martes, 30 de abril de 2013

CUMBRES DEL PICO DEL NEVERO


Por el camino de mis días van naciendo mapas y rutas de montaña, como las flores junto al sendero de las primaveras o como las setas pálidas en las madrugadas del otoño.

Junto a los vértices de las cumbres de Pico del Nevero se depositan insomnes voces quejumbrosas que van arañando mi vida letra a letra; las mismas palabras que antaño no eran más que vuelos litorales, hoy son martillos sobre mis sienes y van haciendo nido en mi interior; las confidencias que eran susurros en aquellos años de infancia han aumentado el volumen hasta el grito de la edad madura y me aúpan en textos de recuerdos camino de las estrellas prolongadas, más allá de los mapas.



Estamos en las cumbres del Nevero, así en plural; porque abriendo los ojos la anchura de las montañas se expande y abriendo el corazón se dilata en lienzos infinitos por donde se mueven los cuerpos de las especies naturales en bailes de cercanía y contrapunto. En la montaña una llanura puede elogiar a la cumbre y el glaciar loar a los campos de amapolas; en la naturaleza no existe la ausencia, cada elemento es vida, cercanía solemne y apoyo al conjunto. En la montaña se abrazan el silencio y el grito en queja permanente ante los dolores que oprimen a las cien mil generaciones de humanos que transitan por los imperecederos senderos de las cumbres.



Las cumbres del Nevero no distinguen entre los días nublados y los días de sol, así nos enseñan que la vida aúna amistad y trabajo, libertad y entusiasmo. Agua y poesía se deslizan entre la maleza y las rocas, entre el aire y los fantasmas de todos los tiempos, más arriba de los pinos que sueñan que las casas sean hogares, los edificios bibliotecas, las construcciones hospitales para todos y escuelas compartidas entre la educación y la cultura. De repente la música de las cumbres trae a los montañeros una orquesta de triunfos y de inicios inconclusos; los montañeros saben que no están solos, la mochila siempre cargada de ilusiones y recuerdos, de diccionarios y vuelos de pájaros; los montañeros cabalgan silenciosos sobre las auroras que ponen luz en las sombras de todos los tiempos, en sus manos llevan flores nuevas para limpiar las heridas del miedo y el desconsuelo.



Sobre las cumbres del Nevero, los montañeros unen el cielo y el mar y posan la luna entre los rojos claveles del tiempo, entre raíces del amor que florece en las madrugadas de los días venideros.

Javier Agra.

sábado, 27 de abril de 2013

EL CHORRO DE NAVAFRÍA


No lejos del Pico del Nevero está el Chorro de Navafría. Así pues, una vez que recorrimos las amplísimas planicies del citado pico y cumplimos el protocolo de las fotos, incluida la que adjunto sobre esta ruinosa pared de alguna vieja trinchera, nos acercamos hacia el Chorro para comer la merienda entre sus bailarinas aguas.


El Chorro de Navafría es como la poesía, expresa más de lo que dice; sentimientos que se expanden entre el bullicio eterno de los pájaros que ocuparon alguna vez los pinos de las cascadas; murmullos del aire que en otro tiempo fue fiero estertor de griterío entre los pinos; recuerdo de gotas de agua entre lo que hace siglos fueron inmensas cascadas y mares de sal y violencia; como la poesía es deseo más allá de la realidad sensible; es lo que pudo ser y lo que cada visitante quiere que llegue a ser.

El Chorro de Navafría suena a frescor, igual que el monte del que baja trayendo la nieve en carcajadas de agua brincando entre las hierbas y los pinos, antes de asomarse a los enebros y descolgarse por un inmenso tobogán de roca; su nombre brilla al sol del medio día, cuando el sol calienta en las cercanas praderas; pero aquí no, estamos en el reino del frescor aún cuando la canícula pone su tienda de sofoco y chicharras; nosotros, montañeros hace poco tiempo, permanecemos sentados en el sosiego calmo del agua que comenta con las piedras del valle sus recuerdos de montaña y construye abanicos con el lentisco del valle.



