral del judío, el antiguo meandro abandonado se ha transformado por efecto de los siglos en terreno de cultivo, un viejo caserón da testimonio de que antaño fue habitáculo de alguna familia que trabajó con ahínco estos parajes. Aún se ven, a través de los muros de las desvencijadas ventanas, escalones de subida a otra planta, derruidos muros de lo que fueron diferentes habitaciones...ya está caído el tejado, señal inequívoca de abandono desde hace algún tiempo. 



El recorrido por las Hoces del río Duratón está lleno de hermosura, de vegetación, de cuevas en sus rocas... 

 

Superamos Valdemortero, la Hontanilla con su fuente de labrada piedra, recuerdos antiguos cuando los habitantes de estos lugares aprovechaban cada palmo de tierra, cada rinconada, cada manantial, superamos la Fuente redonda... entre paisaje erosionado de calizas y dolomías desde hace ciento cuarenta millones de años, cuando se desecó aquello que fue ocupado por el mar de Tetis.  

Las ardillas corretean estos días entre las ramas de los olmos y los alisos, jugando al escondite con los viajeros que nos adentramos para admirar buitres y vuelos altivos de las águilas en los farallones de más de cien metros de altitud. La loma de San Julián está sembrada de buitres, guardianes silenciosos e inquietos que saltan más que volar entre las oquedades y las aliagas. En lo alto, duerme el tiempo acunado por los buitres y las ruinas románicas de la ermita de San Julián.  


En las alturas, los buitres planean bajo el cielo o esperan aposentados sobre las rocas de los altos farallones. 

La Rinconada, las Cabezas... el tiempo de siglos serpentea por estas Hoces del Duratón entre sueños y aspiraciones humanas a la sombra de sauces y fresnos, entre recuerdos de un instante y recuerdos de siglos asentados y adormecidos entre cuevas y vegetación, entre canciones de aves y silbidos de vuelos que corta el viento. 



En este recodo del Duratón, aprovechando una cueva, en algún momento antiguo hicieron una caseta para guardar aperos de labranza y otros útiles. 

El Duratón tiene un corazón pausado que va haciendo camino entre farallones y chopos, entre inquietos animales de tierra y serenos vuelos de aves... El Duratón conservará mi pupila y mi respiración más allá de mis días, cuando mi alma emprenda un vuelo sin tiempo entre buitres y ardillas... El Duratón mantendrá mi corazón palpitando entre sus aguas cuando mis arterias no tengan pulso, mi aliento seguirá silencioso en el río, recuerdo eterno de la sonrisa y de la mirada de un día de primavera cuando pisé por estas riberas.  



Puente del Villar. 

Llegamos al puente del Villar desde donde parte un empinado camino hasta el pueblo de Villar de Sobrepeña. Los viajeros hemos realizado tantas paradas entre la admiración y la contemplación, entre el silencio y la respiración, hemos hecho tantas pausas para unirnos una vez a la naturaleza entera que el tiempo de nuestra jornada está más avanzado de lo que había previsto. El tiempo de los humanos es limitado, las horas de nuestros días tienen caducidad... Regresamos. 

Javier Agra. 

viernes, 8 de marzo de 2024

CARCASA

 


No puedo asegurar si fue pesadilla, ensueño o realidad. 


De pronto comprendí que los humanos habíamos metamorfoseado durante la última noche. Ya no éramos personas, habíamos mutado a carcasas y no teníamos los órganos interiores del corazón y sus arterias, ni teníamos ya cerebro ni conexiones neuronales.


Nuestro interior tenía un órgano nuevo que se llamaba teléfono móvil del que los humanos sólamente éramos carcasas; era él quien nos movía como autómatas por las calles de la ciudad, con el rostro inexpresivo y el semblante siempre fatigado; era él quien conducía nuestros pasos hacia los sótanos del metro, hacia los comercios de las patatas… luego al llegar la noche, acostados en camas aisladas y frías, enchufaba a la electricidad el teléfono que nos movía para su recarga.




Me desperté. Los patos seguían buscando con su cadencioso meneo el agua del estanque.


Nuestros sentimientos habían sido sustituidos por imágenes de plasma, por colores hijos de la inteligencia artificial; la palabra, incluso, se había borrado de nuestro recuerdo y nos comunicábamos por una especie de teclas que se disparaban solas en nuestras pupilas donde la mirada y la sonrisa habían dejado paso a unas figuras que recibieron el nombre de emoticonos.


