domingo, 24 de marzo de 2013

NOMBRE DE LOS SIETE PICOS


Para recorrer esta tierra, nada como ir con las botas calzadas y caminar por las veredas. Así dará tiempo a conversar con los árboles del sendero y las mariquitas de la pradera; dará tiempo a seguir el vuelo sereno de un ave y el sosiego navegar de las hojas por el aíre; ver las formas de las montañas y los meandros de los arroyos.

Siete Picos desde Praderas de Majalasna

Caminando, caminando…llegué hasta Siete Picos esta mañana de nieve y primavera. El  Dragón se la Sierra se acercaba  silencioso; yo era un caballero medieval con adarga y espolones, dispuesto a recorrer su lomo y nombrarle con otros nombres luminosos. Un trago de agua en la fuente de la Pradera de Majalasna y a conquistar con sagacidad su cima: el Pico Majalasna es el de menor altura de los siete y recibe ese nombre porque viene a ser la corona cimera de la tal pradera. Alejado de los otros seis, no pocas veces lo dejamos de lado cuando paseamos Siete Picos en dirección a Navacerrada.

Los otros seis picos dieron en llamarse por el número ordinal que ocupan. He leído que el ingeniero geógrafo Juan López, personaje de montaña y de fantasías literarias, que vivió la segunda mitad del siglo diecinueve y los primeros treinta y nueve del veinte, los nombró con los nombres propios de algún personaje montañero que recorrió los picos con objetivos cartográficos y científicos. El Pico Majalasna se libró de estos nombres, siempre ha estado con presencia discutida, pero yo siempre lo mantendré en el mismo abrazo. Tal vez en alguna escondida cueva duerman los murciélagos; tal vez sea oportuno sentarse a contemplar el eterno vuelo de los vencejos; tal vez…

Cumbre segundo Pico

Al segundo, lo nombró como Pico de Tomás López – cartógrafo de Carlos III – es un pico menudo y de fácil acceso, con una hermosa explanada en su peña cimera. El tercero, de nombre Benito López – cartógrafo – permanece como señor de los bosques de Valsaín dominando una planicie de variedad de senderos. El geógrafo Francisco López, le da nombre al cuarto: tal vez aquí sea oportuno recordar los mapas, pues una desacertada decisión puede llevar al montañero cuesta abajo hasta enriscarse en pérdidas sin mayores consecuencias que emplear más tiempo en retomar la buena senda. Siempre seremos agradecidos a la montaña, siempre la trataremos con respeto y con cariño, porque es un dragón dormido si la acariciamos o un fiero dragón que lanza fuego si somos temerarios.

En Siete Picos, ante la duda, siempre debemos mirar al cielo y subir hacia la altura. Así en cada visita ascenderemos dos o tres cimas y en poco tiempo las habremos coronado todas. Vamos pues a subir al quinto pico llamado Nemesio López – médico de la Corte – quien observaba las plantas desde la admiración y la naturaleza saludable de las mismas; no es de extrañar pues la montaña es siempre maternal y produce una esperanza infinita Al sexto, Juan López – ingeniero geógrafo – llegaremos después de un remansado sendero entre crestas que dominan la vertiente madrileña y las vistas segovianas; a la vera de este pico, en días de bonanza, seguramente pasó tiempo anotando cuadrantes y soñando romanzas.

Y ya estamos a los pies del séptimo pico que Juan López nombró como Nemesio López – geógrafo y meteorólogo – y al que hoy continuamos nombrando como Somontano; es el más alto – por diecinueve metros nada más –. Accedemos a su vértice geodésico entre trepando y reptando los primeros pasos; después caminamos con más soltura hasta abrazar el vértice ¿dulcifican las peñas su angostura o acaso hemos superado el primer susto y todo nos parece más llevadero?

¿Los nombres de los Siete Picos? Tú, lector, coloca tus dedos con unción sobre cada una de las cimas y dales el nombre de tu corazón; serán caballos que vuelan o acaso águilas que toman parte en tu conversación; serán olas del mar lejano o florecidos jazmines; los nombres que tú, lector viajero, les poses con tu dedo, serán los nombres eternos de los Siete Picos.

El sendero se sosiega de inmediato hasta llevarnos, montaña y maravilla, hasta el Puerto de Navacerrada donde están tantos coches caminando hacia Madrid que será milagro no encontrar aposento en algún asiento libre a poco que el montañero solitario haga autostop. Y si volvemos en tren, siempre tendremos tiempo de soñar: de soñar dormidos porque la fatiga nos nubla el entendimiento en el reposo del regreso; de soñar despiertos porque para siempre quedará en la retina el paisaje seguramente más bello desde las cumbres de la Sierra de Madrid.