El Chorro de Navafría es pueblo viajero del pasado que se derrite ladera abajo con el paso de la primavera y al desaparecer bajo el fértil manto terroso crea la vida entre sinfonías de verdor. Aquí se agrupan la tierra y las sombras, la vida y las canciones, la libertad y el llanto que es lucha agónica en cada tallo de verdor diminuto y en cada raíz de gigante estruendo vegetal. La naturaleza abraza aquí a sus hijos entre sonrisas de agua y lumbre solar; nosotros, agrupados a los animales, vegetales, minerales, humanos del pasado y acaso del futuro cantamos silenciosos y agradecidos el canto solemne de la madre tierra que es hogar común.



El Chorro de Navafría brilla con estucos de albayalde; conoce los nombres de cien mil generaciones de personas que pasaron por estas piedras antes que nosotros, cuando nuestros antiguos padres aún no sembraban plásticos ni contaminación; cuando el sosiego permitía contar una a una las hojas de los robles y los pinos; cuando la armonía del corazón tenía tiempo para escuchar conversaciones amorosas de las aves en el final del invierno y canciones de familias de aves enseñando a las crías la solidaridad y la supervivencia. Hoy, cuando nosotros regresamos, nos despide con un susurro de agua que agradecemos alejándonos silenciosos y hasta cuidando las pisadas para escuchar la conversación de la tierra.

Aún sobrecogidos, nos sentamos junto a unas piedras del río Cega a comer la merienda. En estos días de primavera, el Cega no es de pega. Jose y yo nos miramos aturdidos por la lección de la montaña y deslizamos una sonrisa al crecido río para que la lleve entre su carcajada de agua que hoy parece formar un río turbulento. Terminamos el pan y el queso; nos guardamos las maravillas de la sierra y regresamos a casa.

Javier Agra.

miércoles, 17 de abril de 2013

PICO DEL NEVERO


Sosiego.
La Sierra de Guadarrama se expande en sus cumbres. Llegar a las primeras lomas del Pico del Nevero supone entrar en una región de amplitud donde el alma puede galopar entre sueños, esperanzas y aleluyas más allá de las fronteras sin sentido de la tierra. Sí, más allá, porque se descubre el sol y el aire que llegan montados sobre la nevada y van viajeros entre la lumbre y el sosiego, sin otras lindes y sin miedo. Las cumbres del Nevero mezclan Castilla, entre Madrid y Segovia, con otras tierras y otras montañas.

La Sierra de Guadarrama se ensancha en la cima del Pico del Nevero. En primer plano ruinas de trincheras desoladas y de llanto, al fondo Peñalara vive como antorcha de esperanza.
Dos mil doscientos nueve metros se desparraman entre risueñas laderas, dan paso a prados de llanura en dos provincias, vigilan los embalses del río Lozoya. Hemos superado los pinares ocultos entre la nieve caída estos últimos días, ya estamos a mil novecientos metros de altura y ¡entonces! ¿Milagro de la naturaleza? Hermosura, alivio, respiro…la vista se abre hacia lejanos paisajes de nieve y montaña. Los nombres que tantas veces me dijera Jose van ocupando asiento en mi campo de visión.
Silencio.
La montaña toma la palabra.

En esta zona me mostró Jose las cornisas que forma la nieve sobre los precipicios y que, en cualquier momento, pueden ocasionar una avalancha.
Nombra con nombres de tiempo inmemorial los puntos que relucen bajo la nevada. Delante de nosotros el circo en forma de zeta del que toma nombre toda la montaña.
Estamos subiendo a la cumbre de uno de los miradores más sorprendentes de la Sierra: Abajo, el Valle del Lozoya señero y verde esta mañana de primavera, siluetas de pueblos, remansos de embalses; el macizo de Peñalara es un tambor inmenso con sonidos que retumban a través de los siglos; más lejos se perfilan, con su nieve blanca, las cumbres de Gredos.

