miércoles, 18 de julio de 2012

PICOS DE EUROPA: LLEGAMOS A COLLADO JERMOSO


Bebemos agua, sentados en el Collado de la Padiorna. Jose me señala diversos caminos: a nuestra derecha, haciala estación inferior del teleférico por la Vega y los Tornos de Liordes; a nuestra izquierda, montaña abajo la canal de Asotín nos llevaría nuevamente a Cordiñanes; además queda a nuestra espalda la ruta que nos ha traído hasta aquí cruzando las Traviesas de Pedabejo o Sedo de Remoña; pero nosotros seguiremos montaña arriba hacia el Refugio de Collado Jermoso. Aquí Jose ya me cuenta que, el refugio, se llama Diego Mella en recuerdo a su impulsor; ahora me puede ir contando cosas para ilustrar mis pasos inmediatos: yo en la montaña, sin Jose, sería como un ayer que pasó, una nada con mochila, un silencioso verso.
Subiendo por el Sedo de la Padierna (o Padiorna) contemplamos la Torre de Salinas y la Torre Hoyo de Liordes.
Aquí, en estas encrucijadas de trochas y sendas, soy consciente de la necesidad permanente de elección; con frecuencia, la direccione a seguir está tomada, más no pocas veces el sendero de la vida queda oculto por nieblas, griteríos o promesas; entonces entramos en la duda eterna de los posibles caminos. El que hemos de seguir hoy está bien señalado: subir el Sedo de la Padierna hacia las Colladinas.
Saludamos a otros que van y vienen buscando su destino – montañeros de la tierra y del futuro – y vamos hacia arriba, caminando en forma de zetas para hacer más afable el ascenso. Caminamos entre el verde y la nieve, entre las rocas desplomadas y las águilas de caliente pluma. El silencio siembra sosiego que será trigal de luz para el espíritu. Nos adelanta otro grupo: la juventud de sus músculos y el vigor de sus rostros también pone formas de variable alegría en medio del misterio de la montaña.
Grandiosos y hermosos neveros saludan nuestro caminar.
La competición es llegar cada uno a su paso. La fuerza de cada montañero se mide solamente con uno mismo: la montaña se defiende, en silencio, con la fuerza de su grandiosidad; a veces añade nieblas u otras tormentas. He aprendido, con los años, que no es una lucha con la montaña, es un juego de energía y de sonrisa; plática amistosa, paso a paso, con la montaña. Aquí nos paramos a mostrar el asombro ante la perfección del circo que forma el Hoyo de Los Lagos con las paredes del Llambrión, Torre Blanca, Madejuno…Picos de Europa guiña un ojo y nos impulsa a continuar.
Desde la tercera Colladina vemos el Refugio.
Hemos superado las pacientes cabras – pacen con paciencia – y llegamos a la altura de la primera de las Colladinas, donde pone sus cimientos la Torre de las Minas de Carbón; llegamos a la segunda: a nuestros pies, en lo profundo del Valle, la Canal de Asotín apunta con su dedo a la Torre del Friero; pasamos junto a la fuente en una hondonada e inmediatamente llegamos a la tercera Colladina: desde aquí se ve, colgado entre la magia, el Refugio que será nuestro descanso; bajamos hasta la cuarta y seguimos, impulsamos por la fuerza que da saber que estamos cerca, hasta el Refugio.
Lo tenemos cerca. Estamos llegando al Collado Jermoso y Torre Jermosa con el Refugio Diego Mella.
Aún nos quedan palabras para decir a la “falsa Colladina” que no es falsa, será la quinta o tal vez la antesala o acaso el lugar de la última parada para respirar profundamente y llegar a Collado Jermoso con la sonrisa recién colocada. Pero tú, como quiera que te llames Colladina, nunca serás falsa.
Desde Torre Jermosa vemos el grupo del Llambrión.
Dejamos la mochila y paseamos – por si no era suficiente el esfuerzo de la llegada – por el Collado Jermoso y la Torre Jermosa, desde donde la vista se hace impresión y vida.
Javier Agra.

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