Javier Agra.

jueves, 21 de marzo de 2013

PRIMAVERA 2013


                                                                                          Escribo esta prosa para celebrar
                                                                                          la luz de esta jornada dedicada
                                                                                          a la poesía.

¿Qué importa la cadencia y la rima de unas letras?
Sí, importa.
Pero entre la poesía y la prosa está la sangre, está el corazón, está la vida, que son canales de comunicación.
Importa la palabra.
También importa la tierra.
Importan las gentes que habitan, siembran, se agrupan de dos en dos a veces y otras veces en muchedumbres de manifestación para reclamar mejores repartos de la riqueza de la tierra.

La montaña de Guadarrama tiene formas de rocas que despiertan la fantasía y la libertad: ésta que aquí vemos, se llama La Maza.

Algún día se dormirán tus ojos que van mudando sus colores cada madrugada de primavera y tus pasos seguirán nadando en el éter musical de la enramada donde los trinos se confunden con las gotas calientes que traen el vapor de la nevada, más allá de las pisadas de luz y de las hojas que contaste entre tus dedos cuando ya el sol estaba entre los pinos frondosos de la sierra blanca de nieve, azul de reflejos, brillante de esperanza.

Desciende de la Morcuera un agua que irradia luz; su curso busca el silencio del Paular.

Algún día soñará tu corazón eternos paseos entre los verdes pinares, entre los robles vestidos de jaspe y sepia y entenderás la paz libre de la montaña, donde las rocas se mueven durante la noche cuando los montañeros se retiran a las ciudades iluminadas, donde las liebres y los lagartos cuentan historias de bandoleros y de princesas, historias de antiguas épocas cuando el tiempo tenía la lentitud de la lumbre en el hogar.

Esta tarde, caminante en los ribazos florecidos de nieve y primavera, avanza lento –como si deslizaras palabras, ideas y consejas – entre las luminosas piedras y deja a tu corazón sembrar esperanza con las alas de tus sueños; despacio, caminante, porque aún susurra sus primeros murmullos la primavera y quiere diluir tu presencia con los mismos ecos de la tierra, codo a codo con las aves y las fieras; despacio caminante que tu respiración está acompasada a las flores que apuntan esta primavera.

No son secuencias de Pipa en el mismo baño; estos dos perros distintos  -Pipa y Blanca- nos recuerdan que los días son un ir y venir por las aguas de la vida.

Más allá de las cuatro sonrisas de la luna, cabalgando entre los nuevos libros y la memoria antigua, nadarán en el aire iluminado bandadas de peces y de pájaros. Y volverá el sol con su babero, con su plato de nieve y su cuchara, a recorrer montañas de brillo, a ilusionar tardes de primavera.

Se dormirá la música de tus pisadas y seguirán los senderos abiertos en la Sierra; seguirán las flores y la brisa cuando algún día se duerman tus ojos y camines por otras montañas y otras arenas          

Javier Agra.                                              

sábado, 9 de marzo de 2013

MALICIOSA CHICA


Tenaces amarras a la Sierra pegadas,
lumbres dormidas en el encuentro oblicuo.

La Senda de los Porrones aumenta de tamaño cuando los montañeros se adentran en su respiración de siglos. Los pinos en conversación reverente nos ofrecen siluetas de libertad y remanso de silencio. La Sierra aumenta su tamaño porque los montañeros somos poca dimensión frente a la ingente mole de naturaleza. Decidimos entregarle nuestro pensamiento y nuestra canción para estar a la altura de tan gran belleza. Pronto nos damos cuenta que la naturaleza compensa los siglos de experiencia de la montaña, con los deseos de vida intensa de los humanos, de las aves, de los animales diminutos y de las grandes cabras que convivimos entre el temor, el respeto y la sorpresa. A nuestro lado siempre camina una palabra de aliento montaña arriba y así vemos la lejanía de la cumbre desde la plenitud de la esperanza de éxito compartido.


El Collado del Terrizo tiene la nevera abierta y esta noche se ha quedado a vivir un manto blanco que nos cubre botas, rodillas y tristeza. La nevada de estos días repica a gloria entre las espadañas de las copas de los pinos y los destellos de oro de las brillantes rocas. Los pinos inundan de luz con hoja verde, con hoja amanecida a la promesa de libertad las pisadas aún inmaduras de los montañeros; en nuestros pechos saltan cascadas sonoras de futuro que van de las hojas a la raíz del pino y desde allí a toda la tierra, en un viaje de retornos compartidos desde la naturaleza a la sonrisa, desde la senda pisada a cada paso hasta el aíre sin fronteras que está transformado en sinfonía  de aves.