Los dos pinos con los que mantuvimos una dilatada conversación de la que solamente transcribo el sentido resumen.
Bajo nosotros han quedado los pinos asombrados: empleamos algún tiempo conversando con dos de ellos que resisten a las calamidades del clima más arriba de dos mil cien metros. Nosotros pensamos que son héroes de la montaña y ellos nos aclaran que están allí como vigías hacia el otro lado de las laderas, además tienen como misión encaminar a los montañeros hacia la cumbre. Los dos pinos solitarios en la montaña, bajan algunas noches de calma para conversar con sus hermanos pinos de los valles y con los robles que tienen su territorio en las praderas más bajas. 

Sierras de Ayllón y de la Puebla.

Al otro lado del Puerto de Navafría bostezan historias viejas el Reajo Alto y la Muela, que dan paso a las cumbres de Ayllón, a la soberbia solemnidad de Peña la Cabra y la Sierra de la Puebla; nombres y Sierras, cumbres y metas de otras jornadas llegan a visitarnos en este momento que estamos sentados conversando con las ruinas de lo que fueron trincheras donde acaso esté escrito parte de un pasado de sangre, terror y dolores inútiles. Solamente los hombres somos capaces de arrancarnos las entrañas porque “me han mirado mal”, “porque tus palabras no son mis palabras”

Silencio.
La cumbre calla.

Cumbre del Pico del Nevero. Al fondo se adivina la nieve en Gredos.

Hemos llegado a la cima. Hemos dibujado un mapa de geografías inmensas en la silueta del alma. Desde aquí saldrán millones de caminos hasta los corazones de todas las sonrisas y de todos los rostros, de todas las manos y de todas las entrañas. Subir a la montaña es tejer mantos de libertad solidaria, de verdor y naturaleza compartida. Llegar  a la cumbre lleva tiempo, lleva sentir tranquilas las pisadas y la mirada serena, llegar a la montaña es el destino del corazón, de la mente, del alma.

Javier Agra.

lunes, 1 de abril de 2013

ABRIL 2013


Estos grandiosos días de encinares castellanos, brillando en la penumbra, entre los vuelos tibios de las matinales aves, traen nostalgia de siglo a las ventanas de las aldeas dormidas; antaño eran bullicio de mineros en la madrugada, hoy los espectros del pasado merodean en la niebla mientras el sol bosteza en los ribazos de los cielos, en los oteros de estos suelos.

Eran caminos de mulos y bueyes obreros, de vacas recién paridas, de rebaños de ovejas y cabras llenas de humildad y fortaleza camino de la enramada; los mismos que recorrían los mineros de madrugada, montaña arriba hacia el ojo oscuro de la tierra donde, engullidos y silenciosos, participaban del tintineo monótono de martillos y raíces profundísimas; los mismos ánimos de los labradores antes del alba cuando mezclaban la iluminación matinal con las primeras luces de su mirada sobre la siega y la cosecha.

Las flores de los Prunos acogen nidos musicales de pájaros y transforman la luz del sol en sonrisas de colores. (La fotografía está tomada por Elena)

Las encinas de la llanura se han metamorfoseado en rebollas cuatrocientos metros más arriba y luego en pinos de la sierra. Las ramas cambian de nombre paro aventan la misma brisa y alivian con igual sombra a todas las aves de la tierra y a los animalillos tímidos que juegan o buscan frutos para la supervivencia. Sobre las encinas los nidos ponen maduros los huevos, bajo las encinas las ovejas paren brillantes corderos, mientras el silencio de la sierra se hace melodía en el agua de los arroyos y en los trinos.

El mar. La Sierra cierra los ojos y entona una melodía de sirenas, baila entre las olas de las ondinas azules, salta entre las cumbres con el pacífico hipocampo, peces centauro; la Sierra comparte misterios con los espíritus voladores de las nagas de tierras lejanas, dulces, inteligentes y sabias. Pero este es un mar de montañas y de rocosas figuras donde se mezclan la magia del mar, los vientos de las esferas, la energía de los planetas en un sueño de olas y de cavernas.