Ni pensamiento, ni imaginación, ni fantasía, ni creación… éramos solamente carcasa de un órgano llamado teléfono móvil que dirigía nuestra vida vacía para siempre de sentimientos y de imaginación.




Almendros florecidos en La Quinta de los Molinos, en Madrid.


Me desperté agitado, salí a la calle… lucía el sol una mañana de febrero, la brisa dibujó una sonrisa en mi rostro que salió desde el fondo del corazón. Habían florecido los almendros y los cerezos apuntaban los primeros brotes, en el cielo cruzó una bandada de grullas buscando las encinas de algún monte cercano, en el parque jugueteaban los mirlos y los patos seguían husmeando entre la hierba y corriendo con su cadencioso meneo en busca del agua del estanque…


Javier Agra.


lunes, 4 de marzo de 2024

COLLADO DE LA ENCINA



De nuevo regreso a la Pedriza.




Pasarela sobre el Río Manzanares en Canto Cochino.


Con frecuencia me ocurre en este umbral de mis setenta y dos años la sensación de haber vivido la misma situación como en un tiempo cíclico, una vez y otra vez… Y sin embargo, pese a la repetición incesante, no me sobra un gramo de tiempo vivido, tampoco añoro otras estructuras de pasado que las que he vivido; algunas ocasiones he tenido que sortear adversidades otras he cantado gozos personales, familiares o comunitarios, pero siempre he mantenido un grado estable de felicidad. Tal vez porque nunca he deseado más allá de las sencilleces de cada día. Y así encaro el futuro con sosiego hasta donde se me conceda vivir en esta tierra antes de perpetuarme en la casa del Padre.




La explanada del Collado de Tres Coronas camino de la Gran Cañada. Me parece que estoy sentado al lado una enorme seta de millones de años.


Canto Cochino es, otra vez más, el punto de inicio de esta jornada. La pasarela sobre el Manzanares es un lugar común para diferentes grupos de montañeros. Hoy la niebla es compañera de guantes y bufanda. Esta mañana Jose y yo salimos por el sendero de la derecha hasta cruzar el Arroyo de las Majadillas y enfilar de inmediato una fuerte pendiente hasta el Collado de las tres Coronas. La explanada del Collado se viste de misterio y niebla, allá al fondo donde otras veces estaban Las Torres de la Pedriza y el Cerro de los Hoyos revolotea un tumulto de niebla, parecía Cidemo en plena confusión de una batalla antigua entre peñascos y cascadas.



Sentado en la Fuente de Prado Pino


Apenas apuntamos Las Cerradillas con la suavidad de su extensión que permite a los montañeros caminar reposados por un tiempo, comenzamos el ascenso en busca de la Fuente de Prado Pino escondida entre las tupidas jaras; la fuente comunica su presencia por la abundancia de agua que se expande por los senderos, anuncia su cercanía en el sonido del agua saliendo en constante monotonía del caño que lleva instalado desde un tiempo desconocido.



Al fondo, entre la niebla se esconden Las Torres de la Pedriza y el Cerro de los Hoyos.


Más arriba, superados Los Conejitos, la niebla queda por debajo de los montañeros en una alfombra de algodón y nata que oculta la tierra y el camino por el que pasamos hace un momento, una alfombra que esconde las llanuras y los pueblos… seguirán los conejos buscando sus madrigueras, los zorros de cola larga dormirán aún en sus guaridas, las aves de plano vuelo están por debajo de esta capa blanca, pero mi corazón sabe que la tierra de la que vengo no es un sueño dormido bajo la tupida alfombra de hebras blanquecinas.



En algún lugar del Collado de la Encina estas rocas forman figuras y entregan ventanas a los montañeros.


Sigo en escansión serena entre riscos y encinas hasta llegar al Collado de la Encina entre rocas de figuras insinuantes, de nombres ya establecidos por el tiempo y de nombres puestos por el montañero que hoy las visita, nombres que ayer fueron tal vez otros y acaso otros nombres serán mañana. Más arriba están las Praderas del Yelmo con el majestuoso pico que le da nombre, allí la torre de la Valentina, el Falso Acebo, El Arco de Cuchilleros… la Pedriza que se expande más allá de lo que yo puedo hacer en una jornada… la Pedriza que estará ya para siempre en mis recuerdos…


Javier Agra.