Hemos dejado atrás las fuentes – incluida la Fuente del Retén –, abajo susurra lejano el arroyo de la Umbría de la Garganta. Nuestras pisadas apuntan hacia el cielo de la Sierra, donde dominan las aves de caza, donde los pinos esconden su frondosidad y apenas se atreven a mirar por encima de las piedras porque saben que su hogar está más abajo, porque han subido esta noche y ahora – cuando llegan las pisadas de humanos – tienen que disimular que no se mueven ni caminan por el monte cuando nosotros nos marchamos. A esta altura, donde las piedras se agarran al suelo con nostalgia de la cumbre, la respiración de los montañeros está fatigada; a esta altura aumentan las paradas y vislumbramos ya la amplitud de cumbre de la Maliciosa Baja.

Desde la llanura de la cumbre de la Maliciosa Baja vemos cercana la Maliciosa, hermana mayor de nuestra ruta de hoy.

Paso a paso la cumbre aguarda; aquí es el brillo de los ojos; aquí las manos señalan otras cimas, otros nombres, otras sierras; aquí la brisa se engalana de palabras suaves para no herir al silencio que duerme desde hace siglos en la montaña; aquí sabemos que nuestros ojos se gastarán contemplando la grandeza y admirando la sencilla eternidad de las cumbres donde unos arbustos ceden sitio a los otros sin miedo ni lágrimas; aquí aprendemos los montañeros que es necesario dejar espacio para que otros – dentro de muchos siglos – puedan seguir calzando botas, getres, crampones…para su disfrute y para sabiduría de la montaña.

Grandiosas vista desde la cumbre de la Maliciosa Baja. Observa lector el tramo de tierra montaña abajo, es el Collado de los Pastores al que hemos de llegar para iniciar el regreso.

Regresamos entre pérdidas y búsquedas. ¿Llegamos al Prado de la Zorra? Riachuelos, senderos, variedad infinita de vegetales, de arbustos, de siglos de silencio nos fueron marcando el camino como en una carrera de relevos; allí fuimos colgando un trozo de corazón; aquí nació otro pensamiento…El tiempo se detiene para mirar cómo buscan sitio los arroyuelos que nacieron esta mañana de los nidos del deshielo; perdidos entre los matorrales sin nombre y sin sendero llamamos a las cabras de monte, a los conejos y a las aves…ellos sabrán guiarnos y llevarnos hasta la senda.

Hemos aprendido otra lección. Si alguna vez pierdes la senda en la vida, no desesperes; busca y cuando regreses al camino aumentará la paz.

Javier Agra.

sábado, 2 de marzo de 2013

ÉGLOGA A LA MALICIOSA CHICA


El día se presentaba muy prometedor. Es suficiente con observar la cara de gozo de este grupo de montañeros.
       
¡Venid montañeros,
acudid con sigilo
no se despierten las ninfas!
      ¡Si supiera cantar a las ninfas!
¡Si supiera despertar
y hacer volar por el aíre
el leve suspiro de su letargo!

Vista de la Cuerda Larga desde la Senda de los Porrones.

Aún siguen dormidas,
las he visto entre los velos de la aurora
entre peñascos montaña arriba
entre la tibia maleza escondidas
como respiración de la última nieve caída.
      ¡Silencio! Pían las avecillas
y con la flauta de su canto
acompasan los desmayados suspiros
de los valientes montañeros agrestes
con la respiración reposada de su esfuerzo
en busca de la brillosa cumbre.



 ¡Ánimo! Susurran los pinos musicales:
Sus ramas son tubos de órgano
en este brillante templo verde
de la falda de vívida luz policromada
montaña arriba camino de la Maliciosa Chica.
       Habéis llegado.
Yo soy la anchurosa cima
De brillos plateada
Del sol y del aíre enamorada
Do saltan las felices cabras
Y bailan en corro lagartijas y calandrias.

Ya estamos en la cima. No hay más que ves la cara de entusiasmo del grupo.