Más arribas de los robles y los pinos aparece la montaña con nieve. Esta mañana estamos caminando por las cercanías de la Maliciosa cuya cumbre se ve al fondo

Han quedado más abajo los polvorientos senderos y los verdores de los sembrados; en las cumbres sacamos la fuente de agua de las cantimploras de las mochilas – nosotros no conseguimos hacer manar fuentes de las rocas aunque demos un golpe con el cayado en que apoyamos el paseo mágico por la montaña como hiciera Moisés una vez en el desierto camino de la tierra prometida –; aquí arriba no hay palmeras, ni oasis, ni la brisa de la arena; en la montaña nos acompaña el sol, el cierzo que reseca los matorrales, el cálido viento del mediodía o el lebeche con suspensión de arena. Aquí arribe están los buitres solitarios o las emparejadas águilas, las chovas que pasan en bandadas y nos miran entre curiosas y asustadas; las aves no saben explicar cómo estos seres de tamaño tan grande y sin alas pueden subir  a las cumbres.

Las cumbres de Ayllón relucen vistas desde el Porrejón.

Pero los montañeros subimos allá donde los pensamientos son libres y donde vuela el alma. Subimos desde la música de arpa de los chopos de las riberas, donde el agua medita primaveras, hasta las cimas en que los arroyos inician su vida en troneras y cascadas.

Javier Agra.

domingo, 31 de marzo de 2013

CABEZA DEL CERVUNAL (MONDALINDO)


Al Puerto de Canencia le ha tocado en suerte quedar majestuosamente aislado de cualquier lugar de paso; por eso duerme sin desvelos ni obligaciones; por eso, tal vez, es tan acogedor con cuantos viajeros anidan en sus pinares. Aquí llegamos despacio, nos calzamos las botas, saludamos a la fuente de piedra del Hornillo y salimos hacia el Mondalindo por el sendero de imposible pérdida que sale también en dirección a Bustarviejo.

Cuesta de la Plata


El sendero tiene una breve y suave pendiente a la sombra del pinar. Enseguida a nuestra izquierda encontramos una pared de piedra, aún podemos continuar el sendero un breve tiempo pues la subida hacia la Cuesta de la Plata está muy marcada; ahora si hemos dejado el sendero que va hacia el pueblo, nosotros subimos montaña arriba siguiendo los hitos sendero adelante. Aquí medito cómo lo que parece más obvio, no siempre es la realidad, no señor, no es todo a derecho cortafuegos arriba, resulta más sencillo en zigzag hacia el pinar que sube montaña arriba por nuestra derecha. ¡Vele, así subiremos!

¡Tantos años en Madrid! ¿Y me he venido a enterar ahora que en el cercano Bustarviejo hubo una explotación minera de Plata? Desde el siglo quince fue un referente económico de la zona hasta entrado el siglo veinte, aunque es verdad que en diferentes momentos se mantuvo más por nostalgia que por beneficio económico; hoy es un conjunto de oxidados hierros y otros restos desparramados que hacen del lugar un espacio triste y otros adjetivos que no añado, por el decoro del texto que relato. Esta parte de la historia no conforma el paisaje y lugar por el que hoy transitamos.

Llegamos pues, a las peñas elegantes de la cima de la Cuesta de la Plata y continuamos sendero arriba hacia la Cabeza de la Braña. Hasta nuestra izquierda se extiende un frondoso pinar, nosotros buscamos la cumbre pisando un cortafuegos, a nuestra derecha numerosas montañas, despejadas visiones de embalses y verdor en la recién estrenada primavera. Aquí se me antoja una fotografía para recordar por siempre este momento. Aquí dejo el recuerdo que consigue Jose entre nubes y montañas hacia la Sierra de la Cabrera y los Montes Carpetanos, más allá de los cercanos brezos y piornos.


¡Un concierto! Las aves han llegado hoy hasta este paisaje. Están recorriendo en una inmensa gira musical los más de treinta lugares que en España recogen el topónimo Braña, usado por los pastores del norte cantábrico para referirse a lugares de fértil pasto. Aquí podrían pastar a sus anchas diferentes especies animales en los Collados que flanquean la cumbre – Collado Cerrado y Collado Abierto –. Dejamos un enorme hito de piedras y nos colamos –sin mala intención y sin riesgo alguno – bajo una simbólica alambrada y hacemos cumbre en esta sosegada Cabeza de la Braña, hoy arropada entre la niebla que viene y va como si participara en un antigua baile de fiesta de pueblo… ¡Ay, los pueblos aquellos donde…! (pero de aquellos pueblos ya he hablado muchas veces).

Cabeza de la Braña. Tendré que hacer algún curso intensivo de fotografía, las pocas veces que lanzo la imagen para que salga Jose, lo inclino tanto que parece que lo quiera descabalgar.

Llegar a la Cabeza del Cervunal o Mondalindo requiere su tiempo. El camino es largo, hemos de bajar el Collado Abierto y continuar por La Albardilla y la Majada de los Arrieros. Plácidamente – la ruta de hoy es plácida, serena y sosegada – llegamos al Mondalindo con su pluviómetro incluido. Parece que hoy estoy estudiando para “descubridor”; en algún lugar he oído que a la cima se le debe llamar “Cabeza del Cervunal” pues el Mondalindo es el conjunto del cancho del que también forma parte la cima misma llamada, como queda dicho, Cabeza del Cervunal. Nosotros, fuera de nombres y polémicas, disfrutamos de las vistas grandiosas que desde aquí parten en todas las direcciones.

Pluviómetro

Jose inclinado, no tanto por la fuerza del viento sino por mi ineficaz enfoque

La vuelta hasta el Puerto de Camencia lo hicimos por el mismo lugar, con la variante de la senda que bordea la Cabeza de la Braña por su izquierda (a nuestro regreso). Allí encontramos la filosofía de la montaña que dice que lo que ganas de reposo evitando un desnivel lo pierdes en esfuerzo derrotando la oposición de los piornos. Magnífica excursión en la que empleamos más de seis horas (dato innecesario que aporto porque algunas personas me piden tiempos. El tiempo en la montaña es muy relativo, porque se puede correr más o emplear muchos minutos en admirar, escuchar, fotografiar, contemplar…)

Javier Agra.  

domingo, 24 de marzo de 2013

NOMBRE DE LOS SIETE PICOS


Para recorrer esta tierra, nada como ir con las botas calzadas y caminar por las veredas. Así dará tiempo a conversar con los árboles del sendero y las mariquitas de la pradera; dará tiempo a seguir el vuelo sereno de un ave y el sosiego navegar de las hojas por el aíre; ver las formas de las montañas y los meandros de los arroyos.

Siete Picos desde Praderas de Majalasna

Caminando, caminando…llegué hasta Siete Picos esta mañana de nieve y primavera. El  Dragón se la Sierra se acercaba  silencioso; yo era un caballero medieval con adarga y espolones, dispuesto a recorrer su lomo y nombrarle con otros nombres luminosos. Un trago de agua en la fuente de la Pradera de Majalasna y a conquistar con sagacidad su cima: el Pico Majalasna es el de menor altura de los siete y recibe ese nombre porque viene a ser la corona cimera de la tal pradera. Alejado de los otros seis, no pocas veces lo dejamos de lado cuando paseamos Siete Picos en dirección a Navacerrada.

Los otros seis picos dieron en llamarse por el número ordinal que ocupan. He leído que el ingeniero geógrafo Juan López, personaje de montaña y de fantasías literarias, que vivió la segunda mitad del siglo diecinueve y los primeros treinta y nueve del veinte, los nombró con los nombres propios de algún personaje montañero que recorrió los picos con objetivos cartográficos y científicos. El Pico Majalasna se libró de estos nombres, siempre ha estado con presencia discutida, pero yo siempre lo mantendré en el mismo abrazo. Tal vez en alguna escondida cueva duerman los murciélagos; tal vez sea oportuno sentarse a contemplar el eterno vuelo de los vencejos; tal vez…

Cumbre segundo Pico

Al segundo, lo nombró como Pico de Tomás López – cartógrafo de Carlos III – es un pico menudo y de fácil acceso, con una hermosa explanada en su peña cimera. El tercero, de nombre Benito López – cartógrafo – permanece como señor de los bosques de Valsaín dominando una planicie de variedad de senderos. El geógrafo Francisco López, le da nombre al cuarto: tal vez aquí sea oportuno recordar los mapas, pues una desacertada decisión puede llevar al montañero cuesta abajo hasta enriscarse en pérdidas sin mayores consecuencias que emplear más tiempo en retomar la buena senda. Siempre seremos agradecidos a la montaña, siempre la trataremos con respeto y con cariño, porque es un dragón dormido si la acariciamos o un fiero dragón que lanza fuego si somos temerarios.