¡Te saludamos Maliciosa Chica
trozo vivo de la madre naturaleza
porque nos das abrazos de la madre tierra
y alumbras con tu reposada cumbre
nuestros ojos y nuestra alma!
      ¡Sentaos aquí, mirad!
Estáis en la cima, donde la brisa es lumbre
la claridad es salto hacia el infinito,
la lejanía abrazo sin fronteras
y las otras cumbres miradas hermanas..

En medio de la nieve y de la helada continuamos con luz en la mirada

Regresamos por tierras llanas.
Allí fue donde, por perseguir faunos y ninfas,
perdimos la senda sosegada, la vereda clara,
entre feroces peñascos y sonoras carcajadas
no encontramos ninfas ni faunos
nos quedamos sin rumbo y sin meta.

De regreso imploramos el perdón de los mapas
entre sonrisas de arroyos y malezas decoradas
(estaba el sol en el cielo y las estrellas alejadas)
volvimos a la conversación del sosiego y la promesa
regresamos al sendero y a los coches
cobijo piadoso de montañeros en libertad.

Vista de la Maliciosa desde el Collado de los Pastores.

Resumen (por si  se te hace larga la égloga):
Subimos con esfuerzo,
gozamos de la cumbre,
regresamos con búsqueda y libertad.

Javier Agra.

sábado, 9 de febrero de 2013

POR EL COLLADO VENTOSO


Montaña arriba más allá de la nieve y los problemas.
Las Dehesas de Cercedilla susurran saludos de montañeros en la alborada.

Venta Cirillo, en las Dehesas de Cercedilla es nuestro punto de inicio.

Al pisar entre la nieve van quedando atrás los agobios, los recelos y los miedos.
Montaña arriba voy siguiendo otras pisadas que dejaron huellas de libertad en la blancura honda de la nieve recién estrenada.
El instante se eterniza entre pisadas y suspiros de hoy y de todos los tiempos sobre la nieve de la Sierra de Guadarrama, fuente de paciencia y de calma. Superamos el Puente del Descalzo – antaño entre esta nieve jugaron, se bañaron, fueron felices nuestras perrillas la recordada Munia, la anciana Pipa – Seguimos el camino que hace casi noventa años “inventara” el austriaco Eduardo Schmid.


Pisadas de colores.
Rojas pisadas de sangre derramada buscando la paz; de sangre robada porque quería igualdad; de sangre compartida porque la vida mía es también del que sufre violencia. Rojas pisadas de espíritu valeroso mano a mano hasta llegar allá donde la cumbre está recubierta de sol; de espíritu silencioso porque la entrega se pregona ella misma sin otros vocablos.
Violetas pisadas para animar la marcha dura, inerte, inmóvil…para que la marcha sea de todos montaña arriba hasta donde las alas superan el miedo y la pusilanimidad; violetas de luz apuntada en un inicial vigor hacia las cumbre.
Verdes pisadas confiadas y relajantes; verdes de trino de pájaro y de brillante tallo de hierba; verde de brote de vida y de promesa montaña arriba sobre la entraña fértil de arroyos y juncos musicales.

Con el viento en la mirada y las pupilas ilusionadas llegamos al Collado Ventoso.

Quince ritmos de pisada, quince corazones batiendo alas, quince voluntades unidas en la cumbre de la montaña, quince suspiros palpitando al tiempo por la libertad y por un feliz mañana.
Azules pisadas allí donde el descanso se hace necesario para tomar una fruta que es renuevo y vida; azules de fatiga recuperada en calma para continuar de nuevo la marcha entre los pedregales de la vida, hasta la cumbre donde todos tenemos que llegar porque nuestra meta es el esfuerzo y el vértice.
Amarillas pisadas para que nuestra mente quede limpia y reluciente de nieve y sol entre los pinos siempre animosos; amarillas pisadas que sacan desde el fondo de la tierra el brillo que engendra calma y asientan en los espíritus de los montañeros paz y lucha; amarillas pisadas de entusiasmo y calma para llegar mano a mano hasta la cima donde nos espera la vida misma.

Comida en la Pradera de Navalusilla

En la Pradera de Navalusilla, el pinar juega al corro y nos prepara un claro de sol y nieve para que podamos compartir la comida. La jornada se relaja, los montañeros se aposentan y hasta la nieve de todos los tiempos se detiene en la montaña.
Pisadas blancas y negras a un tiempo porque el futuro de gloria está escondido entre los dolores de la naturaleza; porque la luz resplandeciente está tapada por los corazones apegados a los pensamientos raquíticos; pisadas negras y blancas porque se han juntado monte arriba el poder de la humildad y la imaginación creativa; pisadas negras y blancas unidas en la verdad buscada desde el encuentro y la amistad montaña arriba más allá de la nieve y los problemas.
Senda de Cospes adelante hasta el Collado de la Fuenfría y regreso por la Calzada Romana, bajamos de la montaña más allá de la nieve y los problemas.