En Siete Picos, ante la duda, siempre debemos mirar al cielo y subir hacia la altura. Así en cada visita ascenderemos dos o tres cimas y en poco tiempo las habremos coronado todas. Vamos pues a subir al quinto pico llamado Nemesio López – médico de la Corte – quien observaba las plantas desde la admiración y la naturaleza saludable de las mismas; no es de extrañar pues la montaña es siempre maternal y produce una esperanza infinita Al sexto, Juan López – ingeniero geógrafo – llegaremos después de un remansado sendero entre crestas que dominan la vertiente madrileña y las vistas segovianas; a la vera de este pico, en días de bonanza, seguramente pasó tiempo anotando cuadrantes y soñando romanzas.

Y ya estamos a los pies del séptimo pico que Juan López nombró como Nemesio López – geógrafo y meteorólogo – y al que hoy continuamos nombrando como Somontano; es el más alto – por diecinueve metros nada más –. Accedemos a su vértice geodésico entre trepando y reptando los primeros pasos; después caminamos con más soltura hasta abrazar el vértice ¿dulcifican las peñas su angostura o acaso hemos superado el primer susto y todo nos parece más llevadero?

¿Los nombres de los Siete Picos? Tú, lector, coloca tus dedos con unción sobre cada una de las cimas y dales el nombre de tu corazón; serán caballos que vuelan o acaso águilas que toman parte en tu conversación; serán olas del mar lejano o florecidos jazmines; los nombres que tú, lector viajero, les poses con tu dedo, serán los nombres eternos de los Siete Picos.

El sendero se sosiega de inmediato hasta llevarnos, montaña y maravilla, hasta el Puerto de Navacerrada donde están tantos coches caminando hacia Madrid que será milagro no encontrar aposento en algún asiento libre a poco que el montañero solitario haga autostop. Y si volvemos en tren, siempre tendremos tiempo de soñar: de soñar dormidos porque la fatiga nos nubla el entendimiento en el reposo del regreso; de soñar despiertos porque para siempre quedará en la retina el paisaje seguramente más bello desde las cumbres de la Sierra de Madrid.

Javier Agra.

jueves, 21 de marzo de 2013

PRIMAVERA 2013


                                                                                          Escribo esta prosa para celebrar
                                                                                          la luz de esta jornada dedicada
                                                                                          a la poesía.

¿Qué importa la cadencia y la rima de unas letras?
Sí, importa.
Pero entre la poesía y la prosa está la sangre, está el corazón, está la vida, que son canales de comunicación.
Importa la palabra.
También importa la tierra.
Importan las gentes que habitan, siembran, se agrupan de dos en dos a veces y otras veces en muchedumbres de manifestación para reclamar mejores repartos de la riqueza de la tierra.

La montaña de Guadarrama tiene formas de rocas que despiertan la fantasía y la libertad: ésta que aquí vemos, se llama La Maza.

Algún día se dormirán tus ojos que van mudando sus colores cada madrugada de primavera y tus pasos seguirán nadando en el éter musical de la enramada donde los trinos se confunden con las gotas calientes que traen el vapor de la nevada, más allá de las pisadas de luz y de las hojas que contaste entre tus dedos cuando ya el sol estaba entre los pinos frondosos de la sierra blanca de nieve, azul de reflejos, brillante de esperanza.

Desciende de la Morcuera un agua que irradia luz; su curso busca el silencio del Paular.

Algún día soñará tu corazón eternos paseos entre los verdes pinares, entre los robles vestidos de jaspe y sepia y entenderás la paz libre de la montaña, donde las rocas se mueven durante la noche cuando los montañeros se retiran a las ciudades iluminadas, donde las liebres y los lagartos cuentan historias de bandoleros y de princesas, historias de antiguas épocas cuando el tiempo tenía la lentitud de la lumbre en el hogar.