Javier Agra

domingo, 3 de febrero de 2013

PIPA: AHORA QUE ESTOY CANSADA


Los recuerdos se hacen vívidos. Cada día que retomo aliento en la primera hora de la mañana me parece más elocuente el tiempo que he pasado en esta asombrosa tierra. Asombrosa porque nunca deja de sorprenderme y porque está teñida de permanente sombra, esta tierra que camina indefectiblemente hacia la luz porque la vida está venciendo pese a todos los pesares. Me gusta recordar que la vida es una promesa que está sembrada y crecerá con nuestra ilusión.

Con la ancianidad noto mis pies más cansados y el espíritu más ligero. Recuerdo el primer palo con el que jugué en mi primera e inocente infancia; recuerdo la primera vez que la nieve enfrió mis patas mientras yo correteaba intrépida entre los copos del final del primer invierno de mi existencia; recuerdo otras muchas experiencias en mis primeros andares siempre ilusionada saludando a todas las personas, a todos los animales, a cada vida latiendo en infinitud de formas; recuerdo las primeras letras que leí apoyada la cabeza en la cama de María; recuerdo los primeros versos que pintaban para mí en la casa en que vivo…recuerdo…Me gusta recordar el cariño que me dan y que transformo en amor para repartir a quienes están a mi alcance.


Los recuerdos de mis padres se están volviendo cada vez más presencia y ahora ¡ay! con frecuencia los veo corriendo en las llanuras y en los montes soleados, cada vez los veo más cerca, cada vez corro más deprisa ¡como nunca había corrido en todos mis años de juventud y de montaña!, aún no los alcanzo pero ya están muy cerca, huelo su paso y veo su última pisada; su presencia es tan elocuente que ya converso con ellos de futuro de montaña y de soles sin ocaso paseando por la orilla del mar. Me gusta recordar la multitud de pueblos y lugares que he recorrido y el sol del medio día en el parque de mi barrio.

Me llamo Pipa. Soy hija de Afra y de Noel. De mi padre recuerdo su reposado caminar y la robusta mirada de sus ojos claros oteando siempre más allá; yo, de niña, pensaba que miraba al horizonte; hoy sé que sus ojos trascendían lo físico y era una mirada de eternidad. De mi madre recuerdo caricias, lametones, leche cálida, abrazos al despertar y un corazón donde latía la confianza; sus palabras tiernas, su dulce pasear, el cariño y el cuidado eran lo cotidiano; de ella aprendí que lo pequeño y cercano está sembrado de eternidad. Me gusta recordar que soy dichosa apretando la cabeza entre las piernas de la gente de mi casa mientras duermo.

Me llamo Pipa. Noto mi cuerpo cansado y mi pensamiento flotar.

Javier Agra.

lunes, 28 de enero de 2013

LOMA CIMERA DEL MULHACÉN


Endechas y ternuras de la tierra llana suben hasta las piedras dormidas bajo la nevada. Cerca están los techos de Sierra Nevada  / qué lejos me has traído madre  / cómo podré alegrarme / tan distante de las playas de la mar amada.

Era la voz lejana de algún ave que pasaba en la comitiva familiar desde la costa hacia tierra adentro, seguramente buscando alimento. Porque todas nuestras migraciones son en busca de alimento y vida más sosegada; otra cosa se denomina turismo o cualquier sinónimo de ocio.  Cuando quise conversar con el ave quejosa ya se había alejado y su llanto era una brisa de viento entre la nieve y la llamarada azul del cielo.


Pero yo que había visto desde el Albaicín de Granada el Mulhacén, La Alcazaba y el Veleta, lancé una palabra al viento para que se la llevara a las aves que no querían salir de la mar; desde la terraza del bar de Granada sabía que tendría que subir algún día hasta las cumbres, era irremediable…yo sabía que en cuanto el pájaro viera la cumbre transformaría su endecha en canción de libertad. Porque todas nuestras migraciones son en busca de libertad, y en busca de libertad son nuestros sueños y los versos del atardecer también buscan la libertad, cada respiración y cada golpe de sangre es un peldaño hacia la paz y la libertad.

Desde los múltiples valles y barrancos, los cerezos y los olivos, las viñas y los naranjos buscan las cimas del Mulhacén; hasta las acequias que riegan las alturas parece que suben, desafiando la gravedad, hasta las cumbres nevadas; el aroma de la jara y la genista perfuman de vida la nieve en las montañas. ¡Caramba! -me digo a mi misma mismidad solitaria- ¡los diferentes servicios que hacen las plantas de apariencia más baladí!: Ahí está la genista perdida entre los libros de botánica y hoy tan viva a la vera de nuestro camino; ahí está dispuesta siempre a formar colores de belleza ilusionada en el taller de algún “tintoretto”, o para adornar le entrada de alguna casa en el recuerdo permanente de la vida bucólica donde las genistas son perfume y color.


En las lomas cimeras del Mulhacén me recuerda Jose, como quien lee mis pensamientos, la importancia de agradecer las pequeñas cosas, de agradecer el calor a los guantes y a la gorra ese punto de sombra, de agradecer a la camisa rota el tiempo que nos dio cobijo. Hacemos una parada y, agradecidos, bebemos agua de la cantimplora mientras contemplamos las cumbres que parecen la misma y son diversas; parecen iguales pero cada una tiene su historia, su vida y su permanencia en la memoria.

Mientras bebemos el líquido sustento, un acentor, robusto y brillante, se ha acercado a nosotros y nos pregunta por la fatiga de la ascensión, por las impresiones y la vida misma; conversamos con el ave de bellísimo canto y así se nos sosiega el alma. Ya sé para qué es necesario subir a las montañas: conversar con un acentor alpino es un vuelo para el espíritu, es una liberación de los fárragos de la vida…conversar con toda la vida de la naturaleza, ese es el sentido de las cumbres y su ascensión lenta. ¡Puedes estar seguro lector, solamente bebemos agua!

Loma Cimera del Mulhacén.

Le conté las endechas primeras del ave que venía del mar y salió volando en su busca para recordarle que la montaña tiene vida y gozo de cumbres… Estábamos en la loma  cimera del Mulhacén cuando regresó el colorido acentor y nos contó que había encontrado a la familia migratoria en un descanso de su vuelo, entre un campo de estrellas de las nieves – en la búsqueda le había ayudado un eslizón desde tierra –; el pájaro emigrante había transformado su endecha en canto de fiesta y entusiasmo ante la belleza de éxtasis de la loma cimera del Mulhacén.

Javier Agra.

miércoles, 16 de enero de 2013

EL PINO DE LA CADENA

Seguramente Don Quijote y Sancho Panza se estarían asombrando toda una vida de la hermosura de los pinares de Guadarrama, ellos que son de tierras llanas por más que vivieron experiencias entre arbolados y peñascos de montaña. Lo escribo aquí como venido a cuento porque parecíamos tales personajes buscando la cadena por cada uno de los pinos que ante nosotros tenían apariencia de poderosa figura.

 Una imagen del pino de la cadena, para recordarnos que somos pinos nuevos en permanente ascensión hacia el momento eterno.

      ¡Ya podemos buscar que esta parte de la Sierra tiene pinos para hacer más de tres sombrajos!
      ¡Y mirad mi señor que son pocos! Pues a ojo de buen cubero se despliegan ante mi vista más de milenta.
      Ruégote amigo Sancho que me dejes en silencio con mis meditaciones.
      Con pan y vino, bien me sentara yo y dejaría a vuestra merced con la búsqueda.
      ¡No desmayes y husmea que la montaña está limpia de maleza y solamente la quietud de los pinos anida en estas soledades!
      Diera yo un dolor de muelas por encontrar el añoso pino y desplegar las viandas a su sombra.
      Tente amigo Sancho, que con el ímpetu de la busca no has visto esta maravilla.
      De árboles en flor, poco sé. Pero este queso que aquí traigo exhala un perfume…


Y aquí estamos ante el monumento vivo al amor que un hijo quiso perpetuar a su padre muerto. Apenas hemos caminado no muchos minutos desde el Ventorrillo, cuando nos encontramos con este solemne pino y su cadena con la leyenda: “A su querida memoria 1840 - 1924” Cuando él se fue, el hombre al que homenajea la memoria, sigue el árbol con su ramaje de vida, allí donde la memoria se pierde, son hojas prendidas al corazón de la Sierra. A través del pino sigue lozano el árbol dorado de la vida, más allá del olvidado tiempo y de las ideas que pasan de la ebullición al gris diluido en la memoria.

Pino entre los pinos. Ved la leyenda en la base del frondoso tronco.