Esta tarde, caminante en los ribazos florecidos de nieve y primavera, avanza lento –como si deslizaras palabras, ideas y consejas – entre las luminosas piedras y deja a tu corazón sembrar esperanza con las alas de tus sueños; despacio, caminante, porque aún susurra sus primeros murmullos la primavera y quiere diluir tu presencia con los mismos ecos de la tierra, codo a codo con las aves y las fieras; despacio caminante que tu respiración está acompasada a las flores que apuntan esta primavera.

No son secuencias de Pipa en el mismo baño; estos dos perros distintos  -Pipa y Blanca- nos recuerdan que los días son un ir y venir por las aguas de la vida.

Más allá de las cuatro sonrisas de la luna, cabalgando entre los nuevos libros y la memoria antigua, nadarán en el aire iluminado bandadas de peces y de pájaros. Y volverá el sol con su babero, con su plato de nieve y su cuchara, a recorrer montañas de brillo, a ilusionar tardes de primavera.

Se dormirá la música de tus pisadas y seguirán los senderos abiertos en la Sierra; seguirán las flores y la brisa cuando algún día se duerman tus ojos y camines por otras montañas y otras arenas          

Javier Agra.                                              

sábado, 9 de marzo de 2013

MALICIOSA CHICA


Tenaces amarras a la Sierra pegadas,
lumbres dormidas en el encuentro oblicuo.

La Senda de los Porrones aumenta de tamaño cuando los montañeros se adentran en su respiración de siglos. Los pinos en conversación reverente nos ofrecen siluetas de libertad y remanso de silencio. La Sierra aumenta su tamaño porque los montañeros somos poca dimensión frente a la ingente mole de naturaleza. Decidimos entregarle nuestro pensamiento y nuestra canción para estar a la altura de tan gran belleza. Pronto nos damos cuenta que la naturaleza compensa los siglos de experiencia de la montaña, con los deseos de vida intensa de los humanos, de las aves, de los animales diminutos y de las grandes cabras que convivimos entre el temor, el respeto y la sorpresa. A nuestro lado siempre camina una palabra de aliento montaña arriba y así vemos la lejanía de la cumbre desde la plenitud de la esperanza de éxito compartido.


El Collado del Terrizo tiene la nevera abierta y esta noche se ha quedado a vivir un manto blanco que nos cubre botas, rodillas y tristeza. La nevada de estos días repica a gloria entre las espadañas de las copas de los pinos y los destellos de oro de las brillantes rocas. Los pinos inundan de luz con hoja verde, con hoja amanecida a la promesa de libertad las pisadas aún inmaduras de los montañeros; en nuestros pechos saltan cascadas sonoras de futuro que van de las hojas a la raíz del pino y desde allí a toda la tierra, en un viaje de retornos compartidos desde la naturaleza a la sonrisa, desde la senda pisada a cada paso hasta el aíre sin fronteras que está transformado en sinfonía  de aves.


Hemos dejado atrás las fuentes – incluida la Fuente del Retén –, abajo susurra lejano el arroyo de la Umbría de la Garganta. Nuestras pisadas apuntan hacia el cielo de la Sierra, donde dominan las aves de caza, donde los pinos esconden su frondosidad y apenas se atreven a mirar por encima de las piedras porque saben que su hogar está más abajo, porque han subido esta noche y ahora – cuando llegan las pisadas de humanos – tienen que disimular que no se mueven ni caminan por el monte cuando nosotros nos marchamos. A esta altura, donde las piedras se agarran al suelo con nostalgia de la cumbre, la respiración de los montañeros está fatigada; a esta altura aumentan las paradas y vislumbramos ya la amplitud de cumbre de la Maliciosa Baja.

Desde la llanura de la cumbre de la Maliciosa Baja vemos cercana la Maliciosa, hermana mayor de nuestra ruta de hoy.