Del pino de la cadena aprendemos que más allá del tiempo, las ramas de la vida siguen habitadas por las ninfas; allí cada mañana seguirán bailando las palabras de amor que un padre y una madre han cantado a sus pequeños; allí en la permanencia de la hoja verde más fuerte que el vendaval y la tormenta sinfónica del viento, continúa presente el amor como una orquesta de quietud y respiración universal; allí vendrán las aves y pondrán su casa de canción y de rumor de mar; allí ante el paisaje húmedo de brillos y de sombras continúa brotando invisible la vida que sube, tronco arriba, hasta engalanar de gotas de rocío las estrellas azuladas de la noche y la luz infinita de la primera aurora; allí está el pino de la cadena cantando himnos al sol naciente para recordarnos que somos pinos nuevos en permanente ascensión hacia el momento eterno.


Desde aquí, por senderos inventados y trochas ya trazadas, subimos en silencio y meditación hasta la Pradera de las Vaquerizas, donde la vista se amplía sobre las montañas del fondo, sobre la nieve de Siete Picos. De este lugar, tal vez pudiera escribir muchos sonetos y alguna endecha, pero el sol estaba en su cumbre ya superada y nos llegó la hora del yantar que es placer de estómagos y gaznates secos; tales momentos no están hechos para la pluma, sino para la conversación más llana y para otear el horizonte en busca de alguna que otra cabra que son las fieras más audaces que actualmente se adentran en la Sierra de  Guadarrama.

Javier Agra.

lunes, 7 de enero de 2013

LOS COGORROS


Una tarde de conversación descubrimos, Jose y yo, que en la vida no es todo caminar, también está la belleza, el asombro, el compañerismo, la delicadeza y la dureza de la montaña que ablanda el sentimiento, el gozo de la fatiga que nos llena el espíritu de sencillez y compromiso con la tierra…de modo que sin la existencia de minas en las cumbres y los senderos, cada jornada de montaña encierra tesoros y riquezas por ella misma. Hace años que estamos convencidos de aquella antigua reflexión.

De este modo, cuando decidimos hacer el sendero de los Cogorros, sabíamos que era una jornada dirigida al goce más que a la fatiga. Con estas premisas, y con las botas puestas, dejamos el coche en el Puerto de Navacerrada. Eran las primeras luces sobre las colinas, eran los primeros rayos bostezando en las cumbres, eran los primeros bostezos de trinos de las aves, eran las primeras aves despertando a la montaña, era… cuando pasamos por delante de la Cafetería Dos Castillas a buscar el nacimiento del Camino Schmid al que saludamos a nuestra izquierda, nosotros continuamos unos metros más hasta adentrarnos entre los edificios de la residencia del ejército.

Mirador Gallarza.

Seguimos un sendero de ligerísima subida y ya estamos en la loma de los Cogorros. El primero tiene un hermoso mirador: Gallarza se llama. Sobre una balconada de granito se construyó el mismo año que nací yo (este dato puede sonar a acertijo y tal vez lo sea para quien quiera investigar, pero ninguno de los dos acontecimientos tienen la más mínima importancia para la historia de la humanidad). Sin embargo tal vez fuera un buen argumento teatral: todos recordamos grandes obras de teatro de Buero Vallejo y de otros notables creadores, a partir de un dato nimio. Pero cono no quiero desviarme del mirador Gallarza, continúo presentando mis respetos a este piloto que fue quien realizó la primera travesía entre Madrid y Manila. Hermoso por él mismo, el citado mirador abre el espíritu a la Bola del Mundo y gran parte de la Cuerda Larga con la Loma del Noruego en ascenso hacia la cumbre de Guarramillas y hace volar sobre los pinares de Valsaín en un sosiego de permanente vivencia.  

Continuamos. La nieve brilla intensa sobre nuestros rostros en conversación permanente con el silencio que es aroma de la montaña, con el silencio que es viento de medio día, con el silencio que es camino del mañana, con el silencio que es lumbre del alma y requesón tierno de la mirada, con el silencio que es sorpresa de los animalillos que no esperan visitas a esta temprana hora.

La nieve juega a hacer carámbanos goteando entre las rocas.

Con el silencio acariciando a los nevados pinos y el suelo cubierto de limpieza blanca, pasamos el segundo de los Cogorros y llegamos al tercero, llamado Cogorro de las Maravillas (por las maravillosas maravillas que él muestra, como dice Cervantes en el Retablo de las Maravillas). En este retablo que aquí se nos muestra, no es necesario otro condicionante que estar dispuesto a mirar y ver. Después de varios años de subir y bajar montañas, de éxitos y de fracasos en muchas jornadas y cumbres, llego a la conclusión de que con el corazón limpio y el espíritu sereno se gozan vistas, respiraciones, olores de montaña, tactos delicadamente suaves o impactantemente ásperos: todo el ser es pleno goce en la quietud de la montaña.