Paso a paso la cumbre aguarda; aquí es el brillo de los ojos; aquí las manos señalan otras cimas, otros nombres, otras sierras; aquí la brisa se engalana de palabras suaves para no herir al silencio que duerme desde hace siglos en la montaña; aquí sabemos que nuestros ojos se gastarán contemplando la grandeza y admirando la sencilla eternidad de las cumbres donde unos arbustos ceden sitio a los otros sin miedo ni lágrimas; aquí aprendemos los montañeros que es necesario dejar espacio para que otros – dentro de muchos siglos – puedan seguir calzando botas, getres, crampones…para su disfrute y para sabiduría de la montaña.

Grandiosas vista desde la cumbre de la Maliciosa Baja. Observa lector el tramo de tierra montaña abajo, es el Collado de los Pastores al que hemos de llegar para iniciar el regreso.

Regresamos entre pérdidas y búsquedas. ¿Llegamos al Prado de la Zorra? Riachuelos, senderos, variedad infinita de vegetales, de arbustos, de siglos de silencio nos fueron marcando el camino como en una carrera de relevos; allí fuimos colgando un trozo de corazón; aquí nació otro pensamiento…El tiempo se detiene para mirar cómo buscan sitio los arroyuelos que nacieron esta mañana de los nidos del deshielo; perdidos entre los matorrales sin nombre y sin sendero llamamos a las cabras de monte, a los conejos y a las aves…ellos sabrán guiarnos y llevarnos hasta la senda.

Hemos aprendido otra lección. Si alguna vez pierdes la senda en la vida, no desesperes; busca y cuando regreses al camino aumentará la paz.

Javier Agra.

sábado, 2 de marzo de 2013

ÉGLOGA A LA MALICIOSA CHICA


El día se presentaba muy prometedor. Es suficiente con observar la cara de gozo de este grupo de montañeros.
       
¡Venid montañeros,
acudid con sigilo
no se despierten las ninfas!
      ¡Si supiera cantar a las ninfas!
¡Si supiera despertar
y hacer volar por el aíre
el leve suspiro de su letargo!

Vista de la Cuerda Larga desde la Senda de los Porrones.

Aún siguen dormidas,
las he visto entre los velos de la aurora
entre peñascos montaña arriba
entre la tibia maleza escondidas
como respiración de la última nieve caída.
      ¡Silencio! Pían las avecillas
y con la flauta de su canto
acompasan los desmayados suspiros
de los valientes montañeros agrestes
con la respiración reposada de su esfuerzo
en busca de la brillosa cumbre.



 ¡Ánimo! Susurran los pinos musicales:
Sus ramas son tubos de órgano
en este brillante templo verde
de la falda de vívida luz policromada
montaña arriba camino de la Maliciosa Chica.
       Habéis llegado.
Yo soy la anchurosa cima
De brillos plateada
Del sol y del aíre enamorada
Do saltan las felices cabras
Y bailan en corro lagartijas y calandrias.

Ya estamos en la cima. No hay más que ves la cara de entusiasmo del grupo.

¡Te saludamos Maliciosa Chica
trozo vivo de la madre naturaleza
porque nos das abrazos de la madre tierra
y alumbras con tu reposada cumbre
nuestros ojos y nuestra alma!
      ¡Sentaos aquí, mirad!
Estáis en la cima, donde la brisa es lumbre
la claridad es salto hacia el infinito,
la lejanía abrazo sin fronteras
y las otras cumbres miradas hermanas..

En medio de la nieve y de la helada continuamos con luz en la mirada

Regresamos por tierras llanas.
Allí fue donde, por perseguir faunos y ninfas,
perdimos la senda sosegada, la vereda clara,
entre feroces peñascos y sonoras carcajadas
no encontramos ninfas ni faunos
nos quedamos sin rumbo y sin meta.

De regreso imploramos el perdón de los mapas
entre sonrisas de arroyos y malezas decoradas
(estaba el sol en el cielo y las estrellas alejadas)
volvimos a la conversación del sosiego y la promesa
regresamos al sendero y a los coches
cobijo piadoso de montañeros en libertad.

Vista de la Maliciosa desde el Collado de los Pastores.

Resumen (por si  se te hace larga la égloga):
Subimos con esfuerzo,
gozamos de la cumbre,
regresamos con búsqueda y libertad.

Javier Agra.