Aquí estamos en el mirador de Maravillas, púlpito levantado por la naturaleza sin más retoques humanos, en las rocas que están a la derecha de nuestra llegada. Por añadir un dato a tener en cuenta siempre en la montaña – seguramente valdrá también para las aceras de la ciudad – es necesario pisar con mucha precaución allí donde la nieve se ha transformado en helada. Todos sabemos del poder traidor del hielo sobre la roca. ¡Cómo poder traidor! ¿Por qué no valoras la naturaleza salvadora del hielo sobre los fondos marinos y la vida en las profundidades del océano? ¡En fin, no hagamos asertos absolutos! Pues el bien y el mal están mezclados en una dialéctica permanente de tesis, antítesis y síntesis.

Aquí estamos, sobre el mirador de Maravillas.

Dejaré las consideraciones filosóficas o científicas para otros ámbitos y continuaré absorto en la amplia visión que ofrece el mirador de Maravillas: más allá de la fantasía de pinares de Valsaín, Peñalara; volvemos la mirada hasta la Mujer Muerta, Montón de Trigo, Siete Picos…y nosotros flotando entre los tres puertos Cotos, Navacerrada y Fuenfría donde el Eresma nace entre suspiros de hadas e incesante búsqueda de gnomos.

Por si quieres seguir esa ruta, te diré oh noble lector, que en menos de tres horas puedes estar nuevamente en el coche, salvo que quieras emplear horas o días en aquel hermosísimo lugar. También estuvimos en el Pino de la Cadena y en la Pradera de la Vaqueriza. Eso lo dejaré para otra escritura; el texto tiene su propia longitud, más allá ya languidece.

Javier Agra.

martes, 1 de enero de 2013

PIPA: UNO DE ENERO. HOY CUMPLO MESES


Me llamo Pipa.

Algunas veces me repito a mí misma mi nombre pues la memoria de mi presente se me va con frecuencia al pasado en un juego de ida y vuelta. Así se me juntan los años vividos con las campanadas de año nuevo. Ahí fue, entre campanada y campanada, mientras comía los doce trozos de salchicha, cuando me hice consciente de lo grande que se me puede hacer este año que comienza.

Después vinieron los petardazos para recibir al dos mil trece y me acordé de mis compañeros perros. Porque a mí no me hacen daño en los oídos ni en el corazón esos terribles sonidos inventados por hombres ¿de escaso corazón?, pero me acuerdo de la cantidad de perros y otros muchos animales a quienes los sonidos estruendosos les agreden. Nosotros somos más amantes del silencio, pues es en ese momento cuando podemos respirar en común con la naturaleza entera; es en ese momento de pensamiento universal cuando unimos nuestro espíritu al espíritu común de todas las cosas.

Me llamo Pipa la abuela.

En el parque con el hombre al que paseo. La foto es de Indiana Forti, una gran amiga que tiene muy buenas fotografías (buscad  sus fotos por su blog y veréis que digo verdad) y muy buenas vibraciones con la vida.

Esta mañana – recién estrenados mis doce años y medio – salí como todas las mañanas a pasear y no conseguí ver ni la Sierra de Madrid, ni el más cercano Cerro San Pedro, ni siquiera el monte del Pardo – donde ayer paseé por espacio de tres horas y me percaté de que aún estoy fuerte –; la niebla vuelve a cubrir la ciudad por cuarto día consecutivo. Es como si el tiempo estuviera caminando a mi ritmo y le costara arrancar. Volví despacio hacia casa – ahora camino despacio para sentir más cercana la sintonía con la vida a mi alrededor – y me acerqué al rosal del patio de la vivienda común. Cuando le pregunté al oído cómo hace para tener siempre alguna flor en pleno esplendor – hoy tiene tres – me respondió que es una ofrenda de belleza permanente para que los humanos se sientan más queridos y arropados por la naturaleza, porque están demasiado presurosos y angustiados. Me comentaron las rosas que ofrecen su perfume y su color para que las personas se detengan, respiren y vean belleza en las pequeñas fuentes de vida, en los pequeños rescoldos de lumbre…

Me llamo Pipa. He llegado al año nuevo.

Javier Agra.